"Me gustaría huir de ti. Pero si no vinieses corriendo a encontrarme, me moriría"


CAPITULO 13

Cuando el beso finalizo, Francis despego con delicadeza y dulzura sus labios de los del de ingles, evitando romper el mágico y dulce momento que se había creado; en cambio, este rápidamente aparto la mirada y empujándolo fuertemente, tomo una distancia demasiado prudente –yo-yo-you bloody rubbish!- exclamo molesto, como si le acabaran de dar el mayor insulto de su vida.

Las palabras cargadas de odio del otro, lo golpearon con la fuerza equivalente a más de cuatrocientas manos femeninas, no creía lo que escuchaba, su mejor amigo le acababa de insultar, de apartar, de rechazar y él ni siquiera tenía un buen comentario para darle revés a la situación.

Arthur se restregó sus labios con la manga de su chaqueta, convencido que así borraría el beso del otro –Bonnefoy, no juegues conmigo- dijo con una voz casi débil. El otro, se tenso, claro que Kirkland no era un juguete para él ni mucho menos un desquite para sus frustraciones sexuales como Ian había dicho hacia tiempo atrás.

Un pequeño viento helado recorrió el lugar, meciendo a la palmera enana, haciendo que sus hojas crearan un incomodo sonido al tiempo que otro sonido, el de dos remos al chocar contra el agua la llenaban escena. El de ojos jade instintivamente giro su rostro hacia donde provenía aquel sonido y los diviso, a las citas de ambos, remando para irlos a rescatar. Desesperado y sin ganas de volver a ver al francés, salto al agua, no importándole dejar al otro solo en aquella pequeña isla. Los otros dos al ver como el ingles huía nadando, exclamaron su nombre pero sin éxito alguno, el otro nadaba con desesperación hacia la orilla.

En cuanto toco tierra, salió corriendo, tropezándose e importándole poco estar totalmente empapado; con prisa, atravesó el lobby del hotel donde se encontraba hospedando, rogándole a todos los dioses habidos y por haber que Bonnefoy no le haya seguido. Con rapidez e impaciencia abrió la puerta de su habitación y azotándola, descargo toda la ira que había estando conteniendo.

Un grito ahogado broto de su garganta al tiempo que se restregaba fervientemente su rubia melena aun empapada de agua salada. Ahora un poco más tranquilo pero no menos molesto por lo que acababa de pasar minutos atrás, se metió al baño para decantar el agua salada de su piel y ahí, se pego repetidas veces la cabeza contra la pared, intentando esfumar así el recuerdo que en esta se había grabado con tinta permanente.

Luego de casi una hora encerrado en el baño, salió de este sin lucir radiante ni mucho menos fresco, solo con una terrible jaqueca y un terrible dolor de espalda al resbalarse con el jabón que había dejado en el suelo. Envuelto solo con una tolla, camino hacia el gran ventanal y por unos instantes miro a través de esta como algunas parejas regresaban de la fiesta que había llegado ya a su fin, molesto con todo lo que había ocurrió, empezó a maldecirlas, culpándolas por su infortunio.

Por un breve instante, acaricio sus labios, remembrando sin querer el calor del francés y, recordando su odio, se dio una fuerte cachetada -¡no!- exclamo para si -¡no seas estúpido Arthur Kirkland!- se recrimino fuertemente –Bonnefoy solo estaba jugando contigo, se dejo llevar por el momento, solo eso…. Solo eso….- dijo débilmente, quería pensar que así era…

En otro lado, Bonnefoy pisaba tierra al fin, el finlandés y la latina terminaron congeniando y el término siendo una especie de gondolero para ambos. Por más de una hora remo por su cuenta, dándoles un paseo romántico mientras que en sus adentros, se lamentaba que él no fuera el afortunado.

En la entrada del hotel, su mayordomo más confiable le esperaba, al parecer sus padres habían concertado una cita con una noble dama que curiosamente era la número treinta en la línea sucesoria al trono francés. Sin oponer mucha resistencia, acepto acompañar al señor de edad avanzada a Francia donde era esperado –arreglaremos los malentendidos una vez que termine esto- murmuro, esperando de todo corazón aclarar todo con Kirkland.

La mañana siguiente y con unas tremendas ojeras, Kirkland se levanto de su cama, no había logrado conciliar el sueño en toda la noche. Poniéndose de pie, se quedo estático sin saber a dónde dirigirse y pronto recordó que tenía que regresar a Inglaterra pero él no quería, sabía que si regresaba, había muchas probabilidades de volver a ver a Francis nuevamente y era lo que en este momento menos quería. Sin tener uso completo de conciencia, se cambio, tomo su chaqueta favorita, su pasaporte, visa y cartera y abandono la habitación.

-daré una vuelta- le comento a la recepcionista y salió apresuradamente del hotel, tomando el primer autobús que se pusiera en la parada. Recostándose en el asiento, suspiro, era la primera vez que huía cobardemente de algo, dejando atrás todo. Sin saber a dónde lo llevaría aquel transporte, cerro sus ojos, quedando completamente dormido.

En el hotel, los mayordomos de la familia Kirkland uno a uno fueron atravesando el lobby para ir a buscar a su joven amo –hagan paso- ordeno Ian, caminando por encima de su comitiva; su rostro se veía molesto y el cigarro en su boca demostraba que se encontraba estresado, al parecer algo que hizo su hermano le traía así. Al llegar a la habitación, abrió la puerta, azotándola contra la pared -¡Arthur Kirkland, sal de donde quiera que estés!- ordeno, recorriendo el lugar con sus ojos envueltos en llamas verdes.

El mencionado nunca se mostro –tsk maldición- murmuro, al parecer había huido -¡búsquenlo!- ordeno, sacando su celular del bolcillo y marcando a su padre –¡ese renacuajo huyo!- fue lo único que dijo para posteriormente colgar y así como había llegado, ordeno que las cosas del otro fueran guardadas y llevabas a la limosina mientras el pagaba la cuenta y se retiraba del lugar.

Dentro de la limosina, mientras regresaba al aeropuerto donde le esperaba un avión que lo llevaría de regreso a su hogar, Ian encendió otro cigarro, era ya el decimo que llevaba –en que laos nos has metido estúpido hermanito- suspiro, leyendo el encabezado del periódico con el encabezado "Kirkland acusado de homicidio".

El autobús que había tomado Arthur por fin se había detenido y siendo el ultimo en bajarse, observo el letrero de bienvenida –Rumania- leyó, no dando crédito en donde estaba –pero si no dormí mucho- dijo, viendo el calendario en su celular, notando que en realidad había pasado casi un día.

Asombrado de que se encontrara demasiado lejos de Grecia, empezó a caminar entre las calles, buscando otro autobús que lo llevara de regreso o mejor aún, a otro lugar diferente donde pudiera borrarse todos los sentimientos extraños que lo rodeaban así como los recuerdos de lo que pudieron haber sido sus mejores vacaciones en años.

Pasando a una tienda local, compro una mochila, dos mudas de ropa, algo para comer y para el arreglo personal, después de todo, un caballero ingles debía mantenerse elegante fuera a donde fuera y posteriormente, se redirigió hacia una estación de autobuses diferentes, pensando en su próximo destino, uno diferente, uno que lo ayudara a sanar, uno que lo reivindicara no obstante, así como había hecho con el primero, hizo con el segundo, tomándolo por inercia, ignorando nuevamente el destino de su viaje.

Por otro lado, Bonnefoy se encontraba bajando del jet privado de su familia, una gran comitiva le esperaba en el aeropuerto junto con sus padres quienes lucían ansiosos por lo que sería una maravillosa entrevista pre-matrimonial en secreto para su único y adorado hijo.


Y llegamos al capitulo 13. Es una pena que Arthur se haya tomado personal lo de Bonnefoy y que este no haya sido mas explicito, en fin ~ gracias por sus comentarios y la paciencia que me tienen con las actualizaciones jejeje. Los siguientes capitulos seran mas que nada puras reflexiones, especialmente de Kirkland el cual se ve algo mas confundido por sus sentimientos. Y bueno, he hecho el intento de escribir mas capitulos pero mi falta de tiempo me lo impide, solo avance 1 y medio. Debido a vacaciones no podre en la fecha que deberia de ser, asi que la proxima sera hasta el 6 de mayo :). Saludooos y gracias por leer.