"Corazon cobarde no conquista damas ni ciudades (o Bonnefoys)"


CAPITULO 18

Ian se preocupó al escuchar como el teléfono colisionaba contra el suelo alfombrado y no sabiendo que era lo que le había ocurrido a su hermano, temió que la interpol o la policía alemana lo hubiera encontrado. Inquieto, colgó y se dirigió al despacho de su padre.

-Dad!- exclamó para llamar la atención de su progenitor –creo que Arthur esta en problemas-

Pero el señor Kirkland no respondió ni comento nada respecto a lo que su hijo había mencionado –se va a casar…- fue lo único que emano de sus labios.

-¿casar? ¿Quién? ¿Arthur?- preguntó confuso.

-No, el primogénito de los Bonnefoy… ¡lo logro!-

Y en ese instante, el pelirrojo logro atar cabos, entendiendo así lo que había pasado –bro…- murmuró, sacando a relucir su lado de hermano mayor; sabia el estima que su hermano pequeño le tenía al chico Bonnefoy y seguramente cuando hablo a la casa, se encontraba viendo la rueda de prensa.

En Alemania, el ingles se sumergió en un pozo de tristeza y autocompasión, la noticia del casamiento de su proclamado amigo le afecto. Aun no se levantaba del suelo, se había mantenido en la misma posición por lo menos tres horas y sus lagrimas no paraban de surgir y surcar su rostro –rubbish…- murmuraba lleno de dolor.

-Artie, ¿te encuentras bien?- preguntó Pietro, pegando su oreja a la puerta, escuchando los leves sollozos de su amigo.

Albert quien se encontraba alado de su amante, terminó por desesperarse y de manera brusca abrió la puerta -¡¿Quién fue el bastardo?- exclamó molesto, suponiendo que por algo así este lloraba.

El de ojos jade desvió la mirada –nadie… solo lloro de alegría…- mintió con su voz algo entrecortada y señalando la pantalla del televisor que aun mostraba las imágenes de Bonnefoy con la joven Rais -… se va a casar… que felicidad por el- comentó, no logrando ocultar la gran decepción que sentía.

-no me creo tus excusas-

-pero ¡es la verdad!- insistió –estoy feliz… por ellos-

Y pese a la insistencia de este, ni Pietro ni Albert le creyeron, lo conocían bien o eso quería pensar y basándose en ello, entendieron que ese sujeto de la televisión tenía algo que ver con el porque este se encontraba llorando.

-ven Artie, ponte de pie- pidió el de ojos color olivo, ayudándolo a levantarse.

Albert sacó a relucir su lado sobreprotector, odiando casi de inmediato al sujeto –el… te gusta- aseveró -¿verdad?-

-n-no- insistió el rubio, desviando la mirada –solo somos… amigos-

-¿y es normal que alguien llore si su amigo va a casarse?- interrogó, no entendiendo la testarudez del chico.

-¡ya te dije que solo somos amigos!-

Pietro leyó la atmosfera que se estaba formando, si su amante seguía insistiendo, terminaría por hacer que Arthur menos quisiera hablar y eventualmente se iría de la casa -¡ya basta Albert!- exclamó, abrazando mas fuerte al chico –si Artie dice que es un amigo solo es eso-

Por unos instantes la atmosfera se tenso y ninguno se miro a los ojos, no había palabras que decirse ni nada que pudiera hacerse.

-Artie, primo…- articuló el más grande de los tres –Pietro y yo te conocemos desde que tenemos uso de razón, no es necesario que te hagas el fuerte ni mucho menos que nos mientas- susurró de manera suave y tranquila, intentando hacerlo sentir protegido y en confianza.

Los ojos color jade del ingles se contrajeron, ese par había visto a través de sus mentiras no obstante, no pensaba darles la razón –no les miento- rebatió, intentando mantener su voz seria pese a que esta sonaba entrecortada y triste –el estúpido de Bonnefoy es mal amigo roba besos y rompe promesas- murmuró por lo bajo.

Los dos amantes se miraron fijamente a los ojos, leyendo los pensamientos del otro, concordando en que su pequeño ingles tenía un problema amoroso sin embargo, guardaron silencio y cerrando sus ojos, dieron por terminada la discusión, esperando a que algún día les dijera la verdad.

Pietro junto a Arthur abandonaron la habitación mientras que Albert recogía el teléfono que se encontraba en el suelo -my dear cousin, si hubiera una forma de ayudarte…- susurró, observando el televisor ahora apagado.

Al atardecer cuando la luz del sol empezaba a opacar, menguando a un cálido color naranja y el aire hacia de las suyas creando pequeños silbidos que se colaban por toda la casa, los dos amantes aun esperaban que el rubio cediera y este por su parte, aun continuaba negando la razón por la le dolía el hecho de saber que su amigo se casaría.

-sabes pequeñín- carraspeó el chico de ojos olivo –para nosotros tampoco fue fácil, digo, fuimos amigos toda nuestra vida y dar el siguiente paso fue algo abrumador… ¿no es verdad Albi?-

El otro asintió al tiempo que se ponía de pie –iré a hacer un poco de te- se excusó, mintiendo de paso; quería que su pareja ayudara a su primo a ser sincero y sabia que solo sería una barrera para que el otro se abriera.

-como te decía, para nosotros también fue difícil, lo fue tanto que la primera vez que me di cuenta de mis sentimientos hacia él empecé a alejarme de su lado al punto que quise marcharme del país y ser un viajero errante-

Kirkland hizo una mueca que se asemejo a una pequeña sonrisa, ¿acaso aquella historia no se le hizo familiar o solo era su imaginación? -¿y qué hiciste?- preguntó interesando.

El chico risueño cerro sus ojos y se rio –nada, Albert fue quien lo hizo- confesó –era tan cobarde que ya me encontraba en la parada de autobuses con solo una mochila en el hombro y cuando estaba subiendo al autobús el llego jadeando y grito…..- se cayó por un momento, sonrojándose de sobre manera.

-¿Qué gritó?-

-oh, no lo puedo decir, es demasiado vergonzoso-

-¿enserio lo es?-

-¡claro! ¡Por su culpa nos vetaron de la estación norte de autobuses!-

El de cabellos color miel entro a la habitación con tres tazas de té –eres tan idiota y cobarde para no darte cuenta que te amo y que si tomas ese autobús estarías dejando con el corazón roto al amor de tu vida- mencionó, haciendo que el ingles se extrañara por el comentario y que el de ojos olivo se tapara la cara con un cojín.

-¡tonto! No tenias porque haberlo repetirlo- se quejó aun escondido tras el cojín.

-pero si no tiene nada de malo-

-¡claro que lo tiene! ¡Gracias a esa frase todo mundo se conmociono y empezó a señalarlos!-

-más bien lo hicieron porque empezaste a llorar como magdalena-

-¿Quién no iba a llorar de vergüenza si se te declaran de la manera más vergonzosa posible?-

-bueno, ¿pues que querías que hiciera? ¿Qué hubiera llegado corriendo a estrecharte y plantándote un beso al tiempo que huía contigo en brazos?-

El de ojos jade observo extrañado la situación que se suscitaba, si dejaba que continuara estaba seguro que todo terminaría en una reconciliación y una noche incomoda para el sin embargo, analizando las palabras del amante de su primo, sintió que todo se le hacía familiar y ciertamente, ya se había dado cuenta de los sentimientos que nacieron hacia el francés pero por otro lado, el verlo diciendo que se casaría con esa tal Rais lo hacía sentir triste, ¿acaso aquel baile y ese beso no significo nada?.

-¡suficiente!- se escuchó el grito de una voz ajena a los tres -¿así piensan recibirme trió de maricas?- puntualizó molesto cierto pelirrojo.

Los tres chicos voltearon a ver al recién llegado, se trataba nada más y nada menos que de Ian y sin más que decir, solo intercambiaron miradas llenas de confusión -¿pero qué haces aquí?- preguntó Arthur.

-lo mismo te pregunto idiota, ¿no se suponía que debías haber regresado a la casa hacia semanas?- lo miro desafiante y lleno de molestia.

El Kirkland menor desvió la mirada –bueno, pasaron cosas y ya sabes- intento excusarse.

-y esas cosas inician con Francis y terminan con Bonnefoy- aseguró, sacando la cajetilla de cigarros de su bolsillo y colocándose uno en la boca –enserio que a veces eres tan pero taaaaan imbécil- suspiró antes de encender finalmente el cigarro.

Los dos amantes guardaron silencio, el interferir en una plática de Ian significaba la ira de este así como soportar su mal humor.

Arthur no comprendía porque su hermano estaba más molesto de lo habitual, solo había decidido hacer un par de escalas antes de regresar a su hogar, nada malo -¿se puede saber por qué tan molesto?-

-eso deberías saberlo TU- enfatizó, arrojándole un periódico en el rostro –léelo- ordenó.

Los dos amantes se agruparon a los lados del ingles y entre los tres leyeron el encabezado "Arthur Kirkland: Asesino". Los ojos de los tres se desorbitaron ¿acaso lo estaban acusando de homicida? ¿Pero…porque? .


Adoro a Ian y sus comentarios 3. En fin, a como lo prometi, me tome mi tiempecito entre mi mar de deberes para traerles el capitulo numero 18 que por cierto, fue un poco mas extenso que los anteriores y debo decir que los siguientes estaran interesantes por asi decirlo pero no tan extensos como este. Gracias por sus comentarios aunque esta vez recibi menos de los que recibo generalmente y eso me pone triste T-T. Gracias por continuar leyendo y aviso que la proxima actualizacion sera hasta el 9 de Septiembre, hasta entonces nos vemos.

Por cierto, espero hayan celebrado el cumpleaños de Francis. De mi parte lo celebre a traves de un evento al que me invito un amigo que consistia en hacer un fanfic fruk corto, lo triste es que nadie lo leyo... jajaja.