"Memoria y olvido son como la vida y la muerte"

y

"Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación"


CAPITULO 19

Ni siquiera se había recuperado de la desastrosa noticia acerca de la boda de Bonnefoy cuando una noticia igual de devastadora lo atacó, ahora estaba siendo acusado de asesinado pero ¡¿Cómo era posible?.

Ian aspiró fuertemente el humo de su cigarro, intentando llevarse consigo la molestia y preocupación que le embargaban, no quería darle las malas noticias a su hermano pero era necesario.

-N-no entiendo- tartamudeó el menor de los hermanos Kirkland, estrujando el periódico entre sus manos.

-mucho menos yo, por eso necesitamos que nos expliques a detalle- dijo el pelirrojo quien rápidamente tomo asiento frente a su hermano –Arthur, necesito saber, ¿conoces a esta chica?- pregunto, mostrándole la foto de una joven de lindos cabellos color fuego.

Inmediatamente el ingles la reconoció, ella era Fulvia la chica a la que se le pensó declarar una vez pero que desafortunadamente ya tenía pareja.

-S-si- dijo casi sin voz, tragando saliva.

-¿y se puede saber cuándo fue la última vez que la viste?- interrogó, clavando sus penetrantes ojos color esmeralda en los de su hermano.

-N-no recuerdo-

-¿Cómo que no te acuerdas pequeño estúpido? ¡Hazlo!- le ordenó, restregando la foto sobre la cara de este -¡recuérdalo o pasaras el resto de tu vida pudriéndote en la cárcel!-

-¡ya basta Ian!- interrumpió Albert -¡dale tiempo para que recuerde!-

-¡tiempo tuvo!- respondió molesto -¡no es mi culpa que intente ligar a cuanto ser hermoso vea por la calle y ni siquiera recuerde las fechas de cuando lo hizo!-

Y con aquella frase, la conversación terminó siendo truncada, dejando paso a un gran y prolongado silencio. Arthur seguía sin entender como una de conquistas acabo siendo asesinada y la pregunta principal era ¿Quién lo hizo?. Estrechando sus manos y apretando sus dedos, intento recordar las fechas por las que la conoció, tenía que recordar, su libertad dependía de aquello y repasando los eventos uno a uno, enumeró el orden de cada uno de ellos.

-su novio- susurró, llamando la atención de los presentes -¡su novio!-

-¿perdón?-

-ella no llegó a ser completamente mi conquista porque antes de pedirle una cita formal descubrí que ya tenía novio- dijo entusiasmado –¡el debe tener una pista!-

El pelirrojo apagó su cigarro al tiempo que exhalaba el poco humo que permanecía en sus pulmones –bien hecho- murmuró -¿y cómo era su novio?-

-No recuerdo-

-¡Perfecto! Volvemos al punto de inicio- ironizó.

La sesión de preguntas y respuestas permaneció de la misma manera al menos por el resto de la tarde hasta ya entrada la noche y al ver que no habría más avances, lo dieron por terminado, alegando que en cuando amaneciera continuarían con el interrogatorio.

Mientras tanto, en Francia, Bonnefoy asistía a la prueba de esmoquin y a decir verdad no se encontraba para nada feliz; por petición de su futura esposa, la fiesta sería completamente de blanco, tanto él como ella usarían trajes blancos lo cual era demasiado extravagante para su gusto, él quería por lo menos llegar a usar un color clásico como lo era el negro.

-¿enserio esto es necesario?- preguntó intentando ocultar su molestia.

-no seas tontito mon chéri, el blanco es lo IN de esta temporada-

-pero si voy de blanco puede que te opaque- objetó

-oh claro que no lo harás, ¡ahora pruébatelo!-

Derrotado, se metió al cuarto que habían apartado exclusivamente para el -¡porque cedí ante su cara bonita!- se auto regaño, ahora pagaba el hecho de haberse dejado llevar por las apariencias y sobre todo por hacerlo en nombre de la amistad.

-¿ya estás listo cielo?- se escuchó desde el otro lado de la puerta, la vocecilla llena de dulzón de la chica Rais empezaba a crisparle los nervios

-¡no, aun no!- exclamo alterado, ni siquiera se había quitado prenda alguna.

-¡pues date prisa!-

-¡si dejaras de presionarme lo haría!- protesto, desquitando su molestia contra el esmoquin que termino impactándose contra la pared del vestidor.

Jeanne rechinó los dientes, no comprendía como de la noche a la mañana su apuesto caballero se había transformado en un ser tan testarudo pero bueno, era lo que se buscaba al aceptar la proposición de un tipo tan desesperado como ella no obstante, estaba feliz, en poco tiempo se casaría con un buen partido, el chico de sus sueños, un hombre alto, rubio, francés y con una excelente familia con línea sucesoria, todo lo que ella deseaba.

Feliz por aquello, estrujó entre sus brazos su amado bolso de Prada, sintiendo de inmediato una molestia que provenía de este. Abriéndolo, noto que se trataba del celular de su prometido –pero que tontita, olvide regresárselo- se dijo sin culpabilidad alguna en sus palabras y con una sonrisa boba surcando por sus labios.

Curiosa por saber el contenido del celular de su prometido, salió en silencio de la habitación y lo encendió, saltando casi al instante un significativo número de llamadas perdidas, todas provenientes del mismo número. De inmediato sospecho que aquel era el mismo al que el francés había estado marcando insistentemente y yéndose a la agenda de contactos logro saber de quién era –Arthur Kirkland- murmuró sorprendida, si bien no lo conocía en persona, conocía a los padres de este y sobre todo al hermano mayor quien la había rechazado de manera poco educada, hiriendo así su gran orgullo Rais.

Apretando fuertemente al celular entre sus manos, maldijo al ingles; no permitiría que otro Kirkland le pisoteara el orgullo –no cederé lo que por derecho ahora es mío- dijo entre dientes, refiriéndose a Francis como si fuera un objeto. En medio de su locura y celos, tomo el celular y empezó a borrar las llamadas perdidas así como el numero del chico pensando que así finalmente capturaría la atención que le demandaba a su prometido.

En Alemania, Arthur intentaba dormir sin embargo, los problemas que giraban alrededor de el no se lo permitían. Aun se estaba haciendo a la idea que Francis se casaría con la joven Rais y al mismo tiempo le embargaban preguntas sobre aquella noche en la isla, cuestionando las razones que llevaron al francés a hacer aquello así como las que tiene para contraer matrimonio; por otra parte, la incertidumbre de no poder identificar o recordar al posible asesino de Fulvia lo enloquecía, si no lo descubría pronto el seria el que pasaría su vida tras las rejas.

-bloody hell- murmuró, cerrando fuertemente sus ojos, intentando quedarse dormido –si tan solo hubiera una forma de aclarar todo- suplicó.


Bien, lo prometido es deuda, aqui el capitulo 19. La boda de Bonnefoy esta cada vez mas cerca y la neurotica de su prometida ira haciendose peor. ¿Arthur lograra algun avance en el esclarecimiento de sus sentimientos y sobre todo, de aquel sujeto novio de Fulvia? ¿Cuantas cajetillas de cigarros se fumara Ian antes de que eso pase? Todo eso y mas para el capitulo 20 el cual subire el viernes 23 de Septiembre.

Gracias a quienes me dejan comentario, es muy bien recibido y a los que no tambien, por lo menos se que me leen. GRACIAS.