" Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad."


CAPITULO 21

Nos encontramos a dos escasos días de la mayor boda del año -según la familia Bonnefoy y Rais- y los preparativos en vez de disminuir aumentaban, ejerciendo gran presión en los padres de los respectivos novios quienes corrían de un lado al otro, pegados a sus celulares y discutiendo con los hoteles donde alojarían a sus mas de casi mil invitados. Las sirvientas, los sirvientes y demás personal ayudaban con los arreglos del salón los cuales consistían en una variedad de artículos en color blanco desde las sillas, mesas, manteles y demás.

Por su parte, los novios lejos de estar nerviosos se encontraban uno, molestos con el otro pero maquillándolo de una manera excelente para no preocupar a sus padres y dar paso a las criticas y palabras malintencionadas de otros nobles y dos… bueno, no había dos, con la mención del punto uno es más que suficiente. La dulce y angelical Jeanne se terminó convirtiendo en una tirana maniática de las órdenes (que novedad) mientras que Francis retomó su actitud de joven playboy despreocupado, no importándole (o fingiendo no importarle) en absoluto de lo que sería de él, seguramente a la falta de esperanzas que tenía sobre el porvenir.

Aburrido y sin poder salir de su habitación porque literalmente estaba encerrado en ella debido a que su amada prometida se volvió tan desconfiada de él que terminó por encerrarlo bajo llave temiendo que este intentara escapar, el rubio suspiró -¿desde cuándo el casarse se había convertido en un ritual tan fastidioso?- se preguntó, recordando cómo meses atrás pensaba en el con gran anhelo y sentimiento pero ahora viendo lo que ocurría, se había percatado que tal vez y cuando no hay amor real de por medio, las cosas no eran las mismas.

Y sí, lo aceptaba, no se iba a casar por amor, lo sabía muy bien, se casaba en nombre de la amistad pero ¿de qué servía si la persona que es tu amigo ya ni te habla?; pesimistamente sacó su celular del bolsillo y revisó los mensajes –ninguno- murmuró, estaba completamente vacía su bandeja tanto de salida como de entrada –esa Jeanne ¡¿qué se cree?- pensó para sí, no entendiendo que ganaba ella borrando toda la información de su teléfono y luego mintiendo de ello.

-¿El qué te besara te causó tanta molestia?- reflexionó, recordando con ternura aquella noche, recreando en su mente y sus labios la calidez que tenían los de Kirkland, escuchando los sonidos de los fuegos artificiales al expandirse sobre el cielo y finalmente, aquellas dos misteriosas y enigmáticas lagunas color esmeralda que no eran ni tan rasgadas ni tan redondas –en comparación con la chica Rais, tú me hacías muy feliz- suspiró, mordiendo su labio inferior y auto abrazándose, intentando así, no dejar ir mas el recuerdo del calor corporal del inglés.

Por otro lado, en Alemania, luego de aquella escena incomoda, los hermanos regresaron a la normalidad, actuando como si nada hubiera pasado, evitando hablar del tema o de cualquier cosa que se le relacionara sin embargo, aquello no se aplicó a Albert ni mucho menos a Pietro quien especialmente este último, presionaba al chico de decir que era lo que sentía hacia el francés.

-¿te gusta? ¿Sientes algo por él?- preguntó insistente.

Arthur suspiró – ¿Qué puedo sentir por alguien que supuestamente es mi amigo?- rebatió, intentando así callar las preguntas del otro.

-pues no puedes llamarle amigo a alguien por quien lloraste como magdalena al saber que se casaría- dijo mordazmente.

-tsk esas eran lágrimas de alegría-

-lo que tú digas pequeñín-

-¿pueden guardar silencio par de señoritas?- ladró el pelirrojo, intentando pensar en cómo ayudar a su hermano con los dos problemas que este tenía.

Pietro se mostró ofendido – ¡la única señorita aquí es Artie!- exclamó sin vergüenza alguna –porque en lo que respecta, ni yo ni Albert lo somos-

El de cabellos color miel se sonrojó, su pareja era tan desvergonzada y extremadamente sincera no obstante, guardó la compostura, no quería iniciar una nueva pelea y terminar siendo aterrorizado por su primo de cabellos de fuego –Pietro, mantén la compostura y hazle caso a Ian-.

Al ver que por fin se callaron, Ian se aclaró la garganta y se puso de pie, caminando violentarte hacia su hermano, aprisionándolo en el sillón donde este se encontraba sentado –Arthur- le llamó de manera seria, sin titubear y sin ningún adjetivo despectivo, se arriesgaría a jugar su última carta –se sincero, pasado mañana se casa Bonnefoy y no quiero que te arrepientas de por vida- susurró de manera débil, reflejando aquella debilidad y preocupación hacia su hermano a través de sus ojos verdes y cristalinos.

Arthur intentó negar con la cabeza, intentó gritar a los cuatro vientos que no, el no sentía nada por el francés, intentó negar incluso con sus manos pero increíblemente su propio cuerpo lo traicionó. El ver a su hermano sumamente preocupado, actuando de aquella manera tan civilizada y adulta y habiendo escuchando sus verdaderos sentimientos provocaron que la mentira que se había plantado en el interior de su subconsciente por fin se rompiera, haciéndolo llorar -¡lo sé, se que se va a casar y que no puedo hacer nada!- finalmente explotó.

Ian hizo una mueca, asemejando a una pequeña sonrisa y atrayendo a su hermano hacia su pecho, intentó reconfortarlo como pocas veces lo había hecho en su vida –viste que no era tan difícil aceptarlo- mencionó. El pequeño inglés negó débilmente con su cabeza, refutando lo que su hermano decía mientras que sus lágrimas continuaban surcando su rostro y empapando la camisa del otro.

Los dos amantes vieron la escena desde sus respectivos lugares, sonriendo feliz de que por fin se había aclarado todo lo concerniente a los sentimientos del rubio inglés. Albert era el más feliz debido a que era la primera vez que veía a su primo pelirrojo actuar como un verdadero hermano mayor –los milagros existen- pensó para sí.

Al final, cuando las lagrimas del Kirkland menor se secaron y la situación se relajó, este sonrió –creo que sobre exagere toda la situación- admitió apenado –creo que… desde un inicio estaba enamorado de Bonnefoy… pero no quería aceptarlo porque… porque… tenía miedo… supongo…-

-y entonces, ¿te le piensas confesar?- preguntó muy interesado el oji olivo.

-quisiera pero… ya es demasiado tarde, pasado mañana se casa y no estoy invitado- comentó con un aire de tristeza.

-no estés tan seguro de eso- irrumpió el pelirrojo – es muy probable que en estos instantes dad debe de tener ya en su poder los pases a la boda-.

Y con aquello, nuevas esperanzas surgieron –eso quiere decir que… ¿podre decírselo?- preguntó.

-si eso es lo que quieres entonces si-

-pero… hay un problema, ¿no se supone que la policía me está buscando?-

-eso es lo que menos importa, hallaremos una forma para pasar desapercibidos, ¿no es verdad Albert?-

El de cabellos color miel asintió, mientras ideas y planes se formulaban en su cabeza –tenlo por seguro-.

De regreso en Francia, el oji azul se levantaba de su siesta embellecedora y con un gran vacío en el corazón, producto del sueño que había tenido, sueño que lo incluía a él y al inglés, ambos tomados de la mano y sonriendo de la manera más feliz posible -creo que te extraño mucho- admitió, haciendo los mechones de su frente hacia atrás –no debí haberte dejado ir ese día- agregó, refiriéndose a la noche del baile, declarando así que definitivamente sentía algo por el rubio de ojos verdes –si no lo hubiera hecho, seguiríamos igual de felices-

Un suspiro ahogado se escapó de sus labios, su corazón se lo había dicho desde hacía mucho tiempo, tenía fuertes sentimientos por Kirkland y con aquello seguro, se lamentó no haber sido un poco más valiente ni mucho menos mas fuerte y lleno de convicción.

Del otro lado de la puerta, Jeanne quien tenía aún su mano sobre la perilla había escuchado sin querer el monologo de su futuro esposo, haciendo que el estomago se le revolviera y el enojo que sentía hacia el inglés se incrementara al mil por ciento –tsk, maldito Arthur Kirkland, incluso estando lejos me lo arrebatas- murmuró.


Otra quincena y otro capitulo. Estamos tan cerca del dia de la boda que hasta yo me pongo nerviosa al imaginar lo que hara Arthur para detenerla (?). Por ahi lei que no les cae bien Jeanne y pues, no sean malas, traten de tener empatia por ella, tambien es un personaje sufrido porque busca amor en un patan frances que apenas se esta dando cuenta que quiere a un indeciso ingles T_T. Ai no yoake, Ian es como todo hermano mayor o eso he aprendido de otros hermanos mayores que conozco. Yume-no-Himeko gracias por puntualizarme las faltas de ortografia, te soy sincera, reviso al menos tres veces el capitulo para buscarle incongruencias o faltas (aunque supongo muchas se me escapan u.u) y tiendo a consultar el diccionario y conjugador (porque he llegado a dudar que ciertos verbos se conjuguen de X o Y forma y eso que es mi lengua materna) pero bueno, no intento justificarme (o tal ves si) y realmente gracias por el ofrecimiento, me haces sentir alagada u/u. Y bueno, era todo lo que tenia que decir, como siempre, gracias por los comentarios, son pocos pero significativos y me ayudan mucho para tener ideas o mejorar en algo, prometo mejorar aunque no se note el cambio y-y-y-y bueno, ¡GRACIAAAAAAAS!. Proxima actualizacion hasta el dia 21 de Octubre, hasta entonces saludos.