"Es curioso este juego del matrimonio, la mujer tiene siempre las mejores cartas"
CAPITULO 22
Y por fin había llegado el tan esperado y ansiado día y el reloj cucu de la casa de Albert marcaba las tres y treinta de la madrugada; ninguno en aquella aquel acogedor lugar se rehusaba a dormir todo esto debido a dos cosas, una era que daban los últimos toques al ingenioso plan que desarrolló el primo de los Kirkland y la otra eran los nervios que Arthur sentía al saber que al medio día de ese preciso día se casaría al que consideró hasta ahora su mejor amigo, compañero de desamores, confidente de sus desventuras y ahora amor secreto (y próximo amante si todo salía bien).
-¡lo recordé!- exclamó el de ojos color esmeralda, llamando la atención de los demás.
-¿recordaste qué?- preguntó el de ojos color olivo.
-¡lo recordé! ¡lo recordé! ¡lo recordé!-
Esperanzado de que se trataba de lo que creía que se trataba, el pelirrojo apartó al chico risueño de en medio y tomo de los hombros a su medio-hermano –¡escúpelo!- ordenó impaciente.
-ese día… el día que iba a proponerle ser mi novia… no lo hice porque… porque… ¡ya tenía pareja!-
-¿Qué? ¡¿Eso era todo?-
-creo que era compañero de trabajo… lo vi salir del mismo edificio que ella… era un tipo alto, apuesto… tenia buen cuerpo…- empezó a explicarse, acariciando su barbilla con gran dedicación.
-OK, solo necesito saber cómo es no cuáles son tus gustos- ironizo el cabellos de fuego.
-su nombre… comenzaba con J…-
-¿James?-
-no-
-¿Joan?-
-¿ese es nombre de hombre?-
-que importa… mmm… ¿Joseph?-
-¡John!- exclamó, sabiendo que ese era el nombre del sujeto que estaba con Fulvia.
-¿John?-
-¡si, ese era su nombre, John!-
Contento con el nuevo descubrimiento, Ian soltó a su hermano y corrió hacia la puerta al tiempo que sacaba su celular y marcaba al número de su padre para informarle las nuevas buenas.
-tengo miedo- susurró el menor de los Kirkland, admitiéndolo abiertamente, rompiendo el silencio que se había creado.
-¿miedo de que o a qué?- preguntó Albert.
-A ser rechazado por Bonnefoy-
-Bueno, ni siquiera sabes si te va a rechazar-
-sí pero…-
-nada de peros… no sé bien que sucedió entre ustedes pero de lo que estoy seguro es las cosas terminaran bien- afirmó, intentando infundirle un poco de confianza a su inseguro primo.
El joven ingles iba a agradecer las palabras de su primo cuando la puerta se abrió, mostrándose tras esta el rostro serio de Ian –es hora, padre acaba de decirme que la boda de Bonnefoy será al medio día y eso significa que nos queda poco tiempo-
Los dos amantes al escuchar aquello se abalanzaron contra el pequeño rubio, ayudándolo con los arreglos, colocándole a prisa una peluca, insertándole pudientes, escondiendo sus cejas, cambiando sus ropas incluso colocándole gafas, todo para no poder ser descubierto fácilmente.
Finalmente cuando terminaron, observaron el producto del esfuerzo y empezaron a carcajearse -¡pero quien lo viera, eres idéntico a Alfred!- exclamó Albert quien no se la creía.
-¡más que idéntico pareciera que eres el mismo!- confirmó Pietro.
Ian se mordió el labio inferior para evitar burlarse pero era demasiado, ciertamente su hermano era idéntico a su estúpido primo americano -¡pero válgame, el mejor disfraz de noche de brujas que has tenido en toda tu retorcida vida!- declaró.
Arthur se sonrojó, las burlas de esos tres lo hacían sentir peor que miserable –c-ca-callense- intentó ordenarles pero la vergüenza que sentía al ser comparado con su tonto primo no le permitía mantener la cabeza fría –n-no es mi c-culpa parecerme a e-el- tartamudeó.
Recuperando un poco la compostura, su medio hermano le otorgó el pasaporte de Jones –dudo que te cueste hacerte llamar por ese nombre, después de todo era el que usabas para tus conquistas- mencionó, insertando un poco de acidez en sus palabras.
Tomando el pasaporte entre sus manos, el ingles guardo silencio, no quería escuchar mas burlas de sus parientes –es hora de irnos- indicó, señalando el reloj cucu que ahora marcaban las cuatro y media de la mañana.
Albert y Pietro acompañaron a ambos a la puerta, deseándoles buena suerte y que tuvieran mucho cuidado en el camino, no querían que fueran descubiertos antes de llegar a su objetivo –espero vuelvan a visitarnos- mencionó por última vez Albert al tiempo que meneaba su mano derecha de un lado al otro, despidiéndose así de sus dos primos quienes partían en un taxi que habían mandado a pedir.
En Francia, los rayos del sol empezaban a iluminar a la maravillosa ciudad de las luces y para ser exactos, faltaban al menos entre cinco y cuatro horas antes de la tan esperada boda no obstante, en vez que la mansión donde la familia Rais y Bonnefoy se encontraban alojados rebozara en alegría, retumbaba en gritos por parte de estos últimos quienes golpeaban insistentes la habitación de su único hijo.
-¡Ábrenos la puerta jovencito!- ordenó la señora Bonnefoy.
-¡obedece a tu madre!- suplicó el señor Bonnefoy.
Del otro lado de la puerta, empujándola, insistiendo con la perilla y unos cuantos seguros, se encontraba Francis quien finalmente cayó presa de la desesperación y el nerviosismo -¡no pienso salir!- exclamó -¡y mucho menos me pienso casar con Jeanne!-
Al escuchar aquello, una expresión de horror se reflejó en los rostros de los señores Bonnefoy, pareciera que su hijo les acababa de maldecir o peor aun sin embargo, pese a eso, se rehusaban a darse por vencidos y golpeando más fuerte la puerta, insistieron nuevamente.
-¿acaso no querías esto?-
-¿no querías casarte con una linda dama?-
Francis rio en sus adentros, ¿acaso se referían a Jeanne? -¡no me hagan reír!- se dijo para sí, obviando que la chica era todo menos una linda dama -¡nada hará que cambie de opinión así que váyanse!- ordenó.
Los señores Bonnefoy suspiraron, su hijo se había puesto en un plan de no salir y cuando se ponía así, no había nada que lo hiciera cambiar de opinión –creo que… nos venció…- mencionó el señor Bonnefoy.
-no estén tan seguros- irrumpió Jeanne con una gran sonrisa –déjenme intentar hacerlo entrar en razón-
Pese a no estar seguros, los padres de Francis aceptaron, deseándole suerte a la chica y abandonando rápidamente el lugar, pensando que así sería más favorable para ella el poder hacer entrar en razón a su único hijo.
Una vez se encontró sola y sin testigos, la dulce sonrisa que surcaba en sus labios desapareció y rápidamente empezó a masajearse las sienes –enserio Francis, ¿crees que estamos jugando?- le interrogó no ocultando la mas mínima pizca de molestia en sus palabras.
-claro que no, por eso mismo me rehusó a casarme contigo- respondió con el mismo tono que ella había empleado –ahora date por vencida que no pienso abandonar esta habitación-
-piensa en tus padres, ¿Qué dirá la sociedad de ellos al darse cuenta de la clase de hijo que tienen?- intentó usar la lógica y el amor que tenia este hacia sus padres.
-no me importa que diga la sociedad- contra-atacó, no pensaba perder ante esa arpía.
Al ver que no podía razonar con ese rubio ojos de mar, suspiró, no quería usar esa arma pero se vería obligada –está bien, tu ganas querido- dijo en un tono lleno de derrota –aunque sabes, el otro día vi en la sección de sociales una foto de un joven buen mozo, Arthur Kirkland era su nombre… ¿lo conoces?- comentó, con la dulzura e inocencia mas falsa de toda la tierra.
El francés guardó silencio, no entendía a lo que quería llegar su prometida. Por su parte, la chica continúo hablando –supongo debes de conocerlo, tu familia y la de el mantienen una profunda amistad y apuesto a que ES SOLTERO- mencionó, enfatizando aquello ultimo –y sabes que, escuche que será uno de nuestros invitados de honor a nuestra boda pero como no quieres casarte, estoy segura que si le pido que se case conmigo, el aceptará sin objeción alguna- declaró, derramando veneno en cada una de sus palabras.
-¡no!- exclamó Bonnefoy al tiempo que abría la puerta de la habitación, mostrándose y cayendo finalmente en la trampa de la chica Rais –me casaré contigo pero a cambio no quiero que te acerques a él- pidió.
-trato hecho- rio la chica –ahora arréglate, en una hora iremos a las fotos pre-nupciales- ordenó, abandonando rápidamente la escena.
Francis cerró tras de sí la puerta, dejando caer todo el peso de su cuerpo al suelo, rechinando sus dientes, golpeando el suelo alfombrado, estaba furioso con Jeanne y sobre todo consigo mismo al haber sido débil y caer ante la trampa de aquella chica.
Confieso que me habia olvidado que hoy tenia que subir la actualizacion... no se como es que me acorde y a ufff 28 mins de que acabe el dia :S. Bueno, como siempre, agradecimientos a sus hermosos comentarios, me dan energia para continuar con la historia y bueno, ¡ya hay avance! el dia de la boda ha llegado y en un par de capitulos veremos lo que pasara con este par. La proxima actualizacion sera hasta el 4 de Noviembre, hasta entonces nos vemos~
