"Sin riesgo no hay gloria."


CAPITULO 37

Francis llegó a la mansión familiar, se sentía cansado, el haber tenido "la charla" con su cuñado lo había agotado aterradoramente y ya no deseaba más. Anunció su llegada y atravesó el lobby, pasando por alto la silueta de sus padres quienes se encontraban sentados en el cuarto contiguo que daba a la sala.

-¿esa es tu forma de recibirnos hijo?- se escuchó la voz de su padre, sonaba severa y algo molesta.

Sus pies se detuvieron en seco y de inmediato empezó a sudar frio, no esperaba ver a sus padres en casa, no le habían avisado de su regreso y no los había visto desde el día que huyó de su boda con la joven Rais.

-père…mère… ¿hola?- dijo temeroso –tanto tiempo-

Las facciones de ambos padres reflejaban gran enojo, realmente no estaban felices de ver a su hijo, tenían muchas cosas que reclamarle, después de todo, pasarse los días disculpándose con la familia de la ex-prometida de su hijo y los invitados no era algo hermoso ni glamoroso.

-¿Por qué huiste de tu boda? ¿Qué le dijiste a Jeanne para que accediera a romper el compromiso al último minuto?- preguntó el señor Bonnefoy.

El oji azul se sentía encajonado ante tantas preguntas. Instintivamente retrocedió algunos pasos pero recapacito, no era el momento de comportarse como un cobarde, no cuando ya había hecho lo impensable –no la amaba- se defendió –ella sabía que yo amaba a alguien más-

La declaración de su primogénito los agarró desprevenidos, era la primera vez que declaraba algo así pero no por eso su enojo se desvaneció aunque si disminuyó significativamente -¿Quién es esa persona? ¿Es de nuestro estatus?- interrogó nuevamente el patriarca.

-Kirkland- contestó –sus padres ya lo saben- dijo, intuyendo la sarta de preguntas que sus progenitores seguramente le harían –ahora si me disculpan, me retiro, estoy cansado- añadió, girándose hacia las escaleras que daban hacia las habitaciones superiores.

-¿cómo esta él?- se escuchó la suave voz de la señora Bonnefoy, al parecer estaba enterada sobre el arresto de este.

Girándose sobre sus talones, el francés intentó formar una sonrisa –en el centro de detención para extraditados- contestó.

-¿el que se encuentra al sur de la ciudad?- preguntó curiosa y de inmediato Francis asintió –porque si es así, nosotros tenemos contactos ahí, somos benefactores-

La sangre del de cabellos semi largos hirvió, sus padres nunca le habían dicho que también eran benefactores de dicho lugar, de hecho, desconocía de que otras cosas eran benefactores. Olvidándose del cansancio, corrió hacia donde se encontraba su madre y la llenó de preguntas referentes al tema.

Pocas veces los señores Bonnefoy habían visto actuar a su hijo de aquella forma y eso les demostraba cuan locamente enamorado estaba del hijo menor de los Kirkland. En cuanto Francis obtuvo la información pertinente, agradeció a sus padres y corrió de regreso a la penitenciaria, tenía que evitar que el inglés llevara a cabo el plan tan riesgoso que él había propuesto.

Mientras tanto, Arthur se encontraba de pie frente a los barrotes de su celda, esperando la llegada de su visitante nocturno. Desde lo lejos, una tenue luz se iba acercando y no necesitaba adivinar de quien se trataba. En unos segundos se sabría la respuesta a la propuesta y preparándose para eso, se ajustó el traje monocromático a rayas que tenía y preparó su mejor sonrisa llena de soberbia para su invitado especial.

-Buenas noches joven Kirkland- tarareó hipócritamente Robert mientras abría la celda -¿ya tiene una respuesta para mí? Esperemos sea una agradable-

-Téngalo por seguro- respondió en el mismo tono hipócrita mientras retrocedía algunos pasos, dándole espacio a su invitado.

Ese tono y como se estaba comportando el inglés le dio a entender que cedería, esa noche un niño mimado de familia acomodada sería sometido e inconscientemente empezó a relamer sus labios, saboreándose el cuerpo de aquel menudo pero estilizado rubio de mirada engreída –acércate, vamos, no muerdo- le ordenó con una voz llena de adulación.

El oji esmeralda desconfió enseguida del otro pero aun así se mostró pasivo -¿Por qué mejor no se acerca usted a mi?- propuso, actuando de la misma manera que el otro, sintiéndose asqueado de hacerlo –vamos, acérquese, le daré un masaje para que se relaje y no esté tenso cuando lo hagamos- enfatizó.

Los dos caballeros se sentaron en la pequeña e incómoda cama. Arthur detrás del guardia, lo tomaba por los hombros, ayudándole a quitarse la chaqueta, intentando no vomitar de lo asqueado que se sentía al rebajarse a hacer eso -¡pero que músculos mas definidos!- mintió descaradamente mientras intentaba simular que daba masajes –seguramente ha atrapado muchos criminales- aseguró.

-por supuesto que sí, de hecho John fue el último que atrape- mencionó, siguiendo el hilo de la conversación que el inglés había creado –ese último fue muy difícil-

-oh, ¿enserio? ¿Por qué?- preguntó interesando, esta vez ni se molesto en fingir ya que era algo que realmente le interesaba saber.

-porque era muy escurridizo, lo seguimos por cinco condados hasta poderlo atrapar, siempre cambiaba de aspecto en cada condado y se hacía llamar con diferentes nombres aunque su verdadero nombre resulto ser John- contestó, sintiendo como la tensión iba desapareciendo.

-eso es muy interesante, por favor cuénteme más- pidió, reduciendo a casi nada la distancia que los separaba, amoldando su cuerpo a la espalda casi encorvada del sujeto.

-no, creo que con eso es suficiente- contestó con una sonrisa de lado.

Sin tener otra opción, el oji verde se desabrochó algunos botones de su traje de reo, mostrando parte de su clavícula y pecho –por favor- rogó, no creyendo lo bajo que había caído –cuénteme más-

Robert sintió como la fría piel del rubio se friccionaba contra su espalda, dándole un delicioso placer –veo que estas dispuesto a todo pero eso que haces no es suficiente- dijo, destruyendo los planes del otro –dejémonos de juegos y vayamos al grano- demandó, girando su cuerpo para quedar de frente con el rubio.

Arthur se impresionó un poco, no había contemplado la rotunda resistencia de ese sujeto –come on! No sea quisquilloso y deme más pistas- ronroneó, intentando ocultar su nerviosismo.

El jefe de guardias alzo su mano derecha y moviendo su índice le dio a entender que no caería en su trampa. Sabiendo que no podría hacer mas, Kirkland intentó ponerse de pie y retomar otra estrategia pero la mano izquierda de ese sujeto le impidió hacerlo y sintiendo la tremenda fuerza de este, fue sometido. La mano del sujeto recorrió su espalda hasta llegar hasta la espalda baja –me pasó por la cabeza pero no me imaginé que te atreverías pequeño bastardo- le recriminó, sosteniendo con su mano libre lo que parecía ser una grabadora y sin misericordia alguna, la aventó contra la pared, rompiéndola al instante.

Ahora si la había echado a perder y para colmo de males, seria abusado por el bastardo de Robert. Apretó los dientes y cerró fuertemente sus ojos mientras sentía como la mano libre de este recorría por debajo de su camisa a rayas bicolor. A cada caricia sentía mas y mas asco mientras este reía a carcajadas – ¡sin mi testimonio sobre el asesino solo eres otro pobre diablo ricachón que por mujeriego se metió con el objetivo de John!- decía entre carcajadas. Inclinándose, se acercó al odio de su víctima, mordiéndolo en el acto –sabías que el solo quería enamorarla y después estafarla pero apareciste tú y ella ya no mostró tanto interés en él así que adivina lo que tuvo que hacer para obtener lo que quería…-

-la… asesino….- auto contestó sorprendido, olvidándose por un segundo de lo cruel que se había tornado la situación para él.

-así es, la asesinó y en el interrogatorio confesó haberse deshecho del cuerpo en un canal de aguas negras que estaba cerca del lugar donde tú y ella frecuentaban verse y adivina que mas… eras su próximo objetivo…- aseguró, restregando su nariz en las hebras doradas del menor –es una lástima que esto solo se quedará entre tú y yo mi estimado joven Kirkland- sonrió feliz de salirse con la suya.

De pronto, las luces del pasillo se encendieron y la reja de la celda se abrió automáticamente. Robert giró su cuello hacia la entrada, nadie más que el tenia el acceso a la sala de mando y en ese momento sus guardias estaban de turno en otros pasillos –tuviste suerte pequeño bastardo- siseó molesto, sabía que tenía que regresar y checar aquel desperfecto.

-el suertudo es usted- se escuchó una tercera voz en la escena –y si no quiere tentarla le aconsejaría que se aleje tranquilamente de Kirkland- advirtió.

El rubio reconoció inmediatamente aquella voz sin la necesidad de voltear a ver a la persona e instintivamente un sentimiento de seguridad y paz lo invadió, sabía que nada le iba a pasar y que lo peor ya se había convertido en un mal y terrible recuerdo.

Robert dirigió sus ojerosos ojos hacia el intruso -¡usted que hace aquí!- demandó saber -¿Quién lo dejó entrar?-

-yo mismo- respondió con su acento afrancesado –tengo el derecho puesto que mi familia subsidia el diez por ciento de las penitenciarías de Reino Unido- añadió, presumiendo por primera vez de su casta.

La deporsi pálida piel del jefe de guardias se palideció aun mas, no podía creerlo, el desgraciado de Kirkland era amigo de los Bonnefoy y por lo que veía, estos estaban apoyándolo. Sabiendo que ya no tenía ventaja alguna y que la guerra que inició ya la había perdido, se dejó caer de rodillas al suelo –entiendo joven Bonnefoy, le pido una gran disculpa por lo que he hecho- dijo, sintiendo como cada palabra que pronunciaba le llenaba la boca de un sabor amargo.

Francis se acomodó algunos de los cabellos de la frente mientras sonreía de manera prepotente –quedará usted disculpado siempre y cuando acceda a ser testigo en el juicio de mi estimado Arthur-

-si ese es su deseo, así será- respondió, huyendo rápidamente del lugar, dejando a los dos amantes solos.

Arthur permaneció de pie, se encontraba sorprendido por como su pareja había resuelto aquella situación no obstante, recobró rápidamente la compostura -¡TU!- exclamó indignado -¡si tu familia tenía contactos aquí ¿por qué no los usaste desde el principio?-

El francés se rascó la cabeza, denotando su pena y caminó hacia el oji esmeralda –porque recién me entere- admitió, sintiéndose culpable de haberlo convencido a haber hecho eso.

Molesto pero agradecido, el menor abrazo a su amado –thank you- susurró, gracias a eso ya tenían un importante testigo –se que no te gusta presumir y abusar de tu estatus y por eso te lo agradezco mucho-

Bonnefoy acarició con gentileza la cabeza del rubio, intentando así borrar las marcas invisibles que había dejado el jefe de guardias –por ti haría cualquier cosa, incluso gritar a los cuatro vientos mi posición dentro de la nobleza-

Después de ese breve cruce de palabras, los dos sonrieron, sabiendo que ahora que no había mentiras entre ambos, podían actuar como realmente eran, hacer lo que realmente sabían hacer, decir y expresarse de la forma en que les gustaba hacerlo sin ocultarlo de nadie e incluso, empezaron a pensar que el tener títulos de propiedad, estatus alto y provenir de familias poderosas era algo muy provechoso y bueno.


Hola hola~ ya de nuevo por aca. Como veran, ya pude recuperar mis datos y eso me pone muy feliz, ,de hecho hace quince dias que los recupere pero no habia tenido la oportunidad de actualizar. Muchas gracias por ser pacientes y bueno, espero el capitulo haya valido la pena, el proximo sera el ultimo de la temporada, luego sigue uno introductorio y finalmente la temporada final. Gracias por los comentarios de la ultima vez y bueno, la proxima actualizacion sera hasta el 22 de Junio, hasta entonces nos vemos y no olviden comentar :)