"cuando se ama, se ama para siempre."
CAPITULO 40
Era una mañana calurosa de Mayo e Ian no podía siquiera soportarla. Recostado sobre un incomodo sillón de piel y lamentándose de haberlo comprado, se daba aire con los documentos que tenia que firmar. Maldecía entre dientes y se quejaba con el aire del insoportable bochorno, realmente no era normal que hiciera tanto calor en su despacho y menos cuando había bajado la calefacción hasta el mínimo.
Buscando una posición lo suficientemente cómoda, subió los pies sobre la mesa hecha de cedro y se inclinó aun mas sobre el sillón; tomó aquellos documentos que había usado para abanicarse y empezó a leerlos con demasiado tedio –distinguido señor Kirkland hijo… bla bla bla- balbuceó, no tenia ganas de leer la verborrea de introducción ni mucho menos de realizar algún esfuerzo, solo deseaba irse a casa y darse un baño con agua helada, es mas, era capaz de irse al polo norte o a Finlandia, cualquiera que estuviera mas cerca, solo para cumplir su capricho. Tiró los documentos lejos de su vista, mirando en el proceso, las fotos de su familia a un lado y la del día de su boda en otro.
De inmediato se sintió nostálgico y solo por eso, odió aun mas al calor que hacia. A decir verdad, el odiaba sentirse nostálgico porque lo hacia sentir viejo y anhelante del pasado. Tomó entre sus manos la fotografía del día de su boda y cerró sus ojos, era inevitable no recordar esos días, incluso ahora los revivía con gran vividez y exactitud.
Fue hace casi siete años atrás, acababa de cumplir la veintena y su dulce Leonor también; se habían conocido en la universidad, de hecho aun la seguían cursando cuando decidieron que era momento de unir sus vidas. La familia de ella no poseía titulo de nobleza alguno pero era acomodada y cándida. La boda fue sencilla a petición de ambos y los invitados eran contados y selectos.
En cuanto pudieron, se mudaron a un pequeño apartamento al que llamaron dulcemente "su nido de amor" y donde nadie de sus respectivas familias pudiera intervenir. Solo eran él y ella, nadie más. Se negaban a recibir apoyo de sus padres, como todos buenos jóvenes rebeldes y ambiciosos de vivir la vida buscaban valerse por si mismos y demostrar los adultos que eran, querían ganarse un puesto en la sociedad gracias a su esfuerzo, no por el de su familia.
A Leonor le encantaban las flores y la jardinería pero el apartamento era tan pequeño que no podía mantener las flores. La señora madre de su esposa le regaló una pequeña parcela en el patio de la familia y cada domingo sin falta, él y ella iban a darle mantenimiento. Primero comenzaron por preparar el suelo, la tierra y de poco a poco fueron construyendo un hermoso jardín lleno de rosas de todos colores, narcisos, petunias, tulipanes y claveles; ambos querían aquel lugar como si fuera un ser humano ya que este reflejaba sus sentimientos y devoción mutua.
Sabiendo su destino como heredero del apellido Kirkland, Ian entró a trabajar con su padre. Los días y meses siguientes ambos lo pasaron llenos de alegría, después de todo estaban con la persona que amaban. Al tercer año y medio de casados la felicidad que compartían se multiplicó de manera infinita: pronto serian padres.
Desde ese momento, los días pasaban lentos y las noches eran interminables; los meses de espera para recibir al nuevo miembro eran eternos pero provechosos. Tenían discusiones infantiles sobre el sexo del bebe y del nombre que le pondrían. Se reconciliaban con velocidad abrumadora e inmediatamente empezaban a imaginar como seria el nuevo miembro de su pequeña familia.
Pero aquellos momentos felices terminaron en un abrir y cerrar de ojos; hubo una complicación y la caprichosa muerte decidió llevarse a su bebé y a su esposa de paso. El pelirrojo quedó desolado pero tenía que avanzar. Con la muerte de la mujer que tanto amaba y del hijo que nunca vio nacer, murieron sus momentos felices, sus sentimientos de amor y la posibilidad de volver a amar.
El funeral fue todo menos alegre. La familia de Leonor decidió por Ian y se llevó a cabo un crematorio; las cenizas de su esposa y de su bebe le fueron entregadas personalmente junto con un pésame y un "nunca dejaremos de ser familia". No queriendo regresar al lugar al que una vez llamo su "nido de amor", pidió a sus padres vivir en la casa familiar.
Por una temporada demasiado amplia estuvo en luto, lo suficiente para perder la noción del tiempo y cuando se vino a dar cuenta, había pasado casi medio año. Queriendo saber la fecha exacta, tomó un calendario, marcaba domingo y lo recordó, la pequeña parcela convertida en jardín. No supo como ni de que forma llegó a casa de sus suegros pero ahí estaba, de pie frente a los barrotes que daban hacia aquel pequeño jardín, sosteniendo entre sus manos la urna donde venían las cenizas de su esposa y bebé.
Lloró en silencio mientras contemplaba el ahora marchito jardín, estaba aceptando lo que por mucho tiempo negó y era el que ya no volvería a verla. Permaneció de pie y sin moverse siquiera, llorando, desahogando su pesar, dejando ir lo que una vez amó y cuando sintió que fue suficiente, brinco sobre la reja y enterró la urna frente al matorral de rosas blancas que aun permanecía con vida –prometo volver- susurró convencido, regalándole la ultima sonrisa sincera que sus labios pudieron crear.
Ian abrió sus ojos y miró su reloj, sorprendiéndose enormemente, había pasado tres horas remembrando viejas heridas; se sintió un tonto pero sonrió como pocas veces lo hace y miró al calendario: era sábado. Sabia que no había mas que hacer en la oficina así que decidió regresar a casa donde seguramente aun se encontraba su tonto hermano junto a su noviecito y nuevamente sonrió pero ahora de manera amarga, no lo aceptaba del todo pero muy dentro de él existía el deseo de que su hermano no experimentara el mismo dolor que él.
Al llegar a casa comprobó lo que había predicho y solo porque quería arruinarles lo acaramelado decidió sentarse en medio de ambos, separándolos de tajo -¿Qué están viendo pendejos?- preguntó al notar que estaba la televisión encendida.
-nada que te importe- respondió su hermano menor de manera tajante y visiblemente molesto -¿acaso no tienes nada mejor que hacer?-
-¿mejor que joderlos a ambos?- pregunto sarcásticamente –no, no creo- rio cual niño malcriado.
Al ver que no tenían otra opción, los dos amantes abandonaron la sala y subieron al cuarto de rubio. Ian siguió la trayectoria de ambos con el rabillo del ojo -¡deja la puerta abierta para que pueda vigilarlos!- ordenó, sabia que ya no eran uno par de adolescentes con las hormonas revolucionadas pero le gustaba hacerlos rabiar.
La mañana siguiente, apenas salió el sol, el pelirrojo abandonó la casa, negándose a ser llevado en limosina y de paso extrañando al personal por lo modesto que se mostró. Iba vestido con ropa casual y una mochila malgastada en el hombro –llegaré tarde, no me esperen- gritó desde el portón de la mansión y acto seguido, emprendió camino hacia la parada de autobús mas cercana.
Fue un largo viaje el que realizó, casi llegando al condado vecino pero no importó, valía la pena la travesía –estoy en casa- murmuró con sus facciones tranquilas. Dejó caer la mochila al pasto y de ella salieron sus utensilios de jardinería, los mismos que usaba hacia casi seis años. Desde un balcón cercano se asomó su suegra y le dio los buenos días, lucía alegre de verlo. Le regresó el saludo –he venido a ver a mi familia como cada domingo sin falta- dijo tranquilo y su suegra se mostró contenta. Luego de la breve charla, empezó a arrancar la mala hierva y a hablar con las flores que una vez su mujer amó y cuidó con devoción, les hablaba de la misma manera que solía hablarle a ella, contándole como estuvo su semana, preguntándole como estuvo la de ella y su bebé.
Si bien aquello no podría ser considerado normal, para su corazón era un bálsamo perfecto y no importase cuantos años pasaran, no se atrevería a dejar ir aquello que una vez lo hizo feliz.
Y aqui otro capitulo de esta hermosa historia, Si notaron, no tenia nada que ver con Francis y Arthur, mas bien sobre Ian, este personaje tan amado ppr todas. Hacia mucho tiempo que esperaba subir el capitulo, queria explicar porque este sarcastico pelirrojo despreciaba a las mujeres y como es que enviudo. Su historia me conmueve, es un ser tragico T_T, espero a ustedes tambien les haya conmovido. Y bueno, gracias por los comentarios, espero seguir leyendo mas.
La proxima actualizacion y el inicio del arco final sera el miercoles 1ro de Agosto. Hasta entonces ~
