"Cuando se es madre, nunca se está sola en sus pensamientos. Una madre siempre deber pensar por doble - una vez por ella y otra por su hijo."


CAPITULO 43

Y como lo había prometido la señora Kirkland hacía unas semanas atrás, ambos recibieron boletos para ir al teatro pero para su infortunio, era una salida en familia. Los dos habían esperado esas entradas con grandes ansias, seria su primera salida al teatro a solas e inclusive habían preparado un itinerario de lo que harían después de que salieran de dicho lugar y que incluía una caminata por el parque que quedaba a unas cuadras adelante, una cena en un restaurant gourmet y beber vino en el departamento de Francis mientras veían el cielo nocturno pero al enterarse de la crueldad del destino, lo único que pudieron hacer fue protestar.

Al parecer la idea de ir al teatro en familia había sido idea de las madres de ambos. Estaban tan felices de que sus hijos se habían convertido en pareja que querían celebrarlo con una de las aficiones que ambas comparten: el teatro. Y así, las dos familias se pusieron sus mejores trajes de gala, compartieron la misma limosina y partieron.

Los rostros de Francis y Arthur no podían mostrarse mas desanimados y los padres de ambos les regañaron por lo mismo, diciéndoles que deberían estar felices de celebrar la salida familiar, Ian por su parte, no borro en todo el trayecto la sonrisa socarrona que surcaba por su rostro. Cuando llegaron al teatro, las dos damas fueron las primeras en bajar, seguidas de sus hijos y al final los señores. Ingresaron de manera calmada y elegante a un salón decorado con flores y candelabros y donde varias familias de la misma posición social que ellos, socializaban y esperaban al anuncio de tomar asiento.

Ian, Francis y Arthur inspeccionaron el salón con la mirada, buscando lugares donde esconderse de las jóvenes solteronas que estaban en busca de un rico incauto para atraparlos en sus redes. Los dos rubios se tomaron de las manos y caminaron a prisa entre la multitud, mezclándose entre ella y evitando a cualquier dama joven. El pelirrojo al verse solo, retrocedió algunos pasos, intentando esconderse entre las sombras pero fue demasiado tarde, algunas chicas ya se habían percatado de su presencia y corrieron al encuentro.

-tu muerte no será en vano- murmuraron los dos rubios al escuchar las voces animadas de las chicas que iban una a una rodeando al pelirrojo. Por su parte, ellos terminaron refugiándose en el segundo piso del salón, en un lugar donde no sobresalían demasiado.

Ahora solos y sin molestias alrededor, los dos se asomaron discretamente desde el pequeño balcón donde se habían refugiado y miraron como sus respectivos padres socializaban de manera abrumadora, no entendiendo de donde sacaron ellos lo arisco y su desinterés hacia las conversaciones banales.

-siento pena por mi cuñado- comentó el francés mientras veía como era acosado por las jóvenes. Arthur por su parte, solo asintió y tomo a su novio de la mano, sacándolo de ahí, no quería que sintiera mas pena por el pelirrojo y terminaran sufriendo el mismo destino que este.

En el piso de abajo, las dos parejas mayores se encontraban con otras dos parejas mas, platicando animadamente sobre temas sociales, los políticos hacia mucho que los habían terminado de digerir. Una de las damas, una mujer castaña de ojos como avellanas, miro con disimulo alrededor del recinto, intentando buscar pistas de la recién formada pareja de rubios pero al no verlos frunció los labios –es una pena que sus hijos no disfruten esta clase de eventos- comentó, cortando por completo el rumbo de la platica que se había formado –estoy muy segura que a estas alturas ya se hubiesen conseguido una digna concubina- puntualizó.

La señora Bonnefoy y la señora Kirkland dieron un respingo y sus facciones se tensaron, al parecer esa mujer había tocado un punto sensible en ellas, no obstante, retomaron con gran calma la compostura y solo se limitaron a sonreír –temo decir que nuestros hijos ya no necesitan mas de esta clase de eventos, acaban de formalizar- dijo la señora Kirkland mientras sonreía, mostrando sus aperlados dientes -¿no es verdad mi estimada madmoiselle Bonnefoy?-

La francesa solo sintió un pequeño codazo por parte de su amiga y recobrándose del despiste, asintió y empezó a reír de manera elegante –por supuesto, nuestro pequeño Francis formalizó una relación con Arthur y debo decir que estamos mas que encantadas por ello, ¿Quién iba a decir que terminarían así?-

La otra pareja al escuchar eso, alzaron sus cejas, a pesar que se encontraban en la era moderna, no era tan común escuchar sobre parejas homosexuales dentro de sus círculos sociales pero eso no los desmotivó de seguir la conversación. Por otro lado, la castaña solo hizo un mohín de molestia, no se esperaba esa respuesta y menos al haber iniciado la conversación solo para proponerles una cita con sus hijas –ya veo, es una pena para ambas familias- dijo con un tono lleno de pésame –la posibilidad de tener nietos que sigan con la tradición familiar se hizo nula- comentó con malicia.

Los señores Kirkland y Bonnefoy no lo habían pensado de esa forma, ni siquiera habían tenido el atrevimiento de pensarlo, estaban tan felices del emparejamiento de su hijos que aquello paso a convertirse en un segundo plano y no habiendo nada que decir, los cuatro adultos sonrieron apenadamente y se retiraron, buscando refugio en un lugar un poco mas privado donde nadie los viera comportarse de manera frágil.

En una esquina de la gran sala de estar, los cuatro se sentaron en unos sillones colocados estratégicamente para ello y se miraron los unos a los otros, esperando a ver quien era el primero en comentar la desastrosa situación de la que se acababan de dar cuenta. La señora Bonnefoy fue la primera, rompiendo en llanto, ya se había percatado de la seriedad del asunto –nunca tendré nietecitos- dijo entre lágrimas mientras su esposo la abrazaba. La señora Kirkland le siguió con el mismo gesto –Arthur era nuestra única esperanza de nietos y ¡ya no los tendremos!-

Las dos damas lloraban desconsoladas mientras sus esposos solo se miraban el uno al otro y miraban a sus esposas. Pronto, el señor Bonnefoy decidió hablar por ambos –damas, damas, sé que están dolidas, nosotros nos sentimos de la misma forma pero no podemos hacer nada en contra de los deseos de nuestros pequeños mas que velar por su felicidad- las intentó convencer y estas empezaban a picar el anzuelo –además recuerden que no es el fin del mundo, aun podemos cederles nuestros bienes a ellos y ellos podrían hacerlo a un representante digno de la familia-

-además ¿acaso no han pensado en como se han de sentir ellos?- inquirió el señor Kirkland –imaginen, ellos siempre han proclamado que quieren hacer una familia con la persona que mas aman, no importase lo que ocurriese. Ellos son jóvenes y nos faltan muchas décadas de vida, estoy seguro que hallaran una forma de darnos descendientes-

Ambas damas dejaron de llorar y sus ojos opacos se llenaron de luz –tienes razón my darling- dijo la rubia, abrazando a su marido –además nosotras somos jóvenes y podemos engendrar aun mas hijos ¿no es verdad?- dijo de manera coqueta.

A la señora Bonnefoy le agradó la idea, hacia mucho que ella y su marido no intentaban darle un hermanito o hermanita a Francis –lady Kirlkand esta en lo cierto, es mas, podemos empezar a partir de esta noche- sugirió.

Pese a que esa no era la idea inicial, los dos hombres aceptaron, con tal de darles gusto a sus hermosas esposas además, no les desagradaba la idea de regresar a la época donde eran jóvenes alocados queriendo aparearse como conejos. De inmediato un visible sonrojo atravesó el rostro de ambos y las señoras lo tomaron como un "trato hecho" por parte de ambos.

Un joven en esmoquin salió desde la puerta del segundo piso y anunció que la función estaba pronta a comenzar, que fueran tomando lugares. Los presentes dejaron a un lado las conversaciones y se fueron hacia la puerta que ya se encontraba abierta. Las dos parejas buscaron con la mirada a sus hijos; el primero en aparecer fue Ian quien se encontraba sumergido en un mar de jovencitas agraciadas y de buen ver mientras que a los últimos en encontrar fueron a Arthur y Francis quienes esperaban de pie en la puerta.

Ahora reunidas las dos familias, se acomodaron en uno de los palcos que habían reservado y el cual tenia excelente vista. Desde ahí presenciaron con gran fascinación la obra hasta que esta termino. Cuando salieron, un buen sabor de boca recorría la boca de todos, realmente había valido la pena ir a presenciar dicho espectáculo y notando que la noche aun era joven, decidieron irse a cenar a un restaurant español.

Durante el transcurso de la cena, ambas damas vieron los cariños disimulados que se hacían sus respectivos hijos y como los ojos de estos brillaban tan fuerte como la luna misma y de inmediato empezaron a sentirse avergonzadas de si mismas por haber sido unas viles interesadas; sonrieron apenadas, como si hubieran hecho algo malo y tomaron las manos de sus respectivos esposos, lo habían decidido, si el destino y la vida misma así lo deseaban, entonces se desharían de la idea de tener descendencia por parte de ellos.

Los señores Bonnefoy y Kirkland al sentir las manos de sus esposas apretarse entre las suyas, se dieron cuenta que ellas habían entendido, dejarían de preocuparse por el futuro de sus hijos y de ahora en adelante velarían por la felicidad de estos, no importase lo que ocurriese. Felices por aquella resolución, regresaron aquel apretón, de forma suave pero firme.

El señor Kirkland se agacho y poso sus labios en los oídos de su rubia esposa –si gustas, esta noche podemos intentar darle un hermanito a Ian y Arthur- propuso y de inmediato la dama empezó a reír, estando de acuerdo con la idea pero ahora no por desear a alguien que continúe el legado de ambos, sino por el hecho de querer que un nuevo miembro de la familia se sienta feliz por la vida que sus hermanos han decidido llevar.

Al terminar la cena, Arthur y Francis se despidieron de sus padres, objetando que querían pasar un tiempo a solas. Ahora las dos parejas e Ian se habían quedado solas y sin más que hacer, dejaron que el chofer los llevara de regreso a casa.

Por su parte, los dos rubios pasaron a un bar cercano, compraron la primer botella de vino que vieron y tomaron un taxi a casa, solo deseaban terminar con broche de oro la velada que después de todo no fue tan desastrosa. Al llegar al apartamento, los dos se deshicieron de la formalidad de sus trajes, abrieron de par en par la puerta que daba al pequeño balcón y colocaron en medio de este una diminuta mesita con dos sillas que daban la cara hacia afuera. Abrieron la botella de vino, se sirvieron un sorbo y dejaron que sus ojos admiraran la infinidad de estrellas que cubrían el cielo nocturno.

-deberíamos salir mas en familia- dijo Arthur con una leve sonrisa.

-estoy de acuerdo contigo- respondió Francis antes de dar otro sorbo.

Después de eso, ninguno de los dos se dirigió la palabra ya que estas sobraban y hasta cierto punto, desentonaban con el espectáculo que se encontraban viendo.


Primero que nada, una disculpa muy enorme, no pude actualizar sino hasta ahora, la razon: tramites escolares. Respecto al capitulo, solo deseaba mostrar ese lado paterno de la historia y bueno, espero haya cumplido mi cometido. Como siempre, gracias por sus comentarios y espero seguir contando con ellos. A continuacion, respondere a alguno de ellos:

Erelbrile: de nada, me agrada colocar informacion extra. Respecto a la pregunta, la respuesta es SI y NO. Arthur es abogado, trabaja en la compañia de su padre, se encarga de las demandas de derechos de autor y patentes. Francis es chef y playboy, no trabaja pero cuando se lo piden sus padres, va a representarlos en los eventos sociales. Respecto a la otra pregunta, en el siguiente capitulo posiblemente se resuelva.

Proxima actualizacion: Viernes 28 de Agosto.