"Cuando quieres algo, tienes que colaborar, porque las oportunidades que se te presentan son las que son y ellas te llevaran a la felicidad."


CAPITULO 45

Los señores Bonnefoy sonrieron satisfechos, la espinita que clavó Arthur en Francis había surtido efecto y ellos terminaron por enterrarla aun mas profundo, solo esperaban que su hijo se diera cuenta de lo que podía hacer.

Mientras tanto, Francis se encontraba vagando por la ciudad, sintiendo una gran indecisión y confusión en su interior, posiblemente por primera vez en su vida, se preguntaba que haría de su vida y empezaba a desear hacer algo de provecho y no depender del titulo de sus padres pero ¿a que podría dedicarse?, sabia que no habían muchas cosas en las que destacaba ni mucho menos una que despertara en el una extrema pasión.

Sin darse cuenta, sus pies lo llevaron a un pequeño restaurant familiar cerca de la zona restaurantera. En el, un pequeño letrero de "se busca cocinero" adornaba la puerta de entrada. Por alguna razón, dicho cartel le llamó la atención y fijándose con mas detalle, el lugar daba la impresión que gozo de gran fama durante su época de oro aunque actualmente no se podría decir lo mismo. Francis se la pensó dos veces antes de tomar el cartel pero confiaba en la intuición de su cuerpo y las coincidencias que lo hicieron caer ahí así que, armándose de valor, entró al local y pidió el trabajo.

Una pareja de ancianos y dos señores ya canosos y seguramente cincuentones le recibieron; de inmediato una cálida sensación lo invadió, era como si lo hubieran estado esperando única y solamente a él –vine por el empleo, eso si aun esta vigente- comentó, sonriendo algo apenado, era la primera vez en su vida que pedía trabajo.

La señora, una anciana de casi ochenta si no es que mas, se acercó cojeando hacia él y le entregó un delantal – nos has caído como un regalo del cielo jovencito, toma el mandil y ve a la cocina- le indicó.

El rubio tomo entre sus manos el mandil y lo ajustó a su silueta –merci- dijo y caminó a prisa hacia la puerta que daba a la cocina. Una vez dentro, empezó rápidamente a familiarizarse con el entorno, haciendo amistad con los otros dos chefs encargados, moviéndose como si hubiese trabajado ahí desde hace mucho tiempo.

Cocinar había sido algo que siempre se le dio con gran naturalidad y el estar en la cocina le resultaba como una terapia relajante; siempre había algo para preparar, ya fuese una sopa crema hasta un elaborado filete mingón. Al finalizar el día, con el sol ya oculto y la luna saliendo, Francis se percató que su trabajo había terminado.

-aquí tiene su paga jovencito, nos ha sido de mucha ayuda- dijo el anciano dueño, otorgándole un sobre con dinero al chico.

-No, ustedes han sido de mucha ayuda para mi- contradijo, ese lugar le había ayudado a aclarar sus pensamientos y a darse cuenta de lo que quería hacer de ahora en adelante – y de hecho, hay algo que me gustaría proponerles-

-¿proponernos?- preguntó la anciana, acercándose a ellos con paso cojeante.

Francis asintió –me gustaría comprarles el restaurant- dijo de la manera mas sutil posible.

-pero jovencito, este lugar vale mas de lo que usted piensa- intentó detenerlo el anciano pero el francés se negaba a escuchar.

-dígame una cantidad- ordenó impaciente.

La pareja junto con los otros dos chefs se sentaron en una mesa y empezaron a discutir mientras que Francis empezaba a sacar cuentas mentales de cuanto le pedirían pero estaba seguro que arriba de los ciento cincuenta mil euros. En cuanto terminaron de discutir entre ellos, los dos ancianos se acercaron a él y lo miraron –trescientos mil euros-

Por un instante la respiración del francés se detuvo, no esperaba que le pidieran tanto por el lugar pero eso no lo detendría –necesitare un tiempo para juntarlo pero es un trato- anunció, sabiendo que tendría que hacer muchos sacrificios para conseguir dicha cantidad y habiendo cerrado trato, se retiro del lugar.

En cuanto puso un pie en la acera, corrió hacia la inmobiliaria mas cercana –deseo vender mi departamento- le dijo a la encargada y de inmediato empezó a darle detalles de donde se encontraba ubicado. La joven tecleó un par de palabras en la computadora y saco una cantidad aproximada del valor de la propiedad del francés.

-su departamento tiene un valor neto de trescientos mil euros pero quitándole la comisión del quince por ciento que cobramos e impuestos, seria un total de doscientos cincuenta y cinco mil euros-

Era todo o nada y Francis accedió –es un trato, pónganlo a la venta lo más pronto que puedan- pidió y firmando una serie de papeles, se despidió del único refugio propio que le quedaba pero sabía que era un sacrificio para su porvenir.

Ahora solo le restaba juntar aproximadamente cincuenta mil euros y en el banco solo le quedaban cuarenta mil euros, no sabía como juntar el resto. Derrotado y sin tener idea de cómo juntar lo demás, regresó al restaurant donde la pareja de ancianos lo esperaba.

-¿y bien?- demandó saber el anciano, mirando expectante al rubio.

Francis suspiró y le enseño los papeles donde confirmaba que su departamento estaba en proceso de ser vendido y el valor neto que recibiría por este -es todo lo que pude juntar- dijo en tono pesimista, no dándose el espacio para explicar que tenia un extra en el banco.

Los dos ancianos sonrieron -no coma ansias joven, le esperaremos hasta que junte la cantidad, no es que la quisiéramos de la noche a la mañana- aseveró el señor –tómese su tiempo, además puede pagarnos el resto con trabajo, hasta entonces le esperaremos-

Los ánimos perdidos le regresaron y se sintió feliz -¡acepto!- dijo sin dudarlo y estrechó la mano de ambos –trabajare duro para poder conseguir la cantidad restante-

Satisfechos, los dos ancianos le dijeron que lo verían al día siguiente a primera hora para iniciar oficialmente su nuevo empleo como chef en lo que seria su futuro restaurant. Sintiéndose agradecido, se despidió de ambos y caminó hacia la parada de autobuses mas cercana, tenia que darle las buenas nuevas a Arthur, la persona que lo había hecho pensar en lo que realmente quería hacer de su vida.

Mientras tanto, en la puerta de la mansión Bonnefoy, Arthur tocaba el timbre, esperando ser recibido por su amado francés. La puerta se abrió y los ojos llenos de expectación de este también -¿qué desea?- pronunció una voz masculina a la que reconoció como la del mayordomo de la familia. Sus ojos se achicaron y la sonrisa que empezaba a formarse en sus labios se torció.

-¿se encuentran los señores de la casa?- demandó saber, ignorando si estos se encontraban.

El mayordomo asintió –pase, tome asiento. Iré a anunciarlo- comentó, retirándose del lugar.

No paso mucho tiempo para que la pareja bajara casi corriendo las escaleras, los dos lucían preocupados, aunque no pareciera, ya pasaban de las diez de la noche. La señora Bonnefoy corrió a abrazar a su yerno –¡Arthur! ¡Arthur- aulló llena de desesperación –mon bébé Francis no ha regresado a casa-

A pesar de estar sorprendido por la noticia, Arthur se mostró tranquilo, no quería intensificar la desesperación que seguramente la dama se encontraba sintiendo -¿no sabe a donde fue? Seguramente se fue a quedar al apartamento o tal ves el autobús en el que viene va muy lento- le aseguró en un vano intento de calmarla.

De pronto, su celular empezó a vibrar. Con su mano disponible lo saco de su bolcillo para ver quien osaba importunarlo pero grande fue su sorpresa al ver que el número pertenecía a su pareja -¡Francis!- exclamó y de inmediato puso el altavoz.

Los padres de este guardaron silencio y contuvieron la respiración a petición de Kirkland. Por su parte, el oji verde caía en cuenta de lo que acababa de hacer y temió que por un instante su pareja dijera algo vergonzoso en la línea.

-mon chèri, eres un ruidoso- le reclamó pero luego guardo silencio –seguramente todavía estas molesto conmigo debido a aquella vez pero… lo he estado pensando y tenías razón, ya era momento que buscara algo que hacer con mi vida y por eso yo….-

Los tres adultos miraron expectante el teléfono celular y aguardaron a que Francis continuara.

-he vendido mi apartamento, mi equipo fotográfico y sacado todos mis ahorros del banco para comprar un restaurant. Sé que es una exageración y hasta drástico pero creo que es lo correcto si deseo empezar de lleno con esto-

Los padres de Francis sonrieron satisfechos por la decisión de este y haciendo un gesto con la mano, le indicaron a Arthur que le quitara el altavoz al celular –estamos orgullosos- dijeron en voz baja y se retiraron de la habitación, dejando a ambos hablar a solas, tenían mucho que discutir sobre el por venir.

Kirkland quitó al altavoz del teléfono y esperó a que los padres de su pareja abandonaran la habitación. Una vez se sintió libre de publico, sonrió como pocas veces lo hace –no hay razones para que este enojado contigo Darling- le aclaró antes de continuar con lo que pensaba decir –sabes que si necesitas ayuda, en mi tendrás un gran apoyo-

Francis asintió –sígueme soportando, es lo único que te pido- dijo con gran cariño.

Ninguno dijo palabra alguna después de eso, solo colgaron y cerraron sus ojos, sonriendo aun mas de lo que ya lo estaban. Sabían que aquella decisión aunque poco significativa, era un paso para su independencia personal y un reto mas como pareja.


Otra quincena, otro capitulo. ¿Que les parecio? Por fin Francis empieza a tomar las riendas de su vida y eso es hermoso, ya no mas playboy, ahora sera su propio jefe. Respecto a la ultima escena, se me hizo muy tierna, esos dos derraman miel cuando estan solos. Cambiando de tema, gracias por sus comentarios, aqui dejo la respuesta a algunos de ellos:

LeiaScissorhands: me alegra saber que sigues la historia, en efecto, tiene el año, casi dos años ya. Espero continues siguiendo la historia y prometo no defraudarte ni a ti ni a mis lectoras con los ultimos capitulos que le seguiran :).

Erelbrile: bueno, Arthur intento ser "discreto" con su aseveracion pero si, Francis es un mantenido y bueno, este capitulo responde a tu propuesta.

Lino-Chan: gracias por comprender mi punto de vista y me alegra saber que continues leyendome :D.

Proxima actualizacion: sabado 27 de Octubre.