"Tuve que besar a muchas ranas antes de encontrar mi príncipe azul."
CAPITULO 46
En un abrir y cerrar de ojos, el tiempo había pasado y para bien. Francis trabajó arduamente, por las tardes hasta la madrugada en el negocio de los ancianos y por las mañanas siendo el lacayo (en secreto) de Ian, quien lo mandaba a sacar copias, a archivar documentos, a atender llamadas, a rebajarse y decirle "lo que usted ordene gran amo y señor", todo con tal de obtener el dinero faltante para comprar el restaurante y con el fruto de todos esos esfuerzos, logró pagar la cantidad acordada y a pesar de no querer aceptar la ayuda de sus padres, no negó la de su amado inglés quien le ayudó en la remodelación y ambientación del mismo. Al poco tiempo, se hizo de renombre y de tres y media brillantes estrellas doradas.
Por otro lado, la relación de ambos iba viento en popa, es mas, esa precisa noche se encontraban celebrando su primer aniversario, algo simbólico e importante para ambos, cosa que nunca imaginaron llegar a celebrar y por lo mismo, era una fecha que querían remembrar por el resto de sus vidas.
La familia de ambos podía sentir un aire lleno de romanticismo emanando de ambos, tal cual como una fragancia propia de ellos. Sus madres los envidiaban, sus padres los celebraban e Ian les expresaba lo repugnante que eran las vibras de ambos. Por su parte, ellos solo olían el dulce olor del amor en el aire, sentían el palpitar emocionado de sus corazones y escuchaban la hermosa melodía casi angelical que sonaba cada vez que el otro pronunciaba su nombre.
A pesar de no querer ser como las parejas convencionales, los dos rubios decidieron tener una velada romántica. Esa noche Arthur se puso su mejor traje, uno verde oscuro que hacia resaltar la belleza de sus ojos y se colocó su colonia favorita, una que solo usaba en ocasiones especiales. Francis en contraste, se vistió menos formal, solo unos pantalones negros con delgadas y tenues rayas blancas -algo chic según él- y una camisa blanca manga larga que figuraba en estilo a las usadas siglos atrás, complementado con un coqueto listón amarrado perezosamente en su bien peinado y ondulado cabello .
Marcando las nueve, un brillante mercedes Benz color plata se estacionó frente a la puerta de la mansión Kirkland y de este bajó el francés con un ramo enorme decorado con rosas blancas y rojas, lirios, listones y piedras swarosky. El inglés quien ya lo estaba esperando en la puerta se sorprendió por el detalle –no soy chica para que me des eso- argumentó con molesta fingida –pero porque es nuestro aniversario las acepto- agregó, arrebatándole el ramo de las manos, aspirando la dulce fragancia de las flores, admirando el detalle de las piedras alrededor de ellas.
Luego de aquel breve momento, los dos subieron al mercedes y se dirigieron al restaurant del francés, ahí les esperaba una cena de lo más inolvidable –según el oji azul-. Francis hizo tiempo y llevó a su amado cejón por toda la ciudad, de este a oeste y de norte a sur. Para amenizar el ambiente, pusieron algo de música clásica de tonos lentos pero no letárgicos. Las luces de la ciudad tintineaban, compitiendo con las estrellas del cielo nocturno y la luna alumbraba mas que de costumbre, mostrándose redonda como una pelota pero igual o más hermosa que una venus de milo. El ambiente en si era mágico, perfecto para celebrar su aniversario.
Al llegar al restaurante, ambos se bajaron del auto y se metieron al local que había sido cerrado especialmente para la ocasión, solo estaría el inglés y su amado. Al entrar, el aroma a pétalos de rosa y el sonido de violines les recibió. Las luces del lugar eran tenues pero podía apreciarse con claridad un pequeño camino tapizado en pétalos rojos que acababa en una pequeña mesa redonda decorada por un largo mantel blanco, un par de velas y un florero rebosante en margaritas, tulipanes y narcisos. Francis se tomo en serio lo del romanticismo y no escatimo en nada para hacer de la velada la más inolvidable y romántica para ambos.
Si el ramo le había encantado, la decoración del lugar lo terminó por enamorar. Arthur sujetó la mano de su pareja y posó sus ojos en el rostro de este, dejando ver a través de estos lo contento que se sentía. El francés sonrió complacido y tomó la mano de su amado entre las suyas y acercando la mano de este a sus labios, posó un firme pero tierno beso en el dorso de esta –ven, toma asiento- le indicó, guiándolo a través del camino de pétalos.
Mientras Kirkland contemplaba la decoración e iluminación, Bonnefoy servía los platos preparados especialmente por él. Cuando terminó, se sentó frente al otro –bon appetit- dijo, anunciando que era hora de comer. Cada quien tomó sus cubiertos y comieron con parsimonia. La cena transcurrió sin problema alguno y sin darse cuenta, ya habían terminado el postre, ahora solo disfrutaban de una copa de vino, ideal para bajar la comida.
-no imagine vernos así- dijo Arthur, rompiendo el silencio que se había formado.
Francis bajo su copa y sonrió –ni yo pero aquí henos aquí, disfrutando de una hermosa velada y un buen vino-
Los dos rieron y volvieron a colocar la copa sobre sus labios. Mientras bebían, posaron sus ojos sobre el otro, transmitiendo anhelo, deseo, pasión a través de ellos. Kirkland apartó por fin la copa de su boca y la hizo a un lado, prácticamente arrojándola -pongámosle mas diversión a esto- sugirió y Bonnefoy entendió la indirecta. Sin pensarlo dos veces, se arrojaron el uno contra el otro, comiéndose a besos, dándose de tirones en el proceso.
El ambiente era el propicio y la necesidad del otro el estimulante perfecto. Dejaron atrás los vestigios de formalismo y se dejaron caer sobre la alfombra de pétalos; se estaban dejando llevar por el momento y los sentimientos. El oji azul bromeó sobre la situación, comentando que parecía escena de película porno y el oji verde de inmediato hecho una carcajada.
De repente, la puerta del restaurant se abrió, dejando pasar las luces de neón que iluminaban la calle y tras esta, apareció la figura de un hombre de mediana edad, se trataba de Frank, el ayudante de cocina del francés –señor Bonnefoy, vine a limpiar como me pi….- cortó la oración al encontrarse de frente con su jefe en brazos de la pareja de este.
Francis rápidamente se apartó de inglés y se puso de pie, disculpándose con su empleado, había olvidado por completo que le había pedido el favor de limpiar el restaurante por él. En medio de todo el caos y la pena, Kirkland supo al fin que se sentía ser encontrado en una posición comprometedora y comprendió entonces que había recibido una cucharada de su propio chocolate. A como pudieron, los dos rubios se reacomodaron la ropa, terminaron de beber lo que quedaba del vino y se despidieron de Frank, saliendo de forma incomoda del local.
Ya afuera del restaurante, Bonnefoy volteó a ver a Kirkland y alzó sus hombros para volverlos a bajar posteriormente. Ya no había más planes para esa noche y el que había surgido acababa de arruinárseles. El oji verde suspiró -¿ahora quó hacemos?- preguntó al ver que el otro no decía nada.
-propón algo tu- le incitó y el inglés se llevó la mano al mentón, pensando que harían ahora. No tardó mucho en idear un nuevo plan y arrebatándole las llaves al otro, lo obligó a meterse al auto.
Condujó a través de la ciudad, pasando por sitios ya conocidos por ambos. De poco a poco, se fueron alejando de las zonas iluminadas y los edificios altos. Casas mas sencillas empezaron a aparecer en el paisaje, las luces se hacían más tenues y las estrellas brillaban con mas fuerza. El oji azul pronto se preguntó a donde se dirigían, prácticamente estaban en las afueras de la ciudad y solo podía divisar arboles y mas arboles.
El auto se internó a través de un camino de terracería. Dentro, los dos brincaban de un lado al otro producto de lo inestable de la carretera. Finalmente, luego de varios minutos y kilómetros a través del pedrerío y los baches, llegaron a una especie de bosque. Los dos bajaron del auto, adoloridos y algo mareados por el continúo movimiento, Arthur tomó la mano de su pareja y dándole de jalones, lo llevó colina a bajo.
Debido a la oscuridad de la noche, dieron de tropezones, cayendo de bruces al pasto pero eso no los desanimo y rieron, se sentían como dos niños pequeños jugando a los exploradores. El oji verde se puso de pie enseguida y obligó al otro a hacerlo –estamos cerca, ven- insistió. Los dos continuaron corriendo hasta que sus pasos se detuvieron frente a un lago –es aquí- anuncio por fin, soltando la mano de su pareja.
Francis contempló el paisaje, admirando como las copas de los arboles y la luna se reflejaban de sobre manera en la cristalina agua. Sin pesarlo dos veces, empezaron a desvestirse y brincaron al agua. A pesar de estar fría, ignoraron el ardor y su piel erizada y se dedicaron a disfrutar del pequeño paraíso.
-Atrápame si puedes- reto el francés a su pareja, nadando hacia unas rocas que se erigían por encima del agua. El inglés no necesitó que se lo dijeran y empezó a hacer grandes brazadas, intentando alcanzar a su pareja. En todo el lugar, solo se podían escuchar las risas y el chapoteo del agua, el ambiente que se había creado si bien no era romántico, era ameno y lleno de felicidad para ambos.
-¡te tengo!- grito el oji verde, rodeando con sus brazos el torso y espalda de su amado. Por su parte, Francis quien respiraba agitado, poso su frente sobre la del otro, sonriendo al sentir su cercanía y calidez y le deposito un suave beso en los labios. Las manos de Kirkland dejaron la espalda de su amante y se adhirieron a su cuello en un intento de profundizar más el beso.
El francés acercó su cuerpo al otro y colocó sus manos sobre la cadera de Kirkland. Una juguetona nube pasó frente la luna, tapando el espectáculo por varios minutos y cuando permitió que la luz regresase, el oji verde ya se encontraba contra las rocas y su amante sobre él, ambos besándose con ternura, con pasión, con emoción.
Con la yema de sus dedos recorrían cada milímetro de piel, dejando marcas a su paso. Sus cuerpos se encontraban en sincronía y sus mentes nubladas por la pasión. Los besos dejaron de ser dulces y pasaron a estar habidos de amor y deseo. La necesidad del otro empezaba a imperar, obligándolos a pegar sus cuerpos, rozar sus pieles, friccionarse mutuamente. Las yemas de sus dedos dejaron de ser suficientes, cediendo sus lugares a las palmas que recorrían mas distancia, que tocaban mas piel, que marcaban mas territorio en el cuerpo del otro y con aquella escena, finalizaban lo que fue su primer aniversario, con un momento intimo y dulce para ambos.
Awww ¡que hermoso! ese par es lindo y justamente en este capitulo celebraron su aniversario. Es increible para ellos ya haya pasado un año y sabemos que les faltan muchos años mas. Ya solo faltan 4 capitulos mas para el final pero les comento que los ultimos 2 capitulos son largos, en especial el ultimo. Espero haya sido de su agrado este capitulo y mil disculpas si esperaban leer algo lemon pero lo siento, no le entro a eso :(. No olviden comentar y bueno, gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz. Perdon por no actualizar ayer :(.
Proxima actualizacion: Sabado 10 de Noviembre.
