"Dolor es amar a una persona y no poder estar con ella."


CAPITULO 48

Por increíble que parezca, ya habían transcurrido seis meses desde que el inglés y el francés se habían mudado a su nuevo hogar. Al principio, sus padres lloraron, patalearon e hicieron tremendo berrinche, en especial sus madres quienes no deseaban separarse de sus hijos tan pronto (o sea, ¡ya están en sus veintes!) .Ian ofreció una fiesta y felicitó a su hermano, argumento estar por primera vez orgulloso de él aunque Arthur no se trago ninguna de las palabras tan dulces que este dijo.

Las primeras semanas dedicaron a decorar su hogar, al estar ya amueblado, no fue complicado aunque eso si, deseaban darle un toque mas de ellos así que cambiaron las posiciones de ciertos muebles y agregaron una que otra pintura moderna de su agrado . También pintaron las paredes, elegir el color no fue fácil ya que Kirkland deseaba usar colores oscuros mientras que Bonnefoy deseaba usar colores pasteles.

Una que otra vez discutieron por quién sacaba la basura o quién lavaba la ropa pero siempre terminaban reconciliándose a tal punto que sobraban explicaciones. Debido a sus ajetreadas vidas, el hacerse amigos de los vecinos aun les costaba trabajo, en especial porque solo había dos departamentos en el piso donde se encontraban, es decir, el de ellos y otro más.

Pero yéndonos a algo mas actual y olvidándonos de las aventuras y desventuras de ese par durante el proceso de adaptación a su nuevo nidito de amor, retomemos el punto de esta historia y que comienza con Francis.

El rubio de cabellos semi ondulados se encontraba sentado en una de las tantas mesas privadas de su restaurant; se encontraba pensando y suspirando, hacía un par de días atrás su amado inglés había empezado a actuar extraño. Enumeró con sus dedos las veces que esquivó sus besos, las veces que lo hizo a un lado, las veces que actuaba nervioso cuando le preguntaba que dónde había estado y siempre daba con la misma conclusión: Arthur le estaba siendo infiel.

Pero para colmo de males, lo amaba tanto que deseaba que esa no fuese la resolución verdadera. Deseaba estar equivocado, deseaba haber supuesto mal, deseaba tantas cosas y no era capaz de enfrentarlo o siquiera seguirlo y comprobarlo con sus propios ojos. Se sentía mal por todo ello y no había nadie que pudiera entenderlo.

Por su parte, Kirkland se encontraba en su oficina, suspiraba y se maldecía por lo mal que últimamente se portaba con Bonnefoy pero no era su culpa. De un tiempo para la fecha, el amor que sentía por él se había intensificado tanto, al grado que siquiera sentir el ligero rose de su aliento, lo hacia estremecerse de sobremanera y para ser sinceros, no estaba preparado para el despliegue de emociones que nacían desde la punta de su cabello hasta sus células.

Y se sentía mal por ello porque quería con todo su corazón corresponderle a sus besos, a sus caricias, a sus palabras llenas de amor pero en cambio, ese amor enfermizo y loco que había brotado en él, no lo dejaban hacerlo. Necesitaba ayuda y con desesperación.

De pronto, recordó a uno de sus compañeros de oficina, un tal Patrick, el abogado de recursos humanos, el del cubículo seis, ese sujeto de cabello castaño entrado en sus treinta, felizmente casado y con dos hijas en su haber, seguramente él podría ayudarle a superar su problema y regresar a ser feliz junto a su amado francés.

No lo dudó mucho y fue corriendo a buscarlo -¡necesito que me ayudes!- le ordenó, aun se veía agitado por haber recorrido la prudente distancia. La gruesa ceja de Patrick se arqueó y apenas iba a preguntar en qué era necesario, cuando la voz sofocada de su compañero lo calló –oriéntame en mi relación de pareja-

Los labios del abogado de recursos humanos se arquearon y con un gesto, le indicó al otro que terminara de entrar y tomara asiento -¿exactamente sobre qué deseas ayuda?- le interrogó curioso.

Arthur se removió en su asiento pero no bacilo en expresar lo que quería –de un tiempo para acá, soy más sensible a los cariños que mi pareja me hace- dijo, no estando seguro si lo entendería el otro.

-¿te refieres a que incluso si te susurra, te excitas?- preguntó el otro un poco mas directo.

El inglés asintió avergonzado –y siento que eso esta haciendo que me distancie de él- admitió.

Patrick se rascó la barbilla en señal de estar analizando la situación y luego de unos segundos, se inclinó hacia el rubio –¿tienes libre el viernes?- preguntó a lo que el otro instantáneamente asintió –en ese caso, saliendo del trabajo vamos a ir a un lugar que te ayudaró a resolver tu problema- anunció.

-¿y a dónde es eso?- preguntó el otro curioso.

-a mi casa, con mi esposa- respondió de forma casual y sin borrar la sonrisa de sus labios –estará encantada de tenerte para la cena- agregó.

No habiendo más por discutir, cada quien abandonó la oficina y marcharon de regreso a casa donde seguramente sus parejas los esperaban, ya era la hora de la salida. Como sabia que Francis seguramente se encontraba en el restaurant, decidió pasar a visitarlo, hacia mucho tiempo que no lo veía trabajar y le encantaba verlo como se movía de manera exquisita y hasta sensual a través de los pasillos de la cocina.

Al llegar al restaurant, uno de los meseros lo recibió y lo dirigió a la oficina del dueño, un cuarto pequeño compuesto por un escritorio, dos sillas bien mullidas y tapizado con fotografías del personal y la familia del francés. El oji verde aguardó la llegada de su amado, mientras tanto, admiraba las fotografías, muchas de ellas eran nuevas, en especial esa que habían tomado sus padres cuando estaban en el proceso de pintar la casa. Ante el recuerdo, una pequeña sonrisa escapo de sus labios.

-¡Arthur, mon amour!- exclamó el francés al verlo y de inmediato la tranquilidad que poseía el inglés se desapareció, regresando a ese modo lleno de timidez.

Un beso en cada mejilla le fue otorgado a modo de disculpas por la espera mientras sentía como su corazón ardía por el solo contacto con el oji azul –tenia ganas de verte- pronunció, sintiendo como su garganta se cerraba con cada palabra.

Francis lo sostuvo entre sus brazos, sintiendo como el cuerpo del menor tiritaba -¿tienes planes para esta noche?- preguntó, deseaba ir a tomar un trago o platicar fuera de casa.

-n-no pero me s-siento cansado- mintió, sintiéndose culpable por ello y alejándose de los brazos del otro, caminó hacia la puerta, mirando al de cabellos semi ondulados por ultima vez –por favor, no llegues tan tarde a casa- dijo, antes de retirarse.

El francés lo miro irse, no entendía lo que le pasaba a su amorcito cejón, ese actuar frio y distante no le iba y empezaba a darle mala espina. Se rasco la barbilla y cerró sus ojos, al parecer si le estaba siendo infiel.


A dos episodios para el inevitable final. A mi parecer, este capitulo estuvo muy flojito, esperaba algo de accion pero es el preludio para lo que vendra y les aseguro que los proximos 2 capitulos seran extensos, no de 20 paginas pero al menos si mayor a 3 :). Como siempre, muchas gracias por sus comentarios y bueno, espero seguir contando con ellos.

Proxima actualizacion: viernes 7 de Diciembre.