Doce Corazones
Capítulo IV
Dos Sillas Vacías
Por Anako Hiten
Disclaimer:
Ninguno de éstos personajes me pertenece, fueron creados por la mente maestra del gran Masami Kurumada. Ésta es simplemente una historia alterna a la serie Saint Seiya.
— ¡Ah, menos mal que seguías despierto¡Tuve todo el día sin verte!
— ¡Sí, claro¡Me extrañaste mucho!
— Se escuchó algo sarcástico tu comentario, Milo— dijo Camus sentado en la cama del Escorpión, completamente desnudo— ¿Qué quisiste decir?
— Acabo de ver cómo le coqueteabas a Kanon¡con besitos y demás! — farfulló Milo recostado del otro lado de su cama.
— ¡Fue una mordida! —se defendió Camus — ¡Y no me reclames cosas que tú también haces! Andas detrás de Saga¡te lo comes con los ojos!
— ¿QUÉ? —Milo se puso de mil colores.
— No te preocupes, cariño… con lo bien que te conozco, podría asegurar que te estás enamorando de él.
— ¿Pero qué cosas dices, Camus? —es Escorpión no hallaba dónde meter la cabeza— Yo no…
— Somos demasiado iguales— dijo Camus recostando su cabeza sobre el pecho de Milo— estamos cazando a ése par. Nuestra relación es sólo sexual, todos nuestros amigos lo saben.
— Bueno, tienes razón, tú y yo… somos los mejores en la cama— sonrió Milo maliciosamente— …y también somos buenos amigos que simplemente se divierten…
— ¡SÍ¡CON MUCHO SEXO! —exclamó Camus mordiendo una de las tetillas de su amante, haciéndolo arquear la espalda.
— ¿Cuántas veces… lo hemos hecho… esta noche? —preguntó Milo besando a Camus.
— mmm… unas… cinco…
— ¿Y… cuántas… nos… quedan?
— …unas… cinco…
— Mejor hasta el amanecer— susurró el Escorpión— ¡No viniste a visitarme en todo el día, así que compláceme!
— ¡Eres insaciable! —exclamó Camus, metiéndose entre las sábanas.
— Y tú eres un... ¡OH DIOSES!
Caminaba por el Santuario, vistiendo la armadura dorada de Géminis. Llevaba una grande y pesada bolsa de color negro. Logró salir del Santuario sin que nadie lo viera, y se dirigió a una playa. Al llegar, logró divisar una celda a lo lejos: cuando la marea subiera, el agua entraría en ella, inundando su interior; cualquier persona que fuera encerrada ahí moriría ahogada, sin duda. Siguió su camino hasta llegar a la celda, sosteniendo todavía aquella gruesa bolsa.
— Te dejaré en el mismo lugar en el que hace tantos años me encerraste sin piedad. Pero no te preocupes, no vas a sufrir por el continuo ahogo— en los labios de aquel hombre se dibujó una macabra sonrisa, mientras que arrojaba el contenido del costal dentro de la celda— Nadie te encontrará aquí… espero que disfrutes de tu estancia aquí, así como yo lo hice¡JAJAJAJA!
Salió del calabozo, con la bolsa vacía, y se volvió: adentro yacía un ensangrentado cadáver humano, y su piel tenía un horrible color azulado, indicando su descomposición. Su ropa estaba desgarrada y su cuerpo estaba atestado por heridas de alguna reciente batalla.
— No, no podrás disfrutarlo como yo, hermano… afortunadamente ya acabé con tu maldita vida— masculló vilmente el otro hombre— Nos veremos en el infierno… Saga…
— No… hermano… no… —Kanon jadeaba rápidamente, otra vez tenía esas detestables pesadillas, y no podía despertar. Saga, que se encontraba profundamente dormido a su lado, no se había percatado.
Su sueño de pronto se volvió borroso, y escuchó una voz sombría en su mente:
— ¿Quieres ver cómo llegó hasta ahí¿Quieres saber cómo lo mataste?
— No… no quiero… no le haré daño… — respondió Kanon a la voz.
— Sí lo quieres… es lo que tu corazón desea con tanto fervor… sino¿Por qué estás soñando conmigo?
— Tú eres parte de mi pasado… no regresarás…
— Estoy aquí… y falta muy poco para que regrese… juntos podremos derrotarlo… seremos dueños de--
— ¡NO¡No regresarás, no te lo permitiré!
— Eres muy débil, no confías en ti mismo, eso es lo que me dará más poder para volver¡y juntos nos desharemos de ése gran estorbo!
— ¡Déjame en paz!
— Antes, te dejaré una pequeña imagen… he fantaseado tanto con éste momento… que lo disfrutes…
— ¡TRIÁNGULO DORADO! —gritó Kanon, mientras que Saga, una y otra vez , salía disparado hacia la pared de la casa de Géminis. Ya no podía más, llevaba horas defendiéndose de los violentos ataques de su gemelo, pero el cansancio le restaba velocidad, y ya no lograba evitar los golpes. Kanon, firmemente de pie, sonreía, estaba complacido por ver a Saga agotado, todo sería más fácil así; se acercó a su hermano, y le dio un fuerte puntapié en el estómago.
— Bas… ta… por… favor…
— Así… ruégame… implórame… —masculló Kanon repitiendo su acción— ¡sí!...
— Hermano…
— Sigue…— el menor de los gemelos pateaba repetidamente el estómago de su hermano, cada vez con mayor rapidez e intensidad, imposibilitando que se levantara— ¡Vamos, hermano¡Quiero verte sangrar!
— ¿Por… qué… Kanon? —decía Saga, con mucho esfuerzo— Soy… tu hermano… detente…
— ¡Vamos, vamos!
Así siguió Kanon, obsesionado con hacer que su hermano sangrara, quería verlo morir desangrado, y rogándole por su vida. Sonrió de satisfacción al ver que, luego de destrozar las entrañas de Saga a través de sus fuertes patadas, un hilo de sangre salía de su boca.
— Pero aún no es suficiente… esta armadura será sólo mía, hermano… así que prepárate…
— ¡K-ka…non…! —Saga no podía hablar, cuando abría la boca salían chorros de sangre, consecuencia de los puntapiés propinados en su estómago. Abrió los ojos con terror cuando vio la mano de Kanon acercarse rápidamente a él; quería gritar, pero no podía…
— ¡ES TU FIN! —Kanon enterró su mano derecha en el pecho de su hermano mayor, haciéndolo gritar del dolor.
— ¡AAAARRRGGGGHHHH!
— ¡NO, HERMANO!
— Cálmate, Kanon… todo está bien…— dijo Saga suavemente, mientras le colocaba un paño húmedo a su hermano en la cabeza— La fiebre no disminuye…
Saga miraba preocupado a su hermano menor, que lloraba y jadeaba constantemente, pero continuaba dormido. Se había despertado por sentir que le dolía intensamente el estómago. Vio a Kanon nuevamente como hacía unos días: encerrado en una pesadilla. Sabía que su hermano tenía frecuentes pesadillas como ésa, pero esta vez era diferente: parecía poseído por ella.
— No… no… no quiero ver eso… no… — Kanon se retorcía en la cama, quería despertarse pero no podía, estaba totalmente paralizado, viendo en su sueño cómo él mismo desgarraba el cuerpo de su hermano gemelo, lo que más amaba en el mundo— Lo siento… hermano… lo siento…
— Estoy aquí, Kanon… vamos, despiértate— dijo Saga palmeando una mejilla de su hermano— solamente es una pesadilla, tranquilo.
— Saga… ¡Saga! ¡MUERE, MALDITO, MUERE! ¡NO¡Es mi hermano! ¡AHORA SERÉ YO EL CABALLERO DE GÉMINIS! ¡No quiero, no quiero!
— Hermano…— Saga observaba el rostro de Kanon, que reflejaba desesperación y horror, y no soportaba verlo así. Por otra parte, la fiebre iba aumentando cada vez más, y las manos de Kanon apretaban fuertemente las sábanas, mientras su cuerpo se arqueaba sobre la cama.
— Lamento hacer esto, hermano, pero no tengo opción —levantó a Kanon por la camisa y le dio un fuerte golpe en la cara.
— ¡HERMANOOOOO!
— ¡Hasta que por fin te levantas! —dijo Saga un poco más aliviado— Me tenías--
— ¡PERDÓNAMEEEE! —chilló Kanon abrazando con fuerza a su hermano, llorando, el pobre estaba alterado por las recientes imágenes que aún circulaban por su cabeza— ¡Te amo, hermano¡Nunca te lastimaría!
— Sólo fue una pesadilla, pequeño— dijo Saga tiernamente, acariciando la frente de su hermano menor— Debes recostarte, tienes una fiebre muy alta.
— Ya no quiero… ¡no quiero seguir teniendo pesadillas¡No soporto ver cómo te mueres por mi culpa¡No soporto ver cómo masacro a mi propio hermano!
— No recuerdes esas cosas. Siempre estaré ahí para despertarte… ahora descansa, quiero que te recuperes porque mañana regresaremos a nuestros entrenamientos.
— No me vayas a dejar solo… tengo… miedo… —Kanon comenzaba a cerrar los ojos de nuevo, las cálidas caricias de Saga lo estaban durmiendo profundamente. Éste último rogó por que no tuviese más pesadillas, no soportaba verlo sufriendo así, quería ayudarlo, pero no se le ocurría nada. Arropó bien a su hermano y se recostó a su lado, para velar su sueño, mientras que trataba de pensar en cómo impedir que Kanon se pusiera así de nuevo.
Finalmente llegó de nuevo una ardua semana de entrenamientos. Los Caballeros Dorados del Santuario habían disfrutado muy bien de su día libre, y ahora que les tocaba entrenar, tenían una flojera que no los dejaba en paz.
Máscara Mortal estaba sentado a la mesa del comedor, junto a la mayor parte de los otros, esperando ansiosamente comenzar a desayunar: tenía un hambre atroz e intenciones de comerse todo lo que cupiera en su estómago.
En el comedor todavía faltaban dos personas: Kanon y Afrodita.
— ¿Olvidaste despertar a Kanon? —preguntó Camus a Saga.
— No, no se siente bien— explicó Saga, que tenía unas notorias ojeras— Le dejé su desayuno preparado en el templo.
— ¿Qué le sucede? —preguntó Mu preocupado— ¿está enfermo?
— Tuvo fiebre toda la noche, y estuve bajándosela. No pudo dormir bien.
— Y por lo visto tú tampoco— comentó Aioria mordisqueando un panecillo— ¡Pero qué buen hermano resultaste ser¡Bajándole la fiebre…!
— ¡Cállate! —gritó el geminiano— ¿Por qué no empezamos a comer?
— Afrodita no ha bajado aún— contestó Aldebarán— No sé por qué, no suele bajar tarde a comer.
— Tienes razón— afirmó Aioria— yo ni siquiera lo vi ayer.
— ¿Le habrá sucedido algo malo?
— No creo, Shaka, pero será mejor que lo esperemos un rato más— dijo Dohko, al tiempo en que la puerta del comedor se abría.
— Buenos días— saludó Afrodita entrando, sin ver a ninguno de sus compañeros. Éstos al verlo quedaron de piedra.
— ¿Acaso eres tú, Afrodita? —preguntó Milo sorprendido.
— ¿Qué te sucede? —preguntó Shura— Te ves…
— Estoy bien— contestó el sueco sin expresión en el rostro.
— Amigo¿a qué se debe la diferencia en tu rostro? —quiso saber Mu— Sabes a lo que me refiero.
— No tuve ganas de arreglarme— respondió de mala gana el pisciano— ¿Podemos empezar a comer?
— Ah, sí, comer…
Los muchachos comenzaron a desayunar, muy extrañados por la conducta de Afrodita: nunca, JAMÁS había salido de su templo sin arreglarse, además de que estaba irreconocible, sabían que era él por su cabello, que así nunca se lo arregle, brilla por sí solo.
Camus lo miraba algo concernido, sabía que su comportamiento se debía a una depresión, y el motivo de esa depresión estaba sentado frente a él, impresionado por la conducta del muchacho de cabellos turquesas. Máscara sabía lo importante que era para Afrodita su aspecto, y también sabía que aquel impávido semblante era consecuencia de las groserías que le había dicho la tarde anterior.
— Oigan¿y cuándo tendremos otro día libre? —preguntó Aioria rompiendo el incómodo silencio que reinaba en el lugar— ¡Quiero volver a jugar con ustedes!
— ¡Naaa! —exclamó Aldebarán— ¡Estás loco si crees que jugaremos de nuevo contigo!
— Estoy de acuerdo— dijo Dohko— ¡Haces trampa hasta en piedra papel o tijeras!
— ¿YO¡PERO CÓMO DICEN ESO DE MI!
— Cállate y no te hagas el ofendido— se quejó Mu, mientras que Aioria se partía de la risa— ¡Tramposo!
— Con permiso— Afrodita se levantó con su plato casi intacto, y lo dejó en el lavadero, para después salir del comedor.
— ¿Me pueden explicar qué fue eso? —preguntó el Escorpión, que, como los demás, desconocía lo que le pasaba al Caballero de Piscis— ¿Alguien sabe lo que le sucede?
— ¡SÍ¿NO ES VERDAD, MÁSCARA? —masculló Camus, mirando con rabia al italiano.
— ¿QUÉ TENGO YO QUE VER CON LO QUE TIENE LA AMAZONA DE CUARTA ESA?
— ¡LO QUE LE DIJISTE AYER, IDIOTA¡LO DEPRIMISTE!
— ¡PUES SEMEJANTE MARICA SI SE PONE ASÍ POR DECIRLE LA VERDAD! —gruñó Máscara de mal humor— Shura, alcánzame una tostada.
— Según tú, no nos necesitas para nada— dijo cortante el español— ¡Así que arréglatelas¿Por qué no repites lo que me dijiste ayer, imbécil?
— ¿QUÉ¿QUE ERES UN CABRÓN?
— ¡LO QUE DIJISTE SOBRE TODOS NOSOTROS!
— ¿QUE TODOS USTEDES SON UNA BOLA DE INEPTOS? —gritó Máscara Mortal furioso— ¡PUES SÍ, LO REPITO¡Y TAMBIÉN SON UNA BOLA DE MARICAS POR APOYAR AL FLORICIENTO ESE!
Camus, que se había levantado para buscar más mantequilla en la nevera, golpeó a Máscara en la cabeza, que inmediatamente le devolvió el golpe, pero con el doble de fuerza y en el abdomen, haciéndolo devolver parte de lo que había comido.
— ¡AH, NO¡AQUÍ NO VAN A PELEAR! —intervino Shaka, abriendo sus ojos con enfado— ¡POR EL AMOR DE BUDA, ESTAMOS DESAYUNANDO!
— ¿POR QUÉ ESTÁS TAN BRUTO, TAN ANIMAL? —vociferó Camus, tosiendo— ¿QUÉ DEMONIOS TE HIZO PARA QUE HABLES ASÍ DE ÉL?
— ¡NO TE INTERESA, NINFÓMANO! —Máscara Mortal se levantó histérico de la mesa, lanzó su servilleta a la mesa y salió del comedor, maldiciendo.
— ¡Esto es realmente absurdo! —exclamó el joven francés, mientras Milo lo ayudaba a sentarse— ¡Estoy bien, estoy bien!
— Pobre Afrodita, es tan sensible…— comentó Aldebarán— ¡Y Máscara tan cruel, no toma en cuenta que lo hiere con sus tonterías!
— Muy interesante la conversación— dijo Dohko— Pero ya es hora de iniciar el entrenamiento. La retomaremos luego¿entendido?
— ¡SÍ! —acordaron todos al unísono, y salieron del comedor, deseando que el día transcurriese rápido.
— ¡Óyeme tú, maldito afeminado! —gritó Máscara halando a Afrodita por los cabellos— ¡Gracias a ti piensan que soy un demonio, así que más te vale que no andes diciendo tonterías de mí!
— Déjame, Máscara— dijo Afrodita, bastante desganado.
— ¡NO¡Si ellos quieren ver que soy malo contigo, lo verán!— dicho esto, lanzó al pisciano al suelo y comenzó a patearlo, pero el joven sueco se levantó rápidamente, y le devolvió la patada en toda la cara.
— Odio pelear, pero no me enerves, Máscara.
— ¿CÓMO TE ATREVES A TOCARME, MUJERCITA? —Máscara estaba a punto de matarlo a golpes, pero se contuvo— ¡COMO ME VUELVAS A TOCAR TE DESTRIPO CON MIS PROPIAS MANOS¿ME OYES, MUJER EN CELO?
— ¿POR QUÉ ME CRITICAS TANTO¿POR QUÉ NO ME DEJAS EN PAZ?
— ¡PORQUE NO SOPORTO QUE ESTÉS CERCA DE MÍ! —dijo Máscara abofeteándolo— ¡NO VOY A PERMITIR QUE UN FENÓMENO DE CIRCO COMO TÚ ME DESCONCENTRE, ME HAGA PERDER LA CABEZA…!
Máscara Mortal de pronto se quedó en silencio, había hablado de más sin darse cuenta.
— ¿Y POR QUÉ TE DESCONCENTRO¿ACASO SOY TAN IMPORTANTE PARA TI QUE NO PUEDES DEJAR DE ESTAR PENDIENTE DE CADA COSA QUE HAGA? —chilló Afrodita, pero lo que él mismo había dicho le dolió, sabía que nunca iba a ser importante para ése grosero que tanto lo insultaba. No quiso seguir ahí, y salió corriendo, no quería escuchar otro insulto por parte del Caballero de Cáncer, quien se quedó mirando al suelo, meditando lo que estuvo a punto de decir, y pensando en lo último que había dicho el sueco.
— Por eso no lo soporto… no quiero aceptarlo, pero… ¡Marica, ya se fue a lloriquear!...—suspiró Máscara, encendiendo su cosmos para practicar sus movimientos— Ah, amanerado de cabaret… si supieras que tienes toda la razón esta vez… ¿quién lo diría?
