Antes del capitulo, quisiera que leyeran este escrito, que, más que un poema, es una carta de despedida, una muchacha simpática que conocí, y que tomó mis historias como suyas por unos momentos, pero no tuve ningún problema con ella, porque me lo confesó y se disculpó. Espero que esté donde esté pueda ser un poco más feliz de lo que fue en vida. Paula me envió este poema, y me pidió que lo publicara por ella, escribió esto para Roberto, quien le dio alegría a sus últimos días y quien robó su corazón de una manera increíble…

Ojos de Cristal

Una sola vez contemplé tus ojos

Pero fue suficiente para enamorarme de ellos

Una sola vez vi tus brazos

Y me moría por estar entre ellos

Cada vez que en ti pensaba

Lo primero que recordaba eran tus ojos

Tan brillantes como el más frágil cristal

Y en mi mente y corazón te llamaba

Mi amado ojos de cristal…

Me duele no poder tenerte

Me duele este sentimiento

Porque no es justo que exista alguien

Tan perfecto para mí como tú lo eres

Y no poderte disfrutar

Porque ése sentimiento nunca debió ser

Porque ése mensaje nunca debió llegar

Porque ése personaje nunca debió existir

Ahora estoy en mi hora final

Porque mi vida sólo tenía significado por ti

Mas al darme cuenta de que no podía ser

Decidí acabar con esta existencia tan absurda…

Tan falsa y llena de mentiras

Lamento haberte engañado

Lamento haberte mentido

Pero estoy segura de que podrás perdonarme

Porque tu corazón es tan puro

Como la pura mirada de tus ojos

Como la verdad que está en tus palabras

Como la sensualidad que está en tu voz

No te preocupes ahora por mí

Estaré mucho mejor ahora

He pedido perdón

Y ahora me tengo que ir

A algún lugar donde estaré en paz

Sin lamentos, sin tristeza, sin mentiras

Pero amándote siempre

Porque has cautivado mi corazón con tus palabras…

Estoy aquí sentada

En un lugar desconocido

Pues ando sin rumbo alguno

La luna llena me alumbra

Mientras escribo estas palabras

Unas ya te serán conocidas

Las otras han salido de mi alma

Para entrar en tu corazón

Y son mis versos finales

Espero que mi beso de buenas noches

Atraviese tu ventana

Y se deposite sobre tu frente…

Espero que mis palabras

Se escuchen en tus sueños

Y te arrullen dulcemente

Espero que mi sentimiento

Siempre te acompañe

A pesar de no ser correspondido…

Mi amado ojos de cristal

Paula C Da Silva M


Doce Corazones

Capítulo V

Una Tarde Muy Caliente

Por Anako Hiten

Disclaimer:

Ninguno de éstos personajes me pertenece, fueron creados por la mente maestra del gran Masami Kurumada. Ésta es simplemente una historia alterna a la serie Saint Seiya.

Los demás caballeros salieron al campo de entrenamiento, para organizarse en parejas de combate y luego dividirse por las diferentes partes del Santuario para perfeccionar sus nuevos ataques o modificar antiguos movimientos. Por ejemplo, Aldebarán tuvo que inventarse otro movimiento, llamado "embestida del toro", que consistía en utilizar su enorme cuerpo y su cosmos para aplastar a su oponente, debilitarlo y darle ventaja por unos momentos. Saga rediseñó su explosión de galaxias, y como consecuencia creó una ofensiva que consistía en lanzar un golpe cósmico, y aturdir a su enemigo, haciéndolo ver explosiones continuas y en todas partes, sin que realmente existan, y lo llamó "Galaxias Perturbadoras". Un nuevo ataque, realmente impresionante, eran los ya conocidos "Tornados de Aurora" de Camus, que eran torbellinos a extremadamente bajas temperaturas, que no sólo arrasaban con el contrincante y lo congelaban, sino que también traían consigo trazas de hielo sólido y filoso, causándole profundas heridas. Los otros también se encontraban perfeccionando sus técnicas y creando otras, y para ello estaban poniéndose de acuerdo de dos en dos.

— ¡Yo me quedo con Shaka! —dijo Mu agarrando al rubio por un brazo— ¿estás de acuerdo?

— ¡Será un placer luchar contra ti! —exclamó Shaka emocionado, le encantaba el sistema de ataque de Mu— …polvo de estrellas, telequinesis… ¡vamos a ver si me rasguñas, carnero!

— ¡Vamos a ver si me encuentras, Buda! —dijo Mu desapareciendo sin dejar rastro alguno. Shaka también hizo lo mismo. Era algo típico ver a ambos jugando al escondite, de una manera muy única, por supuesto. Quedaban Aioria, Aldebarán, Dohko y Shura por decidir cómo repartirse.

— ¿Qué les parece si lanzamos una moneda? —sugirió Shura.

— Pero yo no tengo monedas…— dijo Dohko revisándose, pero ni siquiera tenía bolsillos— ¿alguno de ustedes tiene monedas? — los muchachos miraron a Aioria al mismo tiempo.

— ¿Pero por qué suponen que tendría yo monedas? —preguntó Aioria haciéndose el inocente.

— ¡PORQUE TÚ TE ENCARGASTE DE DEJARNOS SIN UN CENTAVO! —gruñó Aldebarán— ¿Lo olvidaste?

— Bueno… no las tengo ahora— dijo el guardián de la quinta casa— Mejor… Aldebarán, elige un rival, el que sea más difícil para ti.

— ¿Y por qué yo?

— Porque eres el único de nosotros que está desarrollando una nueva técnica, y necesitas perfeccionarla— dijo Dohko, que no tenía muchas ganas de entrenar— Así que tienes la ventaja de elegir a tu contrincante.

— Bueno… ¡pues entonces te escojo a ti, León! Así que espero que tus huesos me aguanten.

— ¡Y yo espero que puedas con mi velocidad!

— Entonces Shura y yo quedamos juntos… ¡muy bien, majo, seremos rivales!

— Vámonos, viejo¡ya quiero probar el filo de mi brazo!


Por algún otro lugar de entrenamiento, Milo, Camus y los gemelos discutían por quien se quedaba con Kanon.

— ¡NO¡Vas a estar con la tontería de no tocarme porque según tú no me siento bien! —Kanon tenía un berrinche montado a causa de su hermano, que no dejaba de cuidarlo— ¡Pues ya estoy bien!

— Sólo seré más cuidadoso esta vez, no seas malcriado— dijo Saga sin abandonar su responsabilidad de cuidarlo— Vamos Kanon, deja que esté contigo durante el entrenamiento.

— No será un entrenamiento, será un día entero de aburrimiento contigo así de tonto— volvió a quejarse el menor— ¡QUIERO TENER UN COMBATE JUSTO CONTRA TI, TENEMOS TIEMPO SIN HACERLO!

— ¡NO QUIERO QUE TE DE FIEBRE DE NUEVO! —gritó Saga desde su lugar— ¡Y TE RECUERDO QUE AÚN ESTÁS MUY DÉBIL!

— Descuida, Saga, entonces yo me lo llevo— dijo Camus tomando a Kanon por el hombro— Yo lo cuidaré por ti, y si le da fiebre se la bajo, sabes cómo son mis manos.

— Síiiiii— dijo Saga recordando una vez que le dolía la espalda, y Camus, utilizando su cosmos de hielo y sus manos le alivió el dolor— Confío en ti Camus, sé que serás cuidadoso, pero si se lo dejara a éste…

— ¿Qué insinúas¿Qué no sabría cuidarlo? —exclamó Milo al ver la odiosa mirada de Saga.

— ¡Pues sí, lo harías desangrarse con tu estúpida uña roja¡Sólo te aprovecharías de su debilidad!

— Vamos, Camus— dijo Saga alejándose— que ya no soporto cómo se pone éste cuando le dan sus ataques de "buen hermano".

— Sí, vamos— cuando se disponía a retirarse, Saga lo detuvo.

— Cuídalo bien… —masculló el geminiano mayor amenazadoramente— Mira que si se pone peor… me encargaré que en lugar de hielo, tu cosmos emane sangre…

— Más bien cuídate tú, Saga— susurró el acuariano sonriendo suciamente— que si te le acercas mucho no dejará rastro de ti…

— ¿QUÉ?

— ¡Está loquito por devorarte! —finalizó Camus alcanzando a Kanon, desapareciendo ambos a lo lejos, y dejando a Milo y a Saga solos. Éste último, al volverse, atacó al Escorpión.

— ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

— ¡OYE, NO HEMOS EMPEZADO! —chilló Milo evitando el ataque— ¿Sigues molesto por lo que pasó ayer?

Saga no contestó nada, en cambio comenzó a golpear al muchacho, que lograba evadir los rápidos puños que lo agredían.

— ¿Qué esperas para contraatacar?

— ¡BASTA SAGA¿QUÉ RAYOS… TE PASA? —Milo ya no podía esquivar los golpes del gemelo. Tomó fuerzas y lo golpeó duramente en la mandíbula, sacándoselo de encima— ¿TE HAS VUELTO LOCO¡SE TE NOTA QUE AÚN ESTÁS MOLESTO!

— ¿Qué te hace pensar eso? —dijo Saga con muchas ganas de matar a Milo— ¿me crees tan débil?

— Sí— dijo Milo— y creo que no te dije muy bien lo que quería decirte… nunca fue mi intención lastimarte…

— ¡NO ME INTERESA!

— Quiero decir… para poder estar contigo… debería separarme de Camus…— dijo el Escorpión mirando a Saga a los ojos— no quiero que seas un amante para mí, Saga, no quiero tener algo contigo al mismo tiempo que estoy en una relación…

— ¡YA LO SÉ, NO NECESITO QUE ME LO DIGAS, GUSANO!

— Eres mucho más que eso para mí… por Camus siento deseo… pero por ti… siento algo mucho más profundo… yo… te quiero Saga…

Saga levantó la cabeza, y con sus ojitos verdes abiertos enormemente, miró al hombre que estaba de pie frente a él. Su cerebro no podía procesar aquella información, y su cuerpo no respondía a sus órdenes; simplemente no podía reaccionar.

— Te pusiste nervioso en ése momento…— comentó Milo sin moverse de su lugar— ¿Por qué¿Tú también sientes algo por mí?

— Lo que siento en este momento… ¡son unas inmensas ganas de asesinarte! —exclamó Saga tomando al muchacho por el mentón y besándolo, de una manera tan furiosa, que ambos cayeron al suelo. Milo acariciaba la espalda de Saga y poco a poco le levantaba la camisa; el mellizo, entretanto, tenía apresado el cuerpo del Escorpión con sus piernas y brazos, besando cada lugar que podía, acariciándolo dulcemente, con todo el cariño que le profesaba. Sin embargo, la lascivia de Milo no se hizo esperar.

— Saga…—dijo Milo entrecortadamente— …hazme el amor…

— Es muy pronto¿no lo crees? — dijo Saga sonriéndole a su Escorpión— Ni siquiera somos oficialmente una pareja…

— Camus y yo… terminamos… decidimos que era lo mejor… así que ahora tú serás mi pareja… ¿quieres?

— Pues si tú lo dices…

— Ahora podrías…

— No…

— ¿POR QUÉ?

— Pueden vernos— dijo Saga con un brillo de malicia en sus ojos, no iba a ponérselo todo tan fácil— Y debemos entrenar…

— Saga… no me hagas esto… sabes cómo soy… —decía Milo sin aliento—y cuando quiero algo… lo obtengo…

— ¿Piensas violarme? —inquirió Saga, sin quitarse de encima de Milo— No me amenaces, insecto…

— Entonces… házmelo… por favor…

— ¡Te tengo!

— Saga… ¿Cómo me provocas así para decirme que no?

— ¿Un beso te pone así?

— ¡Estamos en el suelo y tú sobre mí!

— ¿Y?

— Estás demasiado cerca… puedo sentirte… tú también lo deseas… cada vez es más obvio, Saga…

— Si supieras cómo me pone el rostro que tienes en este momento…— Saga volvió a besar a Milo, dispuesto a darle lo que quería, pero a su manera…


Camus y Kanon estaban sentados, en una parte muy alejada, donde unas gigantescas rocas los ocultaban. El menor de los gemelos se encontraba muy débil, pero no quería estar sin hacer nada, y Camus, muy preocupado por su salud, no lo dejaba ni levantarse, cosa que le hizo montar otro berrinche.

— ¡Estoy bien¡Solamente me dio fiebre anoche, eso es todo!

— Espera a que te sientas mejor, no es conveniente que te agites mucho.

— ¡Si te vas a poner tan estúpido como mi hermano, será mejor que me lo digas, ya me estoy enojando! —Kanon se iba a levantar, pero todo le dio vueltas y cayó inconsciente… en brazos de Camus.

— ¡KANON! — el acuariano se puso nervioso, no quería saber lo que Saga le haría si viese a su hermanito desmayado ahí con él. Miró al muchacho que tenía entre sus brazos… se veía tan indefenso… tan hermoso… tocó su frente, pero no tenía temperatura. Recostó al muchacho sobre su regazo, y rozó sus labios con un dedo: quería besarlo, pero…

— No de ésa manera… aunque… tal vez se despierte… — se dijo Camus— No es que espere el efecto de príncipe azul pero… ¡estoy completamente loco!

Acercó sus labios a los del mellizo, besándolo tímidamente, y esperando despertarlo con aquel cálido beso. Kanon estaba recobrando la conciencia, y sintió algo extraño sobre sus labios, pero sus párpados le pesaban y no podía abrir los ojos. Hizo un esfuerzo por abrirlos, y al hacerlo, su corazón dio un vuelco al ver unos cabellos oscuros sobre su cara, mientras que un brazo lo rodeaba de forma protectora. Alguien lo estaba besando, y sabía que ése alguien era el muchacho de ojos índigo, que mantenía los ojos cerrados, disfrutando de la dulzura de los labios del gemelo. Éste decidió cerrar los ojos y apartar los nervios que sentía para poder corresponder al beso tan cariñoso de Camus. Lentamente se dejó llevar, y sus nervios se esfumaron, al tiempo que el Caballero de hielo se sorprendió al sentir los labios de Kanon moviéndose, y cuando se iba a separarse de él, dos manos sujetando su cara se lo impidieron, para luego bajar a su cintura y atraerlo hacia el otro cuerpo, haciéndolo tumbarse. Camus se acomodó sobre Kanon, y aún con tanto movimiento, sus labios no se separaron ni un instante; no querían interrumpir un beso tan perfecto y tan ardiente. Kanon ya no podía controlar las distintas sensaciones que recorrían su cuerpo, y dejó salir los gemidos que estaba tratando de reprimir, haciendo que Camus se excitara y jugara más agresivamente con su lengua. Amaba escuchar a Kanon gimiendo, eso le indicaba que lo estaba haciendo gozar, sin embargo, les estaba comenzando a faltar el aire, y tuvieron que separarse, pero Camus se dirigió al mentón del gemelo, y continuó su descenso hasta su cuello, para quedarse ahí un largo rato: la gula y la lujuria lo tenían poseído, tanto, que no podía hablar. El menor de los gemelos, muy agitado fue quien habló:

— Camus… basta… pueden vernos…

— mmm…

— Si Dohko nos… oh dioses… si Dohko nos ve…

— …mmm…

— Camus… te lo ruego… debemos entrenar…

— No… interesa… mejor… esto…

— Si dejamos que esto vaya más lejos…— Kanon tomó aire— tus gritos se escucharán en todo el Santuario.

El acuariano, inmediatamente se levantó de golpe, con cara de susto: ya se había hecho famoso por, a parte de sus habilidades sexuales, por sus estruendosos gemidos. Sabía que si Dohko los escuchaba, lo enviaría unos cuantos días a Star Hill a él solo, sin nadie cerca… sin poder hacer el amor… ni nada parecido… imaginándose un montón de tonterías, miraba horrorizado a Kanon, cuando notó un ligero tono rojizo en las mejillas del muchacho. Puso una mano sobre su frente y la sintió bastante caliente. Camus palideció y recordó la amenaza de Saga, quien haría cualquier cosa por el bienestar de su lindo y adorado hermanito, y no dudaría en cumplir su amenaza.

— ¿Por qué pones esa cara, Camus?

— Tienes fiebre… lo lamento— dijo Camus, enfriando su mano para bajarle la calentura a su amigo— Te hice enfermar otra vez.

— No seas ton…to……………. ¡qué bien… se siente! —suspiró Kanon cerrando los ojos ante la acción de Camus. Su fiebre iba disminuyendo rápidamente y el color desapareció de sus mejillas. En agradecimiento, dio un beso rápido a la boca del chico de ojos azules.

— Gracias¡ahora sí me siento bien para entrenar!

— Sí, bueno… lamento haberte besado de esa manera tan…

— ¿Qué¿te estás disculpando por algo tan maravilloso?

— Sí que te gustó¿no? — sonrió Camus alejándose considerablemente del mellizo.

— ¿Tú qué crees? —remedó Kanon colocándose en posición de ataque— ¿Que mis gemidos eran a causa de la fiebre?

— Y dicen que yo soy escandaloso…. ¡TORNADOS DE AURORA!

— ¡TRIÁNGULO DORADO!