Doce Corazones
Capítulo VI
Sucia Guerra
Por Anako Hiten
Disclaimer:
Ninguno de éstos personajes me pertenece, fueron creados por la mente maestra del gran Masami Kurumada. Ésta es simplemente una historia alterna a la serie Saint Seiya.
El interminable juego al escondite de Shaka y Mu había finalizado en el jardín de los Soles Gemelos, en la casa de Virgo, donde se atacaron con sus diferentes técnicas, incluidos el Tesoro del Cielo y la Revolución de Polvo de Estrellas. Finalmente, y después de contorsionar el cuerpo de Shaka con su psicoquinesis, Mu se lanzó al suelo para descansar un poco.
— ¿En qué tanto piensas, Shaka? —preguntó Mu, luego de unos largos minutos de silencio, y recostado en un gran árbol— Has estado muy abstraído últimamente.
— Estoy muy preocupado por ustedes— contestó el indio de rubios cabellos, y entre ellos estaban enredados trozos de cristal— Su conducta se ha vuelto demasiado… epicúrea… Todos piensan en divertirse, en beber y en sexo, y ya no piensan la razón por la cual estamos aquí.
— No digas eso— dijo Mu mirándolo con cariño, el Caballero de Virgo sólo se preocupaba por el bien de sus compañeros y nadie lo tomaba en cuenta— No tenemos principios tan ortodoxos como los tuyos, pero sabemos por qué estamos aquí: para proteger a Athena y al resto del mundo.
— ¡Es que son demasiado sodomitas! —exclamó Shaka, con un dejo de angustia en sus palabras— Temo que se dejen llevar por ésas trivialidades, que un posible enemigo se aproveche de ello y los manipule o destruya… no quiero que eso suceda…
— Aún falta bastante para que un nuevo enemigo aparezca, Shaka— dijo Mu, pensando que su mejor amigo estaba un poco paranoico— ¡Olvida los nervios!
— ¿No lo has sentido, Mu?
— ¿Sentir qué cosa?
— He sentido un cosmos maligno desde hace algún tiempo, pero sólo ha sido por unos segundos… y presiento que algo terrible está por suceder… es por eso que quiero que tomen más en serio su deber como Santos de Athena, y que dejen de lado sus caprichos.
— Si es así¿por qué no les dices a los demás?
— Haré el intento, pero dudo que me escuchen— musitó Shaka abriendo levemente los ojos, y manteniendo la mirada en el suelo— Dirán que son tonterías y se burlarán de mí…y yo… no soportaría perderlos otra vez…
— No te preocupes por eso, amigo, yo te ayudaré— dijo Mu levantándose— Convocaré una reunión a la medianoche.
— ¡Pero a esa hora deberíamos estar durmiendo¡No van a ir!
— ¡Si les digo que habrá whisky y barajas…!
Shaka levantó la cabeza y le sonrió a su amigo; tenía nuevos ánimos y todo gracias a las palabras del carnero. Verdaderamente Mu era una persona excepcionalmente maravillosa… si tan sólo tuviera el valor de decirle…
Afrodita seguía sentado en un pequeño jardín del Santuario, tratando de autoanimarse y dejar de pensar en Máscara Mortal, pero no podía, lo único que logró fue deprimirse más. Se obligó más a no llorar, no quería ser visto así. Pero estaba solo… nadie lo vería…
— Será la última… ya no más… ya… no… más… —su voz se quebró, mientras que de sus ojos salían lágrimas de dolor por ser humillado tantas veces por la persona a quien tanto amaba— ¡Cómo quisiera ser más fuerte! —sollozó— ¡Cómo quisiera sacarlo de mi corazón!
El sueco estaba tan ensimismado que no notó que alguien llevaba rato observándolo en silencio, y que ése alguien se le acercaba lentamente.
— Oye, mujer… ¿piensas llorar todo el día?
¡Rayos, lo habían visto llorando otra vez! Ni siquiera podía desahogarse en paz… momento… esa manera para referirse a él… esa voz… Muy irritado, Afrodita levantó la vista y se encontró con la de Máscara Mortal.
— ¿Qué quieres ahora¿No te conformas con humillarme que ahora me espías?
— ¡Déjate de altanerías! —contestó Máscara de pie frente al pisciano— ¡Me molestó mucho que me dejaras hablando solo esta mañana!
— ¡COMO SI ESO TE IMPORTARA!
— ¿QUÉ DIABLOS SABES TÚ LO QUE ME IMPORTA O NO? —gritó el italiano perdiendo la paciencia— ¡SI TANTO SABES DÍMELO!
— ¡NO LO SÉ, NO ME INTERESA! —chilló Afrodita tratando de detener su llanto, pero el tener a la razón de su tristeza frente a él, y gritándole, no ayudaba mucho— ¿PUEDES DEJARME TRANQUILO¡TERMINA DE BURLARTE Y VETE!
— ¡No vine a burlarme, no seas imbécil! —gruñó Máscara inclinándose a la altura del muchacho de cabellos turquesas. Contempló su rostro cubierto por las lágrimas; eran completamente opuestos, pero había algo que llamaba mucho la atención del italiano, y no tenía la más remota idea de qué era lo que tanto le gustaba de Afrodita. Acercó sus manos, y con sus dedos, limpió sus lágrimas, de las que sabía que era responsable— Te agradezco que no llores en mi presencia¡lo detesto!
— ¡PUES ENTONCES MÁRCHATE Y DÉJAME LLORAR TRANQUILO!
— No te pongas estúpido conmigo, mira que vengo de buena gana— masculló Máscara Mortal sentándose frente al pisciano, y miró al brillante cielo— No entiendo cómo alguien tan… tan… como tú haya sido capaz de hacerme esto…
— ¿Hacerte qué? —preguntó el Caballero de Piscis, helado por el comportamiento de Máscara, que jamás le había hablado tan calmadamente, y menos sentarse frente a él para conversar— ¿Acaso estás inventándote otra de sus sucias jugadas?
— Sé que soy muy agresivo… y cada vez que me hablas me comporto como una bestia… ¿Por qué?
— ¡Porque es tu naturaleza comportarte como animal¿lo olvidas? —dijo el sueco de manera cortante.
— No… es una forma… de evadir el hecho de que… —Máscara respiró muy profundamente, no era una tarea fácil— de que me gustas, de que hay algo en ti que me hace perder la cordura.
— ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO? —chilló Afrodita, abrumado por las palabras del Caballero infernal.
— Eso, y no pretendas que lo repetiré, no me gusta sentirme vulnerable— dijo Máscara cerrando los ojos con presunción— Ahora… necesito que tú me lo digas… quiero estar seguro de que no estoy metiendo la pata diciéndote esto.
— ¿Qué te diga qué?
— Lo que me das a entender con tu comportamiento hacia mí… lo que sientes…
— N-no entiendo qué quieres decir con eso… no sé…
— ¡SÍ LO SABES¡DILO!
— ¡Con que es eso lo que quieres¡Que te lo diga para luego mofarte! —gritó Afrodita levantándose, muy enojado, igualmente lo hizo Máscara— ¡No soy tan idiota como…--
— Creo que estoy enamorado de ti —dijo Máscara muy rápida, pero entendiblemente.
— ¿TÚ? .. ¿etseddm? — la impresión de lo que había escuchado le congeló la sangre, y no tenía la más mínima idea sobre qué pensar. Quería decir algo, pero se habían escapado de su mente todas las palabras y no encontraba ninguna. Lo único de lo que era consciente era que Máscara jamás haría una broma así, a parte de que no era su estilo, no utilizaría una excusa de ese nivel para molestarlo… mucho menos bromear sobre estar enamorado. Máscara Mortal, por su parte, habló con el corazón en la mano, como nunca antes lo había hecho, y estuvo a punto de arrepentirse, pero sabía que hacía, por primera vez en sus veinticinco años, lo correcto, así que no se retractó. Ambos hombres se quedaron mirándose, esperando a que algún asteroide los aplastara para interrumpir aquel momento tan embarazoso. Así pasaron unos cuantos minutos, y todavía ninguno de los dos sabía que hacer o qué decir, así que continuaron mirándose… simplemente contemplándose.
— ……
— ………
¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP!
Finalmente había sonado el timbre que indicaba el fin de entrenamiento, eran ya las seis de la tarde, y al fin se irían a descansar. Mu pasó frente a Afrodita y Máscara Mortal, y los miró bastante extrañado.
— ¿Estás bien, Afrodita? —inquirió el guardián de la primera casa, mirando muy mal a Máscara.
— ………
— Entonces vamos, ya están sirviendo la cena. Más te vale que comas, no has probado bocado en todo el día— dijo Mu llevándoselo— ¡Y ya te hemos dicho que lo dejes tranquilo, Máscara!
— ……
Mu se fue con Afrodita, quien ni siquiera sabía dónde estaba parado, mientras que Máscara continuaba inmóvil, preguntándose por qué había dicho y hecho tantas estupideces en menos de diez minutos.
Los caballeros de Aries y Piscis llegaron al comedor, donde el resto de los muchachos estaban ya sentados en la enorme mesa.
— ¡SÍ¡POR FIN COMIDA! —exclamó Aldebarán sirviéndose tanto como sus enormes manos podían.
— ¡Sólo falta un poco de licor! —dijo Aioria sirviéndose únicamente panecillos— ¿No traes ahí, Shura?
— ¡Joder¿Pero es que has creído que soy un alcohólico? —exclamó Shura indignado, lanzándole una botella que contenía un líquido burbujeante— Tendrás que conformarte con la taurina.
— ¿Taurina¿Acaso hay una mujer de Tauro por aquí? —dijo Aldebarán dejando de comer y arreglándose el pelo— ¿dónde?
— ¡No es una mujer, pulgarcito! —se burló Camus— es un químico que te da mucha energía.
— ¡Se nota que sabes mucho de eso, chico verseu! —rió Dohko— ¡Ya sabía yo que tanta "actividad" sin muestras de cansancio no era normal!
— ¡Yo no necesito nada de eso, ya que tengo mucha energía en mi cuerpo! —dijo Camus creídamente— ¡Y SE DICE VERSEAU!
— ¡EL QUE HABLA FRANCÉS AQUÍ ERES TÚ, ASÍ QUE NO ME CORRIJAS! —bufó Dohko, mientras sorbía de la botella que le pasaba Aioria— ¡Esto sabe genial, Shura!
— No me parece que ingieran ese tipo de cosas— dijo Shaka en tono preocupado— ¡Ya no hallan qué tipo de estimulantes tomar!
— ¿Estimulantes? —dijo Saga con todo su cuerpo agujereado— No nos hables como si fuésemos drogadictos. El hecho de que tú seas san Buda no significa que tengamos que seguir tu ejemplo.
— ¡ASÍ SE HABLA! —exclamaron los demás, menos Mu, que estaba muy molesto por el comentario de Saga.
— Oye, cabra¿de dónde sacaste esta maravilla? —inquirió Kanon. Ya la bendita botella había pasado por cada asiento de la mesa. A falta de alcohol, necesitaban alguna otra cosa que los mantuviese lo suficientemente alterados como para no callarse hasta el día siguiente.
— No te recomiendo que bebas eso, puede darte fiebre otra vez— le dijo Saga a su hermano.
— ¡No molestes! Camus se encargó de reponerme— dijo Kanon sin prestar atención a sus palabras.
— ¿QUÉ¿USTEDES DOS ENTRENARON JUNTOS? —preguntó Aioria mirando a Camus y luego a Kanon— ¡NO ME IMAGINO LO QUE PUDO HABER SUCEDIDO, CAMUS NO PUEDE ESTAR SOLO CON NADIE!
— ¿Qué quieres decir? ¬¬ —Camus lo miró bastante irritado.
— ¿Te midió la temperatura con su termómetro personalizado? —dijo Dohko pícaramente.
— Dinos, Kanon¿fue por la boca o por el trasero? — dijo Shura sin poder aguantar sus carcajadas, y haciendo de estallara una risa colectiva, sin incluir a los dos aludidos.
— No creo, sino hubiésemos escuchado un "¡estás muy caliente, Kanon!" por parte de Camus¡JAJAJAJA! —dijo Mu uniéndose al chalequeo.
— …sibaritas, pervertidos, obscenos …
— ¡CÁLLATE BUDA!
— ¡CÁLLENSE USTEDES! —gritó Camus algo bastante enfadado— ¡Ya quiero ver cuando alguno de ustedes se enferme¡Me encargaré de hacerles todo lo que acaban de decir¡SOBRE TODO TÚ, FLAMENCO, POR LA BOCA Y POR EL TRASERO!
— ¡Ay, sí, mira cómo estoy de emocionado! — se burló el español— ¡NO ERES CAPAZ DE HACERLO¡PUEDES CON CUALQUIER OTRO, PERO NO TE ATREVERÍAS CONMIGO!
— ¡NO ME RETES!
— ¡PUES VEN Y ATRÉVETE!
— ¿AH, SÍ! — Camus se puso de pie, lanzándole una desafiante mirada a Shura, y desabrochándose el cinturón— ¡LEVÁNTATE, VAMOS AFUERA!
— ¡EN NINGÚN MOMENTO DIJE EN PRIVADO! —dijo el Caballero de Capricornio, con una sonrisa malévola en sus labios.
— ¡POR ATHENA, ESTAMOS CENANDO! —exclamó Shaka, muy incómodo— ¡NO VOY A SEGUIR AGUANTÁNDOME ESTAS PORQUERÍAS!
— Shaka tiene razón, estamos comiendo…— dijo Mu, apoyando a su mejor amigo— dejen eso para un momento más apropiado.
Camus se sentó, bastante avergonzado, mientras que Shura lloraba de la risa por la cara de su compañero de Acuario.
— Espero que hayas cuidado bien a mi hermano, Juana de Arco— masculló Saga— ¡Y que ni se te haya ocurrido propasarte él!
— ¿Pero qué tantas estupideces hablas? —dijo Kanon, algo sonrojado— ¡NO SOY UN REGALADO COMO TÚ!
— ¡NO ME LEVANTES LA VOZ! —gruñó Saga golpeando la mesa con su puño— ¡RESPÉTAME!
— ¡NO TE CREAS MÁS DE LO QUE ERES¡ACEPTA QUE ERES UN REGALADO!
— Con que regalado¿eh? Bueno¡entonces aquí te va un REGALO! —Saga tomó un plato lleno de mantequilla y se lo arrojó con todo y bandeja a su gemelo, dejándolo lleno de grasa.
— ¿Quieres pelear? —Kanon agarró una pequeña jarra con vinagreta y la vació directo en los ojos a su hermano— ¡GRACIAS POR EL REGALO!
— ¿Por qué siempre mis ojos¡Ya verás! — Saga alcanzó un plato lleno de tofu con crema de soya, y lo arrojó con intenciones de darle a su gemelo, pero como no podía ver bien debido al ardor de sus ojos…
— ¡ANORMAL¡ME HAS DEJADO OLIENDO A SOYA! —gritó Shura histérico, con su cara cubierta de tofu y su pelo con la crema— ¡ODIO LA SOYA!
El español vio un plato de paté de hígados y se lo lanzó, pero al hacerlo con el brazo izquierdo, cortó el plato en dos, haciendo que el paté se dividiera entre las caras Shaka y Milo.
— Mmm… una galletita… a ver, Shaka, no te muevas… —Aldebarán tomó una galleta y la pasó por la mejilla de Shaka, que estaba cubierta de paté, y luego se la comió, muy sonriente. El pobre muchacho de Virgo estaba que echaba humo, y Milo, por su parte, se encontraba paralizado, la técnica perturbadora de Saga le había afectado bastante. Sin embargo, al sentir una agresión, reaccionó inmediatamente, y le vació una jarra de jugo de manzana en los pantalones a Shura, haciéndolo levantarse de inmediato.
— ¿Qué pasa, castañuela¿Te hiciste en los pantalones? —dijo Milo sonriendo hipócritamente — ¡Creo que ya estás bastante grandecito!
— ¡GRANDECITOS TUS CALZONES! —el español, verde de la rabia, alcanzó la fuente del pudín y lo dirigió hacia Milo, pero apuntó mal (bastante mal) y le cayó al pobre Mu.
— ¡Oye¿y yo qué te hice¡MILO ESTÁ DEL OTRO LADO! —chilló Mu— eso fue innecesario, pero si tú insistes…
— No… Mu… no era para ti… por favor…
¡SPLASSSSHH! Otro derrame de jugo sobre los pantalones de Shura, pero esta vez era de fresas.
Y así continuaron, malgastando la comida en sus juegos, mientras que Shaka quería irse y Afrodita pensaba en las palabras del italiano que le robó el corazón. Nuevamente, por andar distraído, no vio un recipiente con alguna salsa blanca volando directo hacia su cara…
¡PLAF!
Todos se quedaron de congelados al ver a quién le había dado el plato.
— Ahora sí que nos pasamos— susurró Aldebarán.
— El pobre anda deprimido y a nosotros se nos ocurre arrojarle comida— dijo Mu en voz muy baja.
— ¡mmm¡Es de ajos! —exclamó Afrodita contento. No había comido nada en todo el día y estaba muerto del hambre— ¡No malgasten la comida, hay mucha hambre en el mundo!
— ¿Mucha hambre… en el mundo? —preguntó Aioria, sorprendido por lo que dijo el sueco, y más aún, porque había hablado.
— ¡SÍ¡LA MÍA! —sonrió el pisciano, y procedió a servirse lo que consiguió intacto, que lamentablemente no era mucho, pero igual engulló lo que había, muy alegremente.
— ¿Ya estás bien, amigo? —dijo Camus, embarrado de mermelada y queso fundido, y acercándose a Afrodita— ¡Qué bueno que ya estás comiendo!
— ¡Grachiach Camuch¡Tengo tanta hambde!
Muy contentos por ver a su compañero de Piscis tan alegre como siempre, se sentaron a terminar de cenar, sucios y embarrados con todo lo que pudieron lanzarse. Afrodita, al terminar de comer, se levantó y dejó un pomposo ramo de rosas rojas en un jarrón a la entrada del comedor, y luego se puso a cantar muy feliz.
— ¡Si fuese una mujer, diría que está en sus días! —comentó Aioria.
— ¡Sí¡Un día está feliz y el otro a punto de suicidio! —le apoyó Milo, señalando al pisciano, que salía del comedor.
— Afrodita¿por qué ése repentino cambio de humor? —le preguntó el español, antes de que saliera.
— ¡Porque estoy enamorado! —dijo Afrodita sonriendo con ilusión— ¡Nos vemos!
El sueco se retiró del comedor, y al salir, se encontró con Máscara Mortal.
— Espero que sea de mí— dijo el italiano en voz muy baja.
— ¿Por qué siempre te apareces así?
— ¡Te estás haciendo el importante¡SI NO ME VAS A DECIR NADA, MEJOR ME--!
— Te amo demasiado, Máscara— interrumpió Afrodita— Pero no estoy seguro de que sientas lo mismo.
— Yo ya lo dije¿qué es más obvio que eso?
— Un cambio de actitud de tu parte— explicó el pisciano— Ya no más insultos, ni maltratos…
— No tengo motivos para hacerlo… lo que quiero hacer ahora…—Máscara se acercó a la oreja de Afrodita y apartó un mechón de cabello para susurrarle— es probar tus labios… a ver si saben a rosas…
El chico de Piscis se apartó, ruborizado de pies a cabeza; no quería que nadie los viera.
— Voy a darme un baño, ha sido un día muy caluroso— dijo alejándose— Nos vemos, amor…
— ¡OYE¡NO ME DEJES ASÍ, AMANERADO IDIOTA! —gruñó el italiano, malhumorado por la burla del sueco, que ya se había ido— Maldito afeminado… dejarme así…
— ¡OYE, INSOPORTABLE! —escuchó una voz a sus espaldas— ¿Por qué no llegaste a cenar?
— ¡DEBE SER POR LA MISMA RAZÓN POR LA QUE PARECES UN EMPAREDADO MAL PREPARADO! —bufó Máscara Mortal de mala gana y mirando despectivamente a Camus.
— ¡Necesitas una buena cogida, así tu humor no sería tan despreciable! —dijo el acuariano, marchándose con los demás— Por cierto, Mu nos dijo que debemos ir a su templo a medianoche, tiene algo que decirnos.
— ¿Y a mí que me importa¡Lo más seguro es que van a emborracharse porque no tienen nada mejor que hacer!
— Te recomiendo que vayas, Máscara— dijo Dohko— Si Mu nos convocó a una reunión importante debemos ir, no por nada nos haría perder horas de sueño.
— Vámonos, Dohko, si el imbécil éste no quiere ir, no le rogaremos— protestó Camus, enfadado— ¡Que no se crea tan importante!
— ¡AH¿Y TÚ QUÉ DICES¡SI NO ERES MÁS QUE UNA PROSTITUTA QUE CREE QUE TODOS LOS HOMBRES SE QUIEREN ACOSTAR CONTIGO!
Camus, que iba de último con respecto a sus compañeros, se detuvo y volteó a ver a Máscara, mientras los otros se iban.
— ¡AL MENOS NO ME LA PASO LADRÁNDOLE A LAS PERSONAS COMO SI FUERA UN PERRO RABIOSO!
— ¡AL MENOS PAREZCO UN PERRO RABIOSO, NO UNA PERRA EN CELO COMO TÚ!
— ¡PERRA ES LA QUE TUVO LA MALDITA IDEA DE TRAERTE AL MUNDO!
— ¡UNA MÁS¡UNA MÁS Y VAS A VER LO QUE TE ESPERA, ENFERMO!
— ¿Y QUÉ VAS A HACERME? —le dijo Camus apretando los puños, desde hacía tiempo quería darle una paliza al italiano— ¡ERES UN POBRE DIABLO, NI SIQUIERA PODRÁS RASGUÑARME!
— ¡TE PUEDO MATAR AHORA MISMO SI ME DA LA GANA! —Máscara Mortal cerró su mano alrededor de la garganta de Camus, y la apretó con todas sus fuerzas— ¡VEREMOS QUIÉN ES EL DÉBIL!
— ¡SÓLO ERES UN MALDITO ASNO¡SÓLO PIENSAS EN TI Y EN TU ESTÚPIDO EGO! —decía Camus tratando de zafarse de Máscara— ¡OJALÁ QUE AFRODITA SE DÉ CUENTA DE LA CLASE DE BASURA QUE EN REALIDAD ERES!
— ¡NO METAS A AFRODITA EN ESTO!
— ¡UN DÍA SE DARÁ CUENTA DE QUE ERES UN ASQUEROSO PSICÓPATA Y SE OLVIDARÁ DE TI! —el acuariano se soltó fácilmente y en el proceso le torció la muñeca a Máscara— ¡YO MISMO ME ENCARGARÉ DE ELLO!
— ¡TÚ NO TE ENCARGARÁS DE NADA! —vociferó Máscara, mirando a Camus con una ira inmensa— ¡PRIMERO TE MATO ANTES QUE LE DIGAS ALGO A AFRODITA!
— ¡PERO SI A TI NO TE IMPORTA LO QUE PIENSE ÉL¿O ES QUE AHORA SÍ TE IMPORTA?
— ¡NO ME SAQUES DE MIS CASILLAS, CAMUS¡NO LO HAGAS SI QUIERES SEGUIR VIVIENDO!
— ¡QUIERO VER ESO, MÁSCARA DE LA MUERTE! —le retó Camus mirándolo con cinismo— ¡AHORA MISMO LE DIRÉ A AFRODITA QUE FUISTE TÚ EL MALDITO QUE LE DESTROZÓ LA ADOLESCENCIA!
Máscara sintió que el suelo se abría bajo sus pies¿cómo Camus sabía eso? Si Afrodita se enteraba, estaría en graves problemas…
— ¡LO INTENTAS Y TE MANDO AL INFIERNO!
Camus abrió los ojos con sorpresa y horror: lo dijo sólo para ver cómo reaccionaba y obtuvo más información de la que deseaba: Máscara Mortal había sido el responsable del terrible trauma que había sufrido Afrodita a los catorce años… nunca se lo imaginó… tantos años diciéndole lo mismo a todos los que conocía, a ver a quién se le escapaba… Afrodita, a quien consideraba su hermano, lo habían hecho sufrir de una manera tan brutal, tan atroz, y Camus se juró a sí mismo desmembrar al culpable. Su técnica había funcionado, encontró, después de diez años, al culpable, pero no fue como esperaba.
— Fuiste tú… ¡TÚ!... Y él… te quiere tanto… dios… esto es…
— ¿SI NO LO SABÍAS ENTONCES POR QUÉ LO DIJISTE? —Máscara estaba completamente aterrorizado, si Camus le decía aquello a Afrodita, éste lo despreciaría y se esfumarían sus posibilidades de enmendar ése aborrecible error…
— No puedo… se moriría del dolor… no puedo… —Camus miraba al vacío, totalmente perturbado, no podía decirle a Afrodita, no quería revivir esa horrible experiencia, además de que si se enteraba de que fue Máscara, lo que más ama…— Eres… el ser más asqueroso del planeta, Máscara Mortal, no… no puedes ser llamado siquiera Caballero de Athena…
— ¿Aún piensas decirle a Afrodita, imbécil? —Máscara sonrió vilmente— Ya me dijo que me ama, y yo también se lo dije, así que será mejor que mantengas tu pútrida boca cerrada¿entendido?
— ¿QUÉ? —Camus se le lanzó encima al italiano— ¿CÓMO TE ATREVES A DECIRLE ESO DESPUÉS DE LO QUE LE HICISTE¡AFRODITA TIENE QUE SABERLO¡NO PUEDE ESTAR A TU LADO!
— ¿Qué es lo que tengo que saber, Camus? —Afrodita apareció en el lugar, haciendo que los otros dos se quedaran extáticos, sin mencionar una sola palabra. Sin embargo, el pisciano se acercó a ellos, y los miró con una ceja levantada— ¿Me pueden explicar qué está sucediendo aquí?
