Doce Corazones

Capítulo VII

Diez Años Atrás

Por Anako Hiten

Disclaimer:

Ninguno de éstos personajes me pertenece, fueron creados por la mente maestra del gran Masami Kurumada. Ésta es simplemente una historia alterna a la serie Saint Seiya.

— Hola, cariño, te bañaste muy rápido— dijo Máscara hipócritamente— ¿O es que olvidaste algo?

— Contéstame Camus¿qué es lo que tengo que saber?

Camus miró a Afrodita, sin saber qué decirle, no podía dejarlo en manos de Máscara, pero tampoco podía romperle el corazón diciéndole lo que recién había descubierto. Miró a Máscara Mortal: realmente lo odiaba, era un hombre increíblemente malvado, y no creía que pudiera sentir amor hacia Afrodita; era un sentimiento hermoso, y Máscara no tenía corazón suficiente para tener buenos sentimientos.

— No es nada importante, mi amor, será mejor que nos vayamos y dejemos a éste loco solo.

— No, Máscara, tu comportamiento también es muy extraño…— Afrodita levantó la cara de Camus y lo obligó a verle— Dime la verdad, Camus, sabes que confío en ti más que nadie en el mundo, y de todo lo que me dijeran sólo creería en ti…

Camus miró a su amigo, su mirada reflejaba mucha alegría, sin duda por el amor que, según, Máscara le profesaba. No aguantó más, y, con algo de duda, habló.

— No puedo dejarte hacer esto… él no te merece.

— ¿Por qué lo dices?

— Él… él…

Máscara trató de atacar a Camus, pero Afrodita se dio cuenta y le clavó una rosa negra en la mano.

— ¿Qué pretendes ocultarme, Máscara? —inquirió el sueco, volviéndose para mirar a Máscara fijamente— Ahora tú me dirás lo que Camus me iba a decir, y no quiero excusas.

— ¿Es así como me amas¿No confías en mi?

— ¡DESGRACIADO¿CÓMO VAS A MANIPULARLO DE ESA FORMA!

— Calma, que Máscara me lo va a decir por las buenas, si realmente es cierto lo que me dijo esta tarde.

Máscara tragó saliva… Afrodita estaba comenzando a dudar de lo que él había dicho, y a pesar de que sí era cierto, sería muy difícil creerlo. Se lo pensó varias veces, hasta que al fin su mente se iluminó: si le decía toda la verdad, Afrodita le creería que estaba enamorado, y como tenía un enorme corazón, lo perdonaría. Respiró profundamente, buscó palabras bonitas y finalmente habló.

— No me atrevería a mirarte a la cara luego de decirte esto, pero… te lo confieso porque realmente siento algo grande por ti…

— ¡DILE LA VERDAD, ASQUEROSO! —gritó Camus, pero fue silenciado por Afrodita.

— Continúa, Máscara.

— ¿Recuerdas… aquél día… que alguien… se metió en tu habitación… mientras dormías?

— ¿POR QUÉ PREGUNTAS ESO? —Afrodita, al recordar ese hecho tan horrible, comenzó a perder la calma— ¿QUÉ TIENE ESO QUE VER?

— Hace diez años… y tiene mucho que ver…


Luego de recibir tantos golpes por parte de sus compañeros de entrenamiento, decidió encerrarse en su pequeño cuarto y no salir más de allí. Todos lo insultaban, le gritaban que era un debilucho y un afeminado, y de paso le pegaban. No le gustaba pelear, pero no tenía opción, era la única manera de ser aceptado en algún otro lugar que no fuera un hogar adoptivo. Se arropó con una gruesa cobija y trató de conciliar el sueño, cosa que le fue imposible, ya que le llegaban recuerdos de su infancia, donde fue abandonado en distintos orfanatos, luego de ser adoptado varias veces. Mientras sollozaba, pensaba en el día que recibiría su armadura, la cual le correspondía según la constelación bajo la que nació: Piscis. Tenía que ganarla a como de lugar, y sacaría fuerzas de donde fuera para lograrlo… así sería importante y nadie se burlaría de él. Tenía un amigo, o algo parecido, que, a pesar de alejarse de él en público, lo ayudaba y le daba ánimos cada vez que lo necesitaba.

¿Quién está ahí? —preguntó, al sentir una presencia. Se sentó, algo asustado, ya que nadie podía entrar a otras habitaciones luego de las ocho de la noche. Debía ser una emergencia, pero cuando se movió para encender la lámpara, alguien sujetó su mano con mucha fuerza.

Gritas y te mueres— escuchó una voz ronca cerca de su oído, nunca la había escuchado, o al menos no la recordaba— Y no es broma.

¿Quién…qué quieres? —preguntó el adolescente, muerto de nervios— Por favor… no me hagas daño…

¡CÁLLATE! —el desconocido le dio una bofetada al joven aprendiz de Piscis— ¡Acuéstate y date vuelta!

¿P-para qué? —el pequeño Afrodita de catorce años trató de descubrir al agresor, pero se encontró con que tenía guantes, lo pudo sentir luego de que éstos comenzaron a despojarlo de su ropa— ¿QUÉ HACES¡SUÉLTAME!

Si haces lo que te digo no te va a doler, así que no te resistas.

¡NO¡DETENTE, POR FAVOR!

El extraño acostó a Afrodita por la fuerza, y se sentó sobre su espalda, mientras el muchacho trataba de gritar, pero al hacerlo, fue silenciado con un fuerte puño en la boca, rompiéndole el labio inferior. Fue la noche más larga para Afrodita, fue golpeado, humillado… ultrajado… fue el peor momento de su vida, el más horrible… no podía resistirse, si lo hacía, su agresor se encargaba de torturarlo y lastimarlo, sin importarle nada, sólo se aprovechó de que era un joven indefenso….

Afrodita… Afrodita, despiértate…

El muchacho sintió la luz del sol en su rostro, había tenido una horrible pesadilla… o al menos eso parecía.

Amigo¿qué te sucedió¿Quién te hizo esto?

Afrodita abrió sus ojos, y vio a Camus, y detrás de él se encontraba el Patriarca. Ambos lo observaban fijamente. Afrodita miró alrededor de la habitación: había sangre en las sábanas, la lámpara se encontraba rota en mil pedazos, y su ropa… estaba en el suelo… estaba completamente desnudo ante los ojos de dos extraños… Y lo que pensaba que era una pesadilla, era la cruel verdad: había sido desvirgado por un extraño y no pudo defenderse.

Por favor, dinos lo que pasó, estamos muy preocupados— dijo el Patriarca, sentándose junto al niño— ¿Qué te hicieron?

¡NO PUEDE SER QUE ESTO ME ESTÉ PASANDO! —comenzó a llorar— ¡ALGUIEN SE METIÓ ANOCHE Y… Y…!

¿Y no sabes quién pudo haber sido? —preguntó el aprendiz de Acuario, de doce años.

¡NOOOO!

Esto no se quedará así— exclamó el Patriarca, bastante molesto, aunque no se podía ver nada con la máscara que cubría sus rostro— Encontraremos al culpable, Afrodita, y lamento mucho que esto haya sucedido.

El patriarca se retiró, y comenzó a indagar sobre lo que sucedió la noche anterior y a averiguar donde estaba cada uno de los habitantes del Santuario a esa hora. El aprendiz de Acuario, mientras tanto, consolaba al de Piscis, que no podía hablar más, lo que le había sucedido lo tenía asqueado, indignado y muy avergonzado.

Te prometo que un día encontraré al culpable, amigo, y le arrancaré los testículos por haberte hecho esto… no te lo mereces…

Así pasaron días, semanas, meses, y el aprendiz de Piscis no volvió a hablarle a más nadie, ni siquiera a Camus, que constantemente lo buscaba para ayudarlo, pero en vano. Su inocencia había sido arrancada de una manera violenta, y la poca alegría que le quedaba había desaparecido por completo. Con el paso del tiempo, Afrodita se convirtió en un muchacho muy apuesto, y era el centro de atención durante los entrenamientos, por su singular belleza. Se había propuesto hacerse fuerte, el más fuerte y cruel de todos, para así lograr obtener la armadura de Piscis, y convertirse en un Caballero Dorado. Y así fue, viendo en cada uno de sus contrincantes a su agresor, los atestaba de golpes, les retorcía el cuerpo, les rompía todos los huesos que podía, y su cosmos cada vez se fue volviendo más poderoso, hasta alcanzar el séptimo sentido, cosa que le dio el triunfo en su batalla final, ganando así el control de la doceava casa del Santuario, y convirtiéndose en el Caballero Dorado de Piscis. Al entrar a su nuevo hogar, lo primero que vio fue un enorme espejo, donde se observó con su armadura puesta, por largo rato.

No necesito a nadie para ser feliz… me basto yo solo— se decía a sí mismo— Soy lo más hermoso del Santuario y por eso todos me envidian… ¡Jajaja!

Lo demás es historia.


— ¿P-por qué dices que tiene mucho que ver…? —preguntó Afrodita, temiendo lo peor.

— El que se metió en tu habitación esa noche… —Máscara miró al suelo, con ganas de estallar en mil pedazos— Fui yo… yo… fui quien te hizo eso.

Camus lo miró boquiabierto: lo había confesado, sin pensarlo mucho le dijo toda la verdad a Afrodita… ¡Entonces realmente lo quiere!

— No p-puedes… no puedes estar hablando en serio… no… no te creo nada… —Afrodita se estaba alejando lentamente, temblando de terror— yo… yo te amo, Máscara, no me hagas este tipo de bromas, por… por favor… Camus, eso no era lo que me ibas a decir¿verdad?

— Lo lamento tanto…

Afrodita se detuvo, y miró a Máscara Mortal fijamente. No podía creerlo, amaba al italiano con todas sus fuerzas, con toda su alma, y ahora que se habían declarado sus sentimientos pasaba esto… esa herida aún no sanaba del todo, juró torturar al culpable, hacerlo sentir lo mismo que él sintió, pero nunca se imaginó que era el amor de su vida el culpable de ese hecho tan repugnante que le causaba pesadillas, que le erizaba la piel con sólo recordarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas, primero estaba plenamente feliz de que Máscara correspondiera a sus sentimientos, y ahora estaba devastado por enterarse de el mismo fue quien abusó de él hace diez años.

— ¿CÓMO ES POSIBLE QUE ME HAYAS DICHO TODO ESO, SIENDO TÚ EL ASQUEROSO QUE ME VIOLÓ! —gritó el sueco golpeándolo en la cara — ¿CÓMO TE ATREVES A MIRARME A LA CARA, A DECIRME QUE QUIERES BESARME, LUEGO DE QUE ME ARRANCASTE LA ROPA Y ME OBLIGASTE A SER TUYO?

— ¡Cálmate, deja que yo me encargue!

— ¡NO CAMUS, ESTO NO TE CORRESPONDE! —gritó el pisciano, con su cara roja de coraje— ¡VETE, POR FAVOR!

— Afrodita, no vayas a cometer una locura, estás muy --

— ¡QUE TE VAYAS TE DIGO!

Camus obedeció, sería mejor no intervenir. Sin embargo, se mantuvo cerca del lugar para acudir por si sucedía algo grave.

Máscara no podía asimilar el poder que ejercía Afrodita sobre él, en su vida había sido sincero, y jamás hablaría para perjudicarse a sí mismo. El muchacho le había ablandado el corazón de piedra que tenía, y no se hubiese esperado que algo así le sucediera.

— Tienes todo el derecho, puedes matarme si así lo deseas, no tengo excusas para lo que te hice.

— Sólo quiero preguntarte… ¿por qué?

— Estaba loco, no lo sé— Máscara miró el rostro de Afrodita, que reflejaba mucha rabia y tristeza— ¡era un imbécil en aquellos tiempos!

— A mí me parece que lo sigues siendo— dijo Afrodita muy rudamente— No tienes idea de lo que sufrí, no tienes idea de lo que sentí. Me convertí en Caballero para torturar al que me hizo eso, y ahora me entero de que eres tú, a quien menos quisiera lastimar en el mundo… no sé… — el sueco no pudo más y se desarmó frente a Máscara Mortal, cayendo de rodillas y golpeando el suelo— no sé por qué… tuve que enamorarme de ti… no sé por qué la vida me juega tan suciamente…

— Lo siento… por favor, perdóname…

— ¡NO¡NO VOY A PERDONARTE MÁSCARA¡NO ENTIENDES COMO ME SIENTO POR TODO ESTO! —gritó el pisciano desde el piso, comenzando a llorar— ¡QUISIERA MATARTE, QUISIERA HACERTE SUFRIR LO QUE YO SUFRÍ!... pero te amo demasiado para hacerte daño…

— Dime lo que quieres que haga, y lo haré— musitó el italiano poniéndose a la altura del muchacho de cabello turquesa— Lo que sea que me pidas.

— Quiero… quiero que nunca… que nunca más… — se levantó firmemente y miró a Máscara a los ojos— Que nunca más te acerques a mí… que no me hables, que no me mires… no… quiero volver a saber nada de ti.

— ¡NO PUEDES ESTAR HABLANDO EN SERIO!

— Si permito que estés cerca de mí vas a seguir haciéndome daño, y yo no soy tan fuerte para aguantar tantas decepciones…

— ¡Por favor, no me hagas esto! —rogaba Máscara sintiéndose lo peor del mundo— ¡Gracias a ti he cambiado, he aprendido a ser más humano!

— ¡UNO NO CAMBIA DE UN DÍA PARA OTRO¡Y AGRADECE QUE TENGO CORAZÓN SUFICIENTE PARA NO ATACARTE CON MIS ROSAS PIRAÑA! —gritó Afrodita yéndose— ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE, ASÍ QUE MANTENTE LEJOS!

El muchacho se fue, y Máscara sintió cómo lo poquito de esperanza que tenía de ser perdonado, se desvanecía como humo. Es cierto, las personas no cambian de la noche a la mañana, pero lo que nadie sabía, era que Máscara había cambiado su manera de pensar desde hacía tiempo, pero no quería mostrarlo, no quería sentirse vulnerable al hablar de sus sentimientos, al ser abierto. Se dio el lujo de enamorarse de un hombre excepcional, como lo era el Caballero de Piscis, sin embargo, sabía que no era digno de algo tan hermoso, y no entendía por qué fue tan estúpido y retardado de adolescente, hasta llegar al punto de abusar de un pobre muchacho que no se sabía defender. Se sentó en un pequeño banco, necesitaba pensar; se sentía verdaderamente mal: estaba contento por estar a punto de comenzar una relación con Afrodita, y ahora, por un grave error cometido en el pasado, había perdido para siempre una oportunidad para amar y ser amado.


Camus, que estaba en el pasillo contiguo al vestíbulo donde se encontraba su amigo con Máscara Mortal, lo vio salir rápidamente, pero pudo alcanzarlo.

— Afrodita¿qué sucedió?

— Esto es demasiado para mí Camus, es demasiado.

— ¿Puedo hacer algo por ti?

— Dime¿crees que en serio me ame?

— No estoy seguro— contestó el acuariano— el que te haya contado toda la verdad me hizo dudar, pensé que quería burlarse de ti pero…

— Tú lo odias¿no es así? —dijo Afrodita— Nunca lo has soportado.

— Pues sí, pero el muy imbécil sólo está haciéndose el malo, cuando en realidad es un tonto que carece de personalidad— Camus apoyó su mano sobre el hombro de su amigo y compañero de lucha— ¿Lograrás perdonarlo?

— No lo sé, sé que fue hace tiempo, y que en ese entonces disfrutaba lastimar a las personas, y matar si le daba la gana, pero… mi mente no me deja pensar.

— Tienes que descansar, es lo mejor.

— Sí, es lo mejor— afirmó el sueco— Gracias, Camus.

— ¿Irás a la reunión de Mu?

— No lo sé, no tengo ganas.

— Está bien, mañana te contaré sobre lo que nos dijo— sonrió Camus— Que duermas bien.

— Lo dudo, pero lo intentaré.

Los muchachos se separaron, Afrodita se encaminó hacia su casa, y Camus regresó al vestíbulo donde se encontraba Máscara Mortal. Éste lo recibió con una mirada llena confusión, aún sentado en el mismo lugar.

— ¿Vienes a hacer lo que no hizo Afrodita?

— Vengo a decirte que hagas lo imposible por que te perdone— dijo el francés— Lleva mucho tiempo queriéndote, y no puedo permitir que siga sufriendo por ti.

— ¿TÚ me estás diciendo A MÍ que luche por Afrodita? —inquirió Máscara atónito— ¡Si dijiste que no lo merezco!

— Y aún lo mantengo. Sin embargo, él merece ser feliz, y lamentablemente lo será si siente que tú en realidad lo quieres como dices…— Camus se volvió para irse, pero antes le dijo al italiano:— Además, será mejor que dejes de esconderte detrás de esa estúpida imagen de duro y malvado, ya estás muy viejo para eso y no te luce.

— ¿Por qué no te callas? —Máscara se levantó de su asiento, comenzando a enfadarse— ¡Déjame en paz!

— Lo haré cuando vea que Afrodita se recupere de su nueva depresión— dicho esto, el Caballero de la onceava casa se marchó, y Máscara se volvió a sentar en su banco.

— Este idiota está loco, pero le haré caso… debo recuperar al amanerado ese a como dé lugar...