Doce Corazones
Capítulo XIII
El Amargo Sabor de la Alevosía
(Escorpio)
Por Anako Hiten
ADVERTENCIA:CONTENIDO YAOI – LEEMON
Otra fría noche otoñal tenía lugar, y Kanon se encontraba bebiendo chocolate caliente sentado en su cama, con una simpática pijama blanca de ovejitas que le había regalado su hermano por meras ganas de fastidiarlo. A parte de la pijama, también llevaba unas gruesas medias de lana, y se cubrió desde la cabeza hasta la cintura con un pesado edredón de colores. Cualquiera que lo viese pensaría que estaba en el Polo Norte. Mientras terminaba su gigantesca taza de chocolate, apareció Saga en la habitación, y parecía enojado.
— ¡Oye, oye, oye¡Sólo te falta la espuma saliendo de tu boca!
— ¿No crees que exageras abrigándote tanto? —contestó Saga cambiándose de ropa.
— Tengo frío, no molestes— se defendió el menor— ¿Me vas a decir la razón de tu cara rabiosa?
— ¡Estoy cansado de que Aioria se la pase tratándome mal por culpa de Shura! Dos semanas¡DOS SEMANAS aguantándome los "empujones accidentales" y mala cara de Aioria, a parte de sus pesadas bromas que ya me están agotando la paciencia!
— …como si tuvieras…
— ¿QUÉ DIJISTE?
— ... ¿Y Milo?... —Kanon quiso cambiar el tema para no recibir la intensa cólera de su gemelo.
— ¡Ése imbécil! —bufó Saga con el ceño fruncido— Cada vez que piensa que no lo veo, va y se manosea con Camus... ¡A ver si vigilas a tu noviecito!
— No seas dramático, ellos siempre se juegan así, Saga— lo calmó Kanon mientras le pasaba el peine— Camus siempre me pregunta si me molesta, pero a mí no me importa... yo me la paso en la casa de citas y no se molesta. ¡Soy muy popular entre las chicas de la cuidad!
— ¡No tienes remedio! Y no entiendo por qué vas a ese lugar.
— Porque también me gustan las chicas, hermanito— dijo Kanon burlonamente— No soy como tú¡que pareces una!
— ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO¡NO ME ESTÉS LLAMANDO AFEMINADO, IDIOTA!
— Tú solito te estás enterrando, Saga. En ningún momento dije afeminado, pero gracias por decirlo por mí.
El mayor miró a su gemelo, algo molesto, o mejor dicho MUY molesto.
— ¡Soy muy cambiante y alterable, eso lo sabes!
— No, hermano— lo contradijo el menor— eres tan sentimental como Afrodita, pero tratas de ocultarlo, y solamente te desahogas conmigo. ¡Si lo hicieras con los demás dirían lo mismo¡Eres un llorón de primera categoría!
— Si te molesta que me desahogue con mi hermano menor deberías decírmelo— Saga iba a irse, pero su hermano se encaramó sobre su espalda y comenzó a gritar:
— ¡NO TE ENOJEEEEES¡YO TE QUIERO MUCHOOOOOOOOOOOOOOO!
— Dolió, hermano…
— Perdóname¿sí? Pero es que ¿sabes? Los demás piensan que eres insensible, y muy duro ¡y eres más suave que una nubecita!
— ¡Deja las idioteces!
Saga se quitó a Kanon de la espalda y se sentó en la cama. El antiguo Dragón Marino se arrojó a la cama y le revolvió los cabellos.
— Adoro los momentos en los que te desahogas conmigo, hermano, porque soy el único que ve tu lado tierno, sensible… soy el único que sabe cómo eres realmente. Nunca pensé que compartiríamos tanto como lo hacemos ahora… si quieres compartir algo, que sé que sí, hazlo, estoy a tu disposición.
— Es el imbécil de Milo… siento que no soy suficiente para él, que no sé complacerlo como Camus lo hacía...
— ¡Es que eres demasiado pasivo! —exclamó Kanon quitándole el peine y lanzándolo a otro lugar— ¡No tomas la iniciativa con él!
— Por lo que veo, Juana de Arco te ha arrastrado hacia sus morbosidades...
— No es eso, hermano —Kanon se levantó de la cama, lanzó el edredón lejos y haló a su hermano— Ven¡voy a arreglarte y correrás a la casa de Escorpio, te le lanzarás encima, sin besos ni nada e irás directo al grano!
— ¿QUÉ?
— Sí, y para ponerle más emoción hálale el cabello, muérdelo, maltrátalo¡así sabrá quién es el que manda!
— ¿T-tú haces todas esas cosas... hermano? —preguntó Saga sorprendido por escuchar tantas atrocidades de la boca de su hermano.
— Jaja... no... Yo no soy como tú— sonrió el menor— Tú eres imponente, agresivo ¡y te encanta que te obedezcan¡Es un rol perfecto para ti!
Kanon continuó sonriendo maliciosamente, y le despeinaba la cabellera a su hermano mayor, dándole un toque salvaje, y luego soltó los cordones que ataban el cuello de su franelilla(1), dejando una pequeña parte de su pecho al descubierto y haciéndolo lucir muy seductor.
— ¡DIOSES¡ARDES EN FUEGO! —exclamó Kanon viendo su obra maestra— Hasta a mí me encantaría ser maltratado por ti¡con esa pinta no hay quien te resista!
— ¡Cállate, asqueroso! —exclamó Saga enfadado.
— Es el arma secreta de Géminis... ¿entendido?
— ¿Arma secreta?
— Yo mismo usé esta pinta y créeme que funcionó de maravilla. Es como si tuvieras un cartel que dice "sexo salvaje gratis"¡Jajajaja!
— ¡ERES UN PERVERTIDO!
— ¡DIME ENTONCES QUE NO TIENES GANAS DE HACERLO!
Saga se dio la vuelta y se fue, y mientras salía del templo, escuchaba las carcajadas de su hermano, burlándose de él.
Llevaba varias noches observando el pequeño frasco. Ahora estaba listo, sólo tendría que colocar unas cuantas gotas; honestamente no se creía capaz de cometer una locura como esa, pero... necesitaba comprobar si esa sustancia servía, y qué mejor que usar a su antiguo amante. Además, podría juguetearse un buen rato con él...
— ¡Milo¿Qué tanto estás haciendo?
Se decidió finalmente: colocó tres gotas en uno de los vasos y revolvió bien el jugo.
— Espero que a Saga no se le ocurra venir —pensó, pero luego bajó la mirada— No... él nunca viene...
— Dicen que si le das esto a tu pareja funciona como un fuerte afrodisíaco...
— Yo no lo compraría, lo mezclan con una droga que te deja alelado, y as¡ se aprovechan del momento de debilidad.
No entendía de qué rayos estaban hablando aquellas personas, era la primera vez que se encontraba en una tienda naturista. ¡Esas ideas locas de Aioria!
— Joven¿necesita ayuda? —le preguntó una muchacha que llevaba un montón de pulseras y collares largos, así como una falda holgada y unos lentes que ocupaban la mayor parte de su cara: parecía una de esas llamadas "brujas modernas". Milo la observó bien, y luego al lugar.
— Necesito... necesito... una... una infusión tranquilizante...
— ¡Ah, por aquí...¿De qué la desea?—dijo la muchacha llevándolo por un pasillo.
— Pues… no recuerdo lo que me dijo Aioria…— musitó Milo tratando de recordar.
— ¿Aioria¿El hombre misterioso de ojos verdes y excelentes pectorales? —preguntó la encargada sorprendida— ¿Lo conoce?
El escorpión miró la variedad de infusiones, tratando de recordar lo que le habían pedido, e ignorando la pregunta de la encargada.
— ¿Jengibre? —Milo esbozó una sonrisa muy malévola, y tomó una bolsita— ¡Me llevo ésta!
— Esas raíces no tienen nada de tranquilizantes, joven, pero... —la muchacha miró la sonrisa demoníaca de Milo y prefirió no hablar más— ¿Desea alguna otra cosa?
— No gracias... —repitió Milo apurado por irse y vengarse de su mejor amigo por mandarlo a una tienda de brujas.
Sin embargo, la joven necesitaba vender un producto que recién le había llegado, así que, tragándose su miedo hacia el Caballero, se lo ofreció.
— Antes de irse quisiera comentarle algo, joven: tenemos un nuevo producto— le dijo la muchacha mostrándole una botella, la misma de la que las otras dos personas estaban hablando— Es un afrodisíaco que hace que su pareja haga prácticamente lo que usted le pida...
— Ya... me voy... —dijo el hombre, muriéndose por saber si eso era cierto.
— ¿No tiene la atención que se merece¿Quiere que su pareja lo consienta... lo mime? —exclamó la muchacha, quería vender las benditas gotas y Milo parecía un buen prospecto— ¡Este es el remedio! Tres gotas mezcladas con agua o jugo y en cuestión de segundos se verá el efecto!
Milo dudó, tenía problemas en la cama con Saga... y esa "medicina" se escuchaba muy bien. Su curiosidad finalmente despertó y quiso saber más.
— ¿Y si mi pareja no accede a beberlo?
— No tiene por qué saberlo— sonrió la chica— El sabor de este milagro es neutro, pero hay que tener mucho cuidado con la dosificación. Son sólo tres gotas al día. Y debe tomarlo sólo cuando sea necesario.
— ¿Y los efectos secundarios?
— En dosis normales no se presentan, pero en caso de sobredosis puede aparecer una gran ansiedad, y en algunos casos hasta desmayos.
Milo lo pensó bien... si no se pasaba de la dosificación todo sería genial, pero necesitaba saber más, no iba darle a su Saga algo que pudiera hacerle daño.
— ¿Y qué es esto, exactamente¿Una droga, o algo así?
— Muchos lo confunden con una droga, hasta la llaman la droga erótica, pero no lo es— explicaba la muchacha— Es el extracto de una planta que se halla en el fondo del océano índico, muy rara en su especie y de un extraño pero brillante color rojo. Su perfume al molerlo es muy fuerte, que al ser aspirado produce una sensación de deseo sexual inmediata. Por ello es mezclado con otras sustancias que suavizan sus efectos, incluyendo flores de mejorana y raíz de valeriana, que producen los efectos calmantes que hacen a la persona casi sumisa ante los deseos de su amante.
Eso era todo lo que tenía que saber. No dudó más y se llevó un frasco. Una ayudita extra para su relación con Saga no le vendría mal.
— ¡Gracias señorita! Me será muy útil— dijo Milo muy contento— Espero que funcione, a ver si acelera a mi Saga…
Salió con ambos vasos a la sala, donde Camus lo estaba esperando para charlar.
— Entonces... ¿cómo va todo con Saga? —preguntó el acuariano bebiendo un sorbo del jugo.
— No muy bien, Camus— contestó desalentado el Escorpión— Siento que ya perdimos la chispa... creo... que no le gusta tener relaciones conmigo.
— ¿Qué estás diciendo¡Si a medianoche siempre vas y te lo coges!
— S, tienes toda la razón ¡YO lo hago todo!
— No tienes... no tienes... —Camus parpadeó un par de veces, y su visión se volvió borrosa por unos instantes— ¿Por qué no le pides que te tome, si es tan pasivo?
— ¡No va a hacerlo! —se quejó Milo— Siempre que le hago una propuesta diferente me responde con mala cara¡todo es no, y que pareciera que lo único que tengo en la mente es el sexo!
— Pues parece que tiene razón— dijo Camus por lo bajo.
— Si me acostara con otro no creo que le molestaría. Sólo me tiene porque no quiere estar solo...
— Saga es muy celoso, Milo— dijo Camus— Perdería completamente el control si te viera en plena acción con otro. ¿Y si viniera ahora? El simple hecho de verte solo conmigo lo sacaría de sus casillas y te haría una escena de celos inimaginable.
— El nunca viene— respondió Milo algo afligido— Sólo viene en las mañanas a tomar café y a charlar.
— ¿Te ha dicho que te quiere?
— Un par de veces, pero dudo que sea cierto— Milo escondió su rostro entre sus manos, la conversación estaba tomando un giro que lo estaba deprimiendo.
— ¡Ya te me pusiste triste! —dijo Camus tomándolo por los hombros— ¿Cómo no va a quererte, si eres tan dulce?
— Creo que el único que realmente disfruta conmigo eres tú, Camus...— dijo Milo tratando de pensar en otra cosa... hasta que recordó¡realizar la prueba de "control de calidad"!...
— ¿Por qué lo dices? —preguntó el francés sintiendo unas repentinas ganas de ir a la casa de Géminis y "tener algo de acción" con Kanon— No sé por qué siento que quieres hacerlo ahora...
— ¿YOOO? —exclamó Milo haciéndose el inocente— Lo único que quiero de ti es un masaje en los hombros... estoy tan tenso...
— Como quieras, amigo— dijo Camus animosamente, sin saber que su lindo amiguito venenoso le estaba tendiendo una trampa. Se levantó y se colocó detrás de Milo, luego con sus manos comenzó a masajear la nuca del muchacho, y continuó bajando hasta su espalda.
— Creo que me debería quitar la camisa, no siento tus manos...
El muchacho de ojos aguamarina se despojó de su franelilla, dejando su espalda desnuda ante los ojos de su amigo, quien continuó con los masajes.
— Oh, Camus... qué... bien se siente... sigue... así...
Camus comenzó a excitarse por escuchar los gemidos del Escorpión, no quería sentirlo, no sabía por qué pero tenía unas gigantescas y poderosas ganas de tirarse a alguien. Pensó en Kanon nuevamente, pero la voz de Milo lo desconcentraba.
— Camus... ohhh... mmm... sí...
Necesitaba hacerlo, no podía más... estaba empalmado, y los grititos del Escorpión no ayudaban... sólo le echaban más leña al fuego.
— Tienes las mejores manos del mundo... Camus... oh Camus... sigue Camus...
El acuariano hizo caso, y continuó con su tarea, pero en lugar de utilizar las manos, dio lugar a su hiperactiva lengua. En ese momento Milo supo que las gotitas eran efectivas, así que decidió detener el juego.
— Ah.. eso está mucho mejor... ¡Gracias!
El francés no hizo caso, y continuó, esta vez mordiendo las orejas del Escorpión. Éste se puso de pie y se volteó para quedar cara a cara con Camus.
— Voy un momento al baño, ya regreso— dijo Milo, dejando a un cachondo Camus en la sala del templo de Escorpio.
Éste, luego de que su amigo se fuera al baño, decidió esperarlo en su habitación. Estaba muy prendido y no iba a irse sin que le apagaran el fuego. Al salir del baño, Milo fue agarrado por la cintura y lanzado a la cama. El Escorpión decidió continuar el juego¿qué más daba? Al final Saga no iba a enterarse...
Mientras subía las escaleras, pensaba en como irrumpir en la casa de su insaciable escorpión. Lo amaba, pero comenzaba a darse cuenta de que no tenían nada en común: él era celoso y posesivo, en cambio Milo era coqueto y nunca le pedía explicaciones, como si no le interesara lo que hiciera. Casi todas las noches, Milo se metía en la habitación de Saga y lo hacía suyo, pero su relación rápidamente se convirtió en una aburrida rutina y se estaban cansando. Sin embargo, todo sería diferente ésta vez. Iba, en pleno comienzo de la noche, a la octava casa del Santuario, tomaría violentamente a ese escorpión y lo haría suyo de una vez por todas. Sólo le faltaban dos escalones...
— Espero que estás allí¡grandísimo pervertido!
...Un escalón...
— ¿Donde estará?
... sala de la casa de Escorpio...
— Debe estar echado como inútil... —se despeinó un poquito más el cabello y colocó su mano en la manilla de la puerta de la habitación— ¡Vamos a ver qué dices de es--...¿QUÉ DEMONIOS!
Se detuvo en seco al ver tan repugnante escena.
— ¡S-s-saga! —chilló Milo levantándose, e inmediatamente se tapó con una sábana.
— Esto no es nada bueno...— se dijo Camus en voz baja mientras se levantaba a buscar su ropa.
— ¡LO SABÍA¡NO ERES MÁS QUE UN MALDITO MENTIROSO! —gritó Saga sintiéndose completamente humillado— ¡Continúen, no se preocupen por mí!
— ¡Espera, Saga!
Muy tarde: Saga se había ido. La furia que recorría su cuerpo hizo que encendiera su cosmos, por lo que se fue a la velocidad de la luz, y Milo no pudo seguirlo.
— No puede ser... pero... ¿qué venía a hacer a esta hora? —se preguntó Milo aún en su posición— No entiendo...
— Es obvio, Milo. Venía a hacer lo que YO estaba haciendo— contestó Camus.
— Eso no es posible... en nunca viene a esta hora, y ¡mucho menos a hacerlo conmigo!
— ¡Que sí, te digo! Venía con los cabellos alborotados y los cordones de la camiseta desatados. Ese estilo extraño de arreglarse me lo mostró Kanon la primera vez que se dignó a hacerme el amor...
— No... no es cierto... si venía a hacerlo entonces... entonces...
— ¡Sí, lo arruinaste! —se burló camus terminando de arreglarse— Será mejor que me vaya... ¡ya me siento mejor!
— ¿Eh?
— No te hagas el tonto... —Camus paseó una de sus manos por la mesa de noche de Milo y abrió una de las gavetas. De ésta sacó una caja de madera de tamaño mediano y la abrió. Milo se asustó ante ello y trató de quitarle la caja.
— ¿Qué haces¡Deja mis cosas!
— ¿Por qué tan nervioso? —Camus rebuscó hasta encontrar algo oculto en papel de periódico— ¿Por esto?
Camus había conseguido el frasco de la tienda naturista y se lo mostró al Escorpión. Éste sólo tragó saliva.
— Te conozco como la palma de mi mano, y sé que a veces puedes llegar lejos sólo para satisfacer tu curiosidad¡pero esto es el colmo! —con su mano, el acuariano rompió la botella— Lo dejo pasar porque sé que tendrás graves problemas por esto.
— Yo... lo siento...
Camus se dio la vuelta, pero antes de irse miró a Milo de reojo— Ni se te ocurra volver a utilizarme de conejillo para probar tus experimentos... Espero que puedas salir ileso de esta, aunque lo dudo... esta vez te pasaste...
El francés se fue, dejando a Milo patitieso en su recámara. Vaya que Camus tenía razón, había metido la pata, y bien metida, porque ahora no sólo tendría problemas con Saga, sino con su buen amigo Camus. No podía creer que fuese tan tonto, se había dado cuenta de que le puso algo a su bebida. Se molestó consigo mismo, y se sentó a pensar en qué le diría a Saga; no le iba a ser nada fácil explicarle el motivo por el que estaba en la cama con su ex amante.
Por su lado, Saga estaba hirviendo de coraje y celos, lo que había visto en la casa de Escorpio aclaró sus dudas: Milo sólo quería llevarlo a la cama para probar sus habilidades.
— Sigues queriendo a Camus... debí saberlo...— mascullaba el geminiano— ¡Pero esto no se quedar así! Shura... voy a tomarte la palabra...
