DOCE CORAZONES

CAPÍTULO XV

Fuera de Control

Atravesando la casa de Cáncer se encontraba Camus, y al llegar a Géminis el hombre de largos cabellos cobalto llamó su atención. Estaba de espaldas asomado en el ventanal del templo y su melena ondeaba al compás de la brisa. Lo observó de pies a cabeza y pensó para sus adentros

—*Son dos gotas de agua…*

— ¿Buscas a Kanon? —la voz de Saga lo extrajo de sus cavilaciones— Él no está aquí.

— Es hora de la cena, voy de bajada— el francés esperaba que el mellizo se volteara a verle, pero imaginaba que aún no quería verle a los ojos— Oye, Saga… ¿no te gustaría hablar?

— ¿Hablar de qué?

— Pues, quizás del clima, o de los escorpiones…

— ¿Y por qué debería yo contarte mis asuntos? —le contestó Saga, agravando involuntariamente su tono de voz— ¿Para que corras a decírselo a tu amiguito Milo?

— No hables como si fuera un adolescente, además, ¿debo recordarte lo que me hizo a mí también?

— Es una basura —gruñó el geminiano cruzándose de brazos.

El acuariano negaba con la cabeza, cerrando sus ojos.

— Con quien quiere estar es contigo —dijo Saga finalmente volviéndose hacia Camus— Quería comprobar si yo estaría a tu nivel pero no lo logró.

— Se sentió despreciado en cierta manera. Para él, estar enamorado y compartir en la intimidad es la máxima expresión de amor— explicó Camus sentándose en el ventanal, junto a su compañero— Y según él no le demostrabas afecto; se abatió porque pensaba que no le interesabas físicamente, pensó que no lo amabas.

— ¿Es tan imprescindible para él? —se quejó el más alto— Además, ustedes se poseían el uno al otro constantemente, ¿que mayor expresión de amor que esa?

— Milo disfruta tanto conmigo porque soy el único que conoce sus puntos débiles y porque lo disfruto igual que él. Tú nunca trataste de consumar esa conexión.

— ¡Porque no me baso en lo carnal, Camus!

— No trataste de entenderle, comprender su manera de expresarse, así el hubiese cedido y entender tu lado sentimental, pero ni tú ni él cedieron… — Camus se rascó la nuca— No sé si me entiendes, Saga: Tu manera de expresar tus sentimientos es a través del corazón, de las acciones; la de Milo es netamente física, porque no conoce de otra… ¿me entiendes?

— Supongo… que se volvió todo en una insípida rutina… —dijo el geminiano— pero ya es muy tarde. Él sigue su camino y yo el mío.

Camus lanzó una irónica carcajada.

— ¡Ja! ¿De qué diablos hablas si los dos están estancados en el mismo agujero! Por el amor de Athena, Saga, no me creo que lo vayas a dejar así.

— Agradezco tu intento, pero Milo y yo no somos compatibles, eso es todo- sentenció el ojiverde cerrando los ojos con resignación.

— Milo es un hombre increíble si sabes entenderlo, así como sé lo enorme que es tu corazón— dijo el francés retomando su camino hacia el comedor— a pesar de ser un Caballero que lucha por la paz y todo eso, eres un ser humano… no te niegues a sentir y a querer.

Saga volvió a mirar por el ventanal, mientras su compañero de armas se marchaba. Suspiró pesadamente y dio la espalda al paisaje, podía sentir el clima de invierno haciendo acto de presencia.

Decidió bajar a cenar con sus colegas, al tanto que evocaba todos y cada uno de los hechos desde la segunda oportunidad de vida que les brindó Athena, hasta los presentes momentos. Su diosa les recompensó de la manera más majestuosa: devolverles la vida como santos atenienses, libre de guerras santas por varios años. Entrenaban fuertemente a diario pero se permitieron a sí mismos ser un poco más humanos, y con esto forjaron amistades, aventuras, experimentaron diversión y algo de libertad, todo aquello que no les era permitido en otros tiempos.

Al principio la furia se adueñó del espíritu de Saga, nunca pidió regresar a la vida, vida que él mismo decidió terminar ante su diosa, tras el espantoso trastorno de personalidad que le llevó a prácticamente destruir el Santuario. Se negaba volver a vivir con esa querella mental que le desgarraba el alma, por este motivo no quiso poner un pie fuera de su casa por una temporada. Su sorpresa fue cuando tiempo después no sintió ni una pizca de inseguridad y todo el santuario clamaba su presencia, lo adoraban, como lo habían hecho en el pasado, cuando era el benévolo y poderoso Caballero de Géminis, antes de transformarse en un asesino con doble personalidad. Poco a poco aprendió a sonreír y el hecho de no tener que cargar con un alter ego era estupendamente nuevo.

Hasta que su hermano reveló síntomas que le eran repulsivamente familiares.

La reciente muerte de Shaka le había afectado, con ello se dio cuenta de que Kanon estaba padeciendo el mismo problema que le llevó a él mismo al suicidio. Luchaba por impedir a toda costa que su gemelo tuviese que lidiar con algo tan macabro y martirizador, mas su interior le afirmaba con pesadumbre cómo terminaría todo.

Apretó sus nudillos y se juró a sí mismo proteger a Kanon a cualquier precio.


Ya había culminado la cena, prologada debido a la demora de Dohko en volver con comida italiana preparada. Faltaban los primeros dos guardianes y, uno de los gemelos. El caballero dorado de Piscis se extrañó ante los puestos aún vacíos.

— Aldebarán nunca suele faltar a las comidas, ¿dónde estará?

Aioria olvidó por completo mencionar el incidente previo a la cena– ¡Cierto! Él se llevó a Mu, perdió el conocimiento de la nada, voy a ver cómo sigue.

— Te acompaño, Aioria— sugirió Saga, y ambos emprendieron camino a Aries. Al llegar presenciaron un escenario que los dejó atónitos.


Aldebarán llevaba a Mu en su espalda, y al llegar a la casa de éste, divisó una figura de cabellos grises y ojos inyectados de sangre reclinado en un pilar.

— ¡Kanon! Dijiste que habías logrado controlarte, ¿qué demonios buscas ahora?

— Tú sabes lo que busco, Tauro… — dijo soltando una media sonrisa macabra— ¡el santuario será sólo mío! Y tú, mi estimado caballero, vas a ayudarme.

— A quien ayudaré será a Mu, que por si no ves, está inconsciente, voy a atenderlo, ¡así que apártate!

El caballero de Tauro se encaminó al interior del templo y el ahora maligno mellizo lo miraba desdeñosamente

— Mu esta así porque yo lo decidí –de su puño salió un hilo del luz que atravesó la cabeza del pelilila, despertándolo en el acto— El pobre estaba tan, pero tan triste por la muerte de su buda, que fue sencillo apoderarme de su mente para que luchara para mí, ¿no es así, Mu?


Se regocijaba de una noche agitada en Acuario y se sentía en el cielo, hasta que algo vibró en su interior y no fue precisamente por placer. Un sabor metálico se apropiaba de su boca y un dolor agudo le perforaba la cabeza. Su visión se nubló. Dejó a su amante patidifuso cuando se marchó sin decir más que un "Lo siento, es tarde" y se marchó a su casa.

Trató de ocultar su cosmoenergía todo lo que le era posible. Se tranquilizó un poco y a la mitad del camino, en la sexta casa, vio al santo de Aries barriendo las escaleras, y quemando incienso en la entrada. A Kanon le pareció que era demasiado tarde para una limpieza.

— Mu…

— … — no había respuesta, ni siquiera levantó la cabeza

— Eh… ¿Mu?

El mencionado alzó la vista y se encontró con el peliazul, sorprendido.

— ¡Kanon! Lo siento, no sentí tu llegada— dijo con voz apagada— ¿qué te trae por aquí?

— Vengo de casa de Camus, Mu –le respondió entrecortadamente— ¿No crees que es muy tarde para limpiar? Además la casa de Shaka no necesita que le pases una escoba…

Se dio cuenta de su indiscreción.

Mu miró hacia la nada y sonrió tristemente. Se veía perdido.

—Me afecta mucho, es algo normal. Pero es que… Athena nos revivió y él…

— Lo siento, Mu – La voz de Kanon se enronqueció al hablar y su cabeza comenzó a doler de nuevo.

"Su mente está débil, úsalo, ¡úsalo para ti! Hazlo tu guerrero, los otros no se darán cuenta".

Kanon obedeció a su ronca voz interior y apuntó a Mu con un puño –¡Amigo Mu… voy a quitar tu dolor! Ahora no tendrás sentimientos, serás mi soldado de guerra ¡Satán Imperial! –del puño salió un haz de luz que atravesó el cráneo del ariano, quien al recibirlo, quedó paralizado con los ojos abiertos de par en par y las pupilas dilatadas— Ahora vas a ir a Tauro, y te desharás de Aldebarán. Desaparécelo, Mu, ¡HAZLO YA!

Se retorció con mucha fuerza, como si tratase de liberarse de un amarre. Trató de mover los brazos a voluntad, al igual que a sus piernas, que comenzaban a caminar para bajar escaleras. Hizo algo muy arriesgado y empleó una potente técnica telepática en sí mismo para contrarrestarlo. Esto chocó contra el Satán Imperial de Kanon y generó una especie de corto circuito que le apagó el cerebro y cayó inconsciente.

Kanon, obligándose a volver en sí mismo, salió corriendo con Mu en brazos y lo dejó en su templo, no quería que nadie se enterara de lo ocurrido.

A los pocos días, vio que el menor parecía haber perdido la memoria o parte de ella, al igual que su capacidad de comunicación, no hablaba con nadie más allá de la cortesía, sólo entrenaba, comía y se iba a dormir. Había creado un caos en su mente y no podía ayudarlo, y su lado maligno le impedía decírselo a otra persona.


No sabía qué pensar o qué decir: Mu estaba en posición de ataque con los ojos opacos, y Kanon sólo sonreía victorioso. Se notaba que Mu forcejeaba consigo mismo para no atacar a su camarada pero estaba bajo uno de los más poderosos ataques telepáticos existentes.

— ¡Re-red de… Cristal! –exclamó entre dientes, lanzando una esfera cósmica hacia Aldebarán, que lo envolvió por completo para luego transmutarse en una fina y brillante red y le imposibilitó moverse.

— ¡Mu, basta! ¿Qué estás haciendo?

— La única manera que tiene de deshacerse de mi poderosa técnica, es cumpliendo lo que le he ordenado— expuso Kanon caminando hacia el carioca— ¡Y eso significa que debe eliminarte de mi camino, grandísimo estorbo! ¡JAJAJAJA!

Con sus ojos aún rojos, Mu se forzó otra vez a pensar y se dio cuenta que podía hacer algo para engañar la táctica de Kanon. Si era deshacerse de Aldebarán, desaparecerlo, sacarlo del camino, entonces su poder de teletransportación funcionaría a la perfección.

Extendió sus manos hacia los lados, temblorosamente, y creó dos esferas de luz las cuales, al juntar sus manos, se concentraron como un luminoso grupo de pequeñas estrellas, haciendo levantar polvo y piedras del suelo, y absorbiéndolas como un agujero negro.

— ¡Extinción de Luz Estelar!

— ¡Mu! ¡No lo hagas! ¡REACCIONA! –Aldebarán no lograba liberarse, la Red de Cristal era indestructible y su colega estaba fuera de sí.

— Per…dóname… amigo…— El ariano apretó los ojos y lanzó la conglomeración que tenía entre sus manos, hacia el Caballero de Tauro, envolviéndolo en la cegadora luz de su poder, y disolviendo así su imagen, su cuerpo, todo, como si se lo tragara dicha luz.

Al desaparecer el guardián de Tauro, Kanon divisó a Aioria, en posición de ataque, y a nada menos que su mellizo, patitieso en su lugar, dirigiéndole una trémula mirada. Kanon reviró hacia el pelilila, quien había caído de rodillas, había salido del Satán Imperial y su mente debía estar hecha un caos.

— ¡Kanon! ¿Qué crees que estás haciendo?

— Bah, no me vengas a sermonear, Aioria, todos aquí saben lo que quiero– masculló el mellizo enfrentando a ambos visitantes— ¡Y son incapaces de evitar la masacre que se viene, por su estúpido orgullo de Santos Atenienses!

Aioria elevó su cosmos para lanzar Colmillo Relámpago, sin embargo, fue interrumpido por Saga al colocarse delante de él.

— Vete, Aioria, y llévate a Mu. Yo resolveré esto de una vez por todas –susurró para que su gemelo no lo escuchara.

— ¡NO! ¡Tú no puedes con él, míralo! Todos debem- —un puñetazo en su cara lo dejó sin palabras.

— ¡LLÉVATE A MU AHORA!

El castaño se llevó a su compañero, pero no iba a obedecer a Saga. Había perdido el conocimiento, así que decidió llevarlo al cuarto del patriarca y avisarle la situación.

Se encontró a Shura con Camus, iban en sentido contrario, a la altura de Escorpio. Ambos santos se sobresaltaron por ver al ariano magullado y desfallecido, habían sentido su cosmos explotar y se dirigían al primer templo. Aioria prefirió evitar perder más tiempo.

— Voy a avisar a Dohko que Kanon quiere destruir el Santuario de nuevo. Obligó a Mu a derrotrar a Aldebarán— suspiró pesadamente y continuó, dirigiéndose al peliazul— Camus… está fuera de control. No tiene salvación…

El mencionado cerró sus ojos y se volvió para ir en dirección contraria. El español lo haló por un brazo.

— ¿No formarás parte en esto? Es tu deber-

— Shura, tú sigue adelante— cortó el francés, totalmente inexpresivo— Yo debo cumplirle a Kanon una promesa— dicho esto, retomó camino y Aioria le siguió en dirección a la recámara del patriarca.

El león no se inmutó en ocultar su curiosidad por saber de lo que hablaba Camus.

— ¿Crees oportuno el cumplimiento de una promesa, justo ahora?

Camus cerró sus ojos, inhaló profundamente y miró directo a los ojos de Aioria.

— Es oportuno cumplirle una promesa a Kanon, Aioria, si ésta, es detenerlo de una vez por todas…


Después de 6 años, ¡he regresado! Lamento mucho la larga demora, la vida es complicada, y eso xD

Pero ya lo que falta es un sólo capítulo y estoy terminándolo, con un final totalmente nuevo. Espero sus bombas lacrimógenas, reviews y demás.

Gracias por leer ^^