DOCE CORAZONES
CAPÍTULO XVI
La Promesa
Muchísimo tiempo había transcurrido antes de poder volver sentir el mar. Era tan puro, tan extenso y tan hermoso. Le costaba aceptarlo, era su primera "cita", por ponerle un nombre. Su acompañante estaba como niño pequeño corriendo descalzo por la arena, todo mojado por el reciente chapuzón, y le retaba a una carrera.
Su cabeza se debatía por el inesperado y gran cariño que le profesaba a Kanon. Lo quería. No sólo para apaciguar su colosal lujuria, sino por el simple hecho de atesorar su compañía: sus ratos charlando, entrenando, comiendo. Lo quería. Y se lo había dicho sin siquiera estar conciente de hacerlo. Y lo mejor era que se sentía tan bien, tan cálido… y tan correspondido… salió de su ensueño cuando el geminiano se le colgó de la espalda.
— ¡Oye! ¡Si querías bañarte de nuevo te pudiste quitar los zapatos! –dijo socarronamente. Se había sumergido hasta las pantorrillas sin darse cuenta. Esbozó una ligera sonrisa y se volvió a su amante, para arrancarle un beso breve.
— Nunca me dijiste si me querías tú también…
— ¿Tenemos que hablar de eso? –inquirió lanzándole agua— ¡Déjate de sentimentalismos y diviértete!
Le siguió el juego y terminaron sumergiéndose por completo. Al rato yacían tumbados en la arena, uno al lado del otro, contemplando el magnífico crepúsculo, sintiendo la fresca brisa nocturna. Repentinamente, su mano fue entrelazada con una ajena.
— Camus… hay algo importante que debo decirte— el referido advirtió un dejo melancólico en la voz de su amante— He dejado en tu habitación un pequeño cofre…— el acuariano iba a hablar pero lo silenció con un dedo sobre sus labios— Por favor… es importante. El contenido de ese cofre es lo único que puede detenerme cuando pierda el control, y ese momento lo siento cada vez más cerca.
Enarcó ambas cejas con sorpresa, pensaba que el lado maligno de Kanon había desaparecido con la muerte de Shaka. Deseaba, necesitaba saberlo todo.
— Y exactamente, ¿qué hace el contenido del cofre? ¿Cómo debo manejarlo? ¿Cómo sabes que estás próximo a perder el control?
— Preguntas demasiado, Camus. Estoy pasando por lo mismo que Saga hace tantos años, y es lo más espantoso que alguien pueda vivir. Me carcome el alma esta maldita dualidad –le mantenía sujeta la mano con desmedida fuerza pero a él no le importaba— Prométeme, que sin titubear, tomarás el contenido de ese cofre y me detendrás. Pase lo que pase… me detendrás. No quiero que dudes, si dudas… será el fin del santuario. El tuyo. El de todo lo que amo.
— ¿Y qué pasará contigo luego?
— Debes prometerlo, Camus. ¡Promételo! ¡PROMÉTELO! –Kanon se desarmó frente a el con los ojos vidriosos, esperando anhelante su respuesta.
— Te lo prometo… sea lo que sea, te detendré…
Aioria siguió de largo mientras él se detuvo en su templo, y se dirigía a su habitación a buscar el bendito cofre, Kanon había sido muy sigiloso y astuto para esconder algo así sin que se diera cuenta. Buscó en sus mesas de noche, estantes, armario, más estantes, hasta que se le ocurrió buscar en el sitio donde todo niño esconde las cosas importantes.
— Bajo la cama, tan típico y estúpido… —murmuraba sonriente al tiempo que se agachaba y sacaba el pequeño cofre dorado de debajo de su cama. Se sentó y lo abrió sin pensarlo dos veces. Instantáneamente, la sonrisa se le borró del rostro, al mostrarse el contenido ante sus orbes índigo: era una daga. Aquella daga que era capaz de cortar la vida de una diosa. La misma que con la que Saga casi asesina a la recién nacida reencarnación de Athena; la misma con la que ella cortó su garganta para activar el Arayashiki.
Respiró profundamente, suprimiendo todos sus sentimientos y tomó la daga. Fue a su armario y extrajo de una gaveta un par de calentadores para piernas y se los puso, para luego esconder aquella arma en el izquierdo. Emprendió camino escaleras abajo para llegar a Aries y cumplir esa promesa; por más que le partiera el alma, no iba a incumplir su palabra ni su deber como Santo de Acuario.
Ni la Otra Dimensión ni el Triángulo Dorado le funcionaron a Saga. No quería utilizar el Satán Imperial en su hermano, temía que se pusiera peor. Su fuerza era desmedida, cual hombre que no sabe controlar un poder que lo supera, y esa fue la clave del éxito para su técnica nueva, que denominó "División Interdimensional". Su espíritu estaba vagando en la nada, no había suelo, ni cielo, no podía sino sentir su cuerpo en el piso de Aries, aporreado y ensangrentado.
Por alguna perversa y morbosa razón, Kanon se excitaba cada vez que le hacía sangrar. Se reía estruendosamente, lamía la sangre de sus manos y sentía la proximidad de su cuerpo, se había hincado sobre el, y en su mente explotó una sensación de ahogo y dolor punzante: el otro metió un dedo en una herida profunda a la altura de la cadera. Una sensación de asco y dolor agudo se revolvía en sus intestinos o lo que sentía que eran. No podía hablar o moverse, le habían despegado el alma del cuerpo, pero las sensaciones estaban aún conectadas. Deseaba con todas sus fuerzas escapar de ese nefasto momento.
— ¿Sabes que tu sangre tiene un sabor dulce, hermanito? –decía el mellizo ahora peligris lamiéndose el dedo índice— La mía es algo más ácida, ¿quieres probarla? ¡Ah! Cierto, ¡te inmovilicé con mi nueva técnica! ¿Qué se siente que estar partido en dos, Saga?
En ese instante llegaron todos los demás caballeros, casi todos con sus armaduras puestas. Milo fue el primero en atacar, ver a Saga siendo casi un cadáver le había afectado.
— ¡AGUJA ESCARLATA!
Kanon sonrió e hizo un movimiento con sus manos, creando un agujero negro y los rayos rojos provenientes del dedo índice del Escorpión fueron absorbidos por dicho agujero. Cerró uno de sus puños al igual que sus ojos, concentrándose en algo.
— No creas que voy a dejarte perforarme como te lo permití durante la última Guerra Santa, cuñadito— siseó aún a ciegas— ¡Agujero de gusanos!
Abrió sus puños y ojos a la vez que miraba a Saga, de cuyo cuerpo salieron géisers de sangre de distintas zonas. De alguna manera su gemelo desvió el ataque de Milo hacia él. Milo enfurecido se abalanzó sobre Kanon, y de un derechazo le rompió un pómulo.
— Serán fuertes tus malditas técnicas, ¡pero tu cuerpo es demasiado endeble!— iba a inyectarle la aguja escarlata de nuevo pero fue lanzado contra un pilar, gracias a una patada dolorosamente potente. Quedó noqueado unos segundos y Dohko, Aioria y Shura comenzaron a lanzarle ataques al mismo tiempo. El Caballero maligno se reía y desviaba todos los ataques con una simple floritura manual, y todos le caían a Saga.
— ¿Quieren matarlo? Pues no pienso permitirlo, ¡yo soy el único que tiene derecho a tomar su vida! –dijo aprovechándose la estupefacción de los otros— Los ataques que ustedes lanzan son absorbidos por mi Agujero de Gusanos, porque mi poderosa y magnífica técnica está conectada a su cuerpo. ¿No es deliciosamente asombroso?
Milo se incorporó y con sigilo se aproximó a las espaldas de Dohko.
— Debemos hacer algo ahora, ¡el cosmos maligno de Kanon es demasiado poderoso!
— Lo sé, hay que pensar rápido en cómo distraerlo. Yo iré hacia Saga y revertiré el efecto de ese ataque a través de una técnica telepática…
Kanon se paseaba de un lado a otro, estremeciéndose psicóticamente. Estaba abusando del monstruoso poder que manejaba y su cuerpo no soportaría mucho más si no se calmaba. Miraba a su gemelo tendido en el piso con los ojos abiertos de par en par, empapado en sangre y sudor, el cuerpo tieso. Los otros lo rodeaban pero no lo atacaban por temor a perder a su San Saga. ¡Estúpidos! Siempre preferían a la nenita llorona que era su hermano. Camus lo entendería, Camus lo calmaría y lo entendería, porque lo quería. Él sería su cómplice y compartiría el máximo poder con él. Mientras tanto, iba a deshacerse de los demás santurrones insulsos.
Dohko decidió comunicarse telepáticamente con los cinco santos que estaban en pie de lucha.
— Máscara Mortal, corre de frente hacia él y usa tu habilidad para confundirlo y luego golpearlo; Shura acércate por su lado izquierdo y colócate en su campo de visión periférico, y engáñalo con Excalibur.
Recuerden, solo golpes directos que no pueda enviarle a Saga. ¡YA!
Cáncer y Capricornio corrieron en las direcciones ordenadas y Kanon estaba más que listo abriendo sus manos y haciendo el agujero negro, pero pudo prever un golpe en el estómago por parte del italiano, y al mover un brazo para escudarse, Máscara, a la velocidad de la luz, le propinó un puñetazo en el mentón, noqueándolo unos segundos, que ayudaron a Shura a hacer su papel.
— Sufre con el corte más perfecto, Kanon… ¡Excalibur!
Algo desorientado, el geminiano menor quiso absorber el ataque, mas recibió en su lugar un codazo en la cabeza que le dejó mareado en su lugar.
Dohko había corrido hacia Saga y puesto su fuerte técnica de telepatía en funcionamiento, ubicando a Saga. Debía apresurarse, si Kanon lo veía sería el fin, y era imperioso elevar su cosmos lo más alto posible, para componer al mellizo mayor y romper la División Interdimensional.
Escucharon unos pasos a toda velocidad y Kanon volteó en el justo momento en el que Camus entraba al templo. Sus miradas se encontraron, la del francés, totalmente impávida e inquebrantable, y la de su amante, fuera de sí, impregnada de malignidad. Los ojos índigo eran firmes y taladraban aquellas esmeraldas de manera que le volvían loco. El rojo sangre desaparecía de sus ojos, y el terrible cosmos se contraía levemente.
— Camus… cuento… contigo… —masculló con dificultad, el rojo empezaba a titilar en su mirada hasta que se adueñó de él, y le habló al francés sonriéndole malévolamente— ¡Compartamos juntos esta victoria!
Con tan solo un movimiento, arrojó hacia los pilares a Aioria, Afrodita y Milo, quienes chocaron aparatosamente, destruyéndolos.
Dohko logró romper el ken de Saga, pero éste no podía moverse: su sistema nervioso iba a tardar en recobrarse. Lo sacó velozmente de la vista de su hermano y se reincorporó a la batalla. Vio a todos sus colegas tendidos en el suelo, y les habló nuevamente por telepatía.
— Ya Saga está fuera del control de Kanon, ¡así que deben utilizar todas sus fuerzas esta vez, Caballeros!
Kanon fue atacado por el Colmillo de León de Aioria, que fue absorbido pero quedó en la nada porque su hermano ya no estaba bajo su dominio. Al darse cuenta enfureció y la pagó con el librano, quien fue mucho más rápido y de su brazo salió un fuerte rayo que le pegó en un costado
— ¡MIL DRAGONES DE ROZAN!
— ¡JAJAJAJAJA! ¡TUS LAGARTIJAS NO ME DAÑARÁN, VIEJO ESTÚPIDO!
— ¡ATAQUE DE ROSAS DEMONÍACAS!
— ¡PLASMA DE RELÁMPAGO!
— ¡EXCALIBUR!
Todos lanzaron sus ataques a la vez y se llevaron una amarga sorpresa al darse cuenta de no era el gemelo menor quien recibía los ataques.
— ¡CAMUS!
Se atravesó en el medio, para evitar que a su pareja le alcanzaran los ataques. El enojo del Patriarca era muy evidente.
— ¡Si no te apartas te destruiremos a ti también! –gritó Dohko indignado— ¡Recuerda que estás al servicio del bien, de Athena!
El ojiazul no se movía, a pesar de que su cuerpo estaba reventado, aún no entendían cómo podía mantenerse en pie. Kanon observó atónito tal acto y posteriormente esbozó una sonrisa.
— Ya lo ven… ¡no estoy solo! ¡Únanse a mí y les perdonaré la vida!
— Camus… será mejor que te quites.
Milo contemplaba la escena, algo no estaba bien, él lo conocía de sobra y sabía que Camus no haría eso. Pero tampoco parecía estar bajo la influencia del Satán Imperial de Kanon. Pareciera que su alma no estuviera en su cuerpo, que era un simple escudo y ya. Sus pensamientos se congelaron cuando vio que sus rodillas fallaron y por poco se desploma, pero Kanon lo sujetó.
Camus logró sostenerse en pie y abrazó a Kanon efusivamente.
— Cariño, no es momento para esto… créeme, tendremos mucho tiempo— le dijo devolviéndole el abrazo y tratando de quitarse pero los brazos de su amante eran más fuertes de lo que esperaba.
— Lo sé… sólo quería decirte que… me has hecho muy feliz— le susurró al oído, sin romper el abrazo, y se enterró en su cuello— Y te voy a recordar por el resto de mi vida…
Dicho esto, hizo lo requerido para cumplir su promesa, no iba fallarle, no podía fallarle.
NdA: Dije que este iba a ser el final pero me extendí un poquito u_u
El que viene sí será el final, definitivo.
¡Gracias por leer y por sus reviews, son muy importantes para mí!
Ja ne!
