DOCE CORAZONES
CAPÍTULO XVII
Estrellas Fugaces
Abrió los ojos lentamente, le costó enfocar la visión. Cojines, chales, incienso, y un olor a sándalo le cosquilleaba la nariz. Estaba en el templo de Mu. Saga se levantó del futón con dificultad, cada una de sus extremidades se encontraba débil y lastimada, y no recordaba por qué. Intentó llamar al guardián del templo pero su garganta también dolía, así que decidió salir, dando tumbos en el camino. Lo que sus ojos esmeralda encontraron, le hicieron recordar de golpe el por qué estaba ahí y así.
Todos sus compañeros estaban destrozados, heridos y jadeantes, por culpa de su hermano gemelo. Sabía que Kanon estaba fuera de sí y que por dentro debía estar sufriendo horrores. Se acercó todo lo que pudo, detrás de Dohko y Afrodita, y que vio a Camus como el más lastimado de todos, delante de Kanon y con los brazos extendidos protectoramente a los lados, enfrentando a los otros 6 caballeros. Repentinamente cayó de rodillas y fue interceptado por su Kanon.
Un destello dorado en la mano de Camus llamó su atención, al momento que Kanon lo levantaba. Se extrañó de ver que Camus se abrazó a él, y todo su mundo se detuvo cuando su gemelo menor abrió sus ojos con sorpresa al tiempo que borbotones de sangre salían de su boca. Su cabello oscureció y sus ojos perdieron el escarlata, pero se mantenía de pie… inmóvil.
Los demás hombres se sorprendieron al ver que Camus se separaba de Kanon con una daga dorada en la mano. Tanto él como los demás entendieron en ese momento que sólo esa daga podría detenerlo.
— Saga… mi… hermano… —sus ojos ahora de regreso a la normalidad, se llenaron de lágrimas mientras miraba a su hermano mayor— Perdóname… por favor perdóname…
Saga se arrastraba hacia él, y lo mismo hacia el otro, pero la daga le había sido clavada por la espalda, directo al corazón, regalándole una inminente muerte. El menor se desplomó boca abajo, mientras todos los demás aflojaron la guardia y se aproximaron para ayudarle. Aunque no había nada que pudieran hacer por él.
— Bicho v—venenoso… cuídalo…— señaló a Milo, quien dio un respingo por la sorpresa— y Camus… Camus… dónde…
Camus estaba por salir de la casa, pero se detuvo en seco, de espaldas a todos. Kanon logró sentir su cosmos cerca y con mucho esfuerzo sonrió a medias.
— Cumplis…te… tu p—prome…sa…— escupió una bocanada de sangre y continuó— Gra…cias…
Dicho esto, Camus se retiró, sin siquiera voltear. Saga al fin llegó hasta su hermano y se hincó sobre él.
— Kanon… Hermano… yo pensé que todo estaba bien! ¡Te dije que debías aguantar!
— No soy… tan fuerte… como tú… —flexionó una mano con mucha dificultad y la elevó buscando la de su hermano— te amo, hermano…
Saga rodeó el cuerpo de su hermano con sus brazos y lo apretó contra el suyo, como si con ello pudiera alejarlo de la muerte. Sintió cómo su cosmos desapareció por completo, levantó los mechones de cabello que cubrían sus ojos y los halló vidriosos e inertes: se había ido.
Unas pocas horas después, Saga estaba saliendo del Santuario con una pequeña urna entre sus manos. Kanon quería que su cuerpo fuera incinerado para evitar cualquier posesión divina o resurrección. Lo que no sabía era dónde esparcir las cenizas, aunque quería quedarse con ellas para sentir a su mellizo cerca, sabía que no era lo correcto. El sonido de rápidos e irregulares pasos lo hicieron voltear, para encontrarse con un paliducho y demacrado Santo de Aries. Llevaba en manos un bulto de tela amorfo.
— ¡Saga! ¡Saga espera por favor! –gritaba sin aliento. Se detuvo una vez alcanzó al peliazul.
— ¡Mu! ¿Estás bien?
— Sí, Saga… lo siento mucho, amigo— dijo el pelilila con pesar— Kanon se esforzó como pudo pero… tú lo sabes, ¿verdad? Sabes que estaba en un callejón sin salida…
El geminiano iba a responder pero se le hizo un nudo en la garganta, así que prefirió asentir y tragarse sus palabras.
— ¿Ya conseguiste a Aldebarán?
— ¡Sí! Lo encontramos en el Coliseo… Y bueno, esto… —Mu señaló el bulto que llevaba y lo colocó a los pies de su compañero— Quería probar construir una armadura dorada y probé duplicar la armadura de Géminis… Camus me ayudó con su sangre, pero me faltó el casco, no tuve el tiempo para terminarlo…
Saga miraba las piezas sueltas de una armadura idéntica a la suya, pero tenía una energía distinta: era cálida y amorosa.
— Camus…—dijo por lo bajo.
— Sí… quedó drenado pero logramos hacerla. Es una lástima que haya sucedido todo esto. Pero por favor, Saga, entierra sus cenizas con estas piezas, así ya no esté, fue hecha sólo para él. Por favor…
Saga asintió, recogió el bulto y se marchó corriendo.
Corrió todo lo que pudo, hasta hallarse en la bahía del Cabo Sunion. Estaba desierta, ya estaba entrada la noche y no se escuchaba sino el golpeteo de las olas y uno que otro silbido del viento. Su lengua estaba atorada en su garganta, lo único que quería hacer era gritar y maldecir, abrazar a su gemelo, escucharlo burlarse de él, lo que sea que fuera, menos lo que le tocaba hacer. Tras escoger un punto aleatorio, se arrodilló en la arena, con el rostro invadido por las lágrimas, y escarbó hasta hacer un profundo hoyo, lo suficientemente grande como para que cupiera un cuerpo entero. Allí colocó las piezas de la armadura hecha por Mu. Hipó un par de veces y se enderezó.
— Kanon… mi hermano… gracias por luchar todo lo que pudiste, eres valiente— abrió la pequeña urna y vertió las cenizas de su mellizo sobre las figuras doradas. Depositó también el envase y empezó a tapar la improvisada tumba. Se recostó sobre ella y liberó aquel nudo que le estaba matando, de la única manera que podía: gritando a todo pulmón y golpeando el suelo bajo su cuerpo.
El desgarrador llanto retumbó por toda la playa, había muerto la mitad de su alma y el dolor no cabía en su cuerpo. Dejó salir todo lo que pudo, lanzó arena, piedras y cualquier cantidad de cosas al mar; cuando se hubo cansado, alcanzó la orilla y se sentó a respirar la brisa marina.
La escasa luz que proporcionaba la luna menguante le mostró una escollera a su izquierda. Al prestarle mayor atención, divisó una sombra quieta, parecía una persona. Resolvió caminar hacia esa persona, sólo por la curiosidad de saber quién le habría escuchado. A medio camino se detuvo, no necesitaba acercarse porque una cosmoenergía lo delató.
— Pensé que estarías en tu templo, Camus –gritó a la sombra, que se encontraba sentada a más de cincuenta metros de distancia. Al no obtener respuesta, caminó hacia el acuariano, alcanzándolo prontamente. Se quedó a su espalda, el muchacho ni siquiera se movía. Notó que el ojiazul miraba a un punto oscuro. Era la celda donde Kanon había permanecido encerrado tantos años.
Lo vio lanzar unas violetas al mar, así que prefirió dejarlo solo y regresar al Santuario. Miro al cielo negro y nublado, y en ese momento vio pasar una estrella fugaz.
Ya estaba entrado el invierno, pero no nevaba por allí en esa época, por lo que le pareció raro ver una ligera y casi imperceptible nevada. Él no era el único que lloraba la pérdida de Kanon.
— Saga… Saga…
— Déjame paz… quiero dormir…
— ¡Ya es Navidad, Saga! ¡No seas amargado y sal del encierro! Si estuviera allí contigo te hubiera lanzado con las sábanas al suelo.
— Mhmphmmm…
— ¡!SAGA AMARGADOOOOOOOOOOOOOOOO! Eres demasiado joven para esto, yo por fin estoy libre, así que tú haz lo mismo o te sabotearé por el resto de tu vida, ¿eh?
— Pero es que…
— ¡Pero nada! Te exijo que te pongas de humor navideño, el Santuario está repleto de comida y música, y no lo vas a dejar perder.
— ¿Estarás bien?
— Siempre y cuando tu cosmos de amargado prematuro no me fastidie el espíritu. ¡Feliz Navidad, Saga!
La Navidad había llegado al Santuario y los Caballeros Atenieses, como todos los años, prepararon decoraciones y banquetes. Habían tenido un año duro pero esas fechas lograban animar a la mayoría de los Santos. Saga no la tenía muy fácil, a duras penas salía de su templo, pero al menos lo intentaba, Athena se lo había pedido.
El día de Navidad se levantó muy alegre, había escuchado la voz, ahora relajada y cálida de su hermano, deseándole feliz Navidad y burlándose de él como siempre.
Sonrió, y se encaminó a la habitación de Kanon, registrando sus cosas raudamente. Consiguió un tonto gorrito de Navidad con un cascabel en la felpuda punta, se lo puso y salió a toda velocidad al patio delantero, donde todos estaban abriendo obsequios. Athena se había lucido este año, llenando de regalos el terriblemente decorado o árbol navideño, del que estaban a cargo Shura y Aioria. Tenía unas ramas que estaban cercenadas en su totalidad y los adornos verde y naranja lo hacían parecer un naranjo mal tratado. Pese a eso, estaban todos muy alegres.
Apartado de todos, vio a Camus, jugando con una esfera de cristal con nieve dentro. Se sentó a su lado y el muchacho comenzó a hablar.
— Cometí un error… —escuchó neutra voz del francés, que permanecía quedo mirando la casita azul dentro de la esfera— No debí decirle lo que sentía. Mu le estaba haciendo una armadura y yo di toda mi sangre, eso lo iba a hacer tan feliz…
— Nada hubiera podido cambiar su destino... es un daño irreversible con el que tenía que lidiar— Saga suspiró— Yo traté de alejarlo pero iba a suceder tarde o temprano y fue una bondadosa acción de su parte alertarte. Él está enterrado con la armadura que le hicieron Mu y tú, donde quiera que esté, te lo agradece con toda el alma.
— Amé a tu hermano, Saga –irguió su espalda y miró de lado a su compañero— Era capaz derretir cualquier témpano de hielo con sólo unas cuantas palabras. Si estoy en contra de tener sentimientos que nos hagan vulnerables y cuando los acepto me pasa esto.
— Kanon rompió todas las reglas que pudo en todos los aspectos que quiso— sonrió Saga— Yo debería ser como él y no una nenita llorona como él tanto me decía, y creo que tú también, Camus.
Saga abandonó su lugar y emprendió camino al comedor. El acuariano sonrió, se puso en pie dejando de lado la esfera, y lo imitó, y caminaron en silencio, pero al poco tiempo paró su andar.
— ¿Y Milo?
El geminiano suspiró y se encogió de hombros.
— Supongo que le daré otra oportunidad— volteó y miró a Camus pícaramente— así tengamos que hacer tríos contigo y todo eso.
— ¡Oh, Saga, basta! –rió el francés— ¡Aún no sirves para ser como Kanon!
— Sí, tienes razón, no sirvo para estas cosas— sonrió con resignación.
— Tienes tanto que aprender…
Entraron al comedor y los sedujo el olor del almuerzo. El Caballero de Escorpio, estaba dando vueltas en círculos con algo entre sus manos y paró su marcha al ver a su mejor amigo y al hombre que le volvía loco. Se fue a paso rápido a una esquina apartada de ellos.
— Saga… ¡tu gorrito cursi es muy molesto!— le dijo Máscara Mortal con su usual sonrisa sardónica— ¡Pareces un triste concierto navideño!
— No tienes moral para decirme eso, llevando ese infantil suéter de renos, ¡jajajajajajaja!
Afrodita entró al comedor y miró a Saga con unas falsas lagrimitas en sus ojos.
— ¿Lo hice con tanto amor y ustedes se burlan?
— ¿Y ahora tú tejes suéteres? –Camus buscó examinar de cerca la prenda pero el italiano se apartó con indignación.
— Bueno… no –el pisciano bajó la cabeza— pero me costó mucho dinero, ¡jum!
Los muchachos reían alegremente, y mientras Milo miraba desde su esquina a Saga, sin decir nada.
Así pasaron toda la tarde, en el comedor, bebiendo y compartiendo, hasta que finalmente comenzó a caer la noche y empezaron a dispersarse por las distintas casas.
Saga se quedó sólo y Milo seguía en su esquina. Fijó sus orbes en él y sin mediar palabras se le acercó y besó sus labios.
— Feliz Navidad, Milo— le dijo en voz baja y le dio otro beso, un poco más apasionado que el anterior.
El escorpión lo miró sorprendido y le tendió una cajita pequeña, de color esmeralda y un lazo dorado muy elaborado. El de ojos esmeraldas se lo rechazó.
— Mi único regalo es el que me vas a dar en este momento, en tu templo, insecto del mal.
Saga lo tomó de la mano y lo haló escaleras arriba. Mientras subían tomados de las manos, y en silencio, Milo miró al cielo, la luna estaba inmensa y una estrella fugaz había aparecido de la nada. Su deseo había sido concedido.
Sonrió y habló finalmente.
— Feliz Navidad a ti también, Saga.
FIN
Y después de tantos años... 7 y medios, para ser exactos, finalicé este fanfic. Tenía 17 o 18 años cuando lo escribí, fue el tercero que escribí. Estoy muy contenta de publicarlo y finalmente, terminarlo.
Gracias a los que lo han seguido todo este tiempo, a los que lo leyeron completo, a todos, gracias!
A parte de todo, ya esta noche estaremos dándole la bienvenida al 2013! OMG el mundo sigue girando!
Es una pequeña casi-costumbre mía publicar mis propósitos de año nuevo al pie de mis fics.
Primero: Divertirme con frecuencia y sanamente
Segundo: Estresarme menos
Tercero: Organizar mi tiempo productiva y efectivamente
Cuarto: Mudarme a un lugar cómodo y estable.
Quinto: Reingresar en la UDO (T_T tanto que luché por entrar y dejé la carrera a medias)
Sexto: Cumplir mis rutinas de ejercicio
Séptimo: Hacer al menos 3 cosplays más
Octavo: Viajar por placer al menos una vez
Noveno: terminar y subir mis fanfics pendientes
Décimo: cambiar de ramo
Décimoprimero: ir más a la playa, vivo en una isla, por dios!
Décimosegundo: Leer más libros
Décimotercero: Darle mucho más amor y cariño a mi pareja.
Y ustedes, ¿qué propósitos de año nuevo tienen?
Recuerden, no se deshagan ni acallen a su niño interior, porque es el que les recuerda que somos humanos y que no todo son responsabilidades, estrés y problemas.
¡Les deseo a todos un próspero y feliz año 2013!
