+Capítulo 2: Muerta+
El ruido de los platos al romperse, pareció tapar el golpe en el espejo del baño.
Al menos eso le pareció a la rubia mujer encargada de la cena, a quien se le había hecho costumbre el estruendo que causaba el vidrio y que estaba acostumbrada a vivir, en semejante desastre de cocinita mediocre.
Además, con su pequeño niñito y el heredero del Tao correteando por todo el lugar… bueno, no era tarea fácil el poder notar, algún otro ruido que no fuera el bullicio de los infantes.
¿Que a qué jugaban? Bueno, no estaba muy segura, en realidad.
Hannah siempre acostumbraba a esconderse entre las piernas de su joven mamá, en tanto el Tao miniatura pasaba las manitos en el esfuerzo de atraparlo y así los dos giraban alrededor de una Kyoyama, que siempre sufría más de un mareo en medio de juego de persecución.
Quizá era por eso que los platos se le rompían tan seguido, porque siempre andaba enredada entre el cuerpito bajito de su pequeño rubión y entre las piernas infantilmente cortas del mini-Ren, el mismo que siempre traía a la cabeza de la rubia el recuerdo del Tao mayor y así sucumbía a pensar en el hombre que quizá no era solamente su amigo de toda la vida.
Como también pensó ese día en que él se emborrachaba en el comedor con su esposo, pensó en él hasta el punto en que ignoró toda clase de sonido y de esa manera dejó pasar el alboroto que Hannah había parecido provocar con el jovencito de ojos ambarinos, remontándose ella entonces a la época en que él había cruzado mirada con la platinada y se había enamorado de esa mujer en el mínimo segundo en que la Kyoyama lo había perdido de vista.
EN EL SEGUNDO, EN QUE ELLA LO DESCUIDÓ.
-¡Ey, Annita!-escuchó al chino, luego de que los niños desaparecieron -¿Has visto a Jeanne?-
-Si vuelves a llamarme así, te mato-le habló la rubia, como en asesina-Y a tu esposa, no la he visto, por el momento-
-¿Sabes?-comentó él, casi cómico-No es necesario que todo el tiempo, repitas que es mi esposa-le habló, como sin controlarse-¿No te cansas después de tantos años?-
-¿Que no es tu esposa, acaso?-lo ignoró, ella-¿O cómo quieres que la llame?-
-Es que parece que no se llevan bien-noto él, completamente seguro-Aunque Yoh no lo note, claro-
-Le pides mucho, pobre-contestó ella, ignorando lo anterior-Él sólo ve lo bueno en las personas, después de todo-
-¿Qué?-se alarmó, el chino-¿Hay algo que quieras decirme?-buscó, provocarla-Además de tus celos, claro-
-Por favor-prácticamente, soltó una carcajada, la rubia-¿Tú también con eso?-siguió, con su tarea-¿Celosa de qué voy a estar, de esa mujer?-
-Es que me tuviste tanto tiempo para ti solita-explicó él, poniéndose detrás de ella-No debe ser fácil aceptar, que hay otra mujer en mi vida, ¿verdad?-
-No hables como si estuviera enamorada de ti-replicó ella, sin alejarse-Y no estoy celosa, ya te dije-dijo, sin ocultar el sonrojo-Sólo no me agrada demasiado, tu esposa-
-¿Y eso por qué?-preguntó él, recargándose en el hombro de su compañera
-Estoy acostumbrada a la idea, de que siempre fuiste soltero-confesó la rubia, entre angustiada-Y ahora, verte casado con ella y con un hijo de la edad del mío...-casi, apretó los puños-Es difícil, ¿entiendes?-
-Ey, no te pongas así-el chino la abrazó, medianamente fuerte-Todavía somos amigos, ¿o no?-intentó, contentarla con eso-Jeanne no va a cambiar eso, lo prometo-
-¿En serio?-preguntó ella, dudando-¿Estás seguro?-
-Sí, estoy seguro-dijo él, sonriente-Te lo prometo, Annita-y así, le plantó un besito en la mejilla
No era extraño, por supuesto.
Que él se apareciera en sus fantasías, de esa manera tan sospechosamente cariñosa… bueno, era una costumbre que la rubia había adoptado, desde que el hombre Tao había decidido contraer matrimonio.
No era porque se sintiera ignorada por ese joven, pero… necesitaba sentirlo más cerca de lo habitual, que él por fin pudiera decirle ese tipo de cosas al oído y que le demostrara un cariño sincero por una sola vez, incluso si sólo tenía amor para la madre desastrosa de su hijo y para esa misma mujer que llevaba su apellido de casada.
Por eso siquiera supo en que momento el juego de los infantes había terminado, en que momento Hannah había abandonado literalmente sus piernas y en que momento los gritos del otro niño se silenciaron de repente, dejándola quizá a solas con el hombre que reinaba en sus imaginaciones románticas y con el hombre que estaba en su corazón muchísimo más que su propio marido.
Al menos así fue por lo que pasaron unos pocos minutos, hasta que el insistente llamado de su pequeño niño empezó a reclamarla y a repetirle de manera agobiante ese tremendo hambre que pronto lo haría desfallecer, por lo que Anna simplemente cargó todo en la bandeja como pudo y marchó al encuentro del niño glotón sin siquiera pensar en la idea de bufar.
Y sin embargo pareció caerle tremendo la escena aquella, el rubio bajito esperándola ansioso con los palillos previamente preparados y el nene ambarino mirándola con una cara bastante sospechosa que seguro había heredado de la perra de la madre, en tanto Yoh también estaba sentado frente a las botellas de alcohol medianamente llenas y que así sólo quedara de Ren tanto su vaso vacío como su ausencia en la mesa.
-¿Es en serio?-la rubia escondió su tristeza, a través del disgusto-No puedo creerlo-
-Somos menos en la mesa, sí...-respondió el moreno, sonriente-Pero quédate tranquila que, tu trabajo no será en vano-
-Eres mi marido, Yoh-replicó la mujer, viéndole sarcástica-Es de esperarse que, me digas algo como eso-
-Pero apuesto que los niños tienen hambre-dijo él y entonces, miró a los pequeños-¿Verdad?-
-Oye, Hannah-le habló, el Tao bajito-¿En serio la comida de tu mamá es tan rica?-
-¡Por supuesto!-respondió el rubio, con énfasis-¿Estás dudando de lo que te digo?-achicó, los ojos-¿O peor, de mi mamá?-
-No, no es eso-dijo el otro, sin dar brazo a torcer-Es que, en casa, papá cocina-contó, ligeras intimidades-Nunca he probado nada, que haya preparado mamá-
-Deberías venir más seguido, entonces-lo invitó, el rubiecito-¡La comida de mi mamá es la mejor!-alardeó, sin controlarse-¿Verdad?-y así, vio sonriente a la rubia
-Hannah, ¿te lavaste las manos?-preguntó ella, en ruda-No te dejaré probar nada, de lo contrario-
-¡Sí, me las lavé!-contestó, el chico-¡Me las lavé cinco veces, porque no se me quitaba!-
-Ése es mi niño-sonrió ella, inesperadamente cariñosa
Que estúpida se había sentido, en esa ocasión.
No podía creer lo preocupada que había estado por el Tao mayor, lo inquieta que la tenía la situación con su actual esposa y lo quizá satisfecha que se sentía al saber que estaban en conflicto, porque la platinada se había encerrado hacía rato en el baño de servicio y el chino simplemente había subido a descargarse a una de las habitaciones de la pensión.
Por eso Anna no pudo evitar que un gramo de felicidad creciera en su interior, quizá era egoísta de su parte desear que se divorciaran lo antes posible o quizá era malvado crear una estrategia para que la joven mujer explotara, así fuese por un ataque estúpido de celos o por un rumor que en algún momento la rubia había regado por ahí.
En realidad siempre le había parecido que era su deber hacer algo así, era ella la encargada de mostrarle al enamorado pero ciego Tao la calidad de mujer que tenía al lado y era su obligación desenmascarar a la arpía esa que tenía esa estúpida cara de ángel, antes de que ella terminara por comérselo vivo antes de lo previsto y que sólo fuera de él el recuerdo perdido de unas pobres pero miseras migajas. Así fue que los platos quedaron vacíos entre los pensamientos de la rubia, antes de que ambos niños anunciaran que partirían derecho a la cama y antes de que el mini-Asakura se despidiera de su linda mamá, a la que le regaló un besito en la mejilla y le provocó un sonrojo de quizá unos cinco segundos.
Sin embargo Yoh encontró tremendamente adorable a su Anna, había bajado la cabeza para ocultar el rubor en tanto los pequeños subieron las escaleras y se apretó las manos contra el vestido hasta el mismísimo segundo en que la puerta de la habitación infantil se cerró, lo que le permitió volver a recobrar su compostura y ver al marido bobalicón con una cara que prácticamente hubiera asustado a un asesino serial.
¿Qué? Realmente odiaba esos ataques, que tenía el nabo de Yoh.
Le irritaba muchísimo que la viera con esa cara de tonto, que le sonriera quizá derritiéndose en medio de aquella expresión y que encima achicara los ojos como si ella brillara enceguecedoramente, antes de comentarle que a él le gustaba muchísimo más así y que realmente le quedaba bien esa actitud tierna para con Hannah.
Y por esa vez su violenta esposa se la dejó pasar, para entonces poder invitarlo a subir a las incontables habitaciones de la vieja pensión y vigilar que el Tao borracho no terminara tremendamente mal con su mujer esta noche, si era que en verdad se dejaba llevar por la borrachera que tenía encima y así mandar a volar a la platinada histérica esa que venía jodiendole la vida a la Kyoyama como desde que tenía memoria.
Fue en la última habitación del largo pasillo en la que se encontraba el susodicho, tirado en el piso como si en realidad las piernas lo hubieran vencido y hubiera sido culpa del alcohol que su equilibrio lo hubiera desorientado, poniéndole entonces a dormir quizá a la par semejante de un bebé y así mostrarse ligeramente tierno frente a una mujer que no era su adorada esposa.
-Al fin cayó, ¿verdad?-comentó ella, viéndolo dormir
-Sí-asistió, su marido-No creí que él caería dormido, antes que yo-evaluó, su propio estado-No pensé que había bebido tanto-
-Es el único rato que pasa contigo-dijo ella, seria-Déjalo que lo disfrute y nada más-
-Es lo mismo que yo dije-coincidió, él-Cuando Jeanne vino, creo-
-Seguro que le hizo una escena, esa histérica-frunció el ceño, la rubia-¿Qué le dijo exactamente?-
-Bueno, no importa-contestó, el moreno-Ren no le dio mucha importancia, igual-
-Y mejor así, en serio-sentenció ella, como entre complacida-Esa mujer sólo lo va a volver loco-
-¿Estás celosa?-preguntó él, burlón-¿Es eso?-
-Celosa no, Yoh-dijo ella, evitando su actual estado-Sólo un poco preocupada-desvió la mirada, hacia el Tao-Sabes que nunca creí que, ella fuera la mujer indicada para él-
-Sí, quizá tienes razón-coincidió, él-Pero él la ama muchísimo, ¿sabías?-dijo, de manera natural-Tanto que no parece real-
-Al igual que ella-argumentó, la rubia-Es tan buena que, no puede ser real-
-¿Sabes?-sonrió, el moreno-Me da risa que, tengas tantos celos-explicó, ignorando lo que eso significaba-Y eso que llevan seis años de casados-
-Si recuerdas, yo me casé contigo, no con él-repitió, la rubia-Pero eso no quiere decir que no me preocupe, que se haya equivocado con esa mujer-
-¿Por qué no dejamos que las cosas sigan por si solas?-él intentó, cambiarle de tema-Si no está destinado a ser, no será entonces-resolvió, tranquilo-Pero no te adelantes, ¿quieres?-
-¿Adelantarme cómo?-jugó de inocente, la bella mujer-Éste no es mi problema-
-Pero eso no te va a impedir meterte-anticipó, el moreno-Ir a llenarle la cabeza a Ren, para que le pida rápido el divorcio-armó, la posible situación-Tienes que dejar que se equivoque y que aprenda de ese error-
-Creo que estás exagerando-desvió la vista, del dormido chino-No estoy tan preocupada, ¿sabes?-
-Entonces, disimúlalo mejor, a partir de ahora-el moreno se abrazó, a su estrecha cintura-Aunque me parece adorable, esa faceta tuya-
-Siempre tienes que andar diciéndome ese tipo de cosas, ¿verdad?-comentó ella, entre complacida-Nunca te cansas de ser cursi, ¿cierto?-
-¿Y qué quieres que haga?-preguntó él, en cariñoso-Si tú nunca dejas de ser linda, amor-
-Mira que tuviste suerte de encontrarme, ¿eh?-jugó ella, en provocadora-No podría imaginarme que te hubiera pasado, si hubieras terminado con una mujer como esa Jeanne-
-Ella no es mi tipo, lamentablemente-contestó el moreno, pegado a su mujer-Yo prefiero a una verdadera Julieta, no a una falsa-
-Heh...-sonrió ella, recibiendo sus cumplidos-¿Yo soy la verdadera?-
-Bueno, lo eres-respondió él, con cierta debilidad-Pero si sólo yo soy tu Romeo, claro-
-¿Eres idiota?-se volteó ella, pasando los brazos tras el cuello masculino-¿Acaso tienes que preguntar?-
-¿No tengo competencia, entonces?-dudó, el moreno-¿Siquiera Ren?-
-Por supuesto que no-la rubia le regaló, un único besito-¿Acaso me crees una histérica, como esa otra estúpida?-
-Ah, ahora que lo dices...-atendió, el Asakura grande-Ya hace rato que está en el baño, ¿verdad?-interpretó, por su ausencia-¿Qué estará haciendo?-
-Ni que me importara-bufó, una rubia malhumorada-Ojalá se pierda-
-Ey, no seas mala-el moreno, se desprendió del agarre-Mira si Ren te escuchara decir esas cosas, ¿eh?-la molestó, hasta el cansancio-Tú, hablando mal de su linda mujercita-
-¿Linda?-encarnó las cejas, la rubia-Por favor-bufó, sin evitarlo-Ésa de linda, no tiene nada-
-Te dejo a solas con tus celos, ¿quieres?-comentó cómico, el moreno-Yo, por mi parte, iré a ver si Jeanne necesita algo-agregó, a su discurso-No te portes mal, ¿sí?-
-Por favor-hizo un puchero, la joven mujer-Si soy todo un ángel-
¿Cómo resistió hasta el momento, en que Yoh bajó las escaleras? Bueno, en realidad, fue bastante difícil.
Por eso fue que la rubia se movió inmediatamente dentro de la habitación, acomodándose ligeramente al lado de ese prematuro borracho y mirarlo dormir con quizá más ternura de la que escasamente quedaba en su interior, dejándose entonces que él se moviera repetidamente sobre su propio eje y musitara un par de frases que ella siquiera lucida podía entender.
Sin embargo la Kyoyama encontró aquello tremendamente adorable, la manera en la que él inexplicablemente se comportaba como un niño chiquito y la forma en que remoloneaba en lo que parecía una disputa en medio de un sueño, el mismo que ella primero encontró verdaderamente cómico y luego pareció romperle el corazón como por milésima vez.
Fue en un misero segundo en que la rubia vio detenidamente a los ojos del chico, fue en el momento preciso en que el dormido musitó el nombre de su amada esposa y a su vez dejó correr una lágrima desdichada por sus mejillas, para así hacerle ver a su compañera la clase de amor que él sentía por aquella mujer y lo lejos que estaba él de poder olvidarla así como ella de poder sacársela de encima.
Pero de igual manera no pudo resistirlo ni un segundo más, se inclinó ligeramente hacia él influenciada por sus viejos sentimientos y así se depositó contra su frente en el esfuerzo de no tocar su boca, abriéndole paso entonces a que el dolor de la pérdida la invadiera por completo y quizá de alguna manera un llanto miserable le ganara en batalla.
-Tendrías que haber dejado, que yo te cuidara- le susurró, la rubia-Idiota-
Claramente fue el sonido aquel, el que la apartó de su escena drmática.
La voz de Yoh comunicándose a través del teléfono, pidiendo desesperado por una ambulancia que llegara lo más rápido posible… fue algo que literalmente la alarmó, por lo que le dedicó una última mirada al hombre tirado en el suelo y abandonó el lugar en lo que tardó una milésima de segundo, a el piso de abajo que claramente olía a desesperación por parte de su marido y también había un olor semejante a lo que parecía carne podrida.
Entonces las pisadas marcadas de rojo la guiaron hasta el pequeño lugar, ese baño con la puerta ligeramente abierta y ese líquido espesamente rojo que se colaba casi por todo el piso de cerámica, en medio de lo que parecían los cabellos platinados abundatemente sucios y la piel desmejoradamente reseca que ahora parecía parte de las entrañas de un animal.
Sus ojos parecían incrédulos frente a ese acontecimiento, esa mujer tan odidada ahora yacía tirada en el suelo sin moverse en lo absoluto y quizá también considerablemente cerca de alcanzar el más allá, entre el corte considerable pero latente en uno de sus brazos y que ante el horror de la Kyoyama la proclamaban como la suicida señora Tao.
-¿Está… muerta?-musitó la rubia, en mezcla de dolor
