Agradecimientos especiales a :
Love Hao, Insane Worm, anon, LightShadowBlue, Missumi Yoshikawa, Love Anna.
Pues, antes que nada … saludos a todos !
Tenía la mitad de este capítulo el mismo día que actualizé el anterior, pero … la inspiración no me ha acompañado hasta ahora. Pido disculpas por eso.
Bueno, al fin, verdad? Jeanne está muerta (wiiii *O* ) .. ya veremos que pasa, a partir de esto (cosas buenas, qizá .. ) Ni yo estoy segura XD
Entonces, antes de empezar a leer … quiero pedir disculpas. Porque … creo que, en este cap, incluí mucho HoroxAnna . No era la intención, en verdad .. Pero me esfuerzo lo más que puedo para hacer más RenxAnna, así que … por favor, no maten a la autora ._.
Así que … eso es todo. Al que me quiera matar, pues … que me encuentre! ( * se escapa desesperada * )
Ahora sí, espero que lo disfruten ;D
Y por supuesto, me dejan review, si? n.n
+Capítulo 5: Irrespetuosos+
-Esto apesta-bufó él, frunciendo el ceño
Una semana entera había pasado con calma, desde aquel entonces.
La noticia llegó a oídos de ella por boca de su marido, fue él quien la contactó quizá una hora después de que llegara el peliazul y le comunicó que la primera dama en la familia Tao había fallecido, poniéndola al tanto de que pasaría por la casa a recoger Men y se iría a acompañar incondicionalmente al viudo en su período de duelo.
Porque Ren no había querido volver a esa casa siquiera a buscar a su hijo, al menos eso fue lo que Yoh le comentó a la rubia en el momento en que se comunicaron por teléfono y que le volvió a repetir cuando se llevó al mini-Tao con su padre, pidiéndole estrictamente al peliazul que se quedara con ella hasta que él pudiera volver a la casa y que la cuidara igual o quizá mucho mejor de lo que él mismo lo haría.
Así era que llevaba exactamente siete días conviviendo con el Usui, él era de esa clase de tipos que se levantaba temprano a prepararle el desayuno y que se la pasaba inventando nuevos juegos para que Hannah no sintiera tanto la ausencia de su padre, él era de esa clase de tipos que se quedaba todo el día a su lado sin decir una sola palabra y que simplemente la consolaba cuando ese algo dentro de ella amenazaba con volver a quebrarse.
ESE ALGO LLAMADO REN.
Esa era una de las principales razones por las que lo apreciaba tanto, porque él tenía esa manera de hacerla olvidar la gravedad de su realidad actual y porque él siempre sabía cómo hacerla reír aun cuando siquiera tenía fuerzas para mantenerse en pie, porque él era el hombre que comprendía su dolor incluso si ella no le decía ni una sola palabra y porque él era el hombre que cargaba con ese sufrimiento en sus hombros con tal de no verla padecer tan desconsoladamente.
Por esas mismas razones, el transcurso del tiempo pareció mucho más liviano para la joven esposa Asakura y apenas eran minutos del día los que le dedicaba a su anhelado Tao, quizá porque la voz escandalosa del peliazul no hacia más que distraerla en todo momento y repentinamente se encontraba a si misma pensando en esa brillante sonrisa cada vez que cerraba los ojos.
De esa manera se encontró cara a cara con el día que había estado tratando de evitar, hacia tres días exactamente que su esposo le había avisado acerca del evento que se llevaría a cabo esa tarde y el mismo al que llegaría en compañía de un Horo Horo que creía no estar acorde a la situación, dado que el Asakura había decidido ayudar al joven Tao con todo lo que hiciera falta y con tal que el chico pudiera rendirle homenaje a la memoria de su difunta esposa.
Así habían terminado los dos en la habitación matrimonial de la enorme pensión, ella se había posesionado del tocador intentando arreglar su cabello perfectamente y él se había ubicado frente al espejo que ocupaba prácticamente la altura de una de las paredes, después de todo para ambos la situación era más cómica que traumante.
Era obvio, sí, los dos vestían correctamente de negro… pero él llevaba puesto un esmoquin oscuro que siquiera le combinaba, una camisa blanca abrochada hasta el cuello que parecía estar ahogándolo y una corbata haciendo juego con los mismos colores que ciertamente no podía encajar en el lugar correcto, haciendo que el nudo mal hecho diera vueltas entre sus dedos quizá por unas diez veces y terminara despeinándose infantilmente del coraje que le daba el maldito nudo cortés de la jodida corbata que no quería unirse a él.
Ella se volteó en el momento justo en que lo escuchó quejarse como un infante, se notaba a simple vista que nunca se había vestido para una ocasión tan especial como esa y que obviamente la inexperiencia estaba ya superando los límites de su exigido cerebro, por lo que ella sólo soltó un suspiro antes de sonreír y antes de hacerse responsable del hombre que en este caso contaba con la misma inteligencia que un bebé.
-No sabes hacer nada, ¿eh?-dijo ella y él, se dio la vuelta-A ver, déjame-y así, se dispuso a acomodar la corbata del hombre
-G-Gracias…-dijo él, sonrojándose-Pero, ¿cómo se supone que tendría que saberlo?-siguió, hablando-Nunca me vestí así, después de todo-
-¿Huh?-ella encarnó, las cejas-Creí que ibas a decir que Pirika-chan lo hacía por ti o algo parecido-
-Sabes que vivo solo, desde hace mucho tiempo-comentó él, entre ofendido-Es más fácil y más rápido conservar mi estilo, ¿entiendes?-
-Sí, pero también es más sucio, ¿sabías?-ella le chistó, bromista-No das buena pinta con esas ropas que usas-
-¿Huh?-pestañeó, él-Es la primera vez que una chica se queja-
-Si soy la única chica que conoces-reprochó ella, ligeramente ruborizada-¿Qué se supone que significa eso?-
-¿Que eres muy quisquillosa, quizá?-sonrió él, carismático
-Sí, claro-perfeccionó por completo, el nudo de la corbata-Que gracioso-y así, apretó fuertemente hasta que alcanzara el cuello del varón
-Oye, pero…-habló él, luego de recobrar el aliento -¿En verdad crees que hicimos bien?-y así, se aflojó un poco el apretado nudo
-Sí, era lo mejor-respondió ella, seria-Para todos y especialmente, para Men-aclaró, sin verle a la cara-Es algo que debe saber de su padre, no de nosotros-
-Sí, en eso tienes razón-se rascó la cabeza, él-Pero, ¿no crees que fue mala idea?-le preguntó, incrédulo-Dejarlos a cargo de Kino durante el funeral de Jeanne…-la mencionó y ella, pareció paralizarse-Digo, a él y a Hannah-
-Como acabo de decirte, depende del padre-contestó la rubia, sin perder la compostura-Tuvimos que decidir por él, porque Ren no tenía idea de que hacer-volvió a explicarle, al olvidadizo Usui-Supongo que no debe ser fácil, decirle a tu propio hijo que…-
-Está bien-el peliazul la interrumpió, tranquilamente-No es necesario que lo repitas-le sonrió, cálidamente-Al menos, no conmigo-
-¿Aún sigues pensando que no tuve la culpa?-cuestionó ella, esperanzada-¿Es eso?-
-Lo único que sé, es que el negro te queda fantástico-el peliazul la halagó, logrando que ella se sonrojara-Sólo que ese vestido no es el indicado para ti-agregó, a su descripción-Más bien, esta situación no es la indicada para ti-
-Comportémonos, ¿sí?-la rubia, bajó la vista-Somos lo suficientemente grandes y maduros, como para entender una situación como esta, ¿verdad?-apretó, los puños-Pórtate como un adulto y deja de protegerme por un segundo-
-Lo haré, si me prometes que estarás bien-aceptó él, viéndola fijamente-Que, pase lo que pase, no llorarás-dijo él, tomándola del mentón-De lo contrario, lo sabes, ¿verdad?-su mirada seria se encontró, con los ojos débiles de la chica-Le daré una paliza, a ese imbécil-
-Lo sé-se limitó a responder, ella-¿Sabes? La camisa no va así-comentó, metiendo la camisa del chico, dentro de los pantalones-Y se supone que debes abrocharte estos botones-y entonces, se encargó de prenderle correctamente el esmoquin
-¿Que no es muy serio, acaso?-bufó, él-Creo que no encajo, con todo esto-
-Se supone que te veas serio, idiota-chistó ella, divertida-Y quítate esto, ¿quieres?-le desató rápidamente, la banda blanca-Ya eres un hombre, no un niño-
-¿Que no me veo más desprolijo así?-cuestionó él, al notar unos pelitos, cayendo sobre sus ojos
-No, por supuesto que no-sonrió ella, con un leve sonrojo-Así, estás perfecto-
No sabía por qué, pero… teniendo en cuenta que ahora debía enfrentar el primer estado como viudo de Ren, la compañía de Horo Horo la hacía sentir segura, incluso más segura de lo que se hubiera sentido al lado de Yoh.
Llegar al cementerio y más aún, al lugar especifico que había sido reservado por la familia Tao… fue ligeramente sencillo para la pareja que no pasó desapercibida para ninguno de los presentes, después de todo cada uno de ellos estaba al tanto que ella era una mujer casada y que el hombre que venía a su lado muy orgullosamente no era su marido, sino uno de los cuantos invitados que había sido agregado a la lista a última hora y que además de eso estaba parando en la casa de la joven mujer con una confianza que se hacia sospechosa.
Después de todo él llevaba la frente en alto como lo hubiera hecho todo un caballero, ella iba aferrada a su brazo izquierdo como si su valentía dependiera exclusivamente del peliazul y tenía los labios sugestivamente rojos apretados contra la barbilla, como un símbolo más de la frustración que anidaba dentro de si y para poder reprimir la rabia que le daban los comentarios de semejante acto promiscuo.
¿Quizá fue demasiado obvia? No, era que ese chico la conocía mejor de lo que ella misma se conocía, más bien.
Por eso él apretó con fuerza las manos de la hermosa dama, a quien escoltaba con un orgullo que quizá era erróneo y que incluso hacía sentir a la Kyoyama más segura de lo que se hubiera imaginado, ignorando el hecho de que las sospechas no paraban de acumularse en sus oídos y en el perfil casi estresado de una Anna que encontró refugio en un hombre que no era su marido.
-Aún estás a tiempo, ¿sabes?-le habló él, sin verla a la cara-Podemos volver-
-Soy una adulta-respondió la rubia, mirando hacia el frente-Tengo que afrontar esto con madurez-
Dio un paso hacia adelante y, tanto la culpabilidad como la vergüenza, la abandonaron por un par de minutos.
Seguramente todo habría salido como había sido planeado si no hubiera sido por él, él que deambulaba de un lado hacia el otro con una botella en manos y esparciendo alcohol por cada centímetro de aire a su alrededor, en tanto arrastraba los pies por el césped como si le costara caminar e incluso se asemejaba a un cachorro perdido en medio de una gran multitud.
Sí, definitivamente todo hubiera salido a la perfección… si tan sólo él no la hubiera mirado a los ojos de esa manera, si no se hubiera detenido justo unos metros antes de los estáticos pies de la Kyoyama y si el corazón de la joven mujer no se hubiera sacudido así en presencia de esa mirada gatuna, si él simplemente hubiera dejado salir el estado de necesidad en el que se encontraba y hubiera hecho a un lado el orgullo que ahora mismo atacaba con furia.
-Viniste…-le habló el chino, sin quitarle los ojos de encima
-Sí-contestó ella, esquivando la mirada-¿Cómo podría… no venir?-
-Aprecio el gesto, en serio-bufó, el ambarino-Por más falso que sea-y así, el Usui se ubicó delante de la rubia
-Piérdete, Ren-le gruñó, el peliazul-No vas a tratarla así, delante de mí-
-¿Sabes, Anna?-chistó el chino, clavando los ojos en ella-Es perfecto, de cierto modo-achicó, los ojos-Encaja bien contigo, después de todo-comentó, dándose la vuelta-Porque tú no eres más que esto-y entonces, desapareció en dirección contraria
A estas alturas, ya no era un misterio para ninguno de los dos, que él era un maestro a la hora de lastimarla.
Y quizá porque hoy era un día demasiado difícil para el recientemente viudo Tao ... quizá fue exactamente que ella prefirió justificarlo con tal de no hacerle caso a su acusación, entendía perfectamente que el chino estaba dolido por el fallecimiento de su joven pero psicótica esposa y que probablemente su corazón destrozado sólo había hecho buenas migas con más de una botella de alcohol, que únicamente lo había conducido a apartarse temporalmente de su sano juicio y así ser capaz de aliviar su propio sufrimiento a cuesta del dolor de otros.
Por eso permitió que un muy cortés Horo Horo la llevara hasta el lugar indicado, hasta el punto exacto en que todos los invitados estaban reunidos con un objetivo en común y donde ordenadamente rodeaban el ataúd de la platinada para rendirle sus últimos respetos, sólo para poder honrarla como quizá ella misma lo hubiera querido y brindarle un homenaje acorde a la clase de mujer que Jeanne había sido en sus años de vida.
Fue inexplicable, pero ... de repente se le cerró el pecho como si hubiera sido una reacción natural, era como si la culpa estuviera atándola perversamente a una despedida forzosa e incluso un poco de vergüenza estuviera reteniendo a sus dudosos pies contra el césped, incluso si eso significaba admitir que estaba aterrada de volverse a encontrar tan de cerca con esa mujer y seguir negando repetidamente que no había tenido nada que ver con la muerte de la difunta que estaban a punto de enterrar bajo tierra.
CUANDO TENÍA QUE VER, Y MUCHO.
-No puedo...-ella se abrazó, los brazos-Es demasiado...-apretó, los dientes-Creí que podría, pero...-
-Oye, estoy aquí, ¿no?-él sevolteó, para tomarla del rostro-Yo te protegeré, así que... no tienes por qué tener miedo-le sonrió, carismático-Vamos, dame la mano-
-No, no puedo, en verdad...-dijo ella, zafándose de la cercanía-Siquiera sé cómo hice, para poner pie en este lugar-agregó atormentada, por los recuerdos-Bueno, seguramente habla de lo hipócrita que soy-
-¿Hipócrita tú?-encarnó las cejas, el peliazul-¿En serio?-
-Dile a Yoh que me volví a la casa, ¿sí?-resolvió ella, viéndolo a la cara-No me siento bien, después de todo-y así, se dio la vuelta sin mirar atrás
-Espera, voy contigo-él la detuvo, sujetándola de la muñeca-Déjame que le avise y salimos, ¿si?-le propuso, algo preocupado-No me tomará nada-
-Sabes que me vendría bien estar sola, ¿verdad?-lo contradijo ella, esbozando una pequeña sonrisa-Estás consciente de eso, ¿cierto?-
-Sí, lo sé-le correspondió él, sonriente-Y es por eso que no puedo dejarte ir-
Ella esbozó una sonrisa tranquilamente, en el momento en que él marchó a cumplir con lo dicho.
A simple vista parecían estar bastante cerca del lugar de reunión para el "merecido" homenaje, sí... pero de alguna manera a ella se le hizo cada vez más larga la distancia, quizá porque ni había caído en cuenta que había empezado a retroceder y que sus propios pasos la habían alejado un poco demasiado del entierro de la platinada, para poder camuflar entre los numerosos árboles la vergüenza que prácticamente parecía desbordarla y permitirle una vez más a su odio salir a luz para tomar represarias contra una difunta.
Definitivamente no podía creerse la situación tan hipócrita en la que se había metido, venir a rendirle culto a la misma mujer que había odiado por esos seis largos años y fingir ese llanto que tenía más que ver con dicha que con sufrimiento, inclusive si eso significaba hacer visible la clase de mujer repulsiva en la que se había convertido y llevarse con eso sólo la satisfacción de saber que esa mujer ya no representaba un obstáculo en su camino.
Y aunque podría haberse justificado diciendo, que la consciencia le había estado jugando una mala pasada... la primera de sus desdichadas lágrimas la declaró culpable al instante, era frustración lo que la recorría desde la punta de los pies e incluso era impotencia lo que se había apoderado de su mente, sabiendo que su actitud desconsiderada estaba llevándola a ganarse el odio del Tao y a perder muchísimo más que su orgullo por la bendita mujer suicida.
Sin embargo a estas alturas ya no valía la pena seguir ocultándolo como si fuera un secreto, la rubia había detestado a esa mujer incluso por el simple hecho de existir y había deseado miles de veces que de alguna manera desapareciera de la vida de Ren, incluso si eso la obligaba a tener que hacer justicia por mano propia y a sacrificar lo poco de bondad que quedaba en lo profundo de su alma.
Después de todo, a pesar del pequeño gramo de culpa que sentía, por haberle acelerado la muerte prácticamente... disfrutaba que estuviera muerta, por más sínico que sonara.
-¿Huyendo?-el chino la interceptó, en medio del silencio
-Hazle honor a la memoria de tu esposa, ¿quieres?-bufó, ella-Es lo que querías, por lo que recuerdo-
-Bueno, esto es como un clásico para ti-él se burló, sin compasión-Te escapas cuando no sabes que hacer, ¿no es así?-caminó hacia ella, para quedar justo frente a sus narices-Y parece que, hoy, tampoco será la excepción-
-De acuerdo-ella cerró los ojos, para calmar la rabia-Si tanto quieres que te diga la verdad, pues te lo diré-apretó, los dientes-No me duele la muerte de tu esposa, para nada-lo miró, seriamente-Lamento tu pérdida, sí... pero no va más allá de eso-agregó, a la confesión-Y creo que tú, a estas alturas, deberías saberlo-
-¿Qué?-chistó, él-¿Que te preocupa lo que vaya a pasar conmigo a partir de ahora?-
-Exactamente-contestó, ella-Nunca dejé de preocuparme por ti-
-Bueno, ése es un lindo discurso para un día como este-bromeó él, volviendo sobre sus pasos-Planeaste bien esta jugada, ¿verdad?-movió un poco, la botella vacía-Para hacerme creer que eres inocente-
-Estás borracho, como siempre-comentó ella, disgustada-Porque esa es la única manera que tienes, para poder lidiar con esto tú solo-habló y algo dentro de él, se quebró-Eres patético, sinceramente-
-¿Verdad?-él soltó, un aire de tristeza-Sí, tienes razón, soy patético-accedió a, coincidir con ella-Tanto que... me doy asco, ¿sabes?-
-¿Ren... ?-pronunció ella, temiéndole a sus propias palabras
-Sabes que... todo lo que te dije la otra vez, no lo dije en serio, ¿verdad?-habló él, de espaldas-Nunca podría odiarte, ni aunque quisiera-
-¿Se supone que eso tendría que hacerme sentir mejor?-reaccionó ella, a la defensiva-¿Crees que... puedo olvidarme tan fácil?-continuó, haciéndolo responsable-No tienes idea de lo que me hiciste sentir-
-No tiene caso, ¿verdad?-chistó, él-Que te lo diga...-desvió, la mirada hacia el cielo-Bueno, creo que ya no haría diferencia, a estas alturas...-
-¿Qué cosa no haría diferencia?-cuestionó, ella
-Es estúpido, ¿sabes?-él dejó el envase vacío, en el césped-Lo que siento en estos momentos...-pasó uno de sus dedos, por el pico de la botella-Es estúpido sentir que te necesito, a pesar de que me odias...-
-¿Qué estás- ...?-musitó ella, antes de que él se diera la vuelta
-Pero no puedo evitarlo y tampoco quiero controlarme, ¿sabes?-confesó él, acercándose de repente-Te necesito, te necesito sólo a ti, Anna...-musitó, abrazándola lentamente-Te necesito más de lo que puedes imaginar, tanto que incluso es estúpido...-
-¿Por qué... ?-susurró ella, sin poder reaccionar-¿Por qué siempre ...?-sus hermosos ojos, flaquearon como arrastrándola al llanto-¿Por qué siempre soy tan débil contigo...?-y estando casi recargada en el hombro del Tao, la primera de sus pobres lágrimas brotó de sus ojitos
Frío, eso era lo primero que él le transmitía, cada vez que estaban cerca.
Un frío que incluso la hacía temblar ante el simple contacto y que conseguía dejarla indefensa cuando se trataba de alguien como él, él que sabía perfectamente la clase de debilidad que significaba para ella y que entendía perfectamente que un vínculo como el que ellos compartían no iba a romperse nunca, mucho menos si él continuaba recitándole frases que la enamoraban incluso aún más y que la hacían arrepentirse de la decisión que había tomado ese mismo día pero seis años atrás.
Esos brazos que en algún otro momento la hubiera abrazado con fuerza, ahora la rodeaban débilmente como si él tuviera miedo de ponerle un dedo encima y como si el remordimiento estuviera devorándole la consciencia al ocultar la cabeza entre los rubios cabellos, de una Anna que simplemente había dejado salir el llanto sin ejercer ningún tipo de control y que se deshacía en medio del abrazo de reencuentro pero que pronto marcaría la separación.
Pero no podía evitar necesitarla de una manera que podía parecer sobrenatural, era como si su dulce aroma lo arrastrara a buscar un poco más de cercanía y lo obligara a regresar a la misma mujer que nunca en su vida debería haber abandonado, para así hacerla una vez más prisionera de sus tibios labios que la tomaron en un beso de disculpa y nuevamente hacerse uno con la calidez que su primera amada no se negó a entregarle ni por un segundo.
La boca del Tao la buscó hasta el último extremo sin controlarse siquiera un poco, su desbordante amor por la rubia hizo caso a los estímulos de su maduro cuerpo y así las manos varoniles acariciaron desesperadamente desde la cintura hasta las piernas de la femenina, contra un árbol que hizo presente la respuesta más que satisfactoria por parte de la Kyoyama y que fue testigo de un impulso de adolescentes irrespetuosos ante la mirada espía de un oportuno peliazul.
-¿Ren?-la voz de aquel chico tan amistoso, provocó que algo dentro de ella se quebrara
