UN AÑO MAS TARDE…

En un parque, Joe esperaba sentado en un banco. Estaba flaco y su situación física era desmejorada. Su esposa no tardó en acercarse a él, despacio, tomando asiento a su lado.

-Hola, Mina – la saludó.

-Hola Joey.

-Estas muy guapa. De veras. El tiempo te ha favorecido, si.

Se produjo el silencio. Mina suspiró.

-¿Y tú como estás? – preguntó ella.

-Oh, estoy bien. Sí, fenomenal, con el alta medica otorgada…. Mina, lamento todo lo que ha pasado… De veras, yo… ahora lo comprendo… comprendo que me dejé llevar por mi… mi obsesión…

-Joe…

-Déjame terminar, por favor. Ah... estaba tan enfrascado en esas historias que no veía lo que tenía importancia. Te prometo que me centraré en volver a ser el que era, si me das otra oportunidad, Mina.

-Yo…

-¡Por favor! Solo si… solo si tú estas conmigo, podré afrontarlo. ¡Dime que si! ¡Dime que si, por lo que mas quieras!

Mina iba a volver a hablar. En ese momento, algo sucedió… Una nueva visión asaltó el cerebro de Joseph Bodenland, mostrándole nuevas cosas…

En el espacio, una flota de naves Ori pasaban por la SuperGate a nuestra galaxia, destruyendo la escuadra de naves del SG-1 y sus aliados que les hacían frente. Nada podía detener el avance de esta arrolladora flota Ori… en solo cuestión de tiempo, lo dominarían todo… todo…

-¡Oh, Dios mío! ¡Los Ori están aquí! ¡Vienen para acá! – gritó. Mina se levantó de su lado, entre consternada y aterrada.

-Joe, ¡ya basta! No es real…

-Tú no lo entiendes. Si el SG-1 no encuentra el arma de Merlín a tiempo, ¡todos moriremos!

Mina contuvo las lágrimas. Le dio la espalda a su marido.

-Adiós Joe.

-¡Mina, por el amor de Dios, tienes que creerme! ¡Es real! ¡Es real! ¡LOS ORI VIENEN!

Pero ella no lo escuchaba. Se marchó, dejándolo solo…

Completamente solo…


Joe perdió su casa también. Al no poderla pagar, debido a la malísima situación económica en la que estaba sumergido, el Gobierno se la embargó. De la noche a la mañana se convirtió en un vagabundo en Bakersville…

Mina se fue. Definitivamente se alejó del pueblo también. Por más que la buscó, Bodenland no pudo dar con ella.

Sus amigos también lo dejaron de lado. Tenía la entrada prohibida al bar de Moe después de todo lo que le había sucedido.

Convertido en un paria, despreciado por todos, temido por loco, Joe tomó una drástica decisión. No necesitaba ya de la pirámide para tener visiones, estas llegaban como siempre en todo momento. Eran la única guía que tenia para marchar…

Y eso hizo. Haciéndose con un revolver, marchó decidido al único sitio en donde podía ir a hacer justicia.

Al SGC.


EN LA ACTUALIDAD. INTERIOR DEL SGC, EN UNA CELDA DE DETENCION…

El SG-1 escuchó la triste narración de cabo a rabo en completo silencio. Nadie quiso interrumpir a Bodenland mientras la contaba. El hombre, cuando terminó, se dedicó a mirar a todos con sus ojos cansados y cargados de enojo… pero a la vez, fascinado de comprobar que efectivamente, todo lo que había visto era real, cien por cien real…

-Increíble – es todo lo que Carter atina a decir. Mira a Jackson – Es… sencillamente increíble.

-Ja. Increíble – se mofa tristemente Joe – Para usted, Coronel Samantha Carter, esto es solo algo más "increíble". Para mi es la ruina. ¡Han arruinado mi vida! ¡Ustedes! ¡Ustedes y sus malditas aventuras que ninguna Editorial quiere tener! ¡Ustedes!

-Señor Bodenland, no sé que decirle exactamente para tranquilizarle – empezó Mitchell – Pero le aseguro, señor, que nosotros no sabíamos que esto le estaba pasando. Y realmente, en nombre de todos… pues… lo siento.

-Lo siento. ¡Y es todo lo que me pueden decir! Lo siento – Bodenland suspiro ruidosamente – Yo… Yo… dejé que mi cabeza se perdiera. Desde que esa maldita pirámide llegó a mi vida, en vez de darme Fama o Éxito, me dio el Infierno.

Silencio. Todos se miraron entre si, afligidos.

-Estoy en sus manos. Seguramente ahora me espera la reclusión perpetua por penetrar en una Base del Ejército. Lo acepto… Perdí a mi esposa y un año de mi vida en una Clínica Siquiátrica, ¿Qué más me queda por perder ya?

-Nada de eso – dijo Landry, entrando abruptamente en la celda – De ninguna manera.

-¿General? – preguntó Carter, pero el experto jefe militar le hizo un gesto para que guardara silencio.

-Nadie va a detenerlo, señor Bodenland. Asumimos que su caso es… extraño, pero nosotros no somos delincuentes ni gente incivilizada. Vamos a ayudarlo.

Joe enarcó una ceja.

-¿De veras?

Landry le colocó una mano sobre su hombro.

-He escuchado su relato yo también. Y puede estar tranquilo: le creo.

Joe no pudo resistirlo más. Lloró en silencio.

-Sam, quiero que trabajes en esto. Usted también, Dr. Jackson – miró al resto – Todos. El señor Bodenland aquí presente ha sido victima de algo que escapa a sus capacidades y en parte, somos responsables indirectos de lo que le pasó… ¡Se merece nuestra ayuda!

Nadie replicó en contra. Todos habían escuchado y vivido en cierta forma, la odisea de Joe.

Y todos estaban de acuerdo en encontrar respuestas para este caso.

Le sacaron sangre, lo revisaron con avanzadas máquinas de laboratorio… y hasta intentaron localizar la perdida pirámide de cristal que lo iniciara todo…

Cuando se hartaron de todas las pruebas, en la Sala de Reuniones del SGC, Carter expuso los resultados obtenidos. Bodenland estaba allí; vestido con ropas mas limpias, aseado y afeitado y sobre todo, descansado, lucia diferente. Muchísimo más normal, era la palabra exacta…

-El señor Bodenland es normal, físicamente hablando– dijo – En donde hay alteraciones es en sus patrones mentales. Al parecer, las tomografías demuestran una sobreexcitación en varias zonas del cerebro, provocadas por la exposición a algún tipo de radiación…

-La pirámide – murmuró Joe. Carter asintió.

Jackson intervino.

-La reencontramos. Y la analizamos. La pirámide pareciera ser una suerte de catalizador espacio-tiempo. Una suerte de aparato construido con tecnología Antigua, sin duda alguna. Y se activó accidentalmente cuando Joe la tocó por vez primera.

-¿Cómo es posible que un aparato de los Antiguos aparezca en una venta de garaje en un pueblito de USA, Doctor Jackson? – atinó a preguntar Landry.

-Bien, deberemos pensar que su anterior dueño, el difunto señor Salinger, la adquirió en la venta de algún mercado negro en alguna parte del mundo. Al parecer, ese hombre coleccionaba cosas en su casa. No es de extrañar que la pirámide fuera una de ellas…

-¿Pero por qué una conexión a eventos que nos relacionan? Eso no tiene sentido.

-Me temo que no hay explicación racional para eso, General. Pero cuando Joe tocó la pirámide, se creó un lazo entre ella y él… y entonces, su cerebro se alteró.

-Como una antena parabólica o satelital – dijo Mitchell, a modo de ilustración simple.

-Asombroso – exclamó el mismo Bodenland - ¿Y puede revertirse?

Jackson hizo una pausa antes de responder.

-Si… pero solo destruyendo el dispositivo, claro.

-¿Eso cortara la conexión? Es que no hacia falta que la pirámide estuviera conmigo para tener las visiones…

-La conexión se transmite por el sub-espacio. Destruida la pirámide, se corta – le explicó Carter – Las visiones cesaran completamente.

Landry miró a Joe.

-Es su decisión.

-Hágalo, por lo que más quiera. Deseo la paz. De veras.

Landry le volvió a apoyar una mano en el hombro.

-Así será.


EN UN PARQUE MUNICIPAL, EN ALGUN LUGAR. MAS TARDE…

Joe esperaba de pie ante una estatua de un soldado. Mina aparece cerca de él, reticente.

-Hola Mina – la saluda, volviéndose hacia ella.

-Sólo dispongo de diez minutos. Tengo que volver al trabajo en seguida. No resulta fácil decir esto, Joe… Quiero el divorcio.

Una camioneta negra se estaciona cerca. Las puertas se abren y un hombre vestido con el traje militar de un General del Ejército sale, comenzando a caminar hacia ellos…

-Lo sé. Tienes todo el derecho del mundo a pedírmelo, cariño…. Pero antes de eso, hay alguien que quiere conocerte. Ahí viene.

El hombre del traje de General se les une, sorprendiendo a Mina. Joe sonríe, aliviado.

-Pensé que no vendría.

-¿Cómo no iba a venir? Después de todo lo que pasó, amigo… Me complace darle una "manito" – dijo Jack O'Neill, sonriendo – Buenas tardes, señora Bodenland.

-Mina, él es Jack O'Neill, General de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos de Norteamérica. Y además, antiguo miembro del SG-1.

-Modestia aparte, claro – puntualizó O'Neill, mientras asentía – Es un gusto conocerla, señora…

Mina tan solo pudo atinar a abrir la boca, asombrada.

-Creo que los tres tenemos muchas cosas de las que hablar. Cosas acerca de su marido y de mis amigos y yo – O'Neill señala a sus espaldas, en dirección de la camioneta negra de la que se había bajado. Allí el resto del SG-1, Vala y Teal'c incluidos, saludan a la mujer desde su interior – Vamos. Conozco una cafetería por aquí cerca… será mas agradable.

Mina acepta. Se vuelve hacia Joe y con lágrimas en los ojos, le estrecha una mano. Él le sonríe, cariñosamente.

…Los tres se marchan a tomar un café…

FIN