Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capitulo 5:"Pizza voraz"

¿Cuántos días llevaba ahí sentado pensado en aquella estupidez?—se pregunto fastidiado el santo de Cáncer y con desesperación se levantó de su sillón para colocar la música en su estéreo, la más metalera que tenia. Ya tenía una idea.

Quizá si hacía lo único que le salía bien además de los sándwiches y hotdogs, su diosa estaría complacida.

— ¡Pero qué fastidio!—bufó molesto.

¿Qué mas daba si le pagaba a una doncella y le hacia el platillo ?Ah no, pero Athena se le había ocurrido que fuera hecho de sus manos.

Se coloco un mandil que escondía en una repisa, exclusivo para ocasiones especiales y busco en su alacena un poco de harina y tomate en lata.

De pronto, alguien bajo el volumen de su rock pesado, entrando como si nada al Templo.

—Eres tú.

El refinado santo de Piscis había llegado, avanzando hacia la cocina de su compañero.

— ¿Pues quién crees que mas se atrevería a bajarle a tu escándalo?, se escuchaba hasta mi Templo.

El italiano sonrió descarado mientras dejaba que su amigo lo examinara al borde de la burla por tan extraño mandil.

— ¿Pero que piensas hacer?—pregunto el sueco dándose cuenta que cáncer comenzaría la tarea que los demás santos ya habían emprendido.

—No preguntes, lo que mejor se hacer.

—Pasta y pizza, ¿acaso hay algo mas que sepas hacer?

—Mira florecita de campo—puntualizo irónico el cangrejo— si Athena quiere algo que se pueda comer y que no sea una reverenda porquería, esto será lo único que me digne a hacer.

Piscis se acerco hacia su compañero y le miro extrañado, pues rara vez Cáncer estaba tan flexible con los mandatos de su diosa.

—A Athena le agradara, tus pizzas son excelentes mas no se que recuerdo podrías asociar.

— ¡Ya cállate ,tu siempre a todo le tienes que poner peros!—escupió molesto el cangrejo mientras seguía pasando alimentos de su alacena.—Ya inventare una historia, aunque no haya ocurrido. Por cierto, ¿que harás tu?

—Pensaba en Jaibas con crema de chipotle—el italiano fastidiado ante la contestación de otro, tomó una baguette y se lo aventó a la cara, quien oportunamente lo cachó en el aire.

—Déjate de estupideces y dime que harás.

—No te diré—sonrió el otro, mofándose de las reacciones de su amigo— siempre eres tan descortés con tu buen amigo de Piscis. Lo cierto es que si vas a hacer pizza, ya tenia un recuerdo bueno para ti.

El santo rodo sus ojos, ¿acaso tendría que disculparse de nuevo?—Perdóname florecita, no volverá a ocurrir. Ahora dime, ¿qué estúpido recuerdo puedo asociar con mi pizza?

—Yo pensaba en la primera vez que hiciste una pizza para mí, ya que era tu único amigo. Recuerdo que era de arcilla.

Y asi, Cáncer agudizo su mirada ante el sueco y recordó, su pequeña infancia en el Santuario.

Era una linda mañana de Abril, mientras Aioria, Milo, Aldebarán y Mu jugueteaban con pelotas en aquella especie de guardería para santos,mientras él se divertía demasiado concentrado haciendo una torre de cartas, pues le era fastidioso jugar con aquellos niños de cinco años, aunque el tuviera tres más.

De pronto Aldebarán lanzó la pelota demasiado lejos y esta cayó justo sobre la torre del italiano, quien enfurecido se acerco hasta él y le tomo de la camisa, apuntando su mejor puño hacia su cara.

— ¡Eres un torpe, mira lo que has hecho!—el futuro santito iba golpear la cara del torito asustado, cuando Milo le aventó una pelota mas sobre el rostro.

— ¡Déjalo en paz, tu eres el torpe!

Detrás de él, los demás santos le miraban de la misma manera que Milo.

— ¡Si te metes con uno te metes con todos, Ángelo!—grito Aioria tras su amigo Escorpio. Cáncer enfureció, soltando Aldebarán y aproximándose al escorpión.

—Déjalo Milo...—grito Aioria—lo que pasa es que como nadie quiere jugar con él, siempre es así, ¡es el sin amigos!

El de Cáncer, no sabia a que pequeño santo le rompería la cara primero mientras giraba a ver quien le decía mas cosas.

— ¡Vamos Ángelo, dibújate una cara en tu mano y háblale!—bromeó Milo ante la cara tímida de Aldebarán y Mu.

— ¡Mejor la estampare en tu cara y te dejare sin dientes de leche, estúpido, les enseñare a todos!—el de Cáncer comenzó z correr tras los traviesos santos cuando una doncella llego hasta esa habitación acompañada de un santito que ya lo habían visto en varias ocasiones, pero que casi no hablaba con nadie, pues era demasiado callado y solitario.

— ¡Ya basta niños!—grito una doncella llevándose a los niños mas pequeños a la parte de afuera del lugar— ¡Ángelo, si sigues con esa conducta, tendremos que hablar con el Patriarca!

—Maldición...—bufo irritado el santo, dejando caer sus piecitos al suelo y cruzando sus brazos con su cara arrugada.

De pronto, en aquella sala solo se encontraban Afrodita y Ángelo mientras se escuchaban las risas de los demás niños. Afrodita no le prestó mucha atención y se sentó en una silla, sacando de su bolsillo un poco de arcilla.

Cáncer continuaba maldiciendo en el suelo mientras Afrodita no le quitaba la mirada de encima, intrigado por el comportamiento del italiano. Segundos más tarde, la curiosidad hizo presa al santo de la última casa y se aproximo hacia el malhumorado niño, sentándose a su lado.

—Oye tú, ¿que haces?

— ¡Que te importa, y mas te vale que te alejes o me las pagaras!—respondió agitado el cangrejo.

— ¿Qué nunca te cansas de enojarte?—replico el sueco con apatía— en fin, mira lo que he hecho. Es una rosa de arcilla, la pintare y se la daré al maestro.

Una pequeña rosa de arcilla, con fino de talle incluso en las hojas, Piscis coloco frente al molesto Cáncer.

—En que tonterías pierdes tu tiempo, niño. —al decir esto, el santo con un manotazo, tiró la rosa de arcilla de su amigo.

Lejos de enojarse, el santo de ojos celestes, resoplo sus cabellos y suspiro—Puedo hacer otra.

El santito de Piscis se alejo del pequeño niño y busco mas arcilla, llevándola hasta donde estaba sentado Cáncer.

— ¿Qué cosa te gusta? , digo a ti pueden parecerte no gustarte nada, pero todos tenemos algo que nos gusta. —El santito sueco comenzó a modelar la arcilla entre sus manos—Puedes también parecer rudo, pero en el fondo es porque tienes miedo que los demás te hagan daño.

El de cáncer río irónico—Me gusta golpear ha idiotas como tu, eso me encanta ¿sabes?

—Pues entonces no te la pondré nada fácil, solo tengo un año menos que tu y también puedo golpearte—contesto sin miedo el otro ante la sorpresa del de cabellos grises— pero no me interesa, eso si es perder el tiempo. Además si quieres realmente demostrar tus habilidades, deberías hacerlo en algo más interesante, como el arte.

El de Piscis colocó la arcilla en manos del cangrejo, que le miró con intriga.

—Te apuesto a que si logras hacer algo que te guste en arcilla, te dejare golpearme la cara. Si no lo logras, lo hare yo.

El santo rodó sus ojos sorprendido ante tal petición y comenzó a modelar la arcilla entre sus manos. Uno tras otro, los intentos fracasaban llevando al borde de la desesperación al santito, pero no era porque la tarea fuera en si difícil, si no que a Ángelo no había nada que se le viniera a la mente. Intento hacer una rata, hasta un mismo cangrejo que en lugar de eso parecía araña, hasta que por fin una idea cruzo por su cabeza.

Modeló una y otra vez la arcilla, en sus intentos por ganar el desafío hasta que por fin, una mancha con diversos puntitos sobre ella fue lo que formo el italiano.

— ¿Qué es eso?—pregunto Piscis mientras comenzaba a modelar de nuevo su flor.

—Es mi comida favorita, pizza de horno.

—Parece la mancha voraz comiéndose a sus hermanas—musito divertido Afrodita— aunque no esta mal para ser principiante. —el de ojos celestes sonrió y sin imaginarlo, el otro le imito.

—Cuando sea grande, y me dejen acercarme al horno, te hare tragarte tus palabras y hare una pizza grandiosa.

Los santos se miraron empáticos.

—Ya me aburrí, ¿te parece si hacemos de nuevo una torre de cartas?—pregunto el de Cáncer ante la cara amable del niño de ojos celestes.

—De acuerdo.

De pronto, un comentario de Afrodita hizo regresar a Máscara de Muerte de sus recuerdos.

—Y años mas tarde creciste, te pusiste horrible, gordo y sinvergüenza, y preparaste varias pizzas demasiado buenas aunque siempre en forma de mancha voraz.

— ¡Ya cállate idiota!, mejor hubiera cobrado mi premio rompiéndote la cara y no tendría que soportarte—musito bromista el santo de Cáncer mientras lograba una harina como aquella arcilla de años atrás.

Continuara...

Mis lindos lectores, hoy ando re emocionada puesto que veo lectores nuevos y otros silenciosos que me halagan por el hecho de estar aquí, así que agradezco de corazón su interés por este fic y su tiempo, ojala les divierta un poco y recuerden este fic ahora que coman pizza, solo nos guarden una rebanada para el cangrejo y para mi!

Lo cierto es que me tome la libertad de añadir el nombre al italiano que el fandom le ha dado, ya que no me imagino a alguien que se llame Mascara de Muerte, aunque bueno si supieran el nombre de esta autora...jaja.

Viene gato, viene gato!Nos vemos la próxima!