EMBRUJADA

Por Cris Snape

DISCLAIMER: Todo pertenece a JK Rowling y su gente. No escribo esto con ánimos de lucro.

CAPÍTULO 10

Destinados

Un mes después de que Muriel Prewett les asegurara que no había forma de romper el vínculo mágico que se había creado entre ellos, Audrey y Percy habían tenido media docena de citas y ninguna de ellas salió precisamente bien. Eran demasiado diferentes entre ellos y la situación resultaba demasiado forzada como para esperar otra cosa, pero ambos lo estaban intentando. Por la cuenta que les traía, ya que los dos seguían teniendo esa clase de sueños y los dos sentían la necesidad de estar juntos cuando pasaban un par de días sin verse. A veces Percy tenía la sensación de que pasar tanto tiempo uno al lado del otro solo estaba contribuyendo a que el vínculo se hiciera más fuerte, pero no le había comentado nada a Audrey porque no quería correr riesgos. No deseaba descubrir lo que podría pasarles si dejaban de verse.

Por fortuna, salir con Audrey los fines de semana o ir a visitarla después del trabajo no estaba acarreando grandes cambios en su vida. En el trabajo todo estaba saliendo a pedir de boca. Aún no había terminado de adaptarse a sus nuevas responsabilidades, pero como siempre había sido un hombre trabajador y muy disciplinado, Percy bregaba contra las dificultades con relativa facilidad. Además, seguía contando con la inestimable ayuda de su querida Margaret, así que no tenía motivos para quejarse.

Las cosas en La Madriguera tampoco habían cambiado demasiado. Percy no había cometido la locura de contarles a sus hermanos lo que le estaba pasando con Audrey, aunque sospechaba que su madre andaba con la mosca detrás de la oreja. Percy había cambiado sus hábitos lo suficiente como para que la mujer notara algo extraño en él y ya le había hecho algunas preguntas al respecto, aunque Percy no entraba en detalles. Únicamente se vio obligado a confesar que estaba viendo a una persona, pero que de momento no era nada serio y que prefería ser prudente. Molly Weasley había aceptado esa explicación con más o menos reticencia y Percy suponía que podría respirar tranquilo durante algún tiempo, pero en algún momento tendría que aceptar que estaba destinado a pasar su vida con Audrey Prewett y tendría que decírselo a los demás. Después de todo, su unión con esa chica podría llegar a ser un asunto de vida o muerte.

Era bastante frustrante para Percy comprender que la magia le impediría tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Aunque unos meses antes no había estado interesado en tener una pareja estable, siempre había estado seguro de que, llegado el momento, la elegiría con cuidado. La mujer que se convirtiera en su esposa tendría que reunir una serie de condiciones a las que Percy no pensaba renunciar. Para empezar, debía ser inteligente, responsable, educada y discreta. Y una bruja.

Audrey Weasley no reunía esas cualidades. Percy ya no creía que fuera la criatura desagradable e irrespetuosa que había conocido un día, pero seguía sin parecerle una compañera adecuada. Era muy joven, muy habladora, muy escandalosa y demasiado muggle para su gusto. Y sin embargo no era una persona del todo desagradable porque tenía la cabeza bien amueblada y sabía muy bien cómo ser divertida y encantadora si se lo proponía. Percy había descubierto que la chica era una aficionada a la lectura y él, que desde hacía un par de años había empezado a consumir literatura muggle, se había dado cuenta de que estaba muy bien compartir opiniones sobre libros con ella. De hecho, la mayor parte de sus conversaciones giraban alrededor de los libros y, cómo no, del vínculo mágico existente entre ellos.

Audrey no terminaba de comprender lo poderosa que podía llegar a ser la magia. Desde muy niña había aprendido a verla como un juego. Su hermana, que tendía a tomarse todo con bastante seriedad, siempre había obviado la parte negativa cuando le hablaba a Audrey sobre el tema. Ni siquiera durante la guerra le habían explicado lo terrible que podía llegar a ser la magia negra, aunque la niña no había sido estúpida y se había dado cuenta del peligro que todos corrían. Pero después, Harry Potter había vencido al Señor Tenebroso y el miedo y la incertidumbre quedaron atrás. Audrey había dejado de ser una niña y se había transformado en una adolescente rebelde a la que no le importaba otra cosa que no fuese ella misma. Hasta ahora.

Percy había intentado explicarle muchas veces cómo funcionaban los vínculos mágicos, pero Audrey siempre le hacía una pregunta que él no sabía muy bien cómo responder. Porque, si dichos vínculos actuaban directamente sobre los núcleos mágicos de los involucrados. ¿Por qué le afectaba a ella, que carecía por completo de magia? Ése era uno de los motivos por los que Percy pensaba que no estaban tan atrapados como creían, pero no bastaba para animarle a expresar sus dudas.

Por el momento, lo único que podía hacer era conocer a Audrey, pasar tiempo con ella y aprender a apreciarla. Reconocía que esto último no era demasiado difícil, pero no estaba seguro de que sus sentimientos hacia ella fueran a ir más allá. Nunca había sido un tipo romántico, pero no creía que alguien pudiera enamorarse sólo porque era lo que tenía que ocurrir. Era cierto que ambos se estaban cogiendo cariño y que los sueños nocturnos despertaban, al menos en Percy, otra clase de sentimientos más primitivos, pero el amor permanecía aún muy lejos. A veces, el brujo dudaba seriamente que fueran a ser capaces de alcanzarlo.

Aquel sábado habían quedado por la mañana. Pensaban pasar el día en Hyde Park y Percy había planeado un pequeño picnic. La idea era hablar largo y tendido. Aunque ya habían mantenido algunas conversaciones más o menos interesantes, cuando salían acostumbraban a ir a sitios en los que hablar podía convertirse en una odisea. Casi siempre estaban rodeados de mucha gente, o había música muy alta o debían permanecer en silencio. Percy creía que un día en el parque les podría ayudar a aclarar ciertos aspectos relacionados con el futuro común.

Tanto Percy como Audrey llegaron puntuales. Se saludaron con un apretón de manos y se hicieron unas cuantas preguntas de rigor, nada personales y bastante relacionadas con el tiempo o la familia. Después, iniciaron el paseo. El parque era un lugar agradable, aunque ese día hacía un poco de frío. Por fortuna el cielo estaba bastante despejado y nada parecía indicar que Londres fuera a sufrir una de aquellas lloviznas tan habituales durante muchos meses al año. Quizá por ese motivo había mucha gente que también pasaba la jornada allí. Percy estaba seguro de que absolutamente todos eran muggles y los observó con algo de curiosidad. Realmente la gente no-mágica nunca llamó demasiado su atención, pero desde que había descubierto que Audrey era algo parecido a su media naranja, empezó a fijarse un poco más en ellos. Y Percy nunca supo muy bien qué esperar de esas personas, pero descubrir que no eran tan diferentes de los magos le sorprendió.

Los muggles que les rodeaban realizaban actividades de lo más normales. Iban al parque con sus familias, con sus amigos y con sus mascotas y se dedicaban a caminar o practicar deporte. Por supuesto que nadie jugaba al quidditch, pero no era complicado ver a gente dándole patadas a un balón o pasándose una pelota de forma ovalada. Algunos simplemente corrían y unos cuantos usaban zapatos con ruedas o cosas similares.

—¿Has jugado alguna vez al fútbol? —La voz de Audrey le sobresaltó. Percy no se había esperado que fuera a hablarle, pero llevaba bastante rato mirando a unos chicos practicando aquel deporte y ella debió considerar que lo adecuado era decir algo. Ante la negativa del chico, Audrey siguió hablando— Es divertido. De pequeña me apunté al equipo del colegio pero me cansé enseguida.

Audrey tenía toda la pinta de ser una de esas personas que no acostumbraban a terminar las cosas que empezaba y por eso no le extrañó descubrir esa última información.

—Mafalda a veces habla de un deporte que tenéis vosotros. No recuerdo el nombre.

—¿El quidditch?

—Eso es. Quidditch. ¿A ti te gusta?

—En Hogwarts seguía con bastante interés la competición del colegio, pero ahora mismo no me interesa demasiado. Y tampoco se me da bien jugar, así que… —Percy se encogió de hombros y vio como Audrey le sonreía. Tenía una sonrisa bonita y agradable y se vio obligado a imitarla.

—Pues creo que mi hermana odia el quidditch. Dice que se organiza demasiado revuelo y que no es para tanto. Pero le gusta volar en escoba.

—Hay quien dice que volar es algo único, pero nunca le he visto la gracia.

—¿Por qué no? Suena emocionante.

—Me parece que existen medios de transporte mucho más útiles y más rápidos, así que es una pérdida de tiempo ir a los sitios volando pudiendo utilizar la red flu o aparecerse. También hay quién vuela por placer, pero yo nunca he encontrado nada divertido en eso.

Percy podría haber añadido que odiaba correr riesgos innecesarios y que los palos de las escobas eran la cosa más incómoda del mundo mágico, pero Audrey aprovechó su pequeña pausa para interrumpirle con una nueva pregunta. Parecía interesada en sonsacarle información, lo cual sólo podía ser algo bueno porque estaban allí precisamente para conocerse un poco mejor.

—¿Qué cosas te parecen divertidas?

—Como ya sabes, me gusta muchísimo leer. –Audrey asintió y esperó a que Percy añadiera algo más, pero en realidad no había mucho más que añadir. En lo que se refiere a aficiones, el brujo andaba un poco limitado— También me interesan la política y la economía.

Audrey lo miró con una expresión extraña, como si se muriera de ganas por preguntarle si no le gustaban cosas más normales como salir a tomarse unas cervezas con los amigos o acudir a conciertos de música. Sin embargo, fue Percy quien volvió a hablar.

—¿Qué aficiones tienes tú? A parte de la lectura.

—Lo normal. Me gusta ir de compras, ir a bailar y cosas así. Y me encantan los niños.

—¿En serio? Yo tengo un montón de sobrinos y me gusta pasar tiempo con ellos.

Percy pensó en la pequeña Roxanne, quien lloraba todo el rato y que siempre se callaba cuando él la cogía en brazos. Se dio cuenta de que a Audrey parecía hacerle gracia la idea de que a él le agradaran los niños y se dijo que ese era un momento como cualquier otro para llevar el tema hacia donde quería.

—Supongo que algún día será agradable tener hijos propios.

—Supongo –Audrey se encogió de hombros— Aunque creo que es mucho mejor cuidar de los niños de los demás porque sólo son tu responsabilidad durante unas horas al día. Cuando tienes hijos, tienes que estar pendiente de ellos todo el rato.

Percy sonrió y tuvo que darle la razón. Por más agradable que encontrara la compañía de sus sobrinos, para él siempre había supuesto un alivio ver cómo sus padres se los llevaban a casa, especialmente cuando se trataba de James y Fred. Nunca había pensado con demasiado detenimiento lo que supondría tener un niño a su cargo las veinticuatro horas del día, pero imaginaba que sería absolutamente agotador. Y aunque a Percy Weasley nunca le había dado miedo asumir responsabilidades, no estaba seguro de sentirse preparado para tener en sus manos el bienestar de una pequeña personita.

—De todas formas, soy demasiado joven para pensar en esas cosas. —Audrey siguió hablando— Primero tengo que tener cierta estabilidad económica y emocional y luego ya veremos. Hasta hace unos meses era un desastre andante. No quiero ni pensar en cómo habría sido ser madre entonces.

Percy asintió. Ciertamente Audrey era bastante joven, pero a su edad Molly Weasley ya estaba casada y tenía un par de niños. En cualquier caso, Percy no tenía veintidós años. Él ya había entrado en la treintena y tenía la suficiente estabilidad económica y emocional como para hacer planes de esa clase. El problema era que el destino se empeñaba en obligarle a hacer dichos planes con Audrey Prewett.

—Antes de que pasara lo del hechizo —Audrey habló casi en un susurro y se mordió el labio inferior antes de continuar— ¿Habías pensado en todo eso?

—No me lo planteé en serio. No tenía pareja y no creí que hubiera llegado el momento de dar ese paso. Estaba mucho más centrado en el trabajo, preparándome para un ascenso.

—Entiendo —Audrey asintió y sonrió con tristeza— Parece que todo lo que ha pasado nos ha estropeado los planes de futuro.

—Eso parece. Y creo que tenemos que hablar sobre ello.

—Sí. Es lo más lógico —Audrey suspiró y clavó sus enormes ojos negros en el cielo— ¿Qué se supone que vamos a hacer ahora? Porque no sé tú, pero yo me siento muy perdida.

Percy también estaba perdido porque, aunque sabía perfectamente lo que debían hacer no tenía ni idea de cómo hacerlo.

—Creo que estamos actuando correctamente. Tenemos que conocernos y acostumbrarnos a estar juntos.

—Sí. No nos queda otro remedio.

Percy miró a la chica. Entendía perfectamente que estuviera más resignada que otra cosa, pero una parte de su orgullo se sintió herida. ¿No le quedaba más remedio que estar con él? Quizá no fuera el hombre más divertido del mundo, pero era un buen partido. Y en cualquier caso, él tampoco daba saltos de alegría por tener que estar con ella. Comprendiendo que se estaba empezando a enfadar y que era absolutamente innecesario hacerlo, respiró hondo y se dijo que aquella situación no era fácil para ninguno de los dos. Seguramente no se hubieran fijado el uno en el otro si no fuera por las circunstancias.

—Y, Percy —Audrey volvió a morderse el labio inferior— Quizá te parecerá una tontería, pero. ¿Tendremos que casarnos?

Si lo pensaba fríamente, el hecho de que Audrey le hiciera esa pregunta en ese preciso instante sí que era un poco estúpido, pero Percy creyó que lo más lógico era que le preocupara ese asunto. Un momento antes había dicho que no se sentía preparada para formar una familia, así que no debía hacerle mucha gracia que la magia la obligara a contraer matrimonio tan pronto.

—De momento no creo que sea necesario, pero si lo que Muriel Prewett dice es cierto, el vínculo se hará cada día más fuerte y llegará un momento en el que tendremos que ligarnos de alguna forma.

—¿Mediante un ritual mágico o algo así?

A Audrey parecía espantarle la idea y Percy soltó una suave risita.

—Seguramente bastaría con vivir juntos.

Audrey asintió y se sumió en sus propios pensamientos. Percy estaba contento por haber aclarado ese punto, pero había otra cosa que consideraba importante hablar con Audrey. Había esperado que fuera ella quien planteara el tema puesto que parecía ser bastante capaz de pensar en los asuntos más importantes, pero el repentino mutismo de la chica le llevó a pensar que tendría que ser él quién lo mencionara primero.

—Hay algo más que tendremos que hacer en algún momento —Dijo tras un carraspeo. Audrey lo miró de nuevo— Me refiero a ciertas relaciones más —Percy estaba bastante incómodo, pero tenía que decirlo— Más íntimas.

Audrey no daba la impresión de ser una chica que se ruborizara con facilidad, pero cuando Percy hizo ese comentario su rostro se volvió completamente rojo y retiró la mirada todo lo deprisa que pudo. Era como si acabara de confirmarse la peor de sus sospechas.

—¿Te refieres a que tú y yo tendremos que…?

—Mantener relaciones. —Percy nunca había carraspeado tantas veces en tan poco tiempo. Y mucho menos se había sentido tan nervioso e inseguro— Sexuales. —Vio como Audrey apretaba los dientes y se pasaba las manos por la cara. Decidió que tenía que hacerle una pregunta absolutamente bochornosa. —¿Tienes… experiencia? —Aunque parecía imposible, el rubor de Audrey fue en aumento— Porque seguramente tendremos que hacerlo en algún momento, pero no me gustaría que tú te vieses obligada ni nada.

Y la primera vez siempre era especial. Percy había perdido la virginidad con Penélope Clearwater, unos meses después de salir de Hogwarts, y aunque había sido algo desastroso, también fue bonito. Lo último que quería en el mundo era que Audrey lo pasara mal en un momento así. Siempre había pensado que para las mujeres el sexo era algo más emocional que físico y lamentaba que el vínculo fuera a estropearle su primera vez. Sin embargo, Audrey negó con la cabeza y habló atropelladamente. Aún se le veía totalmente abochornada y no miró a Percy a la cara, pero se estaba empezando a recuperar de la impresión inicial.

—No te preocupes. He tenido un par de novios. Y, bueno, en mi adolescencia no fui precisamente una santa —Audrey suspiró y agitó la cabeza frenéticamente— Lo que pasa es que tengo la sensación de que estamos haciendo planes sobre el sexo y prefiero que sea algo más espontáneo.

Percy asintió comprensivo a pesar de que creer que la chica no estaba siendo del todo sincera. En cualquier caso, también podía entender a Audrey en ese sentido. Durante su noviazgo con Penny, el sexo siempre había surgido por sí mismo, pero en los últimos años Percy sí que tendría a planearlo. Solía escoger una noche para salir a conocer mujeres y, aunque no era un tipo precisamente ligón, a veces tenía éxito. En otras ocasiones había mantenido pequeñas aventuras con compañeras del Ministerio, pero el sexo no había sido nada romántico, sino como algo ligado al final de una buena cita. A él no le había importado que fuera así, pero hasta el momento no había encontrado una amante mejor que Penny. Y Percy sabía que eso únicamente se debía a que se habían querido.

—No se trata de eso. Sólo quería que supieras que algún momento ocurrirá. Seguramente no será necesario planificarlo. Surgirá por sí mismo.

Audrey alzó las cejas y volvió a suspirar. No estaba pasando un buen rato.

—No quiero que te sientas ofendido, Percy —Volvió a mirarlo a los ojos— Me parece que eres un buen tipo y te agradezco muchísimo lo que estás haciendo por mí, pero tengo que decir que el vínculo es una mierda. No me gusta que sea la magia quién decida con quién tengo que pasar el resto de mi vida. Eso tenía que depender solamente de mí y mira lo que está pasando.

Pese a que su orgullo protestó de nuevo, Percy no se ofendió en absoluto básicamente porque estaba de acuerdo con ella.

—Sin duda no es lo que esperábamos, pero es lo que hay. —Se encogió de hombros y se atrevió a coger una de las pequeñas manos de la chica— Estoy seguro de que va a salir bien.

—Ojalá.

Audrey pronunció esa palabra tan bajito que Percy estuvo a punto de no escucharla, pero ella tenía toda la razón. Ojalá saliera bien.