Sumary: Siempre pensé en las cosas equivocadas, mi vida llena de luz y velocidad fue truncada por la suma oscuridad… y me lo merecía. La arrogancia me llevó al límite y al fin todo se apagó. ¿Habrá alguna mágica luz que vuelva a alumbrar mi camino? ¿Una estrella que me devuelva la dignidad?


Tregua

El sonido de mis zapatos eran lo único que se sentía en el intenso silencio de esa parte de la casa, a demás de mis suspiros y el golpeteo errático de mi corazón. Que aún corría enfurecido dentro de mi pecho por el incidente que había sucedido una hora atrás.

Me mordí el labio hasta que gemí del dolor, sin darme cuenta claro, que mis dientes estaban por desgarrar la piel de mi labio, como siempre sucedía cuando no podía manejar mis nervios.

Dios… ¿por qué se tardaban tanto?

Crucé mis brazos sobre mi pecho y cerré los ojos deteniéndome en mi lugar, todavía no podía olvidar. Todavía no podía sacar de mi cabeza el enojo de ese hombre, la rabia y la ira en su rostro. No podía… simplemente no podía. Y no podía evitar preguntarme si el comportamiento retraído de Noah tenía algo que ver con el comportamiento explosivo de su papá.

Pobre… pobre niño.

Mi madre siempre decía que no debía tenérseles lastima ni pena a los niños, en lugar de eso… de lamentarse y tenerles lastima debía tratar de ayudarlos, de cualquier manera posible, para sacarlos de esa situación.

Y yo iba a tratar de ayudar a Noah. Dios… era como si la reacción a su padre me hiciera abrir los ojos. El niño necesitaba ayuda y urgente. No podía pensar lo que estaba pasando ahora mismo por su increíble y al mismo tiempo frágil mente.

Bufé exasperada mirando la puerta de la habitación y luego llevé mis ojos al reloj… cuarenta y cinco minutos malditos desde que se habían encerrado allí.

Estaba por dar un paso hacia la puerta cuando ésta se abrió, detuve mi mano en el aire y abrí los ojos sorprendida, pero reaccioné cuando vi los ojos cansados y abatidos de Esme.

Ella sonrió al verme, una sonrisa que no llegó a sus ojos y le devolví una sonrisa que tampoco llegó a los míos.

_¿Cómo está?_ pregunté desviando mi mirada hacia el interior de la habitación. Esme se apartó un poco para dejarme ver al niño que dormía sobre la cama en forma de nave al estilo de la guerra de las galaxias.

Dios… se veía tan frágil y pequeño que luché por tragar el nudo que se había formado en mi garganta. De repente sentía la necesidad de acunarlo en mis brazos y decirle que todo iba a estar bien, asegurarle que yo iba a hacer lo posible para que todo lo estuviera. Pero… ¿Qué diablos estaba pensando?.

La primer regla de una tutora profesional, no involucrarse demasiado. Y en mi primer día con este niño ya sentía la necesidad de cobijarlo bajo mi ala, como una maldita mama gallina que se había encontrado a un polluelo perdido.

Cúlpenme… el niño era la ternura personificada y estaba tan solo.

_¿Qué puedo hacer?... ¿puedo ayudar en algo Esme?_ pregunté mordiéndome el labio _ dios… lo siento tanto, yo… no sabía que podía reaccionar así, yo no tenía la intención de hacer algo para incomodarlo, no sabía_

Esme tomó mi mano con una sonrisa en los labios y cerró la puerta tras ella suavemente, Noah estaba profundamente dormido,

_Shh… Bella, ven, vamos a hablar_

Esme comenzó a caminar por el corredor hasta bajar las escaleras hacia el salón, no había rastros del hombre que había arremetido contra mí y contra su hijo y me había hecho temblar de arriba abajo como una hoja. El estallido había terminado cuando Noah se echó a correr hacia el patio y lo seguí detrás, abrumada y jodidamente asustada por la ira de ese hombre.

Hubiese estado sorprendida, pero por otras razones, si lo hubiese conocido de otra manera. El hombre era increíblemente joven y… apuesto. No tenía más de treinta años, tal vez unos veintiséis o veintiocho y a pesar de sus facciones llenas de ira y rabia, pude ver el destello de belleza en él. Era alto y delgado, de piel casi pálida, tal vez por el encierro prolongado dentro de su casa, su cabello era un hermoso lio cobrizo y sus facción denotaban fortaleza y hombría, su mandíbula firme y angulosa podía cortar el cristal, sus labios… a pesar de que solo lanzaron palabras de humillación y odio hacia mi, eran perfectamente equilibrados y rellenos, ni más ni menos… y sus ojos. Pude ver a Noah allí, verdes como el césped recién cortado y regado, verdes como el brócoli cocido al vapor… tan verdes como la esmeralda, pero tan fríos y vacíos. Tan exentos de vida.

Los mismos ojos de su hijo, el mismo vacío.

Temblando y asustada salí de la casa para buscar al niño que había escapado de él como si esperara lo peor. Caminé por todo el patio llamándolo y pidiéndole por favor que saliera de donde se ocultara. Caminé por los grandes jardines exteriores mirando detrás de los arbustos y los rosales, detrás de las hamacas y juegos para niños, dentro de cada rincón de la gran pérgola que había en el linde del bosque con el jardín, desesperada y frustrada por no saber cómo hacer las cosas saqué mi celular del bolsillo trasero de mi pantalón y marqué el número de Esme, que me había dado por cualquier urgencia.

La primera lágrima de frustración cayó cuando tuve que explicarle a Esme que el niño había desaparecido porque su papá explotó al escucharme tocar su piano. Pero ella solo había tenido palabras de aliento y tranquilidad, ella me pidió que la esperara porque Noah era más autosuficiente de lo que yo suponía y que él cuidaría de sí mismo hasta que lo encontráramos.

De todas maneras no pude quedarme tranquila y de ninguna manera podía regresar dentro de la casa. Volví a revisar cada rincón del inmenso jardín hasta que escuché los pasos de tacones en la terraza de piedra, al levantar la cabeza vi como Esme bajaba las escaleras rodeando la piscina, su rostro tranquilo y calmo me dio a entender que quizá esta misma situación no era la primera vez que sucedía.

Ella caminó hasta adentrarse un poco en el bosque pasando más allá de la pérgola, a unos cuantos metros del linde… sobre un gran árbol de sauce, se encaramaba una pequeña casa de árbol. Con admiración y sorpresa vi cómo Esme se sacaba sus tacones y subía con destreza los cinco escalones que la llevaron hasta la puerta trapa en el suelo de la casa. Desapareció dentro para aparecer luego de veinte intensos y largos minutos, con un Noah hipando colgado de la cintura y con los ojos fuertemente cerrados… como si no quisiera ver.

_Siéntate Bella_ la voz de Esme me sobresaltó cuando llegamos a una mesa del solárium. Ella encendió las lámparas de las esquinas de la gran sala y se sentó en la silla de hierro moldado y mimbre frente a la mía.

La noche se veía tranquila a través de las paredes de vidrio, las estrellas iluminaban el cielo nocturno y las palmeras que decoraban la orilla de la casa, se mecían suavemente bajo la brisa refrescante. Así eran las noches en Phenix… podías pasar el resto de la noche fuera de la casa, recostado en las hamacas mirando las estrellas y simular que estas envuelto en tus sábanas. Apacible… confortable… no me imaginaba en otro lugar en el mundo.

_Esta es mi culpa_ dijo finalmente Esme dejando caer su frente entre sus manos, dios… esta mujer se veía tan cansada. _Si yo te hubiese advertido algunas cosas, no hubiese sucedido… o tal vez sí, nada es predecible con Edward._

_Fue mi culpa, tendría que haber preguntado…_ dije con mis ojos comenzando a picar _pensé que el piano era buena idea para Noah, pensé mal_

_Lo es… Bella, tal vez lo es_ Esme sacó su cabeza entre sus manos y me miró tomando una respiración profunda _ hay muchas cosas que debes saber de mi hijo, Edward… no es así, no lo era al menos. No siempre es así con Noah, él ama a su hijo._ miró sus manos sobre la mesa y suspiró _pero está tan roto. El día del accidente de auto, fue el día que le quitaron a la única mujer a la que se aferró desde que estaba en la preparatoria. Él perdió mucho ese día, no solo su sentido de la vista… él se culpa de lo que sucedió y se encerró en él mismo perdiendo, no solo a su esposa, sino también el lazo con su hijo. Y él necesita recuperarlo…_

_Noah… ¿le tiene miedo?_ pregunté tentativamente. Esme alzó la mirada vidriosa y su labio inferior tembló antes de asentir.

_Él extraña a su papá_ un sollozo rompió en sus labios _lo extraña tanto que desconoce al hombre en el que se convirtió Edward. Se asusta de él, porque él no es el papá que él conocía y amaba. Y él lo necesita de vuelta_

Bajé la mirada a mi regazo, desconcertada, sin saber qué hacer ni decir…

_A veces ese lazo se hace presente, en algunos momentos del día… cuando Noah lee Edward se viene a sentar junto a él para escucharlo, le da tanta paz, se siente tan cerca de él_ el rostro de Esme rompió en una sonrisa nostálgica. _Cuando Edward escucha su música, Noah se va a sentar cerca de su puerta o cerca de donde su padre esté. Ellos están ahí, ese lazo está ahí… pero tan fino y delicado, tan a punto de romperse_

Esme limpió sus lágrimas en silencio, mis ojos viajaron al cielo nocturno una vez más. Dios… si supiera cómo hacer para que ambos se reencuentren. Si le pudiera dar a ese niño un poco de felicidad.

Pensé en mi propia experiencia, en mi lazo con mi padre y no pude evitar comparar. Charlie no era tan afectivo ni abierto conmigo, pero el lazo estaba ahí, firme e inquebrantable. Cuando estaba en Forks, él me llevaba a pescar o de campamento junto a Emmett, lo acompañábamos a su trabajo en ciertas ocasiones, cenábamos juntos, mirábamos televisión juntos, íbamos con él a los partidos de beisbol en Port Ángeles y hasta íbamos al cine.

Mi padre era mi padre, tomaba sus cervezas recostado en el sofá mirando algún partido por las noches, salía temprano al trabajo y volvía para la cena, el pescado era su debilidad y amaba salir los sábados con su amigo Harry a buscar su ración de pescado para toda la semana. Emmett a veces lo acompañaba y otras veces lo hacía yo. Mi padre… era el mejor del mundo, el único para nosotros.

Por eso… no podía comprender cómo este hombre podía actuar así con su único hijo. Podía jurar que este mismo minuto odiaba a ese hombre con todo mi ser, por dejar a su niño emocionalmente desamparado y huérfano, aún teniéndolo. Por no mostrar ni un poco de compasión por su misma sangre y carne.

Un sentimiento que raras veces surgía de mi interior comenzó a bullir, ola tras ola de rabia y pesadumbre. Le temí, sí... el me había asustado, su ira, su furia y frustración era tan clara como el agua en su vida y yo había ido testigo de esa explosión frente a su hijo, había visto cómo había repercutido en el pequeño y había temblado como una hoja mientras lo buscaba en el bosque. Pero yo sabía muy bien también, que Edward Cullen era un hombre inestable emocionalmente, había perdido tanto en tan poco tiempo… que podía llegar a ser comprensible.

Pero de ahí a comportarse como un ogro con su hijo. Mierda…

Tragué en seco devolviendo a mi estómago las palabras y verdades que quería decirle a ese hombre. No era mi lugar… no tenía nada que ver con él y nunca lo tendría… solo iba a tener que tragarme mis verdades y tener la ínfima esperanza en los psicólogos y psiquiatras que lo trataban con la misma frecuencia que a su hijo.

Entonces me fijé en Esme, que sonreía tristemente mirando algún punto lejano en las ventanas del solárium,

_Tengo esperanza Bella, mucha… contigo_ murmuró volteando hacia mi _ hoy cuando llegué a casa, fue la primera vez en seis meses que vi a Edward sentado en su piano_

Abrí los ojos sorprendida… ¿sentado en su piano? ¿a caso había creído que lo había dañado de algún modo?

_No lo tocó, simplemente estaba allí… sentado en el taburete con los ojos cerrados y las manos a los costados, aferrado a ese asiento como si fuera una tabla en el mar._

_Yo… no lo rompí… yo no pensé que iba a suceder eso, no lo rompí_

_Lo sé cariño_ murmuró ella tomando mi mano a través de la mesa _él no estaba allí porque pensó eso de ti_ negó con la cabeza _tocaste una fibra en él llevando a su hijo a su piano, una fibra que estaba casi seca y atrofiada. No tocó, pero al menos estuvo allí sentado, algo que nunca había hecho antes. No quería siquiera entrar a ese cuarto_

Bajé la mirada sorprendida y abrumada, sin saber qué decir. Miré detenidamente el diseño entrelazado de vienesitas sobre la mesa y suspiré. Si era así como decía ella, había alguna esperanza de que el padre, aunque tuviera la venda en sus ojos, viera a su hijo. Tal vez solo faltaba un… empujoncito.

Me apresuré a llegar a mi departamento, abrí la puerta arrebatadamente, cayendo mis llaves en el camino y entré tirando el bolso en mi sofá, me saqué los zapatos dejándolos en la entrada y corrí hacia mi sala sacándome mi abrigo. Cuando llegué a mi ordenador lo encendí y me senté en la silla jadeando por la prisa. Esperé que cargara el inicio y abrí Skype, Emmett ya estaba en línea. Pulsé llamar y esperé con mi sonrisa tonta en la cara.

Pero el maldito programa tardaba…

Así que miré el refrigerador y calculé el tiempo en correr hacia él y sacar una cerveza. Emmett aún no respondía…

_Mierda!_

Me levanté de una salto y corrí por el parquet de mi departamento hasta la cocina, abrí el refri y cuando estaba sacando una pequeña botella del paquete, lo oí…

_Peque!... ¿me llamaste y me dejas plantado?_

_Voy, voy, voy!_ chillé corriendo hacia i laptop de nuevo, me senté en la silla de un golpe y no pude contener mi sonrisa. _Bro! Salud!_ levanté mi botella señalando hacia la pantalla y tomé un sorbo cuando él hizo lo mismo con la suya.

Mi hermano…

Pegados por la cintura según mi padre, gemelos a no ser por haber nacido un año antes que él, mejores amigos y protectores feroces el uno del otro. Lo amaba y una llegada a casa, un final del día no era bueno sin él en la pantalla de mi laptop antes de ir a dormir.

_¿Qué tal el dia?_ preguntó recostándose en la silla, para lo que hice lo mismo y me relajé dejando caer la cabeza en el respaldo de la mia.

_No hablemos de eso, no por ahora… déjame relajarme_ cerré los ojos y respiré profundo sabiendo que iba a tener que contarle, él no me iba a dejar terminar sesión sin saber lo que me preocupaba.

_Okeeyy_ murmuró con cautela _ entonces… ¿Qué tal te trata Pheanix?_

Sonreí abriendo los ojos para mirarlo, por supuesto allí estaba, en su mirada, esa chispa soñadora.

_Hermoso, Phoenix es asquerosamente caluroso pero hermoso, deberías venir algún día, se que quieres hacerlo… de paso, habría que decirle a papá… ya sabes, él no viene desde que-_

_Murió mamá_

Asentí bajando la mirada a mi botella sonriendo con nostalgia.

_¿La extrañas?_ preguntó Em con un suspiro. Sabía que él lo hacía y que por supuesto no se le hacía fácil hablar de ella, también sabía que si hablaba de ella era porque yo a veces lo necesitaba… necesitaba recordar.

_Si… mucho_ murmuré mirando a mi hermano y tratando de contener las lagrimas que siempre venían al recordarla _ extraño ir a la playa con ella, recostarnos a tomar sol y hablar de todo y todos_ me reí _extraño cuando criticábamos a tus novias_

_Claro… los chismes a mi costa ¿he?_ Reímos juntos. _... la extraño también_

_Lo sé_ susurré tocado un nuevo sorbo de mi cerveza.

Todos los veranos veníamos a Phoenix a visitar la familia de mamá. Los veranos eran los mejores y los días juntos eran interminables, amaba hacer un montón de cosas junto a mi familia. Papá traía su afición de pesca aquí y disfrutaba con Emmett y yo con mamá recorriéramos las playas de arriba abajo. Phoenix era como nuestro segundo hogar, luego de Forks, el pequeño pueblo de papá.

Yo me quedé aquí luego de que la vida de mamá quedó truncada por un cáncer fulminante, me quedé acompañando a la abuela Clara y a mis tíos, la hermana y hermano de mamá. Estudié en la Universidad de Phoenix y mi vida se tornó al revés, viajé todos los veranos a Forks para ver a mi papá y hermano.

Mi vida ahora estaba en esa ciudad, pero todo lo que amaba estaba lejos de mí…

_Te extraño también Emmett_ dije luego de un silencio cómodo. _ extraño jugar póker contigo hasta altas horas de la madrugada, extraño que salgamos en tu moto, extraño las sesiones de confesión, extraño el ajedrez_

_Y yo extraño ganarte siempre_

_Tramposo_ repliqué.

_Llorona_

Reímos juntos y el silencio cómodo retornó otra vez. Yo tomé mi cerveza y Em jugueteó con la presilla de su sudadera.

_Hay un niño…_ dije luego de un momento _tiene 6 años y se llama Noah._ Emmett levantó la mirada para prestarme atención _él perdió a su madre en un accidente. Y… perdió a su padre también aunque este está vivo y en su misma casa_

Emmett alzó una ceja sin comprender.

_Su papá se culpa por el accidente, él quedó ciego y … perdió el lazo afectivo con su hijo. Nunca creí que algo así pudiera suceder… sin embargo hoy me di cuenta de que por mas que te una la sangre y el mismo ADN, un padre puede olvidar a su niño y asustarlo a muerte_

_Bella…_

_Nunca pensé que… no puedo imaginar a papá hacernos eso_ dije sintiendo mi garganta apretada _ Noah es tan pequeño Em, tan pequeño y frágil… y lo veo tan perdido_

Y las lagrimas que habían estado amenazando todo el día en derramarse por mis mejillas dieron rienda suelta.

_No se qué hacer…_ gemí hundiéndome en mi silla y tapando mi cara con ambas manos.

_Cariño_ la voz de Emmett me hacía sentir segura y en casa… y mas allá de mis lágrimas era un alivio escucharlo _tú sabes lo que tienes que hacer Bella… tú lo sabes mejor que nadie, no busques tanto una respuesta porque está justo en tu interior_

_¿Qué Em? No sé qué hacer para hacerlo sentir mejor…_

_Cuida de él, como siempre hiciste con todos… con nosotros. Cuida de ese niño y dale tu cariño, tu preocupación, tu atención, como siempre hiciste con cada una de las personas que llegaron a tu vida Bella, con papá, mamá cuando se enfermó, la abuela… conmigo._ su mirada era intensa y decidida _cuídalo Bella… y muéstrale que hay alguien que lo nota y que se preocupa por él, a la mierda la regla de no encariñarse en una relación profesional! Tú y yo sabemos Bella que tú no eres así de fría… tú amas más allá de cualquier cosa… entonces, amalo peque… es lo mejor que sabes hacer_

Sorbí mis mocos y sonreí a través de las lágrimas, ¿cómo era que siempre mi hermano salía siendo mi mejor consejero? ¿Cómo era que siempre, en cada paso de mi vida, él terminaba viendo todo con mejor claridad que yo?

_Gracias Em… trataré de dar lo mejor de mí_

Él me guiñó un ojo y sabía que esa noche había mejorado muy por encima den lo esperado…

POV E

Bajé una a una las escaleras con mi mano en el hombro derecho de Ángela, que iba caminando delate mío. Sentí la presencia de mi mamá, por su perfume flotando directo a mi nariz, tal vez estaba sentada en el sofá mirado a Noah o tal vez leyendo algún libro.

_Hijo… qué bueno que estas aquí, estaba preparando mi agenda para los próximos días_

Oh tal vez planeando su viaje…

_Hola mamá, ¿Noah está afuera?_ pregunté llegando a su lado. Ella tomó mi mano, que tanteaba los respaldos de los sofás para no toparme con algo desconocido.

_Si, está leyendo en el jardín con Bella_

Asentí silenciosamente. No tenía nada qué decir… todo lo que tenía que decir era algo que ella solamente tenía que escuchar. Y esta vez me iba a asegurar de que ella solo fuera testigo de mis palabras.

Respiré hondo y comencé a caminar despacio hacia las puertas francesas que daban al jardín,

_Estaré sentado en la galería, ojalá que esta vez mi propio hijo no huya de mí…_

_Edward_ la voz de Esme sonaba con reprensión.

_Lo sé, lo sé madre. Sé que soy culpable de todo lo que le sucede, no me lo refriegues en mi cara_

Mi madre se quedó en silencio un momento y luego sentí sus tacones detrás de mí, me detuve un momento hasta que sentí su perfume mucho mas cerca de mis fosas nasales. Ella caminó delante de mí y alcé mi mano para ponerla en su hombro…

_Todo se arreglará hijo… estoy segura_

Asentí sin darle la razón, por supuesto que nada iba a estar mejor de nuevo… todo en mi vida era una mierda.

La seguí hasta que llegamos al jardín, el aire fresco pegó en mi rostro y respiré profundo sintiendo el gusto de los jancitos de mi madre en mi boca, los árboles de frutas, la manzana agria y las naranjas en temporada. Pero antes de que todo eso se registrara en mi cerebro… oí la voz de mi hijo…

"-Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto lo llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!

-¿Un qué?
-Un hongo.

El principito estaba pálido de cólera."

Oh! Al parecer… Bella había optado por El principito. Cuando caminé buscando con mi mano alzada para alcanzar el filo de la reposera, él se detuvo con su lectura.

No dije nada… solo caminé despacio hasta sentir la madera del filo de la reposera detrás de mis rodillas y me senté despacio. Recosté mi espalda en los almohadones y cerré mis ojos inútiles.

Lee hijo… lee para mí…

No oí nada en varios segundos, solo sentía tres respiraciones, una lenta y calma… acompasada, la otra algo más rápida y entrecortada, reconocía esa, y la otra detrás de mí… suave y tranquilizadora, mi madre.

Oí un carraspeo… y luego el sonido de la hoja de papel al dar vuelta la página…

"-Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores?"

La voz de mi hijo me transmitía tanta paz… tanta abrumadora calma y tranquilidad, que podía quedarme escuchándolo por días y días sin siquiera pararme de ese asiento…

Su voz era como un amarre a mi vida pasada, a la que solía ser feliz junto a él y… su mamá. Él era el único ligue que me mantenía unido a esta tierra y a lo que fue mi mundo.

"¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día uncorderito puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?"

Mi hijo era todo mi mundo que aún quedaba en pie… dios… perdóname por haber hecho lo que hice, perdóname por haber actuada tan infinitamente mal con él… siempre. Perdóname por ser tan mal padre…

_¿Bella?..._ la voz de mi hijo cambió de cadencia y llamó a si tutora _ tengo sed… quiero jugo_

_Bien Noah_ su voz parecía tener una sonrisa _dejaremos marcada la página con una pequeña muesca en la esquina y luego seguimos… vamos a pedirle un poco de limonada a Sue ¿quieres?_

_Si_

Sentí sonidos de movimientos mientras ellos se levantaban de las reposeras… y carraspeé.

_Madre… ¿por qué no llevas a Noah a buscar su jugo?_ dije con voz imperturbable. Sentí la mano de mi madre sobre mi hombro apretando ligeramente y luego me soltó.

_Claro Edward… ¿quieres algo?_

_No, gracias_

Sentí los pasos de mi madre alejándose hacia las puertas francesas y las pequeñas pisadas de mi hijo. Ahora solo oía una sola respiración… fuerte, algo ansiosa y rápida.

_Las muescas en las esquinas de las páginas dañan las hojas_ dije simplemente, sin pensar. En cuanto las palabras salieron de mis labios… me arrepentí y me di una patada mental.

_Lo- lo siento_ murmuró casi en un susurro, luego carraspeó _ pero, no tenía idea de que le molestara tanto que tocaran sus cosas, aunque lo hicieran sin la menor intención de dañarla y más aún si el beneficio directo es para su hijo…_

Bien… parece que la gatita decidió sacar sus uñas.

Me preguntaba cómo lucía?… su voz tenía un tono suave, pero fuerte a la vez, daba la impresión de que hablaba a la defensiva sin embargo… ¿me temía? ¿Le infundía respeto o temor? Sin embargo sus palabras directas y firmes me dijeron todo lo contrario.

_No voy a contestar a eso, suelo dar malas impresiones a los desconocidos… como te habrás dado cuenta. No me interesa cambiar eso._ dije abriendo los ojos e inclinando la cabeza hacia donde oía su voz… realmente, realmente quería poder verla.

_Yo tampoco voy a contestar eso, yo estoy aquí por Noah_

Ok…

_Solo quería decirle algo señorita…_ había olvidado su apellido!

_Swan… Isabella Swan_ respondió ella con voz neutra.

_Señorita Swan…_ su apellido sonó tan dulce y suave en mis labios…

_Se las reglas de su casa señor Cullen, aprendí muy bien el día de ayer que tengo que cuidar y vigilar mi curiosidad y mis pasos… no tiene que recordármelo._

_Lo siento_ dije ignorando su perorata _ solo… siento que haya sido testigo de mi reacción… siento haberla asustado y siento mucho más haber asustado a mi hijo_

_Oh_ jadeó…

_No… volverá a suceder_ murmuré recostándome una vez más en mi asiento y cerrando los ojos _ no volveré a interferir en su enseñanza y no volverá a notarme… solo, manténgase fuera de la línea de fuego y yo trataré de mantenerme fuera de la suya, aunque no la pueda ver_

No recibí ni una palabra más de la tutora de mi hijo… no necesitaba recibir ninguna para saber que las cosas habían quedado claras.


Edward malo, malo, malo... como me gustan! Un besote lindas y gracias por leer,,,