La medalla Candelizo descansaba, inerte y fría, en la palma de su mano. Touya exhalo y un vaho blanquecino se derramo sobre la insignia alargada que momentos antes Junco le había otorgado por vencerlo. Bien, otra medalla… Celebró en su fuero interno, con una voz apagada y triste. No sentía la emoción propia de un entrenador que consigue su séptima medalla. De hecho, no sentía emoción por nada. Solo tristeza, remordimientos y asco por si mismo.

-Felicidades, has ganado la Medalla Candelizo. Ahora solo te queda ganar la Medalla Leyenda para tener derecho a ir a la Liga Pokémon y enfrentarte al Alto Mando. Eres un entrenador muy talentoso, confío en que llegarás lejos –la voz del líder de gimnasio se le antojaba distante y difusa, a pesar de tenerlo delante suyo. Como hacía días que pasaba. Desde su último encuentro con… Él. Ni tan siquiera se veía con derecho a pensar su nombre. Desde que se fue de la Cueva Electrorroca sentía una congoja perenne en su pecho. Aquella noche, en ciudad Loza, lloró, sí, mucho, pero no parecía que las lágrimas se hubiesen llevado el desconsuelo de su interior. Aunque no tenía derecho a sentirse así. No, no lo tengo. Él estará peor, por mi culpa. Todo por mi culpa. Lo dejé allí plantando, repudiando de él. Y tengo la desvergüenza de sentirme triste. Encima de cobarde, egoísta. Cientos de reproches como aquel habían sucedido por su mente en el mismo momento en que puso un pie fuera de la cueva, y no parecía que su cerebro, con aquella nueva voz sabionda adquirida, fuera a parar. Y mejor, pensó, porque lo que había hecho había sido muy cruel y se merecía esas sesiones de flagelación mental.

Con un escueto Gracias giró cola y bajó las escaleras de hielo, alejándose de Junco y procurando no caer de bruces. Seguro que más de un aspirante se ha comidos las baldosas de hielo. Intentó sonreír imaginándose la escena, pero su boca solo trazó una mueca extraña y fruncida. Ya ni su propio sentido del humor le acompañaba. Siguió caminando, más allá de los mecanismos ocultos bajo el suelo, y llegó a la entrada del Gimnasio. Mientras, el líder lo miraba desde lo alto, desde aquel altar de hielo que era el campo de batalla. No pudo evitar pensar que aquel muchacho desprendía un aura fría y mustia.

Llovía. Ciudad Teja, acostumbrada al declive de temperaturas y al antojadizo clima que por allí reinaba, estaba totalmente sumida en nubes oscuras, aunque parecía estar acostumbrada. Touya dejo que las gotas de lluvia salpicasen su cara mirando al cielo e inspiró y sus pulmones se llenaron de olor a humedad, hierba mojada y tierra. Aquello le relajó un poco. No, no te puedes relajar, maldito cobarde. Otra vez aquella voz tenaz en su cerebro, torturándolo. Y él se dejó. Desde que había hecho acto de presencia, había dejado que hiciese lo que quisiese dentro de su mente. Lo merecía. Dejaría que le reprendiera lo que había hecho hasta que se quedase muda. Porque tenía razón. Dirigió sus pies hacía el Centro Pokémon, cuando dos figuras se interpusieron en su camino. Una de ellas le tendió un paraguas en un gesto amable.

-Touya, te vas a mojar… -la dulce y preocupada voz de Bel pinchó la burbuja del chico y miró al frente sobresaltado. Cheren y Bel estaban plantados delante suyo, bajo el mismo paraguas, con expresión preocupada. Bel aun le tendía el otro paraguas. Touya no lo acepto.

-C-chicos, ¿qué hacéis aquí? -su cerebro aun no estaba del todo atento a lo que pasaba, pero se esforzó por entender la situación.

-Estamos siguiendo el mismo camino, ¿recuerdas? –la voz de Cheren, que quería aparentar la misma madurez y seriedad de siempre, intentó engañar al chico, pero Touya vio una nota de ansiedad en su tono.

-Yo acabé de ayudar a la Profesora Encina en la Cueva Electrorr… –viendo el gesto del otro entrenador, Bel decidió no continuar por ese tema-. Pues acabe y su padre, el profesor Carrasco Encina, un hombre muy majo, por cierto, me mandó a Ciudad Teja a ver cómo estaban las cosas por aquí. Dijo que quizá en unos días se pasase por aquí, así que…

Touya asintió, entendiendo la historia a medias, o quizá ni eso. Tenía la mirada ausente y una expresión abstraída. La Cueva Electrorroca, la Cueva Electrorroca. Aquel vacío en su interior se abrió y sintió que se lo engullía. Como si un agujero se abriese en el suelo y se lo tragase sin compasión. Un leve cosquilleo en los ojos anunció sus inminentes ganas de llorar, y rápidamente se llevó una mano al puente de la nariz para intentar disiparlas.

-¡Touya! –exclamó Bel al ver aquel gesto. Salió del amparo del paraguas y fue a socorrer a su amigo- ¿Qué te pasa? –preguntó angustiada, apoyándole una mano en el brazo y pasando la otra alrededor del hombro. Cheren se quedó dónde estaba, con una mirada de impotencia.

Bel te ha preguntado qué te pasa, besugo. Adelante, díselo. Dile que te sientes culpable por abandonar a N. ¿O eres demasiado cobarde como para abrir la boca?

-Me he mareado un poco –mintió-. Dentro del Gimnasio hacía mucho frío. Creo que me ha sentado mal el cambio de temperatura al salir a fuera.

Sí, seguro que va a ser eso.

Cheren se acercó y los cubrió con el paraguas. Los tres, apretados, bajo el amparo de la tela salpicada por las gotas de lluvia, se quedaron en silencio, en medio del camino. Bel se aproximó a él y le abrazó, y dejó que apoyase la cabeza en su hombro. Touya suspiró. ¿De verdad crees que te mereces el consuelo de tus amigos, cobarde? Se removió. No, no se lo merecía. O al menos eso creía. La muchacha rubia le empezó a acariciar el pelo. ¿Tan mal se me ve como para que me tengan que tratar como a un niño pequeño?

Un chapoteo de agua interrumpió el momento de los tres amigos. Era… alguien corriendo. Rápidamente. En su dirección. De pronto vio a Junco dirigirse hacia ellos a toda prisa, hasta detenerse a unos pasos. Miró a los muchachos con expresión furiosa.

-¡¿Quiénes sois vosotros? ¡¿Qué hacéis aquí? –exclamó con voz fría y dura como el hielo.

Los tres entrenadores se quedaron atónitos ante las palabras del Líder. Touya pensó que el debía tener muy mala memoria como para no acordarse de él.

-P-pues yo soy Bel y este de aquí es Cheren… Hemos venido a buscar a Touya porque…

-¡Sé que estáis ahí! ¡Mostraos de una vez! –gritó el enmascarado.

Los chicos de Pueblo Arcilla seguían sin entender a que se refería Junco cuando de repente tres sombras se movieron bajo la lluvia y los rodearon. Surgieron entonces tres hombres vestidos de negros, de complexión atlética y largas cabelleras blancas. Los miraron con ojos gélidos.

-No esperaba menos del Líder de Gimnasio de Ciudad Teja. Ha percibido la presencia del Trío Sombrío –dijo el primero con voz monocorde.

-Nuestra intención era transmitírselo únicamente a Touya, pero bueno… Ghechis te envía un mensaje: "Vete a la Torre Duodraco…" -comentó el segundo con la misma voz.

-"…Allí te estará esperando el gran N". Y eso es todo –sentenció el tercero.

-¡¿La Torre Duodraco? Pero, ¡¿qué significa todo esto? –preguntó escandalizado Junco. Pero antes de recibir una respuesta, el Trío Sombrío se desvaneció en la lluvia.

N. N me está esperando en esa torre. Él está allí… Esperándome. A mí.

Touya sintió como sus sentimientos se transformaban en un remolino dentro de su estómago. Todos a la vez. No puedo aguantar semejante centrifugado y dio un traspié que cayó para atrás. Fuera del paraguas, las gotas chocaban contra su frente.

Quieres ver a N.

La voz sentenciadora de su interior habló, rotunda y tajantemente. Solo con el sonido de aquellas palabras, el tornado emocional cesó en un segundo dando paso a una calma y un sosiego interior que le dio la razón a la voz: quería ver a N, por supuesto que quería. Tenía que pedirle disculpas, lo que hizo no tenía nombre. Y también quería… NECESITABA sentirlo cerca. Ser tan egoísta como para comprobar que no le había hecho un daño irreparable.

Levantó rápidamente la cabeza y solo vio a Bel sujetando el paraguas, mirándole con cara de preocupación.

-¡Pero ve con cuidado! –la chica le tendió la mano y Touya se la cogió, incorporándose del todo.

-¡¿Y Junco y Cheren? –preguntó el chico sobresaltado. No había ni rastro de ellos.

-H-han ido a la Torre Duodraco, al Norte de Teja. Cuando vieron que te mareaste, Cheren supuso que te daba… miedo ir, así que me dijo que me quedase contigo –el chico estuvo tan concentrado con las nuevas revelaciones que no hizo caso a su alrededor, por lo que era normal que no se hubiese dado cuenta de que se habían ido hacia unos momentos.

Miro hacia dónde Bel le señalaba. La vista acabó en un bosque otoñal, con algo de hierba al principio, y la enorme silueta de la Torre de fondo de paisaje. Allí era. Allí estaba N.

-Bel, vamos a ir ahora mismo a la Torre, ¿me entiendes? –Touya la cogió por el brazo, tensándola de puro nerviosismo- NECESITO ir allí.

La entrenadora rubia miro al chico con una expresión que parecía haber leído los sentimientos del entrenador como si fuese un libro abierto. Relajó los músculos del brazo y, para sorpresa de Touya, sonrío.

-¿Tanto lo necesitas? ¿Es porque está ese chico… N? –lo miro con compresión maternal. El chico asintió con la seguridad de un guerrero, con una mirada limpia de dudas- Touya… Yo no entiendo de sentimientos complicados, apenas entiendo los míos –la chica rió-, pero… En la Cueva… Tú y N no estabais juntos por casualidad, ¿verdad?

Y parecía tonta.

El entrenador bajó la vista mientras negaba con la cabeza. Bel pareció meditar algo.

-En la Cueva Electrorroca pude sentir que algo no iba bien cuando salimos. Estabas… raro. Y lloraste. Bueno, fue una lagrimita, pero estabas mal. Hasta yo me pude dar cuenta. Y la Profesora Encina me lo comentó. Que hablase contigo a ver que te pasaba –Bel le cogió la mano y se la apretó dándole ánimos-. No sé qué pasa entre el Líder del Equipo Plasma y tú, pero si encontrarte con él va a hacer que vuelva el Touya de siempre, te acompañaré a la Torre o dónde haga falta.

Touya sintió en ese instante un aprecio inmenso por su amiga. No solo le había infundido ánimos en el momento que más lo necesitaba, si no que le había dado el empujoncito necesario para convencerse de que hablar con N era necesario. No solo por el chico de ojos verdes, sino también para él.

Con una sola mirada más se pusieron de acuerdo en ponerse en marcha. Más que andar, corrieron, con Touya por delante. Tengo que ver a N. Explicarle que no lo repudio, que fui un imbécil al dejarlo allí solo, con la palabra en la boca. Los habitantes de Ciudad Teja los observaban pasar por sus ventanas y los miraban extrañados, no era usual que alguien corriese por las calles mientras llovía, y menos sabiendo que muy probablemente cuajaría y se haría nieve. Forasteros, pensaron la mayoría.

Para cuando llegaron al bosque de hojas otoñales, Bel no podía ni con su alma. Se paró a tomar aire, dobló levemente el cuerpo y apoyó las manos en las rodillas. Mientras Touya, sin parecer que la carrera le hubiese afectado en lo más mínimo, observó la enorme extensión de naturaleza que tenía delante.

-¿Atravesando el bosque se llega a la Torre, no? –preguntó con voz seria. Estaba concentrado al completo.

La chica resolló un poco, soltó un par de respiraciones profundas y levantó la cabeza.

-E-eso c-creo… No hay más caminos para la Torre, de eso estoy casi segura –se incorporó como pudo y se adelantó hasta estar cerca de los árboles- ¿Vamos?

Touya asintió y avanzaron por la espesura de las hojas.

El camino no tenía perdida: todo recto y sin torcerse. Bel tropezó un par de veces y se cayó otras tantas, pero pudieron travesar el bosque sin mayor contratiempo, a pesar de que la impaciencia estaba consumiendo al chico y no estaba muy lúcido. Al pasar los últimos árboles, la belleza del paisaje chocó contras sus ojos.

La Torre Duodraco era mucho más hermosa de lo que se podía apreciar desde la lejanía. Estaba construida con ladrillos del color de la arena, decorada con motivos mitológicos y enormemente alta. No estaba situada en tierra, estaba alzada sobre al agua del lago, rodeada de columnas de mármol. Para poder acceder al interior, el Equipo Plasma, quién si no, había hecho un boquete enorme en una de las paredes e hizo pasar una pasarela negra de metal. Destrozar de esta forma un sitio sagrado… Sin duda, N no es quién dirige a estas sabandijas. Entonces pensó en Ghechis y en cómo estaba seguro de que manipulaba al chico. Un aura tóxica le empezó a rodear de puro odio. Estaba demasiado alterado. Bel le apoyó una mano en el hombro.

-Tranquilízate. Todo va a salir bien –le sonrió con ánimos. Touya asintió y ambos se adentraron en la torre.

Por dentro era, sin duda, más bella que por fuera. La amplia planta baja combinaba suelo de baldosas verdes con fosa marina, así que el agua de fuera entraba adentro sin problemas. Aunque solo Bel apreció este detalle arquitectónico, Touya estaba demasiado ocupado con avanzar hasta las escaleras.

El siguiente piso estaba totalmente en ruinas. Columnas de tamaños titánicos estaban esparcidas por el suelo como palillos. Los dos entrenadores se pasearon cautelosamente, procurando minimizar los ruidos, no era de cuestión de llamar la atención de los Plasma. El acceso al siguiente piso estaba bloqueado por una de esas columnas, para fastidio de Touya.

-Oh, no… ¿Cómo pasaremos ahora? –Bel empezó a mirar por los alrededores intentando encontrar un segundo acceso, una puerta secreta o un boquete por el que pasar.

-Asumiendo que Cheren y Junco has logrado ir al siguiente piso, nosotros también podemos –dijo, fijándose en un par de columnas tiradas que, por suerte o azar, cayeron en línea recta, formando un puente hasta llegar a su base destruida-. Espera, Bel, si nos subimos a esas columnas tiradas, podemos llegar a la siguiente puerta –la chica lo comprobó y coincidió en que tenía razón, la base estaba situada justo al lado de la entrada.

Corrieron hacía los pilares caídos y Touya ayudó a subir a Bel subiéndosela a las espaldas. Eran lo suficientemente anchas como para hacer de puente. Genial. Bel cogió las manos del chico y le aupó. Llegaron a la base fracturada y saltaron a las escaleras para subir al siguiente piso.

La estancia que se encontraron estaba totalmente vacía, con el suelo de losetas amarillentas y ajadas, así que el chico pasó de largo sin hacer mucho caso. En cambio, Bel, contemplando la inmensidad de la sala, se fijó que en el techo, a lo alto de todo, cerca de una del hueco que servía de ventana, había un boquete humeante. Como si hace poco hubiera habido allí una batalla. Siguió el rastro y vio que había más indicios de luchas: cortes frescos y limpios, oquedades anti-naturales y volutas de humo que desaparecían.

-T-Touya, creo que deberías ver esto… -pero el chico ya estaba subiendo por las escaleras cuando Bel lo llamó. Exclamó su nombre pero ya era demasiado tarde.

Maldita sea, ¿cuántos pisos me quedan para llegar a N? El chico estaba ensimismado, tan impaciente por ver al entrenador de ojos verdes que no se dio cuenta que dejaba a Bel atrás. Meditabundo aún, llegó al siguiente piso.

FIIIIIIIIIIIIIIIIIIIU.

Un carámbano de hielo estuvo a punto de rozarle la mejilla. Luego oyó una explosión y se quedó petrificado. Allí, delante de sus ojos desorbitados, un ejército de reclutas inundaba aquel piso casi hasta los topes, y en medio, Junco y Cheren luchando y dando órdenes como podían. Reconoció a Beartic del líder, que probablemente era el causante del chuzo que estuvo a punto de cortarle, y el Serperior de su amigo. SANTO ARCEUS, ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ? Touya retrocedió un par de pasos hasta caerse. Una par de soldado se giraron al oírlo y su expresión cambió a la de auténticos cazadores que encuentran a su presa.

-¡Ey, chicos! ¡Aquí tenemos al invitado de honor! –gritó uno, y todos sus compañeros se giraron hacía el chico. Oh, no.

-¡Touya, huye! –le gritó Cheren, forzando la voz al máximo.

-¡Joven, fuera de aquí, rápido! –exclamó el entrenador enmascarado.

Pese a que sus piernas estaban más blandas que Ditto en ese momento, y aunque hubiese podido huir, se hubiese quedado allí. No soy un cobarde. NO SOY UN COBARDE. Se llevó la mano hacía el cinturón, para localizar las pokéballs, pero un Plasma se le acercó rápidamente y le inmovilizó el brazo provocándole un dolor agudo que le hizo aullar.

-No, no, no. No te creas que por ser el invitado del Señor Ghechis vas a poder hacer lo que te plazca –dijo, con una sonrisa de superioridad-. Eh, vosotros. Sí, vosotros, el Líder y el mocoso, o paráis de plantar guerra o aunque sea nuestro huésped algo muy malo le va a pasar a vuestro amiguito.

Con cara de impotencia, ambos entrenadores dejaron de luchar. Sus pokémon siguieron en posición de ataque, pero sus amos ya se habían rendido. El recluta que tenía cogido a Touya por el brazo lo llevo hasta el centro arrancándole quedos gemidos lastimeros.

-Muy bien, así me gusta –dijo, regodeándose. Qué asco me das-. Y ahora, entregadme vuestros Pokémon –dijo mientras alargaba la mano que le quedaba libre-. Venga, vamos.

Cheren lo miró con furia mal contenida y Junco con una expresión glacial. Ninguno de los dos se movió. El soldado Plasma apretó un poco más el brazo de Touya en aquella posición anti-natural y le arrancó un grito

-Ahora mismo –siseó cada palabra. El líder miró al joven entrenador que hasta hace poco luchaba junto a él, y con una mano, sacó dos pokéballs de la manga. Con resignación y ganas de llorar, Cheren hizo lo mismo. De su cintura cayeron cinco pokéballs justo en la palma de su mano. El recluta, por su parte, lo observaba relamiéndose y moviendo los dedos ávidos de la mano estirada cuando las cápsulas estuvieron a punto de quedar en su poder.

-¡Emboar, LANZALLAMAS! –anunció una voz salvadora. Una potente llamarada fue a estrellarse justo a la espalda del recluta secuestrador, soltando un chillido de dolor.

Bel estaba en las escaleras, con cara enfurecida (sí eso era posible en aquella dulce e inocente chiquilla) y un Emboar deseoso de luchar. En cuanto Touya se vio liberado del yugo del soldado, cogió la primera pokéball del cinturón.

-¡Samurott, ven aquí! –el enorme pokémon acuático hizo acto de presencia con una cara enojada y el pelo erizado de la rabia-. ¡Utiliza CONCHA FILO! –ordenó su entrenador. Samurott cogió una de las vieiras que descansaban en sus brazos y esta empezó a brillar. Con agiles y rápidos movimientos de su improvisada espada, derrotó a varios reclutas a la vez- ¡Genial, así se hace! –celebró el chico.

Por su lado, Cheren ordenó a su Serperior que derrotase a otros tantos con sus movimientos gráciles y elegantes, y el Beartic de Junco se ocupó de nos cuantos más. El Emboar de Bel embestía a todo enemigo que se le pusiese por delante, animado por su entrenadora.

-¡Tú puedes, Emboar!

Con el fragor de la batalla, que iban ganando ellos, por cierto, Touya casi se olvidó de su objetivo de no ser por Bel, que una vez más, sirvió de voz de la razón.

-¡Touya, las escaleras! ¡Allí! ¡No te preocupes por nosotros y vete!–exclamó a través del ruido, señalando el acceso a la planta superior. Bien, estaba cerca, podía llegar sin problemas. Con un silbido llamó a su Samurott y poco a poco se fue acercando a las escaleras, con sigilo y cuidado de que no repararan en él. Justo cuando iba a pisar el primer escalón, una enorme figura apareció bajando y se topó con él.

-¿Dónde crees que vas, joven entrenador? –era un hombre anciano con cara arrugada y barba blanca, vestido con ropas amplias en las que llevaba el escudo del Equipo Plasma.

-¡Sabio Giallo! –corearon varios soldados a la vez, con tono de "¡Estamos salvados!".

Touya se lo quedó mirando con furia. Ya se estaba empezando a hartar, y mucho, del Equipo Plasma.

-Te he hecho una pregunta, jovencito, ¿dónde crees que vas? –la voz del anciano era grave e impersonal, y su mirada, caduca como él.

-A ver a N –siseó con tono amenazante.

-Oh, no, me temo que no. El Señor N está en su juicio por el ser Héroe de Teselia ante Zekrom. Mi deber como miembro de los Siete Sabios del Equipo Plasma es que ese juicio se lleve a cabo sin contratiempos.

-Ghechis me ha invitado "personalmente" –le dio asco pronunciar su nombre-. Soy su invitado. Ellos mismos –señaló a los reclutas que estaban a su espalda- me lo han dicho. Y el Trío Sombrío vino a traerme la invitación.

Giallo miró a sus soldados y estos le devolvieron la mirada de "No tenemos ni idea sobre lo que dice este chico."

-No me gustan las mentiras, muchacho. O das ahora mismo media vuelta y vuelves por dónde has venido o no tendré más remedio que encargarme yo mismo de ti –le amenazó con voz ajada.

-¡PERO…! –¡…N me está esperando!

-Nada de peros. No me hagas volver a repetírtelo. Si lo haces, tendré que darte una buena lección para que aprendas –Touya lo miro con odio-. Y no me mires así. ¿Quién me va a impedir que te dé tu merecido?

-Nosotros, por ejemplo –la cara de sumisión que había adoptado el chico enseguida se esfumó al oír esa voz. No era imposible. ¿O sí? ¿Podría ser de verdad…?

-¡Profesora Encina! ¡Profesor Encina! –exclamó Bel, sorprendida como todos los demás. La joven profesora y su padre acabaron de subir las escaleras y se situaron en el centro de la sala, transformándose en el centro de atención.

-Vaya, vaya, con que la Profesora Encina… Y usted debe ser su padre, el célebre Carrasco Encina –inquirió el sabio.

-El mismo que viste y calza –dijo Carrasco con una sonrisa en los labios-. Y sintiéndolo mucho, mi querida hija me ha pedido el favor de ayudar a ese joven al que le impides subir, así que te pido por favor que reconsideres tu posición.

-Nadie pasará de aquí –sentenció Gallio.

-¿Estás seguro? –preguntó el profesor.

-Nadie.

-Muy bien, no quería llegar a esto, peeero… –la Profesora Encina se llevó la mano al bolsillo y sacó una pokéball. Al apretar el botón, aumentó de tamaño- Realmente no me gusta la violencia, pero ahora mismo estoy furiosa con vosotros por todo lo que le habéis hecho no solo a los Pokémon, sino también a los entrenadores –abrió la esfera y el Minccino de la Profesora salió con un movimiento resultón-. ¡Minccino, VOZARRÓN!

Una ENORME onda de sonido emergió de la boca del Pokémon Chinchilla y arrasó como una marabunta llevándose a todos por delante, tanto enemigos como aliados. Touya chocó contra la pared, aunque prácticamente no se hizo daño, cosa que no podía decir el Sabio, ya que salió disparado escaleras arriba.

-Siempre ha sido una mujer con mucho carácter –comentó Carrasco con una risita.

Touya, al verse liberado del obstáculo que suponía Giallo y antes de que los demás soldados se recuperaran del Vozarrón, subió escaleras arriba deprisa y corriendo.

¡Oh, maldición! Si creía que se había librado de los reclutas, Touya lo llevaba muy claro. Cuatro reclutas con apariencia feroz estaban ayudando al accidentado Sabio, que después del ataque del Minccino, había acabado tendido en el suelo, mareado y confuso. Los soldado levantaron la vista, furiosos, y el chico notó un nudo de desesperación en su estomago. No lo voy a conseguir. No veré a N.

Vaya, ahora te empeñas en verlo, ¿eh? Bien que huiste de su lado cuando te encontraste con la Profesora y con Bel. Y ahora no paras de decir que quieres verlo, pero… ¿qué le dirás cuando por fin lo veas?

Ahora no, ESTÚPIDA VOZ SABIONDA. Por si no lo has notado, tenemos a cuatro soldados a punto de atacarnos. Ah, y por cierto, SÉ MUY BIEN QUE LE VOY A DECIR.

Dos de los reclutas se levantaron, feroces, sacando sus respectivas pokéballs, más que dispuestos den darle la paliza de su vida a Touya. Este tragó saliva y se llevó la mano a sus Pokémon, rezándole a Arceus para que aguantaran.

-¡Stoutland, GIGA IMPACTO! –exclamó una voz lejana. Una enorme bola de luz surgió de las escaleras, detrás del entrenador, y arremetió contra los Plasma que lo amenazaban. Luego se redirigió a los dos que faltaban y con un golpe desde lo alto, dejó KO al sabio. Todo ocurrió tan deprisa que Touya dudaba de lo que acababa de ver.

-Muchacho, ¿estás bien? –el profesor Encina acabó de subir el último escalón y se situó al lado del chico. Un enorme Stoutland los acompaño- Uff, que duros que pelar que son estos soldados… -Touya lo miró con incredulidad, pero a Carrasco no pareció importarle- Oye, muchacho, este es el último empujón que te podemos dar. Ya no tienes más ases en la manga, ¿me entiendes? Ahora solo dispones de tu coraje y de tus Pokémon –el chico asintió, tragando saliva de los nervios-. Este es el último piso antes de llegar a la cima de la Torre. Si subes por las escaleras –señaló las que había al otro lado de la habitación- te encontrarás con el Líder del Equipo Plasma –le dio una palmadita reconfortante en el hombro-. Adelante, muchacho.

Touya se quedó mirando las escaleras y titubeando, dirigió sus pasos hacía ellas. Lo vas a ver. Lo vas a ver. Lo vas a ver. Se repitió como un mantra. Sobre los escalones se derramaba una tenue luz y despedía olor a lluvia… No, a nieve. Reuniendo todo el valor que pudo, subió el último tramo.

El viento helado impactó contra su cara y lo desorientó momentáneamente. Agitó la cabeza y enfocó bien su alrededor. Blanco…Fue lo primero que pensó. Un enorme manto de nieve cubría todo lo que abarcaba su vista. La torre. El lago. El Bosque. Ciudad Teja. Absolutamente TODO. Respiró hondo y buscó con la mirada por todos lados. Allí estaba. N. De espaldas a él. Ante un enorme banco de niebla, en lo alto de la Torre Duodraco. Empezó a caminar hacía él, con las piernas como gelatina.

-N, yo… -empezó a decir con un susurro.

-Shhhhhh –le chistó alguien de repente. De una de las columnas que adoraban el techo de la Torre surgió una figura alta y ataviada con amplias ropas.

Ghechis.

-El juicio de N está a punto de terminar. No le interrumpas. Te he invitado para que lo presencies, no para que intervengas –dijo el hombre con evidente entusiasmo por lo que estaba pasando.

-¿Invitarme? –escupió Touya- Parece ser que ese Sabio no estaba al corriente de mi invitación. Quizá se le olvidó mencionárselo.

Ghechis rió bajo, sin apartar la mirada de N, para desagrado del chico.

-No se me ha olvidado nada, joven entrenador –Que manía con llamarme así-. Quería saber cómo te las arreglabas para superar esos pequeños obstáculos que he dejado unos cuantos pisos más abajo. Algunos reclutas lo sabían, y otros no. Y veo que lo has hecho muy bien. Con cierta ayuda… pero bien.

Touya contuvo sus ganas de pegarle un puñetazo. Miro a N, que seguía de espaldas a él. Y parecía no enterarse de nada. Estaba como… en trance. O algo parecido. Por su parte, Ghechis lo seguía observando con una sonrisa.

-¿Sabes, joven entrenador? Debo darte las gracias –el joven lo miró atónito-. Sí, las gracias. Últimamente N se estaba replanteando los objetivos del Equipo Plasma, haciendo demasiadas preguntas. Parece que no se conformaba en "saber" que estaba al mando. Pero cuando se encontró contigo en la Cueva Electrorroca, no sé qué pasó pero volvió sumiso como un Lillipup. Estaba mucho más dócil, más… obediente –las tripas de Touya se revolvieron al oír la risa triunfal del hombre-. No hacía preguntas inadecuadas y se limitaba a acatar mis "consejos" –dijo con sorna-. Por todo eso… Gracias, joven entrenador.

Antes de que pudiese gritarle cuatro cosas bien dichas a la cara, cosa que estaba más que dispuesto a hacer, un rugido que parecía que iba a partir el cielo en dos surgió del banco de niebla, disipándolo por completo. Una COLOSAL criatura negra como el carbón y ojos rojos como ascuas apareció bramando. Despedía chispas azuladas como las de la Cueva Electrorroca y su cola, de forma cónica, giraba y sonaba como una turbina.

Por la madre de Arceus… ¡¿QUÉ ES ESO?

-¿Qué te parece, Touya? –preguntó de repente N. El chico se giró inmediatamente hacía él y vio que tenía una sonrisa ausente en la boca-. Tienes ante ti al héroe que ha de guiar al mundo. ¡Y luchando junto a él, la hermosa silueta de un Pokémon! ¡Zekrom, el Pokémon Negro Puro!

La bestia oscura rugió aun más fuerte y toda la torre tembló.

-¡N! –exclamó Touya.

-¿Qué pasa? –volvió a preguntar.

El chico, con mucha cautela, empezó a caminar hacía el entrenador de ojos verdes bajo la atenta mirada de pocos amigos de Zekrom.

No le voy a hacer nada, estúpido monstruo.

Cuando estuvo a un palmo de N, paro sus pasos y lo miró a la cara. De lejos no se podía apreciar, pero detrás de esa sonrisa bobalicona, se ocultaban unos ojos opacos y perdidos sobre unas profundas ojeras que dejaron mella. Estaba… ido. Como si su mente vagase en un lugar muy, muy lejano. Vio a Ghechis moverse por el rabillo del ojo. Se dirigió hacía Zekrom con una mirada brillante de expectación, sin prestarles la mínima atención. Mejor.

-N, he venido… Bueno, quería hablar… de… de aquello.

-¿Aquello? –preguntó confuso. Parecía que su cabeza forzaba a su cerebro a volver del lugar dónde estaba.

-L-lo que pasó… lo que pasó en la Cueva Electrorroca.

-Cueva… Electrorroca –frunció el ceño. Estaba buscando en los registros de su memoria o algo parecido.

-Ya sabes –comentó Touya, a punto de perder los nervios-, el BESO.

Como si una bomba le hubiese explotado en la cabeza, N abrió los ojos hasta lo humanamente posible y más. Tembló violentamente y se llevó las manos a las sienes, masajeándoselas. Ghechis los observó, haciendo como si no hubiese escuchado nada.

La expresión de N cambió de boba sonrisa y ojos perdidos a la más gélida y seria que Touya había visto nunca, como si de pronto hubiese recuperado todas sus facultades mentales y se hubiese acordado de odiar al chico.

-Oh, sí. EL BESO. Has venido hasta aquí, hasta mi juicio para hablar de EL BESO –dijo con un tono despectivo- ¿Y que querías decirme?

-Verás… Esto… Yo quería… disculparme. De verdad. Lo siento mucho. Siento lo que hice. Que justo después de besarnos –carraspeó un poco-, te… abandonase de aquella manera. Fui imbécil, lo sé. Un auténtico imbécil, pero de verdad que aquello… significo ALGO para mí, yo…

N alzó una mano, interrumpiendo al chico.

-¿Significar? ¿De verdad que significo algo para ti? Permíteme que lo dude –dijo con ácida crueldad-. Tus actos hablan por ti. No intentes engañarme, por favor.

-¡Pero estoy diciendo la verdad! –exclamó, perdiendo los nervios definitivamente- ¡Significó algo para mí! ¡ME GUSTÓ!

El entrenador de ojos verdes soltó una fingida risotada que se le clavó como un puñal a Touya.

-¿Qué te gustó? ¿QUÉ TE GUSTÓ? –volvió a reir y la cara del otro chico se contrajo de angustia. N se acercó a él hasta que sus cuerpos se tocaron. Le cogió por el mentón con rudeza y levantó su cabeza hasta que sus ojos se encontraros. Son como dos pozos de odio y… desesperación. Touya los pudo ver bien. Ahora sí. Tras esa fina capa de odio, pudo ver angustia, anhelo y ganas de llorar. N… -Muy bien, si tanto te gustó ese, veamos que tal este.

Con un rápido movimiento sus labios chocaron. Antes de que Touya pudiese reaccionar, N lo cogió por la cintura y lo empujó contra si. Lo estaba besado, como en la Cueva… No, no era lo mismo. Aquel beso era… brusco y áspero. Dado con odio, no con amor. El chico intento zafarse, pero N lo abrazó más fuerte. Su lengua entró como un ariete en la boca del joven, dominándola cruelmente. No quiero esto. No lo quiero de esta manera. Alzó las manos e intentó apartar a N con fuerza. El entrenador lo dejó ir, rompiendo el beso.

-¿Y bien, te ha gustado este? –preguntó con sorna- ¿Eh? ¿Te ha gustado?

Touya no entendía el porqué del comportamiento de N. No parecía él, no le gustaba.

-No, no me ha gustado –contestó con seriedad.

-Oh, lástima, porque es el último que te voy a dar.

Ignorando la afilada lengua de N, Touya lo miró con determinación, dispuesto a tragarse todo el mal que le había hecho, aunque se lo devolviese en forma de puñaladas verbales.

-N, he venido aquí para hablar contigo, para explicarte…

El otro chico volvió a levantar la mano, haciéndolo callar.

-No quiero seguir escuchándote. Tengo mucho que hacer y no puedo perder el tiempo.

-¡Pero necesito explicártelo! –exclamó Touya.

N se quedó callado. Él también. Solo se podía escuchar la profunda respiración de Zekrom.

-¿Quieres hablar conmigo, no? Muy bien, hagamos un trato. Gánate el respeto de Reshiram, el antagonista de Zekrom, y enfréntate a mí en la Liga Pokémon. Búscalo, dómalo y captúralo. Vénceme. Y entonces, escucharé lo que me tengas que decir.

N giró cola y se dirigió al Pokémon negro sin mediar ninguna palabra más. Se aupó a su espalda y este rugió, alzando el vuelo. Ghechis sacó a su Hydreigon y se subió a su lomo, mirando a Touya con asco y odio. Pero él ni tan siquiera se dio cuenta. Solo miraba a N alejarse más allá de las nubes, con unas ganas de llorar renovadas.

No quedaba ningún entrenador en el Gimnasio de Junco, ya era de noche cuando llegaron. Después del encuentro, Touya bajó hasta el piso dónde estaban todos, y descubrió que no quedaba ni rastro del Equipo Plasma. El rugir de Zekrom era el aviso de que todo había ido como la seda y que ya se podía largar. Parecía que todos estaban mudos.

-N… me ha dicho que busque a Reshiram. Y que me enfrente a él en la Liga –dijo Touya mas por romper el silencio que por otra cosa.

El ambiente se tensó como una cuerda de violín, y Bel fue la primera en cortarla.

-¿Reshiram…? ¿Ese no es el Pokémon Blanco Veraz? –preguntó con un susurro.

-Así es, jovencita. Así como la contraparte de Zekrom, el Pokémon que estaba en el techo de la Torre. Una batalla entre ellos dos puede tener unas consecuencias inimaginables. Pero no se sabe dónde está. No sé como el Líder el Equipo Plasma encontró a Zekrom, pero si pretende que Touya encuentre a Reshi…

-Voy a hacerlo –dijo, de repente.

Todos se quedaron perplejos ante la determinación de su voz.

-Ya has oído al Profesor Encina, no se sabe dónde está –dijo Cheren, abogando por la razón.

-Me da igual, voy a encontrarlo. Como si tengo que remover cielo y tierra, pero lo voy a encontrar –pese a sus palabras, su mente estaba totalmente perdida sobre que hacer o dónde buscar.

-Y yo te voy a ayudar –dijo la Profesora Encina-. ¿Qué miráis? Soy una Profesora Pokémon, es normal que me sienta emocionada ante la idea de buscar un Pokémon Legendario.

Carrasco le dio la razón con una risotada.

-Pero Touya, aunque los Líderes de Gimnasio te hayan pedido que pares los pies al Equipo Plasma, no hace falta que llegues tan lejos. Eres humano, no un superhéroe –dijo Cheren.

-¿Crees que lo hago por los Líderes de Gimnasio? Ni hablar, lo hago por mí –ninguno de los presentes entendió esas palabras, solo Bel, que sonrió, aunque nadie se dio cuenta-. Me convertiré en el Héroe de Reshiram.