El cálido viento lamía la cara de Touya, rozando sus mejillas con los granos de arena que se dejaban arrastrar por la corriente. Cerró los ojos, cansado, y se acarició el puente de la nariz con un suspiro. Tampoco estaba allí. Reshiram. Tampoco estaba en el Castillo Ancestral de la Zona Desierto.
Y por si fuera poco, aparte de su búsqueda infructuosa, Ghechis había ido a su encuentro para recordarle que N le esperaba en la liga, alardeando como un maldito pavo real que habían invocado a Zekrom.
N…
Después de su encuentro en la Torre Duodraco todo había ido muy deprisa. Demasiado deprisa, en la opinión de Touya. Por mucho que se propuso ser el Héroe de Reshiram y todo aquello, no sabía ni tenía la mínima idea de por dónde comenzar. Y a pesar de romperse la cabeza y poner a prueba el límite de sus neuronas, no supo sacar nada en claro. Nada en absoluto. La Profesora Encina y su padre acordaron entre ellos que en Ciudad Teja no podían investigar, así que se marcharon en cuanto la nieve se empezó a derretir con la promesa de que llamarían en cuanto supiesen algo, y Junco les ofreció asilo, el cual aceptaron cuando sus estómagos rugieron. En casa del Líder comieron y descansaron cuanto pudieron, pero Touya no durmió. N estaba en su cabeza metido a presión, sin querer dejar pasar ningún otro pensamiento que no fuese él, él y él, con sus ojos verdes y su sonrisa alegre. Sonrisa que había perdido por su culpa. Y le dolía. Quería volver a verlo. Estás enamorado de él, le dijo la voz de su cabeza, a la cual se estaba acostumbrando. Y, maldita sea, le dio la razón. Mientras sus dos amigos dormían, él se sumergió en una sesión de reflexión y auto-conocimiento. Y llego a aquella conclusión sin mucho esfuerzo, porque era verdad. Estaba totalmente enamorado de N. Y llegó a otro puñado más de deducciones de él mismo que no se habría llegado a imaginar. Como que era capaz de ir a buscar a un dragón gigante por ir a pedir perdón a su enamorado. Mientras estaba sumido en sus pensamientos, y cuando el sol apenas empezaba a asomar su primer rayo, una potente mano llamó a la puerta de la casa de Junco. El chico, con mucho cuidado de no despertar a nadie, fue a abrir, y semejante fue su sorpresa cuando fue Mirto, Campeón de la Liga, quién estaba esperaba al otro lado del umbral.
-¡Hola, muchacho! –exclamó con su enérgica voz.
Entró con brusquedad y con el mínimo cuidado, por lo que Bel y Cheren se despertaron sobresaltados, esperando que fuese algún enemigo al ataque. Pero no. Mientras desayunaban, aunque Touya no comió, el Campeón les explico que Carrasco se había puesto en contacto con él, se lo había explicado todo y le había pedido su colaboración. El muchacho se sorprendió de todos los contactos con los que gozaba el viejo profesor.
-Aunque Carrasco no me hubiese pedido ayuda –explicó, masticando la comida a dos carrillos llenos-, hubiese tenido que meter la nariz en todo este asunto sí o sí. Ese chico, M, creo que se llamaba –¡Es N!-, ¿o era otra letra…? Bueno, a lo que iba. Ese entrenador pretende ir a la Liga y no creo que tenga buenas intenciones.
Mientras Mirto seguía hablando y diciendo algo sobre el Alto Mando, a Touya le empezaba a hervir la sangre. No lo conocía, ¡Ni tan siquiera sabe cuál es su nombre correcto!, y ya hablaba de él como si fuese alguien malo. Sorbió algo de leche y volvió a la conversación, aunque sin demasiadas ganas.
-…Total, que después de hablar largo y tendido con el Profesor, creo que sé dónde está Reshiram –dijo con tal despreocupación como quién comenta que sabe dónde está su abuela. Los tres chicos abrieron mucho los ojos y las bocas les siguieron, derramando o dejando caer al suelo aquello que hubiese dentro. Touya fue el primero en reaccionar, echándose a la mesa como una fiera.
-¡¿Dónde está? –quizá grito demasiado. No, quizá no, definitivamente se mostró demasiado fiero. Mirto lo miro sin inmutarse y siguió comiendo su tercera ración de desayuno.
-Más despacio, muchacho, que Ciudad Porcelana no se construyó en un día –aquella tranquilidad se le clavaba al chico como un alambre en el trasero-. No es que lo sepa con total seguridad, no te garantizo nada, peeeero… En la Zona Desierto, ¿sabes de dónde te hablo, no? Pues por aquella zona, en lo más profundo, se alzan las ruinas de una antigua fortaleza llamada "Castillo Ancestral". No digo que allí te esté esperando Reshiram, pero creo que podríamos hallar algo, alguna pista, no sé. Es un lugar tan antiguo como Teselia, quizá haya una relación.
Un silencio sepulcral pareció adueñarse de la cocina. Todos se quedaron muy quietos y muy callados, pero Mirto se ocupó de romper la tensión volviendo a masticar. Touya giró bruscamente, cogió su ropa y su mochila que descansaban en la silla y se fue a vestir.
-¡Touya, espera! –exclamó Bel, y fue tras él a toda prisa. Se tropezó cuando cogió su bolso pero logro no aterrizar en el suelo.
-No, Bel, tengo que ir. Ya. Tengo que encontrar a Reshiram AHORA MISMO. ¡Tengo que hablar con N! –sentía una sensación de urgencia que lo ahogaba. Empezó a respirar violentamente y se apoyó en la pared por si a sus piernas cedían a la presión. La muchacha lo miró preocupado y lo cogió de la mano. Sin decir nada, abrió la puerta de la habitación dónde durmieron, metió al chico dentro y cerró con suavidad. Lo sentó en la cama y ella a su lado.
-Touya, desde todo lo que pasó en la Torre no hemos podido volver a hablar… -respiró profundamente con aire meditabundo- ¿Pasó algo malo entre vosotros dos, verdad?
El muchacho se quedó muy quieto y no se atrevió a mirarla. Bajó la vista al suelo y se quedó observando las motas de polvo que se arremolinaban a sus pies. No contestó enseguida. Varias veces tuvo la intención de hacerlo, pero siempre se echaba para atrás. Bel la puso la mano en el hombro, dándole ánimos. La miró y en sus ojos vio algo que le hizo sentirse como la peor persona del mundo: ella también lo estaba pasando mal con todo aquel asunto. Sufría por él. Por su amigo. Sintió ganas de llorar, pero las apaciguó como pudo y por fin se atrevió a decir lo que quería decir.
-Él… Ahora me odia. Lo sé, estoy seguro. Después de lo que pasó en la Cueva Electrorroca, de que lo despreciara… Él me odia. Y con toda la razón –Bel lo miró horrorizada ante aquellas palabras, pero no dijo nada y puso más atención a todo lo que le explicaba su amigo.
Se lo contó todo. Absolutamente todo. Como un grifo abierto y sin control, las confesiones y todo lo vivido desde Ciudad Mayólica brotaron de su boca para caer poco a poco en los oídos de la chica, y filtrarse con lentitud en su cerebro. Y no la volvió a mirar en ningún momento. La culpabilidad pudo con él y fue incapaz de mirar los ojos verdes de la chica. Solo cuando acabo de hablar se atrevió a alzar la vista. No estaba sorprendida. No estaba escandalizada. Estaba pensativa. Totalmente concentrada con su monólogo interior. Touya se quedó quieto, esperando a que reaccionase o a que dijese algo.
-Así que… -empezó a decir, cuidadosa de medir sus palabras- resumiendo… estás enamorado de N. ¿No es así?
El chico la miró perplejo. En ningún momento dijo tales palabras, solo había hablado de lo confuso que estaba y del miedo que sentía, y de lo que N le provocaba, pero nunca había dicho que estuviese enamorado de él. Pese a ser verdad.
-¡P-perdón si no es así! –exclamó de pronto Bel, nerviosa. Sin duda, la cara de su amigo le había alterado- Es que… después de todo lo que me has explicado, es a la única conclusión que he sido capaz de llegar. Soy una chica muy simple, no puedo hacer más…
La lágrima cayó antes de que Touya se diese cuenta de lo que pasaba. Otra la acompaño en su descenso. Y una tercera y una cuarta también. Estaba llorando. Y no sabía por qué. Demasiadas emociones, dijo su raciocinio, aunque ni tan siquiera lo escuchó. Bel se había dado cuenta. Estaba enamorado hasta los huesos. Un enorme agujero se abrió en su pecho, un agujero que las lágrimas no conseguían aliviar. Echaba de menos a N. Lo echaba mucho, mucho en falta. Soltó un pequeño gemido de pena y se tapó los ojos. Pero una calidez le impidió torcerse sobre si mismo e intentar desaparecer. La chica lo rodeó en un abrazo. Le obligó a apoyar la cabeza en su hombro y le empezó a acariciar el pelo castaño con mucho cuidado.
-Todo va a salir bien –dijo con la misma voz con la que una madre apacigua los miedos de su hijo-. Encontraremos a Reshiram, tú irás a la Liga y podrás hablar con él. Te lo prometo –sintió el dulce beso en la frente y un enorme afecto por su amiga se extendió por todo su cuerpo. Sin duda, después de aquello, su amistad se había vuelto a prueba de bombas.
-¿D-de verdad lo crees? –preguntó el chico con un hilo de voz. La sonrisa de Bel era lo más reconfortante que vio en días.
-Estoy totalmente segura. Y de que N siente algo por ti, también. Si ese tal… ¿Ghechis se llamaba? Bueno, si ese tipo está manipulando a N, yo te ayudaré a desbaratar sus planes.
Touya se permitió abrazarse un poco más a ella antes de separarse.
-Bel… Gracias –dijo con una sonrisa. Se sentía más ligero y sosegado, como hacía muchos días que no se sentía. La muchacha le devolvió el gesto y se levantó.
-Bueno, creo que me voy a preparar para salir –dijo con un poco de apuro.
-Oh, oh, claro, me voy afuera –el chico se puso la gorra que sacó de la mochila, la chaqueta y salió fuera. En el salón estaban Mirto y Cheren, preparados e impacientes por irse de la ciudad nevada.
-Junco se acaba de ir al Gimnasio. Te desea suerte –dijo su amigo levantando un pulgar. Touya volvió a sonreír y Cheren hizo lo mismo al verlo. Seguramente él también lo había pasado mal con aquel asunto, aunque se empeñara en ocultarlo en su caparazón de chico serio e inteligente. Bel salió de la habitación y se puso al lado del chico.
-Bien, ¿nos vamos ya? –preguntó con su voz aflautada. Como respuesta, Mirto abrió la puerta y saco su enorme cuerpo de la casa, seguido por los jóvenes entrenadores.
La entrenadora rubia le rozó la mano y sacó a Touya de sus recuerdos de Ciudad Teja. El viento del desierto aun los envolvía, y sintió que volvía al presente dándose un batacazo con la realidad.
-Ese maldito Ghechis… N ya ha llegado a la Liga, y no creo que el Alto Mando lo pueda parar por mucho tiempo. Y sin Reshiram no nos podremos enfrentar a él. Aunque quizá yo pueda entretenerl… -Mirto se sentía impotente.
PIRI-PIRI. PIRI-PIRI. Una estridente alarma irrumpió y los cuatro se sobresaltaron de la mala manera. El Videomisor de Touya reclamaba la atención del chico con su sonoro alarido. El chico lo conectó y la Profesora Encina apareció al otro lado de la pantallita, pareciendo diminuta.
-¡TOUYA! ¡TOUYA! ¡¿Se me escucha? NO TE OIGO NADoh, ya tenemos línea. Bien. Dirígete a Ciudad Esmalte a la de ya, ¿me escuchas? AHORA MISMO.
Antes de que pudiese pronunciar palabra, la profesora le colgó en las narices. Pues sí que tiene que ser urgente… ¡¿Y sí han encontrado una pista? Aquella posibilidad emocionaba al chico más de lo que esperaba.
-La Profesora me pide que vayamos a Ciudad Esmalte ahora mismo –dijo Touya aun cavilando que podía ser-, y parece que la cosa es seria.
-Muy bien, niños, vosotros id hacía allí, yo me iré a la Liga –dijo Mirto cogiendo una de las pokeballs que le colgaban del cuello. Un majestuoso Braviary surgió y gritó como solo una solemne ave gritaría. El Campeón se subió en el Pokémon y este empezó a emprender el vuelo.
-¡Mucha suerte! ¡Espero que vengas pronto a Liga a poner a ese muchacho en su sitio, Touya! –exclamó antes de perderse en el atardecer.
Los tres entrenadores lo miraron alejarse y suspiraron. Sin duda, estaban cansados.
-¿Y no se te ocurre que puede querer la Profesora para querer que vayamos hasta Esmalte? –preguntó Cheren crujiéndose el cuello.
-Pues imagino que será sobre Reshiram. O quizá le ha tocado la Lotería, con esta mujer nunca se sabe –comentó Touya buscando Agua Fresca en su mochila y bebiendo un trago.
-Lo mejor es que vayamos ya hacía allí y no perder el tiempo haciendo teorías –les apremió Bel con una sonrisa. Touya se lo agradeció con otra.
Ciudad Esmalte estaba yendo al Sud-Este de Teselia, quedaba un poco lejos del Desierto, así que decidieron ir volando. El Unfezant de Cheren era demasiado débil para aguantar el peso de los tres, por lo que decidieron recurrir a Bel.
-Golurk, adelante –la chica sacó su pokeball e invocó al Golem que rozaba los tres metros. Con pesados movimientos, se agachó para que pudiesen subirse a su espalda. Una vez ubicados, las manos y las piernas se escondieron mecánicamente y unos propulsores surgieron en su lugar, levantando el vuelo.
-¡A Ciudad Esmalte! –ordenó Bel entusiasmada. Antes de que pudiesen prepararse para el despegue, Golurk ya se había elevado a toda velocidad y recorría el desierto hacía su destino despidiendo una ráfaga de fuego azuladas.
Quizá fuese porque el Pokémon era muy rápido volando o porque el trayecto los acabó mareando irremediablemente debido a la velocidad y el viento, pero llegaron a Ciudad Esmalte antes de darse cuenta.
Aunque no lo dijesen en voz alta, volver a la ciudad les traía cierta nostalgia de cuando recibieron su segunda medalla. Aunque no lo pareciese, habían crecido y madurado durante ese tiempo en el que había recorrido la región combatiendo y entrenando, ganando medallas y entablando amistad con sus Pokémon. Era curioso como alguien se daba cuenta de todo lo vivido en tiempos de crisis, como un mecanismo para no caer en la desesperación o algo parecido.
La ciudad seguía como siempre: colmada de tranquilidad. El sol estaba a mitad de camino de desaparecer, bañado en rayos anaranjados, y en las calles se respiraba calma. Cuando acabaron de aterrizar, oyeron gritos y exclamaciones a sus espaldas. La Profesora Encina y su padre corrían hacía ellos con una enorme sonrisa en la boca (y según pudo apreciar Touya, con algo de flato).
-¡Lo hemos encontrado! ¡Hemos encontrado a Reshiram! –celebró la Profesora con algarabía. Si no se puso a bailar ahí mismo era por el dolor en el costado, pensó Touya. O quizá es que esté borracha. Que ya nada era de esperar con esa mujer. Después de esa primera impresión, logró procesar lo que le habían dicho. Han… ¡Han encontrado a Reshiram! ¡HAN ENCONTRADO A RESHIRAM! Justo cuando estaba a punto de unirse a la Profesora, recordó que no tenía tiempo que perder.
-¿Y d-dónde está? –preguntó acelerado. No podía contener los temblores de pura emoción.
-¿Eh? Oh, sí, en el museo –le informó la profesora aun con la sonrisa extasiada.
-… ¿Cómo en el museo? ¿Qué museo? –preguntó con un hilo de voz.
-¡En el de la ciudad, claro! –respondió como si fuese lo más evidente del mundo.
Claro, Reshiram en el museo de la ciudad, es lo más lógico. No sé cómo no me he dirigido hacía allá nada más llegar, era obvio que me estaría esperando allí.
-Pero bueno, dejémonos de perder el tiempo y vamos para allá, ¿no? –dijo Carrasco, un tanto impaciente e igual de emocionado que su hija. Touya miró a sus amigos, que estaban tan confusos como él, y los siguieron a la espera de más explicaciones que supusieron que no se darían hasta llegar a su destino.
El Museo de Esmalte era un edificio grande, de mármol, y un referente para toda la ciudad. No solo hacía las funciones de centro cultural, sino que además era el Gimnasio de Aloe, líder de tipo Normal, a la que los tres muchachos habían conseguido derrotar no sin cierto, mucho, esfuerzo. Cuando entraron, el olor a piedra y a silencio se apoderó del lugar. Caminaron poco a poco a través de los antiguos tapices, huesos desconocidos, esqueletos enteros, fósiles bien cuidados y demás reliquias sobre los Pokémon. Al atravesar la zona de la Biblioteca, entraron en el despacho de la Líder, que ya los esperaba con su sonrisa maternal preparada.
-¡Niños! –exclamó levantándose de su sillón y yendo hacía ellos- ¡Que alegría veros! –los abrazo uno a uno con aquella calidez que la caracterizaba- ¡Qué grandes estáis ya! ¿Coméis bien? O veo un poco flacos, os tenéis que alimentar más.
Aquellos comentarios despertaron sonrisas a los tres chicos. Se agradecía que alguien se preocupara por ellos, y no por nada llamaban a Aloe "una madraza nata". Se sentían como si hablasen con sus propias madres cuando pisaban aquel lugar.
-B-bueno… -Touya procuró hablar lo más sosegadamente posible- ¿Y d-dónde está R-reshiram?
-¡Oh, sí! ¡Está en mi mesa! Seguidme, chicos –exclamó Aloe feliciana.
El chico se giró a sus amigos que lo miraron con estupefacción. Esa misma cara debía tener él.
-¡Niños! ¡Venid! –los llamó la mujer.
Poco a poco y con recelo, fueron recorriendo la estancia forrada de estanterías llenas de libros hasta llegar al escritorio de madera que descansaba al final. Estaba despejado, y lo único que había encima era un cojín de terciopelo en medio y una esfera blanca en el centro, acomodada.
La Profesora Encina la señalo con renovado entusiasmo.
-¡Aquí, chicos! ¡Aquí! ¡Es Reshiram!
Touya se permitió un momento para observarla detenidamente. En efecto, era una esfera. Totalmente redonda y blanquita. Tenía tres muescas iguales repartidas a lo largo de su extensión de forma equitativa. Brillaba de forma especial cuando la luz se paseaba por encima. Pero nada más. Una bonita, pequeña e inútil esfera que poco se parecía a un dragón que tenía que ser, como mínimo, tan grande como Zekrom. Era tan feroz como una pokeball.
-Eh… -Bel parecía albergar las mismas dudas que el chico- ¿ESTO es Reshiram? –su tono mezclaba asombro e incredulidad.
-¡Por supuesto que es Reshiram! –exclamó Aloe, sorprendida ante su escepticismo- ¡Lo encontré yo misma hace meses en el Castillo Ancestral! Hasta hace poco lo exponíamos como parte de la colección, pero vista la situación, creo que será mejor no nos la juguemos y lo despertemos.
-¿Despertar? –preguntó Cheren, que se había acercado para inspeccionar la bola.
-Sí, despertar –esta vez fue Carrasco quién habló-. Reshiram ahora se encuentra en su forma dormida, encerrado en el "Orbe Claro". Solo su Héroe lo podrá despertar. Y ese eres tú, Touya. El Héroe de Zekrom te lo dijo que buscases a la contraparte de su Pokémon, y no te lo hubiese pedido de no saber que podías hacerlo. Aunque creo que eso ya te lo imaginabas, dado dijiste muy convencido que serías el Héroe de Reshiram.
Pues no tenía ni pajolera idea.
Si dijo aquello fue porque pensaba que cualquiera podía serlo, no que aquellos Pokémon Legendarios fueran tan remilgados y elitistas como para elegir a un Héroe. Así que N lo sabía. Sabía que él era su contraparte, al igual que Reshiram lo era de Zekrom. Sabía que estaban destinados a enfrentarse. Que estaban unidos por el destino.
Al chico se le escapó un gemido lastimero que nadie pareció captar. El otro chico y él compartían una historia. Una leyenda juntos. No solo era capricho o necesidad, era el destino quien dictaba que tenían que encontrarse, como mínimo, una vez más. Y enfrentarse. Y después… ya dictarían ellos que hacer después. Sí, puede que pareciese egoísta, de hecho lo era, pero Touya se aprovecharía del destino para encontrarse con N.
-¿Muchacho? –preguntó Aloe preocupada- ¿Estás bien? ¿Te encuentras mal? ¿Te traigo algo para comer? Lo preparo en un segundo, ahora vuelvo.
-¡N-no! ¡Estoy bien! –interrumpió la tentativa de Aloe de ir a la cafetería del museo- Es solo que estaba pensando en el enfrentamiento contra Zekrom, ya está… -la líder se le acercó con una sonrisa conmovida y le dio unas palmaditas de ánimos.
-Todo irá bien, no te preocupes. Absolutamente todo irá bien –sus palabras parecías referirse a algo más que el duelo que le esperaba. Volvió a situarse detrás de su mesa- Bien, pues tómalo, joven Héroe. Coge el Orbe Claro.
Touya tragó saliva y volvió a fijarse en la esfera. Perfectamente pulida y blanca. Estaba ni más ni menos que ante Reshiram, colaborador de la creación de Teselia, según las leyendas. Alargó una mano con temor, y muy lentamente, la acercó al Orbe. Cuando su dedo índice rozó la superficie, la notó cálida. Cálida y cómoda. El resto de dedos le siguieron y pronto se apoderó de la esfera. Era agradable de sostener. Pronto una corriente se apoderó de él y se sintió más animado y extrañamente poderoso.
-Wow –fue lo único capaz de decir. Los demás sonrieron al ver la expresión del chico.
-Definitivamente eres el Héroe, chico –dijo Carrasco con tono alegre-. Si alguno de nosotros cogiese el Orbe, no sentiríamos lo que estás sintiendo tú ahora mismo.
El chico los miró a todos y volvió a dejar caer la vista a la esfera. No estaba seguro de porque, pero se sentía más cerca de N que antes. Y le gustaba aquella sensación. Era como si pudiese salvar todos los obstáculos y alcanzarle. Se acercó la esfera al pecho y pudo sentir un latido. Aunque quizá fueran imaginaciones suyas.
-Y bien, ¿cómo despierto a Reshiram? –preguntó con una sonrisa.
Quizá preguntar la fórmula secreta del Refresco hubiese sido más fácil de responder. Ante la euforia del descubrimiento, aquellos tres que se hacían llamar "Investigadores" se habían olvidado de plantearse como liberar al Pokémon legendario de su forma esférica.
Nadie osó romper el silencio. La Profesora, Carrasco y Aloe se miraban entre si, sin saber responder al chico, y este se desesperó. Todas las buenas sensaciones que le había transmitido el Orbe se estaban desvaneciendo por momentos. La líder abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Encina miró a su padre avergonzada por el descubrimiento a medias. El único que habló fue Carrasco.
-Y si… ¿se lo preguntamos a Lirio e Iris? –planteó, dudoso de su propia pregunta.
-¡Claro! –exclamó Aloe, otra vez emocionada- ¡Son los mayores expertos de Dragones de toda Teselia! Voy a hablar con ellos, Touya, ven conmigo.
El chico la miro confuso mientras salía del despacho y después a sus compañeros, que le desearon buena suerte con la mirada. Sin saber muy bien que hacía, se dirigió a trompicones dónde momentos antes la mujer había desaparecido.
De vuelta a la entrada del Museo, dónde se exponía aquel enorme esqueleto de Dragón, Aloe torció por otro pasillo y fue a dar a un pequeño mostrador de madera, el cual esquivó y pasó al otro lado. Le indicó a Touya que la siguiese y fue lo que hizo. Atravesaron juntos una puerta y llegaron a un discreto despacho que disponía de una silla, una mesa y un enorme PC antiguo.
-Creo que este trasto aun funcionará –dijo poniéndolo en marcha-. Verás, Lirio e Iris son los Líderes de Ciudad Caolín, y a los últimos a los que te tendrías que enfrentar para conseguir la Medalla Leyenda –una melodía anunció que el trasto funcionaba a las mil maravillas y que se estaba iniciando-. Son los mayores expertos en el Tipo Dragón que jamás he visto –la pantalla mostró el menú de opciones y Aloe dio a "Videollamada". Una enorme lista de contactos se extendió por toda la pantalla y se puso a buscar-. Iris es una joven alocada y dicharachera. Con ella nunca te aburres, la verdad. En cambio, el otro…–localizó "Gimnasio Caolín" y pulsó. La conexión se empezó a establecer-. Lirio es un hombre mayor y bastante… serio. Un poco seco en mi opinión, para que mentir. En incluso me atrevería a decir que es un viejo cascarrabiHOOOOLA, Lirio! –saludó nerviosa cuando se dio cuenta de que ya se había establecido la conferencia entre ambos gimnasios. Un hombre mayor, de pelo blanco y barba puntiaguda, pero que se conservaba envidiablemente bien, se asomaba por la pantalla.
-¿Me ibas a llamar "Viejo Cascarrabias", Aloe? –su voz era profunda e imponía, y alzó una de sus pobladas cejas al hacer la pregunta.
-¡¿Yo? ¡Qué va! –exclamó la mujer en un tono demasiado agudo- Bueno, bueno, Lirio, tengo el honor de presentarte al Héroe de Reshiram –dijo orgullosa.
Ante la mirada impasible del hombre, Touya alzó tímidamente el Orbe Claro para demostrar que era cierto y rió nerviosamente.
-Vaya, a mi edad ya no esperaba encontrarme a uno de los Héroes Gemelooooo…! –alguna cosa cayó encima de Lirio y le impidió continuar.
-¡Oh, madre mía! ¡OH. MADRE. MÍA! ¡Uno de los Héroes Gemelos! ¡ESTOY HABLANDO CON UNO DE LOS HÉROES! –una chica de piel oscura y una melena increíblemente frondosa y negra se había tirado en plancha sobre su compañero Líder. Después de sus entusiasmadas palabras empezó a hacer ruidos inconexos mientras agitaba las manos, demostrando su euforia. Lirio se la quitó de encima como pudo y ella se puso a su lado para seguir la conversación, visiblemente excitada por todo aquello.
-Te presento a Iris, entrenador. Es mi compañera en el Gimnasio. Ambos somos líderes.
La joven Iris seguía son sus ruiditos y su vehemencia poco disimulada y parecía que se le había olvidado hablar. Touya se sonrojó, no estaba acostumbrado a provocar tal efecto a la gente.
-Y bien, ¿qué quiere de nosotros el Héroe? –preguntó Lirio. Parecía que era un hombre de los que iban al grano, que no le gustaba entretenerse con chiquitas.
-¿Sabéis como despertar a Reshiram del Orbe Claro? –Otra que también va al meollo del asunto sin perder el tiempo. O quizá es que la confianza de años les permitía hablar sin tapujos.
-No.
Touya pestañeo varias veces, lenta y pausadamente. No. Ya está, un NO y ya. Eso era todo lo que le podía ofrecer el mayor experto en Dragones de lo región. Un "No".
-¿Seguro? –preguntó Aloe, un tanto nerviosa.
-Sí. No sabemos cómo despertar al Dragón Blanco –dijo con sequedad.
-¿Y algún tipo de información útil? –volvió a preguntar la mujer.
-Podría contarte otra vez la leyenda de Reshiram y Zekrom, pero creo que sabes que de ahí no sacarás nada. Me temo que es lo máximo que te puedo dar –el ambiente se había vuelto denso de preocupación y desesperación. Hasta Iris se había quedado quieta.
-M-muchas gracias de todas formas –dijo Touya. Volvía a sentir un agujero en el pecho y la angustia ahogándole. Hizo ademán de levantarse para salir de allí cuanto antes mejor.
-¡Espera! –exclamó Iris, quién escaló el enorme cuerpo de Lirio y casi pegó la cara a la pantalla- ¿El otro dragón, Zekrom, está despierto, no? –el chico asintió con pesadumbre- Pues creo que deberías hacer lo mismo que ha hecho el otro Héroe para despertarlo –sugirió, sonriendo amablemente-. No creo que el otro Héroe supiese más que tú. Quizá no haya que seguir unos pasos determinados para despertarlos. Quizá dependa de la situación…
Una exclamación ahogada de Aloe llamó su atención. La mujer estaba pensativa, con expresión de querer desentrañar el misterio más oculto del mundo.
-¿Aloe…? –preguntó el hombre al otro lado de la pantalla.
-¡Lirio! –exclamó- ¡Rápido, ¿qué simbolizaba cada Dragón según la leyenda?
-Reshiram representa la Verdad y Zekrom representa los Ideales –dijo, conciso y sin perder el tiempo. Aquel hombre parecía inalterable.
-¡Touya! –se giró hacía el chico- Según me ha contado la Profesora Encina, ese chico, N, el Líder del Equipo Plasma, se sometió a un "Juicio" para despertar a Zekrom, ¿no?
El entrenador asintió, rememorando el techo de la Torre con cierto dolor.
-¡¿No crees que quizá aquel "Juicio" fuese para demostrar a Zekrom sus ideales? –propuso, aun exaltada y pensativa.
El Héroe se lo planteó. Seriamente. Zekrom representaba los Ideales. Y N se plantó en un Juicio por demostrárselos. El Líder de los Plasma tenía unos objetivos sólidos y fuertes por culpa de la manipulación de Ghechis, pero eso no quitaba que fuesen lo suficiente firmes como para convencer al dragón para que luchase por ellos. Sí, eso tenía que ser. N había demostrado tener tesón con sus ideales y Zekrom había aceptado la fuerza de su convicción. Así fue como lo despertó.
-Entonces… Entonces yo tendría… -tenía las palabras en el cerebro, pero le costaba expulsarlas- ¡Tendría que someterme a un Juicio de Verdad!
Todos se quedaron callados, pero Iris se ocupo de interrumpir el silencio con sus aplausos entusiasmados.
-Buena teoría, Héroe. Llévala a la práctica –Juraría que detrás de la barba me ha sonreído.
-¡Y tú que decías que la leyenda no serviría de nada! ¡Hombre de poca fe! –exclamó Aloe, radiante y orgullosa.
La mujer se encargó de despedirse de los Líderes cuando Touya salió corriendo, no sin antes darles las gracias por lo menos un centenar de veces y que estos le deseasen buen suerte. Prometió ir a verlos.
En el despacho aun estaban los profesores y sus amigos, curioseando los libros de la estantería o repasando sus mochilas. El chico apareció con una sonrisa triunfal y sosteniendo el Orbe contra su pecho. Los miró con unos ojos ardientes de seguridad.
-Me voy a la Liga Pokémon.
Ya era de noche cuando salieron del museo. En las calles silbaba el viento entre las hojas, pero nadie se veía pasear por ellas. Todo era tranquilidad. Demasiada tranquilidad, pensó el chico. En una ciudad como Esmalte era común ver a numerosos grupos de artistas tocar por las noches, ofreciendo pequeños conciertos improvisados o coloridos espectáculos. Pero aquella noche de luna llena no había nadie en absoluto.
Touya bajó los escalones aun sintiendo un leve rastro de euforia en su cuerpo, mezclado con un poco de miedo. A partir de aquel punto, ya nada sería seguro. Bel y Cheren lo seguían atrás, comentando aquel día, exponiendo sus puntos de vista ante las revelaciones del chico y sus teorías de lo que pasaría a partir de aquel momento. Caminaron hasta llegar al Centro Pokémon más cercano, deseosos de llenar sus estómagos y dormir todo lo que pudiesen. Al final, después de mucho discutir, habían acordado partir los tres a la mañana siguiente hacía la Liga Pokémon, pasando por Ciudad Caolín, así el chico podrías pasar por el gimnasio y agradecer a Lirio e Iris su ayuda.
Ya avistaban las puertas iluminadas del Centro cuando un voraz y profundo rugido rompió el silencio nocturno. Tras el sobresalto inicial, los tres se quedaron muy quietos, escrutando su alrededor, buscando el origen del bramido. Descubrieron una enorme sombra que se recortaba contra la luna, oscura y amenazante, como una dragón que acecha a su próxima víctima. Un enorme Hydreigon descendía de los cielos directos a ellos, veloz, amenazante. A tanta velocidad que no les dio tiempo a girarse y huir de allí. Aterrizó a sus pies, tirando a Touya y a Bel al suelo, y Cheren casi los sigue. Los miró con sus seis ojos rojos y rugió por lo bajo. En una de sus cabezas llevaba un sobre con el sello del Equipo Plasma, pudo reconocer el chico pese a la oscuridad. Era un escudo inconfundible. El Pokémon le tendió el sobre con violencia y se quedó a la espera, fiero. El entrenador, sin poder evitar temblar, abrió el sobre y sacó una notita escrita en papel elegante:
Al entrometido entrenador,
Zekrom nos ha avisado que Reshiram te ha elegido como su Héroe. Si me permites un consejo de alguien que cuenta la con experiencia que otorga la edad, creo que no sabes con quién te estás metiendo. Pero alguien joven y obcecado como tú no me lo pondrá fácil a la hora de convencerle, así que te ofrezco mi Pokémon para llegar a la Liga sin contratiempos. ¿Quieres ver a Nuestro Señor N, cierto? ¿De verdad quieres recorrer todo el camino de Ciudad Esmalte hasta la Calle Victoria? ¿No, verdad? Acepta la oportunidad que te ofrezco, ven aquí y enfréntate a tu destino. Sométete al verdadero Héroe cuando pierdas.
Ghechis
Le costó no rasgar el sobre, el papel y la cara de Ghechis si la hubiese tenido delante. Estrujó el mensaje y lo cerró en su puño.
-Touya, ¿qué pasa? –preguntó Cheren, intentado ocultar su nerviosismo.
-Ghechis me dice que me vaya con este Hydreigon a la Liga y que me enfrente a mi destino… A N –el chico miró el papel arrugado y lo tiro al suelo con furia-. Y eso es precisamente lo que voy a hacer.
Se giró y se dirigió al Pokémon de Ghechis. Este rezongó un poco y gruño varias veces, pero al final se dejó montar a regañadientes (y contando que tenía tres bocas, eran el triple de dientes). Se agarró como pudo al pelaje del dragón preparado para despegar.
-Touya… -la voz de Bel estaba teñida de preocupación- Buena suerte… -le deseó con una sonrisa triste.
-Eh, -Cheren llamó su atención- vence a ese manipulador y ábrele los ojos a N –dijo con su habitual aplomo. El chico asintió.
Se preparó para un viaje parecido al de Golurk, pero que equivocado estaba. Hydreigon fue con maldad e hizo varias acrobacias violentas en el aire, que le costaron más de un grito a Touya. Pero si algo tenía que reconocer el chico, y solo sería para sus adentros, era que aquel Pokémon era endemoniadamente rápido. Los bosques, puentes y ciudades se difuminaban como una estela a su paso, quedándose atrás, en su apacible tranquilidad nocturna. Cuando pasaron la enorme extensión de desierto el Héroe divisó la enorme Noria de Ciudad Mayólica y le dio un pinchazo de nostalgia combinada con el dolor de todo lo que había sucedido. Era todo tan… difícil. Nunca se imaginó que estar enamorado era tan complicado, y si lo combinamos con una antigua leyenda y un par de héroes, todo se retorcía y se enredaba más. Pero no era una cosa que se pudiese evitar. Se había E-NA-MO-RA-DO. Sí, con todas las sílabas. No se podía engañar, lo tenía asumido. Y no solo eso, si no que estaba dispuesto a enmendar su error. Había sido tan imbécil… No podía sacarse a N de la cabeza. Sus ojos, su pelo, sus labios… Agh, el amor es un fastidio.
Ya se impacientaba cuando llegaron al enorme edifico de la Liga. Habían sobrevolado la Calle Victoria sin problemas, cosa que no era del todo moralmente "legal", pero ahora mismo eso era lo que menos le importaba a Touya. Una gran Cúpula, llamada Sala Central, estaba rodeada de cuatro altas torres habitadas por el Alto Mando. Y más allá, detrás de este conjunto, se alzaba el templo donde residía el Campeón. Estaba delante de la Liga Pokémon, cumbre que desea alcanzar todo entrenador como él. El corazón del chico empezó a latir de los nervios. Llevó su mano a la mochila y rozó el Orbe Claro a través de la tela, intentando impregnarse de seguridad y confianza. Lo consiguió a medias.
El aterrizaje no fue mejor que el despegue. El Hydreigon lo dejó caer de malas maneras en la entrada de los edificios, soltando una risa (triple) que el chico reconoció como malvada y se fue volando. Eso, vete con tu… puñetero amo. Se levantó, fulminando con la mirada al Pokémon, y se quito el polvo y la tierra a manotazos. Tosió cuando notó algunas partículas en la garganta.
-¿Tú eres Touya? –preguntó una voz fina como la de una niña pequeña. El entrenador miró hacia el interior de la Cúpula. Una joven bajaba las escaleras de una de las cuatro torres. Tenía el pelo largo y frondoso, de un dorado muy hermoso y cuidado. Vestía una especie de camisón para dormir y llevaba un enorme sombrero de color blanco. Era muy bella, con unos ojos color azul aguamarina profundos y embaucadores.
-S-sí, soy yo –acertó a decir, confuso ante la aparición de la muchacha.
-Bienvenido a la Liga. Yo me llamo Catleya, pero ahora eso poco importa. Mirto nos avisó de tu llegada. La verdad es que las cosas han estado un poco revueltas por aquí…
¡¿Catleya? ¡¿Catleya, la princesa? ¡¿Alto Mando de Teselia y As del Frente en Sinnoh y Johto?
-Eh… Oh… Esto… -Imbécil, di algo inteligente ni que sea una vez en la vida- ¡Encanto de conocerle, Princesa!
La joven río con su aflautada y melodiosa voz y se acercó a Touya.
-No hace falta que me llames así. Desde que dejé el Frente Batalla, ya nadie me llama de esa forma –sonrió con un deje de melancolía en los labios-. Bueno, dejémonos de batallitas. Entra en Sala, tenemos que hablar –con la voz que solo una princesa podría poseer, ordenó a Touya entrar y este obedeció como si una sirena le hubiese cantado al oído.
El interior era más amplio de lo que parecía. Cuatro escaleras comunicaban con sendas torres. La cúpula estaba aguantada por gruesas columnas que estaban pegadas a las paredes, y en medio de todo, una enorme estatua de figura abstracta que Touya pudo reconocer vagamente como humana. Cuando se acercó a inscripción grabada en una pequeña tabla de metal, pudo apreciar que era un aviso sobre la fuerza de los "Cuatro Reyes Celestiales", que el chico interpretó como el Alto Mando.
-¡Vaya! ¿Ya ha llegado el chico de Mirto? –preguntó un hombre de piel oscura como Iris y pelo rubio y muy corto, aunque no tan cuidado como el de Catleya. Salía de la torre situada más al este. Parecía todo un luchador profesional.
-Apostaría a que es él –dijo otro hombre, alto, pelo negro y peinado para atrás que derrochaba elegancia al vestir como un auténtico jugador de casino. Exhibía una sonrisa llena de confianza y seguridad en si mismo.
-Y-ya pensaba que no llegaría -susurró una chica menuda que salía de la ultima torre. Vestía completamente de negro y lila, pelo corto y ojos escondidos tras unas enormes gafas. Estaba encogida y entre las manos guardaba una libreta.
-Lotto, Aza, Anís –los llamó Catleya-. Os presento a Touya.
El resto del Alto Mando se acercó al chico y lo empezaron a observar, curiosos. El chico sintió los cuatro pares de ojos analizándole y juzgándole.
-Bien, bien, parece que da la talla –comentó Aza con una sonrisa encantadora.
-Y parece fuerte –añadió Lotto con su voz profunda.
-Mirto nos ha dicho que cuando llegases te recibiésemos –informó Anís, escudriñándole con los ojos lilas como su pelo-. Normalmente te tendrías que enfrentar contra nosotros cuatros en el orden que deseases, pero nos ha ordenado que te llevásemos hasta el templo directamente –dijo con un tono curioso, que gradualmente se iba tornando interrogativo- y la verdad es que no nos explicamos porque. ¿Podrías tú, aspirante, explicarnos a que se debe semejante favoritismo?
A Touya le sorprendió semejante cambio de carácter. La chica tímida que había salido de la torre ahora se había transformado en una detective en potencia.
-Anís… -Catleya le llamó la atención.
-¡P-perdón, perdón! –se disculpó, nerviosa, la chica- Es que estoy escribiendo una novela policiaca y me he metido demasiado en el protagonista… Ya sabes, los nervios de todo lo que está pasando… Sí, sí, sabemos porque tienes que ir dónde el Campeón, siento la escena…-soltó una risilla histérica.
-Pues como siempre te pasa –comentó Aza con una carcajada muy refinada-. Me acuerdo cuando escribiste aquella novela de amor, que tu…
-Ejem, ejem –los interrumpió la Princesa, un tanto molesta- Tenemos asunto que arreglar, ¿os acordáis? Como salvar Teselia del Equipo Plasma, por ejemplo –al Héroe le extraño que alguien tan sofisticada como Catleya hablase de esa forma- Bien, Touya, debes saber que ahora mismo Mirto está luchando con el Líder de los Plasma –el joven tragó saliva-. Ese chico, N, nos ha derrotado a los cuatro, y se ha ido directamente hacía el templo. Mirto nos ha dicho que no aguantaría mucho, pero que haría lo que pudiese hasta que llegases. Y aquí estás, así que…
-¡Machaca a esos ladrones! –exclamó Lotto, furioso. Estaba claro que no le había sentado muy bien la derrota.
-Sí, eso. Gracias, Lotto –la Princesa se abrió paso hasta la Estatua, y los demás entrenadores la siguieron. Los cuatro pusieron una mano sobre la figura de piedra. Esta empezó a brillar con un fulgor azul y Touya se quedó, literalmente, con la boca abierta.
Santo Arceus, qué sistema de seguridad más sofisticado...
-Ponte enfrente de la estatua y llegarás a las escaleras que te conducirán al Templo del Campeón –dijo Aza mientras se apartaba, al igual que todos los demás. Touya asintió e hizo lo que le dijo.
La estatua centelleó con más potencia y lentamente empezó a descender, para la sorpresa del chico.
-¡G-gracias! –exclamó cuando los estuvo a punto de perder de vista. El Alto Mando al completo le despidió con la mano, deseándole suerte con sus sonrisas.
Estaba a cielo abierto. Si miraba arriba podía ver la base de la Cúpula, y en frente se encontró con las escaleras prometidas. Madre de Mew… Decir que eran kilométricas era quedarse corto. ¿No hay un ascensor o algo? Rogó Touya, pero sus oraciones fueron en vano. Con un suspiro empezó a subir escalón tras escalón. N está ahí arriba. Esperándote. La voz de su cabeza tenía razón. N estaba allí. A un puñado de escalones de distancia. El chico empezó a sudar. Casi no se había dado cuenta de cuan cerca estaba. Demasiados nervios, demasiados sentimientos. Tenía dentro un cóctel emocional que podía explotar en cualquier momento. Su ascensión se había vuelto más lenta al darse cuenta de que vería a N en cualquier momento. De hecho, estaba a lo alto, en el templo. Ahí mismo. Touya se paró en seco cuando aquel pensamiento asaltó su mente. Empezó a respirar dificultosamente y se llevó la mano al pecho, que subía y bajaba alterado. Oh, ¿eso es un ataque de pánico? Preguntó la voz con cierto retintín. ¡No lo es, estúpida voz charlatana! ¡Sólo estoy un poco nervioso, eso es todo! Se permitió unos momentos para relajarse antes de continuar subiendo. Inspiró. Suspiró. Inspiró. SuspiBOOM!
Una enorme explosión en el templo casi hizo caer al chico escaleras abajo. Al instante, una humareda negra empezó a surgir de los escombros que recién se habían desprendido del techo. Oh, Arceus, oh, Arceus, oh, Arceus. Más por instinto que porque su cerebro hubiese dado la orden, empezó a ascender las escaleras corriendo, dejándose los pulmones en carne viva respirando dificultosamente y las piernas hechas un flan.
En cuanto llegó arriba del todo tuvo que taparse la boca y la nariz con la manga de la chaqueta. Tanto humo era insoportable y le irritaba los ojos y la garganta. Avanzo a paso ciego entre el humazo y en un punto no demasiado concreto de la sala salió Mirto para su sorpresa. Estaba herido en algunas partes del cuerpo, respiraba irregularmente y parecía fatigado. En resumen, que parecía que le habían pegado la paliza de su vida.
-¡Braviary, DESPEJAR! –en el foco central de la sala se empezó a arremolinar todo el humo para luego despejarse totalmente con los aleteos furiosos del Pokémon Águila. Entonces Touya pudo ver todo el espectáculo sin perderse detalle. Mirto, herido. Braviary totalmente debilitado por el esfuerzo y las heridas que lo recubrían. El Zoroark con el que estaba luchando, en perfecto estado, y detrás de este… N. Un N… impasible. Con la mirada sombría y la expresión seria. Como una sombra de lo que una vez fue. En aquel momento parecía que el chico se había quedado sin voz.
-¡Touya! –exclamó Mirto cuando lo vio aparecer por la entrada- ¡Rápido, ven! –lo llamó a su lado.
El entrenador obedeció y poco a poco fue acercándose al campeón, sin quitar la vista del Líder del Equipo Plasma. Su fijeza en el chico de ojos verdes casi rozaba la grosería y la mala educación, pero no le importó.
-Touya… -dijo N casi con un susurro. Lo miró con dolor a los ojos para luego calarse la gorra y taparse la cara. Ese dolor… No me lo escondas, N. Déjame que enmiende mi error.- Te estaba esperando. Y traes el Orbe, tal como vi en mi futuro –sus palabras eran duras y frías como un carámbano de hielo-. Bien, entonces. Es hora de que te enfrentes a mí.
-¡Eh, muchacho! –exclamó Mirto casi colérico- ¡Te estás enfrentando a mí! ¡Deja el plato fuerte para el final!
-Creo que no has entendido la situación, Mirto. Ese Braviary era tu sexto y último Pokémon, y se acaba de debilitar. Estamos luchando por el título de Campeón, técnicamente ya he ganado, no puedes usar otro, por muchos que tengas. Ahora YO soy el Entrenador más fuerte de Teselia, ahora YO soy el Campeón –dijo sin los triunfalismos típicos de alguien quién acaba de ganar. Su voz solo desprendía desprecio-. Y como Campeón, cambiaré algunas cosas de esta región. Para empezar, ordenaré a los demás entrenadores que liberen a sus Pokémon.
-¡Espera, N! –la voz de Touta salió rota.
-Pero claro –el Líder de los Plasma se giró hacía él-, antes me tengo que enfrentar a mi destino. Superar el último obstáculo, ¿no es así, Touya?
El Héroe metió la mano en la mochila para que el Orbe Claro le transmitiese confianza. Sorprendentemente, empezó a latir como si estuviese vivo.
-Sí –contestó.
N lo miró enmascarando el dolor y enseñando su menosprecio. Touya encajó es mirada más o menos bien, siendo consciente de que se la merecía.
-¿Te acuerdas de lo que te dije en la Noria, Touya? –el chico se quedó, literalmente, petrificado- Te prometí que algún día te invitaría a mi casa, ¿no es así? Pues creo que el día ha llegado.
-A… ¿A qué te refieres? –preguntó con un hilo de voz.
-A que este no es un lugar adecuado para que los Pokémon Dragón legendarios se enfrenten –abrió los brazos en cruz, abarcando toda la sala con su gesto- ¡Que brote de lo más profundo! ¡Que se alce mi palacio! ¡Y qué rodee la Liga!
Todo estaba en silencio después de las palabras de N cuando de repente un violento temblor sacudió el Templo. Tal era la magnitud que parecía que todo se iba a derrumbar de un momento al otro. El trozo de techo destruido que dejaba pasar la luz de la luna se empezó a hacer más grande, soltando pedruscos durante el proceso. Por la obertura pudo ver como edificios emergía de la tierra, como surgidos del Infierno. Poco a poco se acomodaban los unos a los otros, acoplándose en perfecta armonía, hasta conseguir una edificación perfecta. Súbitamente, algo golpeó la pared del templo y la destrozó en mil pedacitos. Una escalera metálica fue a clavarse al suelo. N, totalmente sosegado como si el terremoto y el allanamiento de la escalera no hubiesen sucedido, se subió a esta y empezó a subir. Sin girarse, habló.
-Te estaré esperando en la Sala del Trono, en lo alto de mi Palacio. Allí, Zekrom y Reshiram combatirán para ver quién tiene razón. Probaran nuestras convicciones en su lucha. Si gano yo, los ideales del Equipo Plasma se cumplirán. Si ganas tú, los humanos y los Pokémon podrán seguir viviendo juntos –y dicho esto, siguió su camino.
Touya se quedó quieto donde estaba, intentando asimilar las palabras de N. Aun miraba por dónde se había ido cuando sintió la enorme mano de Mirto en su hombro.
-¿Tienes a Reshiram, chico?
Asintió. Mirto le apretó el hombro para infundirle ánimos.
-Adelante, chico. Este es el Acto Final –se intentó levantar pero el gesto le costó un gemido de dolor.
-¡Mirto! –Touya salió de su ensimismamiento, cogiéndolo como pudo- ¡¿Estás bien? ¿Necesitas que te ayude?
-No, tranquilo. Sólo déjame sentarme, mis niños ya estarán subiendo esas diabólicas escaleras para ver qué ha pasado –el chico supuso que diciendo "sus niños" se refería al Alto Mando. Casi arrastras y haciendo uso de toda su fuerza, consiguió apoyarlo en la pared del fondo.
-Gracias –dijo con una sonrisa cansada.
Touya asintió y se dirigió a las escaleras metálicas. Con dudas apoyó el pie en el primer escalón y lo agitó levemente. La estructura de acero ni se inmuto. Subió el siguiente escalón y tampoco pasó nada. Paso a paso y cada vez más seguro de que eran fiables, fue avanzando y subiendo hasta encontrarse en el exterior. En ese momento se sintió como un equilibrista. Siguió adelante sin mirar el vació a sus pies y logró entrar en el Palacio.
Las baldosas eran azules como la noche, las paredes blancas y doradas y las luces lo iluminaban todo tenuemente. El chico se vio embriagado por el ambiente sofisticado y exquisito que lo rodeaba y andó un poco desorientado sin saber por dónde ir. Se encontraba en un enorme pasillo que no parecía terminar nunca. Anduvo perdido, buscando un cartel o una señal que lo ayudase. Nada. Decidió caminar por el interminable pasillo hasta que hallase una puerta o algo que le permitiese continuar. Cuando ya hacía unos minutos que caminaba, una risilla captó su atención. Provenía del fondo. Otra risilla más. Y otra. Como llamándole. Si la voz de Catleya le había parecido bella, aquellas que oía eran celestiales. Fue avanzando, sin pararse a pensar si podía ser peligroso o no. Las risillas siguieron, y pronto se le unió una segunda voz. Igual de hermosa que la primera. De golpe el pasillo se torció y encontró unas escaleras. Las vocecillas provenían de allí arriba. Subió atento de que perdiese el rastro y llegó al siguiente piso.
Era idéntico al anterior, un enorme pasillo. Pero en aquel había una notable diferencia: en medio del pasillo había una habitación con unas titánicas puertas abiertas. Unas risillas se escaparon de su interior. Así que ahí estáis, misteriosas vocecillas que espero que seáis reales porque en mi cabeza ya no cabe ni una más. Con cautela, se acercó poco a poco hasta que asomó la nariz. Era una estancia enorme, con un gran ventanal en la pared del fondo, sillas de estilo del siglo pasado, una chimenea, una gran mesa en el centro y muchos jarrones con flores. Pero ni una sola persona. Touya, extrañado por no encontrar el origen de las risas, entró con cuidado a ver si encontraba algo que le dijese dónde estaban. Cuando hubo estado dentro, las puertas se cerraron con un silencioso "click" acompañado de las risillas. El chico se giró bruscamente y se encontró con que dos dedos le sellaban los labios para que no dijese nada.
-Shhh, Héroe, estás en la Habitación de las Musas. Aquí no se permiten los gritos –oyó.
La que había hablado era una mujer rubia, alta y extremadamente bella. Lucía una sonrisa y una expresión amable, y reconoció su voz como la primera que escuchó.
-Siéntate, Héroe, tenemos que hablar contigo –dijo la otra. Tenía el cabello de color rosado, era tan bella como la primera y sus ojos eran afables y cálidos. Como si le hubiesen hipnotizado, Touya asintió y se sentó en una de las sillas cerca de la mesa central.
-Yo me llamo Concordia, la Musa de la Paz –dijo la que habló en primer lugar.
-Y yo soy Anthea, Musa del Amor –dijo la del pelo rosado-, y te hemos traído aquí para hablar de Nuestro Señor N.
A Touya el corazón le dio un vuelvo que se le puso del revés. Se quedó mudo y espero a que las Musas siguieran hablando.
-Verás, joven Héroe… -Concordia parecía estar buscando las palabras adecuadas- Puedes que tu nos veas como a enemigas a las que tienes que derrotar, pero nada más lejos de la verdad. Puedes confiar en nosotras –por la mirada que echó, ni ella misma parecía creerse que el chico confiaría en ellas de buenas a primeras.
-De hecho, nosotras, las Musas, no apoyamos los ideales del Equipo Plasma. Ni tan siquiera nos importan. Pese a que formemos parte del Equipo, estamos totalmente fuera de los planes –continuó Anthea.
-Si estamos aquí, en el Palacio, es por N. Lo único que nos preocupa es su seguridad, y queremos estar cerca para protegerlo –continuó la rubia.
-¿Para… protegerlo? –preguntó el chico.
-Sí –contestó la Musa del Amor-. Para nosotras, N es lo más importante de este mundo. Es nuestro hijo.
¿Nunca habéis tenido la sensación de que estáis haciendo un puzle y las piezas no encajan? ¿Verdad que sí? ¿Y no os apetece entonces estampar la caja del juego contra la pared? Pues en ese momento las dos Musas, con su confesión, estamparon el cerebro de Touya contra un muro de carga. Metafóricamente hablando, claro.
-¿Sois sus… madres? -¡Por todas las Tablas de Arceus, ¿cómo es eso posible?
-Por supuesto ninguna de nosotras dos lo llevamos en nuestro vientre durante nueve meses, pero lo criamos desde que era un bebé. Lo cuidamos, educados, curamos y reñimos nosotras –dijo Concordia-. Y eso nos convierte en sus madres –su tono era serio y no permitía ningún reproche.
-Lo que quiere decir Concordia es que nos preocupa mucho nuestro hijo –ahora es Anthea quién hablaba. Parecía que se iban alternando-. Y tú tienes mucho que ver con el sufrimiento que ha pasado, ¿me equivoco?
Touya bajó la cabeza. No dijo nada, ni tan siquiera respiró. Asintió levemente. Una mano le acarició la mejilla y le alzó la cara. Las Musas le sonreían con ternura.
-¿Tu también lo has pasado mal, verdad? –sorprendido ante lo acertado del comentario, asintió.
Ambas mujeres se miraron mutuamente y pareció que hablaban por telepatía. El chico no dijo nada cuando Anthea y Concordia se acercaron a él.
-N… Nos habló de ti cuando te conoció –la mujer del cabello rosado le empezó a acariciar el pelo con cariño-. En pueblo Terracota, seguro que te acuerdas. Cuando llegó al Palacio, lo primero que hizo fue venir a vernos y contarnos que te había conocido. Le llamaste mucho la atención desde el primero momento. Nos dijo que luchasteis y lo venciste, y que tu equipo Pokémon le dijo algo sorprendente.
Concordia le cogió la mano y se la estrechó.
-También nos contó vuestro encuentro en la Noria –de la sorpresa Touya le apretó la mano y la rubia le sonrió afectuosamente-. Tranquilo, no nos dijo que hablasteis, pero sí que le habías aclarado muchas cosas.
-Pero… Después de la Cueva cercana a Ciudad Fayenza… N cambió. Era como si estuviese vacio. Como si estuviese… roto. Pero aun así, nos seguía hablando de ti. Al menos al principio. Pero luego el Sabio Ghechis se involucró en todo este asunto. No nos dejó que nos acercásemos a N. Le empezó a acompañar a todos lados, a decirle… Cosas… Y entonces se volvió frío e impasible, como el que has visto hoy.
Touya las miró incrédulo. N les hablaba de mí aunque le hubiese despreciado… Y por mi culpa, Ghechis le ha lavado el cerebro. Una enorme aura de tristeza lo invadió y las lágrimas empezaron a brotar sin control. Los sollozos escaparon de su garganta y empezó a llorar desconsoladamente. Estaba DESESPERADO. A N le gustaba de verdad. No era ninguna broma ni ningún juego. Y ahora estaba todo perdido. Se encogió y las Musas lo abrazaron, impidiendo que se cayese.
-Shhhh… Tranquilo… -lo consolaron con su hermosa voz- Todo va a salir bien…
Touya soltó todo lo que tenía dentro. La desesperación, las preocupaciones, las dudas… Todo escapaba con las lágrimas, llenándolo a su vez de sosiego y calma. Poco a poco. Cuando se hubo vaciado de pena, se irguió y se secó los regueros húmedos de sus ojos.
-Gracias –dijo de corazón. Nunca se imaginó que diría eso a unos miembros del Equipo Plasma.
Ambas sonrieron.
-Joven Héroe, ¿tú que sientes por nuestro hijo? –preguntó Anthea.
La pregunta del millón de Pokedolares. Y tenía que contestar.
-N… Me gusta. Mucho –para su sorpresa, lo pudo decir con toda la tranquilidad del mundo. Y lo mejor de todo, sin arrepentimiento. Era totalmente cierto, y no tenía por qué negarlo, ni quería hacerlo. Ya no.
La sonrisa de las Musas se extendió e intercambiaron una mirada cómplice.
-Y se lo quiero decir. Hoy. Ahora mismo –dijo. Esta vez fueron las Musas las sorprendidas por la confesión-. Me he dejado la piel en encontrar a Reshiram, me merezco que me escuche, aunque sea solo una vez más. No le pido que me perdone, solo que escuche lo que tengo que decirle.
Anthea y Concordia se quedaron perplejas por la resolución del chico que momentos antes estaba en sus brazos desecho de la pena.
Touya se levantó y se dirigió a la puerta. Cuando estuvo a punto de abrirla, las Musas saltaron de sus asientos y lo detuvieron.
-¡Espera! –exclamaron al unísono.
El chico se paró a medio camino de la cerradura, expectante.
-Queremos pedirte que seas totalmente sincero con nuestro hijo –pidió Concordia con celeridad. A pesar de eso, su voz seguía siendo hermosa.
-Sea lo que sea que sientas, por favor, sé totalmente franco con él –rogó Anthea.
Touya las observó, pensativo. Eso era exactamente lo que iba a hacer, aunque no se lo hubiesen pedido. Ya estaba harto de jugar al ratón y al gato, de la dudas y de toda esa porquería. Asintió.
-Buena suerte –le desearon.
El chico salió al pasillo con paso seguro. En su vida había tenido tanta confianza en si mismo como en aquel momento. Torció hacía el lado y siguió caminando hasta llegar a las escaleras del piso siguientes. Continuó. Aquello le pareció dolorosamente parecido a la Torre Duodraco, ascendiendo para pedir perdón al hombre del que estaba enamorado. El último piso al que llego era… diferente a la resta. Era más silencioso. Sin ventanas. Casi sin luz, solo con la iluminación que podían ofrecer las velas colgadas en la pared. Se trataba de un corto tramo que acababa en unas puertas cerradas con el símbolo del Equipo Plasma grabado en ellas. Sin titubear, Touya llevó sus pies hacía delante y empujó los portones de la Sala del Trono.
El murmullo de agua llenaba la estancia con su calmada melodía. Era tan grande que el chico se sintió como una hormiga allí dentro. Caminó sobre la alfombra azul que recubría el suelo y alzó la vista.
N. Sentado en su trono. Al final de la habitación. Esperándole. A él. No dudo y se puso en marcha. La moqueta color de cielo nocturno sonaba agradablemente bajo sus pies, que andaban con prisa. Pronto paso por en medio de la habitación y notó la mirada de Ghechis mirándole desde su modesta silla de Sabio, cerca del otro entrenador. Aquella cercanía le empezó a arder en la sangre.
-Veo que te has dignado a venir aquí. No has huido, con lo bien que se te da –el sarcasmo de N le quemaba en la piel, pero aguantó. Soportaría todo el rencor que quisiese o necesitase para perdonarlo.
-He venido aquí para hablar contigo. Ahora mismo –exigió Touya con aplomo.
El Otro Héroe se lo quedó mirando fijamente para pasar luego a extrañeza.
-No… No has invocado aun a Reshiram. Has osado entrar aquí trayendo aun la esfera. ¿No es eso un poco atrevido por tu parte, Touya?
-Como ya te he dicho, es necesario que te diga una cosa…
-Encima de no cumplir con tu cometido de Héroe, ¿vienes exigiendo? Despierta ahora mismo a tu Pokémon y luchemos. Si llegas a vencerme, escucharé todo lo que quieras.
-Si me dejases acabar, sabrías que primero tengo que hablar contigo, Héroe –dijo con un deje de nervios y un poco a mala fe-. Si no, no me será posible despertarlo, así que haz el favor de sentarte y poner atención a mis palabras si quieres que luchemos.
Lo miró intensamente, reticente a hacerlo y Touya sacó el Orbe Claro de su mochila. Al verlo, N obedeció con un bufido.
-A ser posible, en privado –dijo reparando en que Ghechis lo miraba. N también lo miró, y luego volvió la vista al chico.
-Sabio Ghechis, puedes retirarte –dijo con voz seca.
-Pero mi Señor N, es recomendable que me quede aquí para la batalla, yo podría echaros una mano…
-No es necesario –replicó el líder-. Combatiré sin tu ayuda, muchas gracias. Y ahora te puedes ir.
Con un escándalo mucho y regañadientes, Ghechis salió por una de las pequeñas puertas laterales de la estancia. Cerró con un portazo y entonces reinó el silencio.
-Bien, dime lo que me tengas que decir para despertar a Reshiram. Y date prisa, tengo muchas cosas que hacer.
-N… -es el momento. Ahora es el maldito momento, no puede meter la pata otra vez. Muerte Súbita, Touya, no la pifies- Perdón. Por lo que hice en la Cueva –sintió un cosquilleo bajo los ojos. No te pongas a llorar ahora, imbécil-. Me arrepiento tanto… Lo que hice estuvo mal, muy mal. Soy… un completo idiota, lo sé. Pero es verdad lo que te dije, me gustó, mucho. Y tú… Tú también…
-Todo fue falso –soltó N de repente como una lápida sobre la espalda de Touya. Seguía con su expresión impasible.
-¿C-cómo…? –preguntó el chico con confusión. Un primitivo instinto de pánico brotó en su estómago.
-Todo. Fue falso. No me gustabas de verdad. Me llamaste la atención y quería comprobar si de verdad sentía algo por ti, pero nada. Aquí no hay nada –comentó señalándose el corazón con un tono casual, como quién habla del tiempo.
Touya se quedó callado, pero todo su ser gritaba. Algo se rasgó. Lo pudo oír perfectamente. Y el dolor llegó después. Y no solo dolor, también la angustia y la desesperación. Todo junto, como una reunión decidida a colapsar al chico. Su cuerpo se entumeció y sus ojos empezaron a desorbitarse, parecía que los parpados eran la única parte que podía mover.
-Si eso es lo único que me querías decir, me temo que has perdido el tiempo. Rápido, despierta a Reshiram y luchemos –N parecía indiferente a las palabras del chico.
Touya lo siguió mirando y algo parecido a voz salió de su garganta.
-P-pero… -era áspera y ronca.
-¿P-pero? –le imitó N con sonsonete.
-Tú me gustas –admitió Touya con aquel sucedáneo de voz que chorreaba su garganta.
Como si fuese una bomba de succión, el silenció atrapó todo sonido que hubiese en la estancia. Ambos chicos se quedaron sin respiración. Touya ensombreciéndose por momentos, y N con la cara desencajada por la sorpresa.
-Tú… me gustas. Me gustas mucho –el chico parecía hablar más por si mismo que para el hombre al que se lo confesaba-. Mucho…
Estuvo a punto de caerse cuando el Orbe palpito en su humano. Sin entender que pasaba, lo miro con ojos sombríos, y la esfera volvió a latir. Un inmenso calor le empezó a invadir y las llamas empezaron a lamer sus manos. Pero no quemaban. Eran cálidas. Las flamas crecieron hasta recorrer sin problemas los brazos de Touya hasta llegar a su cara e incendiar todo su cuerpo.
-¡Touya! –exclamó N con un grito sordo y avanzó hacía él con una expresión… ¿desesperada?
Pero antes de que pudiese alcanzarlo, la esfera pareció explotar con un fogonazo y las llamaras invadieron toda la sala, vaporizando el agua que corría a los lados y los estandartes del Equipo Plasma. El chico sintió fuego líquido entre las palmas y como crecía y tomaba forma. ¿Con que tomas mi verdad como buena, eh, Reshiram? Quizá fuese por el fuego, pero todo el dolor y la pena en su interior se quemaron. Parecía que Reshiram se había metido en su mente para infundirle valor y ánimos. Gracias.
Poco a poco la intensidad de las llamas fue disminuyendo hasta dejar entrever una forma más concreta y real. Un Pokémon de gran tamaño, totalmente blanco y recubierto de algo que parecían plumas, descasaba en posición fetal rodeando a su Héroe con sus alas. Abrió los ojos azules más profundos que nadie había visto jamás y soltó un rugido que hizo que las flamas revivieran. Reshiram, el Pokémon Blanco Veraz, estaba allí.
Por su parte, N había retrocedido hasta llegar a la pared, admirando el despertar del Pokémon. Su mirada embobada no estaba presa por el pánico sino que estaba embaucada por la belleza de Touya recubierto de llamas. Pero antes de seguir contemplando aquel espectáculo, se preparó para luchar, obviando su anterior pensamiento.
-¡Zekrom, ven aquí! –gritó su Héroe.
Casi instantáneamente, el Pokémon Negro Puro surgió de la pared dónde estaba apoyado el otro chico, rompiéndola en mil pedazos.
Intercambio de miradas.
Zekrom miró furioso a Reshiram, y Reshiram miró orgulloso a Zekrom.
N miró asombrado a Touya, y Touya miró sosegado a N.
Ambos Pokémon bramaron tan alto que el Palacio entero tembló hasta sus cimientos más allá de la superficie. La batalla había empezado.
Una tormenta de fuego y rayos se alzó entre los cuatro en un abrir y cerrar de ojos. Rugidos y llamas. Bramidos y chispas. Los dos dragones alzaron el vuelo y empezaron a luchar en el aire. Mordiscos, fuego, electricidad, golpes. Sin tener que ordenar anda, todo estaba claro de antemano. Ya sabían porque luchaban.
Los segundos pasaban, y ninguno de los dos Pokémon se cansaba. Poco a poco cada entrenador fue animando a su dragón, ignorando al otro.
¿Has venido aquí por algo, no?
La voz de su cabeza tenía razón. Estaba allí por algo. Por la verdad. Para decirla. Para saberla.
De pronto un ardor se derramó por todo su cuerpo y Reshiram chilló acompañado de llamas. Un golpe que podía ser menos que mortal acertó en el pecho a Zekrom y este cayó derribado en pleno vuelo cerca del trono. N se fue corriendo a socorrerlo.
Así que es eso, Reshiram. La verdad te hace más fuerte, ¿cierto? Zekrom se hace más poderoso cuanto más fuerte son los Ideales de su Héroe, pero tú te fortaleces cuanto más limpia es la Verdad del tuyo…
De pronto todo estaba TAN claro.
Desde el otro lado de la sala el otro Pokémon rugía profundamente. Su pecho ardía. Y N no sabía que tenía que hacer. Perdió los nervios y se echó a sollozar.
En el fondo es solo un niño, le reveló la voz interior, un niño demasiado grande para seguir jugando pero demasiado inexperto para sobrevivir en el mundo de los adultos.
Tan débil… Tan frágil.
Oh, Arceus, y cuánta razón tenía aquella santa voz. El aplomo del que hacía gala el entrenador de ojos verdes hasta hace poco se había esfumado.
Lentamente Touya se fue acercando hacía N y este, de lo nervioso que estaba, ni tan siquiera notó su presencia hasta que no le tendió un pequeño bote de crema azulada.
-Toma, es ungüento de baya Safre. Lo hice con las bayas que me dio Cheren. Cura las quemaduras –viendo que N lo miraba sin parecer entender palabra, lo dejó en el suelo y volvió con Reshiram. Este estaba mejor que el otro Pokémon, pero lucía algunas heridas que Touya se encargó de curar. El Restaura Todo es caro, pero lo vale.
Cuando hubo acabado, el Pokémon blanco se sentó en el suelo, dispuesto a descansar, sin perder la vista de su contraparte por si se levantaba a atacarlo. N había utilizado toda la crema, que ahora cubría el pecho de Zekrom, y este respiraba dificultosamente. Touya se quedó observando cómo N lo sanaba.
-He ganado yo –dijo, de repente-. Ahora me tienes que escuchar.
-¿Escuchar el qué? ¿Tus mentiras? –preguntó N con rencor- Ya has ganado, como bien has dicho. Has salvado el mundo de las malvadas garras del Equipo Plasma. Ahora hazme el favor y desaparece de mi vista.
-¿Mentiras? –Touya se indignó- ¡¿MENTIRAS? ¡¿Acaso sabes de lo que estás hablando?
-¡Lo sé muy bien! ¡Y sé lo que has hecho! ¡Me has vuelto a mentir diciendo que te gustaba para desconcentrarme y ganar! Arceus… ¡¿Cómo se puede ser tan rastrero? –N se levantó furioso y se encaró.
-¡¿Y CÓMO SE PUEDE ESTAR TAN CIEGO? –Touya bramaba y su voz inundó el cuarto- ¡No te he mentido! ¡Te he dicho la verdad! ¡¿Cómo te piensas que he podido invocar a Reshiram? ¡Piensa un poco!
Se miraron con furia mal contenida y respiraron alterados.
-¿Pero cómo puedes pensar eso de mí? –exclamó Touya a media voz- ¿De verdad crees que me pateado media Teselia para encontrar a Reshiram y venir hasta aquí para MENTIRTE?
N lo miró con impotencia y el chico se acercó a él.
-¿Crees que me lo he jugado todo a una carta para ENGAÑARTE? ¿Solo para vencerte? ¿Qué he despertado a un Dragón Legendario solo para humillarte?–se quedaron a un palmo y el chico de ojos verdes pudo sentir el veneno de Touya emanaba- No entiendes nada –escupió cada palabra.
-Yo sólo sé que me confesé y tú me dejaste tirado. Eso no dice mucho de ti, ¿no crees? –dijo N chirriando los dientes.
-¡Porque tenía miedo! ¡Lo sé, fui imbécil! ¡Un idiota rematado! ¡Por eso te he perdido perdón! –se encaró hacía él y sus caras quedaron a escasos milímetros- ¡Me gustas, estúpido cabeza hueca! ¡ME GUSTAS! ¡ESTOY ENAMORADO DE TÍ!
Todas las alarmas sonaron a la vez en su cabeza como un premio gordo de una máquina tragaperras. ¡Por fin! ¿Tanto te costaba decírselo? Pero Touya no hacía caso, solo estaba pendiente a la reacción de N. A nada más.
La cara del otro chico cambió de enfado a sorpresa, de sorpresa a estupefacción, y de estupefacción a confusión. Bajó la cabeza para mirar al suelo y Touya, nervioso e impaciente, alargó una mano hacía él. N le apartó la mano con un golpe. Lo rechazaba, igual que él lo hacía hecho en la Cueva Electrorroca.
-Te odio -soltó N con brusquedad-. No me importas nada, ¿me oyes, Héroe? -dijo con tono retintín nervioso-. De hecho, nunca has significado nada más allá de un mero capricho. Simplemente te quise besar en la Noria y me obcequé en conseguirlo. Pero ya está, no necesito nada más de ti. Me das asco, fuera de mi palacio.
Pese a sus palabras, N estaba encogido, tenso y visiblemente ansioso. Como si su status de Héroe le otorgase poderes, Touya supo a ciencia cierta que el chico le mentía. Cada palabra que dijo era tan falsa como la anterior. Ninguno de los dos se movió. Se sumieron en un silencio total mientras los minutos se consumían despacio. Allí, a un movimiento de quedar totalmente juntos.
Un niño… Tan frágil…
-Es muy injusto… -Touya empezó a hablar- …Que me digas esas cosas tan feas… -otra vez levantó la mano y empezó a acariciar su mejilla lentamente. Pronto las lágrimas mojaron sus dedos y N rompió en un llanto ronco y contenido a medias. El chico le cogió la gorra y se la quitó, limpiando el reguero húmedo y salado.
-Touya… -lo miró con angustia y anhelo. Siguió acariciando su cara y enseguida su otra mano se sumó al arrumaco. Con otro sollozo N le rodeó la cintura con los brazos y escondió su cara en el hombro del chico- L-lo siento m-mucho… Siento haberte dicho e-esas cosas tan horribles… Pero… Pero… -empezó a balbucear y Touya le empezó a acariciar la cabeza, entrelazando sus dedos con el cabello verde del muchacho.
-Tranquilo… No pasa nada… Todo está bien… Ahora todo está bien –lo atrapó en un abrazo y N juntó con vehemencia sus cuerpos, buscando a Touya.
Se quedaron largo rato en esa postura, sin moverse ni un ápice. Abrazados, el uno al otro, sin decir nada, aclarando sus ideas. Aunque al chico no le hacía falta. Tenía muy claro que quería estar con N al precio que fuese. NECESITABA estar con él. No era alguien del que se pudiese separar. No ahora. Ya no había marcha atrás.
Las puertas se abrieron con un resoplido y el silencio se diluyó con el ruido de las puertas chocando contra la pared.
-¡¿SE PUEDE SABER QUE ES ESTO? –Ghechis gritó desde la entrada con furia y cólera y N se sobresaltó hasta el punto de soltar a Touya- ¡¿QUÉ DEMONIOS HACES ABRAZADO A… A ESE?
El chico se tensó y le echo una mirada cargada de odio al sabio mientras N avanzaba con pasos inseguros.
-T-touya me ha vencido… Como le prometí, dejaré que los entrenadores y pokém…
-¡Tu no vas a hacer nada, estúpido criajo! ¡Todos los Pokémon van a ser para mí! ¡TODOS!–bramó. Su Hydreigon salió de detrás de él y se unió a su alarido- ¡¿SE PUEDE SABER QUE CLASE DE HIJO ERES QUE NI TAN SIQUIERA SABES DARLE ESO A TU PADRE?
No hay magnitud existente en este mundo que pudiese medir la sorpresa y el horror en la cara de Touya en aquellos momentos. ¡¿PADRE? ¡¿ES SU PADRE?
-Has sido un hijo muy malo, N –dijo el sabio intentando calmarse con escasos resultados-. No has obedecido a tu padre y te mereces un castigo muy severo.
-¡P-pero le di mi palabra de Héroe! –exclamó su hijo alterado.
-Me da lo mismo. Has fallado como hijo, como líder y como héroe. No mereces ni tan siquiera en aire que respiras –susurró con desprecio cada palabra.
Reshiram, aun sentado descansado, soltó un rugido en respuesta a la furia que su Héroe despedía por todos los poros. Por su parte, Zekrom, al lado del trono, intentó alzarse, pero la herida aun no estaba de todo curada y le costó volver a caerse y soltó un bramido de dolor.
-P-pero… P-papá… -N parecía al borde del llanto. Touya no creía que la fragilidad del chico pudiese aguantar tantas emociones de sopetón.
-Ni se te ocurra volver a llamarme así, maldito bastardo –el Hydreigon soltó una risotada, o lo que parecía una risa malvada, y avanzó hasta ponerse a la altura de su amo.
Como si Touya fuese capaz de adivinar el futuro, pudo ver perfectamente como las tres cabezas de Hydreigon cargaban un Hiperrayo. Y de cómo Ghechis sonreía amenazante y malvado. Su primer instinto fue interponerse entre el ataque y N, pero Zekrom reaccionó más deprisa y su cola empezó a girar como una turbina, llenando la sala de chipas. Un enorme rayo atravesó la estancia para impactar contra el otro pokémon. Ghechis gritó de rabia cuando su dragón quedó empotrado contra la pared.
-¡MALDITOS!
-Reshiram –el pokémon blanco miró a su entrenador-. Acaba con él.
Con toda su majestuosidad, el dragón claro se alzó y con llamas a su alrededor empezó a caminar hacía Ghechis. Este, con terror en sus ojos, empezó a retroceder, pero la sombra de Reshiram ya lo alcanzaba. Al final optó por huir por el pasillo, pero cuando lo quiso hacer, una llamarada que no pertenecía al dragón le cortó el paso.
-¡Muy bien, Emboar! –la voz de Bel llegó hasta los oídos de Touya, que abrió los ojos sin entender nada. Sus amigos aparecieron por la puerta principal.
-Veo que quedarnos al acecho ha servido para cazar sabandijas –comentó Cheren con tono jactancioso.
-Malditos críos… -soltó Ghechis con desprecio.
-¡Cheren! ¡Bel! ¡¿P-pero qué…? –Touya estaba estupefacto.
-¿De verdad pensabas que nos íbamos a quedar en Ciudad Esmalte cruzados de brazos? –preguntó su amigo.
-¡Fuimos a buscar refuerzos y luego venimos directos aquí! –chilló Bel visiblemente emocionada- Pero no decidimos entrometernos hasta que no fuese imprescindible…
-¿R-refuerzos?
-Así es, muchacho –Mirto entró guardando una pokéball-. Tus amigos han logrado reunir a los Líderes de Gimnasio, y junto con el Alto Mando, están tomando el palacio en este instante. El Equipo Plasma está perdido.
-¡¿QUÉ? –Ghechis pareció enloquecer por un momento.
Mirto lo señaló con la cabeza y él y Cheren fueron a capturarlo.
-Y en cuanto a ti, señor "quiero-a-todos-los-pokémon" pronto te reunirás con tu séquito de sabios majaras y la policía que está en camino de la Liga os trasladará a una bonita cárcel lejos, lejos de mi vista –dijo con rudeza.
-¡No! ¡NO! –el sabio se arrastró por el suelo intentado huir, pero la manaza del Campeón lo atrapó y frustró su pobre intento de huida.
Mirto y su amigo lo arrastraron a la fuerza fuera de la Sala del Trono y Bel se les quedó mirando con una risilla nerviosa.
-B-bueno, creo que me… me voy a ir yendo ya… Tengo que ir a ayudar a los Líderes a luchar… -Touya asintió con expresión seria y Bel se marchó, despidiéndose con la mano. Ahora que estaba todo en silenció, pudo oír el fragor de las batallas que se libraban pisos más abajo.
Y las lágrimas de N caer.
Se acercó poco a poco y le tocó el hombro.
-N… -sabia que por mucha saliva que gastase no lo iba a reconfortar, así que optó por otros medios para transmitirle sus ánimos. Alzó una mano y cogió el mentón del otro chico, alzando su cara. Estaba rota por el dolor. En sus ojos verdes se adivinaban la confusión, el rencor, la desesperación. Touya no podía aguantar ver aquella expresión en su rostro. Con la mano libre volvió a limpiarle el rastro de las lágrimas mientras acaricia sus mejillas. Pausadamente fue juntando sus rostros, intentando preparar a su enamorado para lo que iba a pasar. Sus narices se llegaron a rozar y las lágrimas de N dejaron de brotar. Con una lentitud casi dolorosa, sus labios se acariciaron mutuamente, dejando sus pieles a flor de piel. Al principio fue despacio, pero a medida que transcurrían los segundos el beso se fue tornando más apasionado y febril, menos cándido. N rodeó a Touya con sus brazos y las lágrimas volvieron a escapar, pero a ninguno de los dos pareció importarle.
-Touya, Touya… -susurró.
-Shhh, estoy aquí, tranquilo. No me voy a ir.
El amanecer era inminente y los rayos del sol asomaban tímidos por el horizonte. El chico, sin romper el abrazó, se sentó en el trono, con N encima suyo, como un niño pequeño. Le empezó a acariciar el pelo mientras lo rodeaba con el otro brazo, intentando defenderle de todo mal. Tenía una imperiosa necesidad de protegerlo.
-Él… era mi padre –murmuró N-. Me dijo que nunca lo dijese. Que lo tratase como a un sabio más. Yo… confiaba en él. P-pero ahora… -se encogió y los sollozos amenazaron en volver a hacerle llorar.
-Ahora me tienes a mí –sentenció Touya. N lo miró sin comprender-. No te voy a dejar solo. Nunca más.
La mirada de N se tiñó de devoción por el chico al que miraba.
-¿Q-quieres decir que t-tu y yo…? –su voz temblaba.
-Sí. Al menos, si tu aun quieres estar conmigo.
El chico de ojos verdes se le abrazó con tanta fuerza casi ahogó a Touya. Y le gustó que lo hiciese. Se levantó de un revuelto y se secó las lágrimas, sonriendo. Le tendió a mano al chico para que se levantara.
-Pero… -aquellas palabras le dolieron más a Touya que a N- Aun no podemos estar juntos.
N lo miró con ansiedad y pareció palidecer.
-¡No pienses que no quiero! ¡Quiero! ¡Y mucho! Pero ahora… Debes huir.
-¿P-pero por qué?
-Ya has oído a Mirto, la policía está en camino. Y a todos los efectos, TÚ eres el líder del Equipo Plasma. Te encerrarán. Y no pienso permitir que eso ocurra.
El otro chico comprendió la situación y bajo la vista.
-Entonces… ¿esto es un adiós…?
-¡NO! –Touya saltó escandalizado- ¡Por supuesto que no! Solo tienes que huir por un tiempo, hasta que todo esto se arregle. Ahora que soy el Campeón de Teselia, me ocuparé de ello.
-¿Tú… el Campeón? –N lo miró incrédulo.
El chico esbozó una sonrisa pícara, esperando con aquello relajar la tensión de la despedida a pesar de que le dolía horrores la idea de separarse cinco minutos de él.
-¿Te he vencido, no? Y tú a Mirto, ergo, soy el nuevo Campeón. Puede arrodillarte ante mí, entrenador –bromeó con una risilla. N le sonrió con cierta tristeza, carraspeó y con un movimiento lleno de florituras se arrodilló.
-Señor Campeón, es un honor postrarme ante usted –dijo, mirándolo a los ojos. Ambos rompieron a reír, prefiriendo eso que a llorar, pese a que era eso lo que el cuerpo les pedía. Touya cogió a N por los brazos y lo levantó. Se puso serio.
-Te buscaré. Allá dónde te vayas, te buscaré, y te encontraré. No te voy a dejar escapar tan fácilmente, no te vas a librar de mí –dijo, pegando sus cuerpos.
N le pasó los brazos por el cuello, atrayendo su cara y sus labios contra los suyos.
-Te voy a echar mucho de menos. Tanto que me dolerá –dijo con pena.
Touya le rodeó la cintura con sus manos.
-Lo sé. Yo también –estrechó el abrazo. El sol surgió majestuoso e iluminó todo a su paso. Touya se sobresaltó ante la idea que se le acababa de ocurrir.
-¡Llévate a Reshiram! –exclamó.
-¿Qué? –N pareció no entender el significado de las palabras.
-¡Llévate a Reshiram! –repitió- Quiero decir… Así estarás cerca de mí. Y yo de ti. ¡Si te llevas a Reshiram, podré encontrarte!
La misma mirada preñada de devoción de antes volvió a acudir a los ojos de N. Con mucha ternura lo cogió por el mentón y depositó un tierno beso en la frente de su chico.
-Solo si tú te llevas a Zekrom –dijo sonriente.
-¡P-pero yo no puedo hacer eso! ¡Yo no…! –N le selló la boca con un breve beso.
-Un criminal ni puede huir con dos Pokémon Legendarios de semejante tamaño. Es mejor que tú te quedes con Zekrom, quiero sentir que me tienes cerca.
Ambos Pokémon se miraron a la cara. Parecían conformes. Reshiram, con un pequeño rugido, se volvió a levantar y se acercó a N. Lo olfateó y se quedó a su lado, confirmando que se quedaría con él.
-Cuídamelo, ¿vale? –le rogó su Héroe. Los ojos azules del dragón le dijeron que así lo haría. Por detrás, sintió que Zekrom se acercaba y que quedaba cerca de él, como un guardaespaldas. N sonrió.
-Bueno, márchate ya, que aún voy a montar una escena de película –le reprochó Touya, sintiendo que se derrumbaría de un momento a otro-. Por favor, no dejes que te capturen.
N se lanzó contra él, chocando sus bocas y besándolo con desesperación. El chico también aprovecho para besarlo, a saber cuánto tiempo se pasaría sin verlo. Sin decir más, el entrenador de ojos verdes giró cola y se lanzó a través del agujero que Zekrom había hecho en la pared. Reshiram rugió y alzó el vuelo, atrapando a N en pleno vuelo y metiendo el turbo. Su cola expulsó llamaradas que deshicieron las nubes y se perdieron en el cielo.
-Te encontraré sin importar cuánto tiempo tarde.
