Claim: Ushiromiya Kinzo/Beatrice Castiglioni
Notas: Viñetas sin relación alguna de tiempo
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: 24 horas
Tema: 04:00 (AM) Haciendo un esfuerzo.
La respiración se le vuelve dificultosa por tortuosos minutos, mientras está inclinada sobre el retrete con una mano sobre el pecho, la otra reteniéndose el largo cabello rubio, que no para de sacudirse debido a las arcadas. Es una de las peores sensaciones que ha tenido en la vida, quizás mucho peor que el aire viciado en aquél pequeño submarino que le sirvió de hogar durante meses antes de llegar a Japón, a su nueva vida y nuevo destino.
El estómago le da volteretas y su propio sonido, su propio aroma y la visión turbulenta del contenido del retrete logran marearla, tanto que ni siquiera el aire salado que le llega del mar en calma esa noche consigue detener la sensación, como si tuviese un pescado putrefacto dando tumbos en su estómago.
Está muy segura de lo que le está sucediendo a su cuerpo, a pesar de que no ha visto al Dr. Nanjo en meses y a Kinzo en semanas, la certeza es tan real como la nueva vida que hay en su cuerpo a la cual sin duda no le ha gustado lo que ha cenado la noche anterior, comida clásica de italia, enviada por Kinzo como un mal sustituto a su persona.
¿Cuándo volverá? ¿Qué debe de hacer ahora? Las preguntas giran alrededor de su cabeza como si fuese un sol en órbita cuando se levanta del piso frío del baño, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Kinzo ya tiene hijos, también una esposa, lo sabe todo sobre ellos y le da la impresión de que no los tiene en demasiada estima, ¿será su hijo la excepción a la regla? ¿O alguien llegará a escuchar las quejas que su bebé alimente? Rompe en lágrimas ante esa perspectiva, aún sola en la gran casa llena de lujos que sólo ella disfruta, sus hormonas están hechas un caos y detesta prorrumpir en sollozos ante tan insignificantes pensamientos, detesta las arcadas y el vómito, la soledad en la que se encuentra y que le impide compartir eso con nadie.
Sí, por supuesto que lo detesta, pero cuando llega a su cama y se arropa con las mantas hasta formar un pequeño capullo de protección, sabe que hay dos cosas que no odia y por las cuales debe hacer un esfuerzo, por lo menos hasta que las cosas mejoren. Kinzo y su hijo. Kinzo y su hijo, aquél que rodea con sus manos a pesar de que su vientre no se ha desarrollado, a pesar de que no debe de llevar más de 12 semanas de gestación.
Ojalá él regresara. Piensa y sus lágrimas se derraman por sus mejillas, borrando tras de sí todas las marcas de la mujer valiente, no porque ésta se haya esfumado, sino más bien porque esa noche ya no le quedan fuerzas, porque hasta ella es humana y necesita llorar. Ojalá Kinzo regresara pronto. Y con una sonrisa ante las clásicas palabras de -estoy embarazada-.
