Claim: Ushiromiya Kinzo/Beatrice Castiglioni
Notas: Viñetas sin relación alguna de tiempo
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: 24 horas
Tema: 08:00 (AM) Dando un paso adelante y dos atrás.
Las promesas son muy fáciles de formular. Basta con decir unas cuantas palabras bien elegidas, pintar una sonrisa y llenarla de mentiras cuando la promesa se rompe. Aún así, Beatrice quiere creer en la promesa de Kinzo, quiere creerla porque la hace feliz, la llena de esperanza, de ganas de vivir. Secuestrarla para siempre suena oportuno, son las palabras adecuadas y el contexto verdadero. Después de todo, ella sólo queda reducida a ser la amante, confinada en ese lugar que le ha conseguido, con sus pisos lustrosos y sus futones blancos, desconocidos para ella.
La ha secuestrado como lo hacen los malhechores o casi, porque a fin de cuentas ella ha llegado ahí por voluntad, pero otros aspectos no difieren. Sólo ir a verla muy de vez en cuando, llenarla de provisiones y regalos para que no se muera de hambre o aburrimiento, jurarle nuevas promesas cuando la besa en las noches, promesas que para un verdadero secuestrado hablarían de liberación y que en su caso hablan de un para siempre.
Siendo sincera, Bice nunca creyó que terminaría así. Sus sueños nunca habían estado plagados de finalces felices y vestidos blancos, pero al menos siempre supuso que se casaría y tendría hijos con los cuales saldría a recorrer las calles, el olor de la lasagna impregnando su casa y un marido atento y republicano como le hubiese gustado a su padre. Sin embargo, ella había quedado reducida a ser la otra de un hombre japonés, del otro lado del mundo y de todo lo que había imaginado. Esperando por las escasas horas en las que él pudiera presentarse, esperando por los días que podían pasar juntos y hablar, hablar, hablar y besarse, reír y tomarse de las manos.
Había dado un paso hacia adelante con esa decisión, un paso hacia un futuro alejado del gris y del negro, de la desesperanza y las pocas ganas de vivir; sin embargo, había dado otros dos atrás porque él estaba casado y tenía hijos, desconocidos pero reales, inocentes de toda esa situación. Ajenos a la historia que se había desarrollado en Rokkenjima, la suave brisa agitando el césped por las tardes, el brillo del mar, las risas y luego la masacre, los cadáveres y las promesas.
Podía salir de todo ello si aún quería, podía regresar a Italia y buscar el futuro normal que le habían inculcado y quizás sería infeliz. A eso se reducía todo y fue eso lo que precisamente la decidió a quedarse, pese a que la culpa era una sombra pesada en su espalda, misma que se reflejaba en los rostros de los niños que veía en las calles, cualquiera pudiendo ser hijo de Ushiromiya Kinzo. Si ya había dado dos pasos atrás, entonces el retroceso sería fácil de ahora en adelante, fácil mientras ambos se guiaran por el camino de las sombras, siendo su unión la única luz.
