-¿Hola? ¿Molly? –John se había apresurado durante toda la mañana para llegar finalmente a St Bart's, con la intención de seguir buscando a Sherlock. Había estado paseando por el hospital hasta que abrió tímidamente una de las puertas del laboratorio donde pudo encontrar a la muchacha.
-Oh, John. ¡Buenos días! –saludó con una cálida sonrisa al recién llegado mientras se acercaba a él, dejando unas muestras que tenía sobre la mesa más cercana. -¿Cómo estás? ¿Ha pasado algo? –Aquellas preguntas eran de esperar. El cabello de John estaba ligeramente revuelto, y parecía incluso que las delgadas arrugas de su imagen hacían juego con las exageradas que presentaba su ropa. Sus ojos desprendían agotamiento a través de las ojeras que últimamente se estaban haciendo más prominentes. Molly tenía todo el derecho a preguntar.
-Bueno… -Miró un momento hacia el suelo en un intento de calmar lentamente sus nervios. –Sólo he venido para saber si se encuentra por aquí. Aunque por lo que he podido ver –echó una mirada rápida por toda la sala, limpia y apenas intacta mientras exhalaba un suspiro –no está aquí.
-¿Ha ocurrido algo entre vosotros? … Eh, bueno, no es que quiera ser entrometida, pero ya sabes… Sherlock es una caja de sorpresas. –Dejó escapar una pequeña risa ante el momento. –Me ha extrañado no verle hoy tampoco, sobre todo cuando parecía tan interesado en aquel sint…
-¿Hoy tampoco? ¿Ayer no vino durante todo el día? –Le cortó John, frunciendo el ceño al terminar su frase y observándola a los ojos.
-Uh… no. –Contestó sutilmente al ver la ligera tensión que se había producido. –Le he llamado por teléfono hace algunos minutos, pero no lo coge. Bueno, en verdad nunca me responde a las llamadas… luego siempre me envía un mensaje contestándome a las preguntas que iba a hacerle… es sorprendente.
-Ya… -Su mirada dejaba ver que una sensación de desaliento se había apoderado de él. Pasaron unos segundos hasta que volvió a hablar, dejando a la chica expectante. –En fin, gracias Molly. Te haré saber cuando Sherlock aparezca.
-V-vale… -Se despidió de John dedicándole una sonrisa leve y viendo cómo volvía a cruzar las puertas del laboratorio.
El detective consultor no había estado en St Bart's durante dos días. Es probable que los efectos de las drogas estuvieran durando más de lo que pensó. Aunque era poco probable, ya que conocía los síntomas y la cantidad de tiempo que pueden estar en el cuerpo afectando al cerebro. Y para colmo era la única persona en el mundo capaz de no descansar nunca. Pero, lo que John Watson no sabía… ¿habría sido aquella ocasión la primera vez que Sherlock sufrió de sobredosis? La pregunta sin respuesta alguna estuvo en su cabeza hasta que llegó a la salida del hospital.
Tantas prisas, y al final para nada. La señora Hudson ya le había advertido esa misma mañana. No había tenido noticias de Sherlock ni había visto ni oído nada que le hubiera podido ayudar al doctor en saber su situación. "Oh, sí, más le vale aparecer. ¿Has preguntado ya en el hospital o en la comisaría? Seguramente esté por allí haciendo de las suyas." le comentó la anciana intentando suavizar la preocupación que le mostraba su querido arrendatario.
Finalmente, Scotland Yard. Tenía que admitir que era uno de los lugares con los que estaban más familiarizados. Mientras John cogía un taxi hacia su nuevo destino, las probabilidades de encontrar a Sherlock allí eran todavía más bajas que las de St Bart's, sobre todo si Anderson solía presentarse por aquel lugar. Pensándolo mejor, Sherlock no iba nunca a Scotland Yard… Scotland Yard iba a Sherlock. Pero en todo caso, mejor agotar todas las situaciones posibles.
Salió del taxi en solo unos minutos tras haber llegado al sitio, pagándole al taxista lo correspondiente al viaje. Podía verse que el edificio era bastante alto, y en cierta medida era algo sombrío por sus exteriores, incluso por el día. Se introdujo en él por la entrada principal y después de haber "esquivado" a algunos agentes y toda la planta de recepción, llegó a la que usualmente trabajaban los de altos cargos e investigadores.
Pudo observar que apenas la gente que estaba allí se movía. Había infinidad de papeles y documentos sobre las mesas que actualmente nadie prestaba demasiada atención. Estaba claro que de allí no se podía esperar mucho.
Mientras se acercaba cada vez más al despacho del inspector Lestrade, nacieron unos nuevos conceptos en su mente que le hicieron ralentizar el paso. ¿Estaría bien comentar la supuesta desaparición del detective más famoso de aquellos tiempos a la policía de Londres? ¿Cómo iba a desviar el tema sin conseguir antes alguna pista? Se paró en seco.
"Mierda… ¿cómo no he caído antes?" pensaba. Se formaría un escándalo, y la prensa ya había comentado en sus páginas varias veces sus casos desde que decidieron darle crédito a Sherlock Holmes. Ahora se hablaría demasiado si aquella noticia consiguiera hacerse pública. Y si decidieran investigarla, las sustancias ilegales de las que disponía su compañero podrían alejarlo más de él, cosa que John no estaba dispuesto a asumir.
Instantáneamente se volteó para salir lo más rápido posible de aquel lugar, pero un sujeto le cortó este deseo chocándose contra él.
-Oh, lo siento, disculpe… -Comentó mientras subía la mirada y sus ojos se abrían en un pequeño asombro al descubrir de quién se trataba.
-¡John… el doctor John Watson! ¿Qué le trae por aquí? Porque no veo al friki con usted. –La sargento Donovan sujetaba una taza de café que por suerte seguía ilesa después del choque. –No es muy común verle por Scotland Yard, ¿tiene noticias sobre algo que haya ocurrido?
-No, no… nada importante. Solamente quería comentar una pequeña idea con el inspector Lestrade. ¿Sabe… si se encuentra cerca? –John empezó a notar cómo sus nervios empezaban a fallarle. Tenía que actuar lo más natural posible para poder salir de aquella situación.
-Greg no está en estos momentos, ha salido a desayunar me parece… Pero si quiere, puede esperarle aquí o en su despacho, o en todo caso podría yo darle el mensaje… -Decía mientras señalaba la puerta del despacho del inspector con la mano que le quedaba libre.
-No, no se moleste. Vendré otro día o le llamaré personalmente. Gracias. –John aprovechó el momento y esquivó la presencia de la sargento para salir de la sala, aún nervioso y con las manos cerradas en puños.
-¡Dr. Watson! –Pero la llamada de su nombre procedente de la misma voz hizo que parara sus pies y lentamente voltearse justo antes de salir. La mujer dio algunos pasos acercándose él, y con la mirada fija en sus ojos le preguntó algo que hizo parar un segundo su respiración. -¿Es usted feliz?
…
La sargento prosiguió.
-He notado últimamente la escasez de delitos y tragedias en Londres. No puedo decir que no me alegre, pero sé de alguien que sí lo haría. E incluso puedo decirle, que me imagino lo que podrá llegar a hacer. Ese hombre no es normal, y tengo que advertirle que nos preocupa la posibilidad de que no sea buena influencia. –Los ojos de John se entrecerraron, entrando en una pequeña confusión. –Así que no deje que eso ocurra, y haga su vida habitual. Aléjese de él.
Al terminar sus frases, unos segundos de silencio entrecortaban sus posturas, hasta que la débil risa del médico inundó el momento de tal manera, que ahora la incómoda era la propia sargento Donovan.
-Tengo que reconocer que la primera vez que me dijo usted eso, no conseguí entender muy bien a lo que se refería. Y hubiera aceptado sus sugerencias de no saber ya cómo es vivir con Sherlock Holmes. Créame de que todo lo que me ha estado diciendo no es nuevo y, si me permite decirle, creo que soy bastante consciente de cómo y con quién tengo que pasar mi vida habitual. Buenos días. –Acto seguido, y sin dejar tiempo a que la mujer respondiera, se dio la vuelta y finalmente salió de la sala. Pocos segundos más tarde, en el pasillo por el que estaba andando ligeramente, no pudo evitar oír su contestación: "Bien. ¡Suerte!"
(Bueno, últimamente la cosa no tiene mucha acción, pero poco queda para que llegue... y bien fuerte! o al menos eso espero xDD Gracias a todos los que seguís leyendo! *^*)
