John había conseguido denominar toda la mañana en un total concepto de desperdicio. Tras sus cortas visitas a St Bart's y Scotland Yard, anduvo varias horas por las calles más extrañas de Londres. Y el frío volvía a su cuerpo a medida que el dolor de pies incrementaba.
Anochecía, y no había hecho nada.

Cansado y con un malestar de desánimo, se sentó en un banco que daba entrada a un parque por el que se podía acceder por varios caminos de piedra hechos en el suelo y separados por arbustos y césped. A los oídos del doctor venía el sonido del agua que caía de una gran fuente situada en el centro. Éste sonido le parecía armonioso, ya que se podría decir que era la única melodía de tranquilidad que le había llegado durante todo el día.

Suspiró. Con todo el tema de Sherlock, la mente de John le había permitido a su cuerpo y a sus pensamientos que dejaran escapar los momentos y las horas predeterminadas en las que tenía que alimentarse. Su estómago se había cerrado y no había dado señales de carencia alimenticia. Estaba bien.
Su resistencia se había multiplicado desde que obtuvo el título de soldado en el ejército.

Con las manos entrelazadas, se dispuso a acomodar su espalda en el respaldo del banco, para así, por lo menos, aliviar una de sus heridas superficiales.
No había podido evitar pensar en todo lo ocurrido hasta el momento. La conversación con la sargento Donovan le había abierto una brecha… más honda incluso de la que ya tenía. Si ya no había sido suficiente todo el tiempo en el que había estado pensado en él, ahora, gracias a ese pequeño dialogo, sus pensamientos más confusos estaban jugando con la situación, haciendo que John se sintiera más desorientado.

Las palabras que le había dedicado a la sargento las dijo sin antes estudiarlas. Ahora que las vuelve a recordar, se parecen mucho a la forma de pensar del detective, donde hace ver a todo el mundo que no le importa lo que piensen de él y en donde no escucha la preocupación de los demás. John no era así. Quizás, la confusión o el mero cansancio después de una larga lucha, hiciera que sus emociones fueran más salvajes que de costumbre.

La lucha de la que ya estaba cansado, aún no había terminado.

¿Verdaderamente él era feliz? … ¿Qué es la felicidad? … ¿Ahora, justo en aquellos momentos era feliz? …

-Claro que no, Sherlock no está aquí… –susurró y sus labios esbozaron una pequeña sonrisa. Parece ser, que su amigo y compañero se había convertido en su máxima prioridad, de la cual hasta ahora no se había percatado. Y ahora entendía los momentos en los que, cuando se supone que uno mismo ha recibido un daño, tanto físico como psíquico, por la persona que te importa, tus sentimientos hacia ella no cambian en absoluto.
La agresión que recibió de Sherlock no le había importado realmente. Hasta pasado algunos minutos después de aquello no se dio cuenta de que sólo le dolía la cara.
John tenía clara una cosa: habría sido una pérdida de tiempo el tener que preocuparse por si aparece la hinchazón o no, mientras que la vida de la única persona que te ha devuelto ser lo que eres, está pendiente de un hilo.
Por eso mismo, había estado buscándolo incansablemente hasta el punto de olvidarse de todo lo demás. No obstante, si se presentara la ocasión de tener que usar la violencia, se utilizaría, y quizás no de la misma manera que había usado contra él, aunque la venganza no sea siempre el mejor de los remedios.
Tenía que encontrarlo fuera como fuese, y hacerle ver que no todo en la vida era distraerse manteniéndola en un constante riesgo. En ese momento, una idea…

-Mycroft… -Su mirada se perdía en el infinito a la vez que se levantaba de un salto de aquel banco. Las 21:17 era la hora que marcaba su reloj cuando empezó a correr en dirección al centro de Londres, marcado como objetivo llegar a 'El Club Diógenes'.

Tras varios minutos sumido en su carrera, una fuerte punzada invadió su pierna derecha, haciendo que se parara en mitad de la calle, cansado y con una débil expresión de dolor.
Intentaba calmar su respiración mientras apoyaba el peso de su cuerpo en las rodillas a través de sus brazos.

-No puede ser… -Cerró sus párpados en consecuencia del malestar. No podía ocurrirle otra cosa mejor que el regreso de su cojera. Quizás por los nervios, quizás de nuevo por el cansancio, pero aquello no podía volver a su vida.

-Perdone, ¿está usted bien? –John descubrió al alzar su mirada a una muchacha de mediana edad, de cabellos rubios que hacían juego con su tez blanca y rosada. La compasión llenaba su mirada como si fuera la única persona que estuviera en aquellos momentos en la fría calle. Las manos de la joven le sostuvieron unos instantes, para ayudarle a incorporarse.

-Sí, sí, gracias… -Dio unos pocos pasos hacia delante para comprobar su estado. El dolor no había desaparecido por completo pero tampoco le impedía volver a andar. El doctor volvió a agradecerle la ayuda a aquella persona antes de despedirse y empezar a andar. La chica quedándose atrás le observó hasta que pasaron algunos segundos sin ninguna otra novedad.

John temía volver a correr, así que insistió un poco en andar ligeramente, intentando no concentrar su atención en su pierna herida. La carencia de la presencia de Sherlock le estaba afectando demasiado, y sólo le maldecía una y otra vez en su cabeza.
"Maldición, ¡si por lo menos consiguiera hablar contigo…!" –pensaba. En un arrebato de furia, buscó desesperadamente su móvil en los bolsillos de su chaqueta y volvió a llamar.

-Por favor, dime que has llegado a casa… -Sus ojos se cerraron con fuerza mientras aún seguía caminando con prisa. Esperó, pero sólo daba la señal continuamente.

A lo lejos, un pequeño toque de suerte. 'El Club Diógenes' se presentaba como un gran edificio blanco, con pocos detalles monumentales y con un ambiente serio y austero, como los miembros que pertenecían a él. Guardó su teléfono e intentó volver a coger un ritmo más ligero, pero sus piernas dolían.
A pesar de todo, continuó.

Finalmente, al llegar a la entrada y conseguir traspasarla con un cierto aire de nerviosismo, una gran sala se abría ante él. La iluminación de varias lámparas de decoración aristocrática que se encontraban allí no dejaba de ver que en aquel lugar reinaba el silencio. Un silencio que para muchos resultaría incómodo, mientras que para otros pocos era una bendición.
John ya había estado allí antes. Sillones de cuero oscuro decoraban la sala como la gran multitud de estanterías, todas ordenadas, con infinidad de libros en sus huecos. Los presentes en aquella habitación no pudieron evitar fijarse en el hombre que había interrumpido el agradable silencio de leer los periódicos del día, con su acelerada respiración.

Las miradas que se clavaban en la apariencia desganada del médico por los ajetreos de esa temporada, hicieron que éste diera un paso atrás, todavía sin la certeza de saber qué hacer.
De repente notó una presencia desconocida, que se hizo factible cuando una mano se posó en su espalda.
Un hombre larguirucho con uniforme de chaqueta asintió sin decir ninguna palabra, y haciéndole ver a Watson su intencionalidad. Confuso, siguió a este nuevo hombre alejándose de aquella sala de miradas silenciosas. No pudo evitar fijarse en los inusuales zapatos de aquel hombre al que estaba siguiendo, si se le podían llamar zapatos. Calzaba pequeñas bolsas de color blanco que se anudaban en sus tobillos con una ligera cinta. Hasta el seco sonido de unos zapatos podía ser inaudito en aquel lugar.
Despejando su mente de aquellos detalles, le siguió por unos largos pasillos que le recordaban a palacios de época, totalmente convencido de que para entrar allí no sólo se tenía que poseer un intenso interés por la lectura.

Tras haber recorrido y haber llegado al final de uno de esos grandes pasillos, unas puertas se abrieron hacia un despacho, iluminado, y con la misma decoración que el resto de las salas. Sólo con la excepción de que allí, tras un voluminoso escritorio de madera barnizado y un par de sillones vacios frente a él, se encontraba el hombre al que actualmente buscaba.

-Oh, el doctor John Watson. Bienvenido. –Mycroft Holmes se reclinaba en su asiento atendiendo a la inesperada visita. –Por favor, pase. No se quede ahí.

La mirada del ex militar se volvió llena de fuerza, y al parecer el cansancio que había experimentado durante el día desapareció, dejando a un hombre con una meta decidida y dispuesta a conseguirla por encima de todo.
Entró en la sala con paso firme y los puños cerrados, a la vez que se cerraban las puertas y desaparecía la persona enchaquetada que le llevó hasta él tras ellas.

-Sé que lo sabes, ¿dónde está? –El tono de su voz se hizo grave y seria. Una media sonrisa apareció en el rostro de Holmes desviando la mirada del doctor.

-Supondré que ha vuelto a ocurrir. –Se levantó del sillón lentamente mientras los ojos nerviosos de su acompañante le seguían por la sala. –Debería de empezar a acostumbrarse.
Mycroft disponía a servir dos copas de licor en una pequeña mesita de la sala mientras invitaba a John a sentarse en uno de los sillones enfrente del escritorio. Éste accedió por el pasado dolor de su pierna, a pesar de que no quería sentarse en esos momentos.

-Tiene usted que ser… bastante tenaz para soportar a mi hermano. –Finalmente le ofreció una de las bebidas, sentándose después en el sillón opuesto. Un suspiro incómodo salió de los labios del rubio.

-Tengo… tengo que saber dónde se encuentra. –Su respiración había vuelto a ser tranquila y normal, pero sus manos mostraban un ligero temblor apenas perceptible, cosa que uno de los hermanos Holmes allí presente no dejó escapar. –Bueno, la verdad… yo… no sé por qué tendría que…

-¿Ha sufrido últimamente ansiedad, señor Watson? –La expresión de Mycroft se había vuelto confusa y miraba detenidamente a su visita. –Si su respuesta es afirmativa, créame, no me extrañaría. –Sonrió. –Vivir con Sherlock es una experiencia lamentable… como puede ver.

-No, no estoy aquí por eso.-

-Hay indicios en su apariencia que me permiten ver ciertas cosas. Quizás sería mejor medir sus palabras, doctor. –Se paró a observar su copa de licor al trasluz de la habitación. John fruncía el ceño buscando en su mente las frases adecuadas para describir la situación que le había llevado ante él. Incómodo.
Su hermano podría ser la única fuente libre para comentar lo que estaba pasando sin ningún riesgo de que algo fuera en mala dirección. La única persona que sabía toda la vida de su compañero no se alarmaría. Prosiguió.

-Sherlock… ha desaparecido.-

-Drogas. Me lo imaginaba. –Seguía observando su copa de licor mientras el médico se encogía en un pequeño asombro. –No puedo ayudarle doctor Watson. Esa… clase de vida, es la que él ha decidido llevar.

-Tuvo una sobredosis hace dos días, Mycroft… –Las palabras de John volvieron a coger fuerza, marcando un silencio en la que sólo la atención de Holmes se dispuso ante aquellos últimos términos. –Lo que de verdad me preocupa es que se haya ido en busca de más y ya… no regrese… -Continuó con un difícil jadeo. –No… no quiero ni pensar la situación. Hasta ahora no he hecho otra cosa más que intentar seguir su rastro y ni una sola pista de dónde puede estar. No se ha pasado por el laboratorio ni por la comisaría. He seguido los lugares por donde solía estar y me contaba las aburridas vidas de la gente que se cruzaba… Me he preocupado en buscarle entretenimiento como si fuera un niño de ocho años… -

-John, mi hermano… -

-¡ME CAGO EN TU HERMANO! –Gritó sumido en furia. Acto seguido el licor traspasaba su garganta hasta su estómago en un solo sorbo. -¡Todo lo que me ha estado pasando ha sido por culpa de ese necio bastardo! ¡Eso es! ¡No puede comportarse como un adulto porque nunca lo ha sido! … ¿Pensar en los demás? ¡¿Para qué? No importa todo lo que me haya tenido que sacrificar para que al final no consiga nada, ¡ninguna aprobación…! –Se recostó en el sillón, exhausto, y con la mirada perdida. –Tan sólo… -Su mano izquierda, la que no sujetaba la copa, se posó en sus labios en un intento de ocultar su expresión débil. –Tan sólo, si pudiera saber… dónde está… es lo único que pido, porque… -Empezó a notar las ardientes sensaciones que volvían a resurgir en su pecho, haciéndole daño y cada vez más.
No.
No quería decir aquellas palabras. No quería creérselas, pero estaban resultando que eran ciertas. Toda aquella preocupación por sólo un hombre le estaba dando las señales de que eso no era sólo amistad. Los sentimientos más profundos, los que más le hacían daño… sólo pueden acabar de una forma.

-Necesito verle. –Los ligeramente aguados ojos de John se posaron en los de Mycroft, expectantes ante el relato.

-Lo siento. Me temo que esto no es problema mío, doctor Watson. Descanse, por favor. –El hermano mayor de los Holmes se levantó de su asiento dirigiéndose hacia el escritorio. –Anthea se ocupará de llevarlo a Baker Street en un santiamén. –Las puertas se abrieron donde apareció la joven, esperando a John para que le siguiera.
Éste se levantó lentamente pero firme, observando a Anthea y después a Mycroft, el cual jugaba con los cubitos de hielo de su bebida.

-Claro… -Soltó débilmente el médico, andando hacia la chica y dejando la copa en la mesita. Su expresión aún seguía rota por todas las palabras dichas en su totalidad. Miraba hacia el suelo por esconder quizás un poco de su vergüenza.
Llegado a las puertas, Mycroft le dedicó una última frase:

-Doctor Watson, le haré llegar noticias de mi hermano en todo caso de conseguirlas. –Una sonrisa fue su despedida ante John, quien sólo asintió levemente antes de voltearse y desaparecer tras las puertas acompañado por la muchacha.

Un suspiro largo procedente del aquel hombre, que había sido víctima de las profundas expresiones de un ex militar inundó el silencio que ahora se respiraba en la sala. A continuación, tras sentarse nuevamente en su sillón de cuero perteneciente a su escritorio, ese silencio volvió a romperse.

-Seguro que tienes muchas cosas de las que hablar… ¿o tal vez no? –Una mano delgada y fina apartaba las grandes telas que componían las cortinas de la habitación, dejando ver que detrás de ellas se encontraba su hermano menor, con el rostro descompuesto ante lo ocurrido y sin poder llegar a articular palabra.


(Que me enarbolo xD! A que no sabeis quién es la chica rubia que ayudó a Jawn? :3)