Frío.
Una noche oscura se aproximaba cuando los lejanos sonidos de unos relámpagos irrumpían en todas las calles de Londres. Las nubes se arremolinaban con el viento de la noche, haciendo que el cielo fuera cada vez menos visible, a la vez que su largo abrigo creaba movimientos ondulares bastante serenos a su marcha.
El silencio de la poca gente que paseaba y la oscuridad, de algún modo, le parecían confortables. Cómo estar en casa. Sin problemas ni preocupaciones sobre interacciones sociales. La soledad que siempre había sido su única compañía, y lo que en verdad le protege de todo.
Pero después de lo ocurrido, era difícil volver a pensar en repudiar aquellas emociones. Sabía perfectamente que las tenía, pero que jamás llegarían a ser estimuladas de tal manera que se hicieran más fuertes que su cerebro. Jamás permitiría que esto llegase a pasar, con la debida suerte de que alguien en el mundo pudiera estar tan interesado en él como para que sucediera. Cosa hasta el momento improbable.

No se pueden descartar todas las posibilidades, una de las reglas fundamentales de la deducción. Ahora el destino quería jugar con él, y con lo que podría llegar a ocurrir en su interior.
¿Sacarlo a luz? Demasiado.

John H. Watson. Nombre destacado y grabado en su alma, que por lo visto, poseía.
Los grandes y fuertes lazos que le unían a esta persona era lo único que sabía que podría destruirle por completo. Esta persona se había abierto hacia él, y había sido herida. Quizás, por esto podría seguir pensando que ser humano no era tarea para él. Su inteligencia y su mente rápida en movimientos le apartaban del universo de las sensaciones y del amor… Cosa que realmente agradecía, porque las personas que se ven influenciadas por estas, caen en el abismo de la estupidez e inutilidad.

Pertenecía a un mundo totalmente distinto y matemático, donde todo es calculado y estructurado. ¿Qué sería del gran Sherlock Holmes si se perdiera en otro mundo? ¿Sería normal? ¿Ser normal es llegar a ser inútil?

Esbozó una sonrisa, mientras hundía su rostro en la cálida bufanda que rodeaba su cuello.
Aún caminaba, y sus manos se calentaban dentro de sus bolsillos.

Le resultaba interesante el volver a darse cuenta de que poseía sentimientos, los cuales sabía que intentaba guardar en lo más hondo de su interior, hasta que algo nuevo le desconcertara.

La sobredosis había marcado algo.
Quizás, había creado en sus pensamientos un lugar apacible, donde todas sus "necesidades" humanas llegaran a desahogarse. Y sabía que John era su única salida ante aquellas circunstancias mentales, con lo que las drogas llegarían a ayudarle a conseguir lo que su subconsciente buscaba, sin tener que tocar la realidad y llegar a sentirse herido e incómodo.
Un refugio, al que sólo él podría pertenecer.

Pero la suerte no estaba de su lado. Mycroft, al llegar a ser una figura bastante importante para el reino británico, no podía escabullirse por las alcantarillas de los temas actualmente vulgares. No consentiría el tener que mancharse las manos por el simple capricho de su hermano pequeño. Realmente, Sherlock se lo esperaba, sin embargo los deseos que surgen inesperadamente hacen agotar todas las posibilidades cuando la fuente de alimentación que se posee está agotada.

Diminutas gotas de aparente lluvia empezaban a caer, y sólo quedaban pocos pasos para llegar al 221b de Baker Street.
La luz de las ventanas del apartamento salía a través de ellas como si de un aura mágica se tratara. Era cálida y representaba silencio y tranquilidad, algo de lo que el detective consultor sabía que llegaría a acabarse en el momento que esa luz le iluminara por completo.
No había duda de que Watson estaba allí. Esperándole.
Sus pies disminuían el ritmo del caminar, hasta parar frente a la puerta principal y observarla intensivamente en pocos segundos antes de traspasarla y darse cuenta de los nuevos y ligeros arañazos que se encontraban alrededor del pomo, consecuencia del nerviosismo de su compañero de piso.

Una ducha fría para calmar su agotada mente fue lo único que le ayudó a suspirar dejando que la tranquilidad se apoderara de su cuerpo.
John salió recién aseado del cuarto de baño y caminó hasta su habitación, no sin antes pasar por la cocina donde puso a hervir agua en una tetera para un futuro té. Realmente no importaba la hora que fuese mientras aquello le ayudara a relajarse.
Tras buscar ropa limpia con la que sentirse cómodo y ponérsela, apenas pudo notar la diferencia de calor. Su piel había guardado el frío del agua, con lo que frotó sus manos y sus brazos para intentar cambiar la temperatura.
Había empezado a llover.
La ventana de su habitación reflejaba las gotas que caían rápidamente por el cristal, emborronando el paisaje de la calle que relucía con la luz de las farolas y los destellos de las aceras mojadas. Aquello no iba a ayudar al médico a conseguir su objetivo de entrar en calor esa noche.
Tras bajar las escaleras y dirigirse a la cocina pudo percibir que algo había cambiado. La tetera no se encontraba en el mismo lugar y la fuente de calor se había apagado.
Por unos momentos, John se temió lo peor. Sin Sherlock en el piso y desprevenido por su ausencia, podría ser un blanco fácil para Moriarty y no sería de extrañar que se hubiera enterado de su situación.
Desarmado e intranquilo permaneció inmóvil durante unos segundos.

-Oh, vamos… ¿quién se va a atrever a entrar aquí con nuestra querida guardaespaldas la Sra. Hudson? –John reconocía esa pedante voz sabelotodo, y efectivamente, al voltearse hacia el salón se encontró a Sherlock, el cual había dejado su abrigo y su bufanda en el sofá y estaba sentado justo al lado con un par de tazas de té dispuestas en la mesita de enfrente.
Se presentaba ante él cruzado de brazos, dejando que algunos pliegues de su camisa contornearan parte de su torso, mientras que sus ojos de azul intenso se clavaban en la presencia del doctor.

John, ante la circunstancia que se le había presentado, la expresión de su rostro cambiaba a medida que pasaban los segundos. Sintió cómo su corazón se reprimía al ver a aquella figura, dejándole es un estado de sumisión completa. Sus brazos y piernas no respondían. Sus párpados caían y se cerraban con lentitud mientras que su ceño se comprimía débilmente.
Notaba como nuevas sensaciones crecían y peleaban en su pecho. Cálidas hasta hacerle sonrojar. Sus sentimientos luchaban contra su razón, predominando más su angustia y sabiendo que aquella persona se merecía todo aquel sufrimiento que él mismo había llegado a tener por él. "Eso es egoísta…" pensó. Aquella persona estaba allí, con él, con la que había sufrido tanto… pero la situación que se estaba produciendo era apacible, como antes. Él y Sherlock Holmes bajo el mismo techo otra vez. No quería estropearlo.
Finalmente, muy a su pesar, volvió a darse la vuelta para caminar con paso ligero hacia el pasillo que daba paso la cocina.

-¿John? … ¡John! –Sherlock se levantó rápidamente y quiso seguirle, pero su compañero se lo había impedido cerrando la puerta del cuarto de baño estando él dentro. Sherlock suspiró ante ella.

-Impresionante. Cada día te superas más. –Dejó escapar el detective en un tono irónico, y esperó unos instantes a escuchar una respuesta, pero sin éxito. – John, tengo algo que quisiera comentarte. Sal de ahí.

Dentro del habitáculo se escuchó la voz del rubio que llegaba un poco distorsionada a los oídos del detective:

-No hay nada que comentar… -De repente se abrió la puerta, y la mirada furiosa de John hizo que su socio diera un paso atrás- …Sherlock.

Éste frunció el ceño en respuesta de su pequeña confusión, mientras el doctor pasó delante de él hacia el salón, donde finalmente paró en seco, al volver a ver las dos tazas de té encima de la mesita. En el interior de su torso continuaba el intenso y nuevo dolor.

-¿Dónde has estado? … –La voz de John se había vuelto difícil, como si su respiración se hubiera vuelto en contra suya.

El moreno de ojos claros anduvo con tranquilidad hacia el mismo lugar percatándose de que sus manos envueltas en puños se relajaban a medida que él se acercaba.

-Mycroft. –Repentinamente Watson se giró para observarle sumido en un total asombro. Las pequeñas lágrimas que aún conservaba en sus retinas hacían que su mirada reluciera y se reflejara la luz del entorno. Su boca quedó boquiabierta intentando articular palabra.
Sherlock, tras contestar a su pregunta y observar el estado de John frente a él, se contuvo en demostrar algún inicio de emoción en su rostro. Pero aquello no pudo evitar la formación de una molesta atadura en su garganta que le impedía respirar con normalidad… nada comparado con el desconcierto que llegó a sentir con la conversación de su hermano.

-¿Cóm… cómo que… Mycroft? … Tú no… -

-Estúpido. Lo sé. Pero había que intentarlo… -Comentaba el detective mientras se dirigía a recoger su teléfono guardándoselo en los bolsillos sin llegar a mirarlo. Intentando hacer desaparecer lo que se estaba creando en él.

-¿Intentarlo? … -El doctor agachó la cabeza y se llevó una mano hacia sus ojos en un intento de no creer en la realidad y calmar el dolor. - …Sherlock, por favor… dime que no es lo que estoy pensando.

Éste sólo le observaba, serio, hasta que su mirada le recorrió hasta llegar al suelo.

-No… no has escuchado nada de lo que he intentado decirte… Te has limitado a seguir y hacer lo que querías, sin pensar en lo que es bueno o malo y sólo actuando por tu propio interés…

-John… -Sherlock parpadeó varias veces intentando buscar unas palabras que definieran bien su situación. – El que haya estado con Mycroft, no significa que haya llegado a conseguir mi propósito. Sí es cierto que se me han acabado las fuentes fiables, y que incluso mi compañero de piso me ha prohibido el acceso… -John levantó la mirada- Pero ello no me impide abandonar.

El sonido de la lluvia se hacía notar en el silencio que ahora predominaba entre los dos.
Pocos segundos hicieron falta para que aquello dejara de ser un lugar tranquilo y sereno, haciendo dejar en escena la imagen de un detective consultor y un doctor ex militar heridos, tanto en lo físico como en lo emocional.


Bueno, aquí el capítulo 8 ._. Y creo que puedo seguir siendo aún más ñoña xD!

No ha sido en verdad el "reencuentro" que me hubiera gustado poner (ya me entendéis xD) pero bueno, se ha intentado hacer lo que se ha podido ;w;

Gracias por leer!