Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.
Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?
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CAPÍTULO 2:
A pesar del pánico que sentía desde siempre a las alturas no podía evitar maravillarse ante el bello espectáculo paisajístico que la altura del helicóptero en el que viajaba, le ponía a su alcance. Qué hermoso le resultaba el verde paisaje escocés. Sentada y con el cinturón de seguridad bien apretado, aferrando su mochila, durante las largas horas de viaje había tenido tiempo de sobra de repasar en su cabeza los últimos acontecimientos que se habían sucedido rápidamente en las últimas semanas.
En la Universidad en la que estaba realizando unas prácticas temporales, un profesor le había mencionado que una empresa privada estaba realizando entrevistas a jóvenes científicos, en genética, medicina y otros campos relacionados, pues buscaban mentes jóvenes a los que contratar por unos meses, no se especificaba para qué realmente, pero pagaban bastante bien. A pesar de no ser una chica nada tonta, sabía que tampoco era brillante, pero necesitaba el dinero y una oportunidad de abrirse camino en Inglaterra.
Para su sorpresa, la habían aceptado afirmando que encajaba con el perfil que buscaban. Acudió al edificio que le indicaron para explicarle sucintamente los condiciones de la misión, a saber: la fecha fin de campaña no era fija, podía verse alargada según los acontecimientos por lo que exigían a sus miembros una disponibilidad total; para ella, eso no era problema puesto que su familia no vivía en el país y ahí sólo tenía unos cuantos amigos que lo entenderían; a pesar de que dispondrían de tiempo libre no podrían abandonar el área señalada por la empresa y sólo se podrían poner en contacto con el exterior una vez a la semana; y por supuesto, no podrían comentar con nadie ajeno al proyecto nada de nada. Intrigada por tanto misterio y con un gusanillo de curiosidad en el estómago, firmó.
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Con un ruido seco, dejó caer las pesadas bolsas de equipaje al suelo de la que iba a ser su habitación durante los próximos meses. No está mal, se dijo así misma. Sin grandes lujos, una caseta preconstruida con espacio suficiente para una cama individual, un armario, una mesita de noche y un escritorio; una puerta en un lateral daba a un pequeño baño.
Un ligero golpeteo en su puerta interrumpió su examen al cuarto. Cuando abrió se encontró con dos caras sonrientes. Una pertenecía a una joven de rasgos asiáticos y gafas y la otra a una bonita chica pelirroja.
- ¡Hola! Somos Anne-Lise y Dolores.- Dijo la chica asiática señalándose así misma primero y luego a la chica pelirroja.- Imagino que tú debes de ser Sabrina, ¿no?
- Así es.- Contestó nuestra protagonista a la vez que les tendía la mano con una sonrisa.
- Encantada.- Dijo Dolores a la vez que le estrechaba la mano.- Veo que tu habitación es igual que la nuestra.-Dijo echando una ojeada por el hueco que se veía de la puerta entre abierta.- Al parecer somos unas privilegiadas, Ben me ha dicho que los militares duermen en grupos en tiendas.
- No habrá quién duerma con tanto ronquido reunido.- Bromeó Sabrina.
- Jaja. Ni qué decir del olor a pies que habrá.- Continuó la broma Anne-Lise.- Oye, ¿por qué no te vienes a la cafetería con nosotras? Así nos vamos conociendo e intentamos saber de qué va esto exactamente.
- Me parece bien. Las maletas pueden esperar.- Añadió echando un último vistazo a su cuarto antes de cerrar con llave.
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- ¡Vaya! Así que eres española ¿eh? Por tu aspecto no lo habría dicho nunca.- Rió Ben mientras echaba un trago a su infusión.
- No eres el primero al que le pasa. Me delata este acento, que no me lo quito ni a la de tres.- Contestó Sabrina riendo.
Se encontraba a gusto entre aquellas personas, y eso que de normal era bastante tímida y le costaba sentirse cómoda con la gente. Anne-Lise y Dolores le habían ido presentando a gente, ya que llevaban un par de días ahí y le habían ido mostrando el campamento. Por lo que había podido observar mientras la trasladaban hasta ahí, habían cruzado varias zonas boscosas, sin pueblos a la vista y habían aterrizado en un pequeño claro. A partir de ahí se habían movido en coches por caminos entre el bosque hasta llegar a otro claro más grande donde se había levantado el "centro de operaciones". Era un campamento de casetas preconstruidas y tiendas de campaña que se encontraba dividido por zonas. En el centro se encontraban las casetas de los científicos y de los jefazos, otras estaban destinadas a ser el lugar de trabajo de Sabrina y el resto de científicos, en otras se guardaba el material científico y en las restantes los suministro de comida y bebida. A parte de eso había una enfermería y una cocina. Rodeando todo esto, se encontraban las casetas y tiendas de los militares. Mientras le enseñaban el campamento, había podido ver a varios grupos de militares armados pasearse por la zona.
-Pues a mí me gusta. Te da un aire muy exótico.- Concluyó Dolores.
Sabrina se rió, no se acababa de acostumbrar a ser un elemento interesante en ese país.
- Chicos mirad.- Señaló Darren, el mayor del grupo, a un coche blindado que acababa de llegar y del que salían un hombre alto, serio y de pelo corto y una señora rubia perfectamente peinada de fría mirada.- Son los mandamases. Si están aquí será para el visto bueno al comienzo de las operaciones, por fin nos enteraremos para qué estamos aquí.
- Tiene que ser algo gordo para que se haya montado todo esto. Y con tanto secretismo…Sino, ¿qué hacemos aquí con todos estos equipos en medio de un bosque perdido en Escocia?- Preguntó Ben mirándonos a los cuatro a los ojos.
Sabrina no dijo nada, pero siguió con la mirada a la mujer rubia mientras esta se dirigía a una de las casetas seguida del otro hombre y donde era recibida y saludada con gran respeto por los jefes del campamento. Esa mujer no le daba buena espina.
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En Hogwarts, los elfos domésticos estaban dando el último repaso al castillo antes de la llegada de los alumnos el próximo 1 de Septiembre, es decir, ¡dentro de dos días! El conserje Filch vagaba dando vueltas por los pasadizos mascullando entre dientes que la tranquilidad pronto iba a acabar con la vuelta de esos malditos chiquillos sin respeto.
Severus Snape también deambulaba por los pasillos. Cuando estaba preocupado, nervioso por algo o simplemente necesitaba pensar, le gustaba deslizarse por los oscuros pasillos nocturnos del castillo. No tenía más que dejar que sus pasos le guiaran, sin hacer ruido, sólo de vez en cuando el crujido de su capa al girar las esquinas; además, la magia propia del castillo hacía que cada paseo fuera diferente al moverse las escaleras y al aparecer y desaparecer a su antojo las puertas.
Esa noche le impedía conciliar el sueño la intuición de que algo malo se avecinaba. Se había exprimido el cerebro en su despacho en busca de algo, de una señal, algo dicho en las pasadas reuniones con el Lord y los mortífagos. Pero nadie parecía saber nada. Desde hacía unos días a penas había visto a ese traidor de Colagusano, mientras que Voldemort parecía encontrarse de un "buen humor" nada propio en él.
Decidió volver a su cuarto, ya debía ser bastante tarde y mañana quería levantarse pronto para preparar el nuevo curso. Eso significaba también volver a tener puesto un ojo encima de Potter y sus dos amigos, bufó. Ese chiquillo…a pesar del odio aparente que le profesaba por se hijo de quien era, no podía evitar, aunque no lo reconocería ante nadie, que lamentaba la suerte del muchacho y el futuro que le esperaba.
Ya había llegado a su habitación y entró tras pronunciar mentalmente el contrahechizo que le permitía la entrada. Había sido buena idea dejar la chimenea encendida, ahora hacía un agradable calorcito en la habitación. Al igual que el salón de su casa, su habitación del colegio estaba repleta de estanterías llenas de libros, pero también de un montón de objetos curiosos que había adquirido en sus numerosos viajes, eso sí, todo perfectamente ordenado.
Las pocas personas que habían tenido el privilegio de estar en su cuarto se sorprendían gratamente. Severus adivinaba con sonrisa socarrona que esperaban un cuarto parecido a una cueva, oscura, fría y poco acogedora y sin embargo encontraban una agradable habitación, con unas buenas ventanas con vistas al lago y al bosque y aunque la decoración era sobria, resultaba cálida y hogareña. Era su refugio.
Se dejó caer exhalando un suspiro en la gran cama y procedió a descalzarse y quitarse la ropa para ponerse el pijama. Mientras se desabotonaba la camisa que llevaba debajo de la túnica, vio su reflejo en el espejo de pie que tenía enfrente. Se acercó a él y se examinó.
Hacía bastante tiempo que no se miraba detenidamente en el espejo, pero lo que vio no le sorprendió.
- Te estás echando a perder, amigo. No es que seas mi tipo exactamente pero tampoco es para que te quedes vistiendo santos.- Habló su reflejo.
- Si vas a decir las mismas tonterías de siempre te silenciaré otra vez.- Respondió con tono aburrido Severus.
-¡Vaya carácter! Así no conseguirás que ninguna mujer se interese por ti, ¡las harás huir espantadas a todas!- Dijo con voz alarmada el reflejo.
- ¿Qué no te hace pensar que eso es lo que pretendo?- Contestó con una torcida pero nada alegre sonrisa.- Deberías saber mejor que nadie que no estoy hecho para eso.
- Vamos, lo de Lily lo superaste ya. Todo el mundo tiene una segunda oportunidad, incluso en el amor.
- Sí…ya hice las paces con ella.- Severus recordó entonces cuando fue a visitar su tumba para dejar una rosa negra sobre ella y le prometió que haría lo que fuera para proteger a su hijo, aunque le costara la vida. A partir de entonces el peso que notaba sobre su corazón se fue aligerando y poco a poco empezó a pensar en ella como en una buena amiga, pero nada más.- ¿Desde cuándo te has vuelto tan sensiblón? Creo que escuchas demasiado las tonterías de telenovela de Dumbledore.- Añadió con un tono más irónico.
- Búrlate todo lo que quieras, pero hay cosas que no se pueden evitar.- Zanjó con una sonrisa triunfal el reflejo.
- Eso ya lo veremos.- Gruñó por lo bajo Severus.
El reflejo un tanto ofendido dio por terminada la conversación. Severus aprovechó entonces para terminar de ponerse el pijama. En el espejo se reflejaba un torso todavía fibroso, los músculos del cuello y hombros se notaban en tensión constante, lo cual le causaba dolores de vez en cuando y contracturas. Su piel bastante pálida y con escaso vello corporal parecía destacar ante el contraste con la oscura ropa. Se apresuró a ponerse la parte de arriba del pijama para no tener que ver la Marca Oscura, intentaba ignorar su presencia pero siempre estaba ahí, como un débil latido.
Por fin se metió rendido en la blanda cama y trató de vaciar su mente de malos pensamientos. Lentamente fueron desapareciendo las imágenes de Voldemort, de los mortífagos, de la mirada preocupada de Dumbledore, los ojos verdes de Lily…lo último que vino a su mente fue la discusión con su reflejo, y sin darse cuenta al recordar lo que había dicho sobre las segundas oportunidades, una sonrisa afloró brevemente en sus labios y se quedó profundamente dormido.
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Corría rápidamente pegado a las paredes y refugiándose en los huecos que iba encontrando. Le quedaba poco para llegar. Siguió corriendo otros cuantos metros y se coló en una sala por una puerta entreabierta, un ruido le hizo detenerse y levantarse sobre sus patitas traseras para poder tener una mejor visión. A sus grandes y puntiagudas orejas no llegaba sonido alguno, pero su nariz inquieta detectaba algo raro ahí. Decidió arriesgarse y seguir corriendo hasta la otra puerta. Justo cuando cruzaba la habitación a toda la velocidad que le permitían su cuatro patas, sintió como una fuerza invisible lo agarraba por la cola y quedaba suspendido en el aire. La adrenalina empezó a fluir por sus venas y entre inútiles sacudidas y chillidos intentó liberarse.
- Shhhh tranquila ratita, no hay ningún gato que te pueda hacer daño.- La inhumana voz del Lord Oscuro sonaba divertida antes su cruel entretenimiento mientras apuntaba con su varita al animal que levitaba en el aire.- Todos los que podía haber por las cercanías acabaron estrangulados por Nagini, ¿verdad querida?
Unos silbidos y siseos llegaron a oídos de la rata, que comprendiendo que era una conversación entre la serpiente y su dueño, entró en pánico y sus esfuerzos por soltarse se duplicaron. Las serpientes comían ratas.
- Patético. Eras una rata cobarde que se orina encima a la mínima.- Voldemort ya no sonreía.
De una sacudida de su varita, la rata cayó al suelo y al segundo recuperó su figura humana. Nagini bufó decepcionada y se fue reptando de la habitación buscando otra presa. Colagusano trataba de recuperar el aliento y de controlar los temblores que le sacudían.
- Por Merlín, Colagusano… Bien, dime. ¿Qué han visto tus ojos de rata?
-Amo…to..todo marcha según lo pla…planeado.- Sollozó.- Nadie sospecha nada.
- Excelente.- Sus ojos rojos brillaron malvadamente.
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Andy Black Riddle: Hola! Muchas gracias por tu comentario, me ha hecho muchísima ilusión! :D Ya me di cuenta del problema con los espacios…intenté cambiarlo varias veces pero creo que todavía no le he pillado el truco a esto jajaj Espero poder solucionarlo en los siguientes capítulos ^^ Espero que te guste este nuevo capítulo, la acción todavía no ha empezado pero parece que se está preparando una buena.
Muchos besos!
