Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.

Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?

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CAPÍTULO 4:

El alegre bullicio llenaba el Gran Comedor del sonido de risas y voces, los sabrosos y abundantes platos de comida cocinados con gran entusiasmo por los elfos impregnaban el ambiente de deliciosos olores.

La Selección hacía rato que había concluido y los nuevos estudiantes ya se encontraban sentados en las mesas de sus Casas, conociendo a sus nuevos compañeros y disfrutando del ambiente una vez que habían desaparecido los nervios.

En la mesa de los profesores, las profesoras charlaban animosamente contándose sus vacaciones con sus respectivas familias o los lugares que habían visitado; Hagrid reía con ganas ante una historieta que le estaba contando Slughorn; Dumbledore, Snape y Lupin también parecían muy metidos en una conversación, parecía que discutían sobre algo.

Hermione se dijo así misma que ésta sería la última ración de pastel de chocolate, estaba a punto de explotar. Ya hasta notaba como le apretaba la cinturilla de la falda.

Mientras saboreaba cada cucharada escuchaba distraída la discusión que mantenían Ron y Ginny sobre no sé qué jugadores de Quidditch y Harry, Neville y Seamus daban conversación al viejo fantasma de su Casa.

Dejó vagar su mirada por el resto de las Mesas observando a los otros estudiantes deteniéndose en la de las Serpientes. Crabe y Goyle charlaban con Bulstrode a la vez que ninguno de los tres paraban de devorar con ansia; Malfoy y Parkinson conversaban en voz baja mientras él tenía un brazo puesto alrededor de los hombros de la chica. Cuando los miraba sentía una mezcla de asco y pena.

Un ligero movimiento en una de las ventanas llamó su atención. ¿Qué había sido eso? Miró más atentamente y le pareció ver una fina cuerda oscilar por el viento. En la ventana de al lado había otra y en la siguiente y en la que sigue. Ahora más extrañada todavía giró la cabeza rápidamente para mirar las ventanas del otro extremo de la sala. También en todas, poco a poco iban apareciendo de la nada esas cuerdas; en cuestión de segundos estaban en todas las ventanas del Comedor.

Se volvió hacia sus compañeros de mesa que seguían conversando sin enterarse de nada y comenzó a decir:

- Chicos, ¿os habéis dado cuenta de que…- Pero no pudo terminar la pregunta.

¡PLAS, PLAS, PLAS!

Cientos de fragmentos de las vidrieras de los ventanales salieron despedidos e iban a aterrizar sobre los comensales. Los alumnos entre gritos por el susto y el miedo ante los cristales que caían se agachaban para evitar hacerse daño.

En cuestión de segundos decenas de hombres uniformados y armados con pistolas y grandes metralletas estaban dentro del Gran Comedor rodeando a todos los estudiantes, apuntándoles a ellos y a los profesores, quienes sólo habían tenido tiempo de ponerse en pie. A la par, un par de estos hombres habían salido corriendo del Salón y en cuestión de segundos volvían acompañados por una larga fila de soldados que, se unieron a los que ya estaban con lo que escapar era imposible.

El último hombre en entrar vestía otro uniforme, que sumado a su mayor edad y porte, indicaban un mayor rango. Mientras avanzaba con paso firme hasta situarse en frente de la mesa de los profesores, ordenó con voz alta y autoritaria:

Mis hombres tienen orden de disparar ante el más mínimo indicio de amenaza, así que nadie se mueva si no quieren salir heridos.

Se detuvo frente a Dumbledore y continuó diciendo mirándolo a los ojos:

- Imagino que usted debe ser el famoso Dumbledore, ¿me equivoco?- Y continuó sin esperar respuesta.- Tanto usted como el resto de los aquí presentes se estarán preguntando qué significa todo esto.- Realizó una pausa para añadir dramatismo.- Primero, permítame presentarme, soy el general Jones y desde este momento pueden considerarse mis prisioneros.

Un silencio se hizo en todo el Comedor.

Ante estas palabras, Dumbledore frunció el ceño, con lo que se le marcaban todavía más las arrugas del rostro y sin apartar tampoco su mirada del general contestó:

- General. Aceptaremos hacer todo lo que nos indique pero le pido encarecidamente que ordene a sus hombres dejad de apuntar a mis estudiantes y les permita retirarse. Todo lo que tenga que decirnos basta con que lo sepamos los adultos aquí presentes.

La profesora McGonagall se encontraba pálida y observaba a los soldados con evidente gesto de desconfianza, el rígido gesto de Lupin denotaba una gran tensión y disimuladamente metió la mano entre los pliegues de su túnica para sacar la varita; sin embargo, Snape con un gesto lo detuvo, era mejor esperar el momento oportuno.

El general Jones mantuvo la mirada en silencio durante unos segundos al director, bajando por fin la vista unos instantes para luego volver a alzarla con una leve sonrisa.

- Me temo que eso no va a ser posible; a parte de que el temor por la seguridad de sus alumnos es nuestra mejor defensa contra un intento de ataque por parte de los adultos, quiero que todo el mundo escuche lo que tengo que decir, puesto que incumbe a todos. Y créanme, mis muchachos están dispuestos a acabar con todos lo estudiantes si fuera necesario.- Finalizó agrandando la sonrisa en señal de triunfo.

En respuesta a las palabras de su general, todos los soldados cargaron sus armas y apuntaron a las cabezas de los estudiantes. Imposible fallar a esa distancia, imposible detenerlos a todos con un hechizo.

Varios estudiantes dejaron escapar asustados sollozos, otros se abrazaban entre sí para consolarse, mientras que otros miraban con ojos impotentes, sorprendidos o furiosos a los hombres que les apuntaban. Los profesores contemplaban eso con gran sentimiento de impotencia, temiendo por sus alumnos.

Severus pudo observar como ante eso, el rostro del director se fruncía en una mueca de terrible ira por unos segundos antes de recuperar su máscara imperturbable; sin embargo, su puño cerrado mostraba la tensión que contenía.

Dumbledore siguió manteniendo sus ojos azules clavados en los marrones del general, como evaluándolo. Pareció meditar unos segundos antes de inclinarse sobre la mesa hasta apoyar las dos manos sobre ella y dar su respuesta:

- Le escuchamos.- Terminó concediendo el anciano director.

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- ¡Por las barbas de Merlín! ¡No entiendo cómo ha podido ocurrir!- Exclamó una muy alterada Minerva McGonagall mientras se pasaba las manos por la cara.

Ella permanecía sentada en la Sala de Profesores al igual que Dumbledore; pero sin embargo, tanto Remus Lupin como Snape permanecían de pie y deambulaban por la sala sin poder estarse quietos; mientras que el profesor Flitwick hacía aparecer una tetera y unas tazas para todos tratando de calmar los ánimos; Slughorn permanecía quieto en un esquina con la mirada perdida mientras murmuraba:

- No es posible…la magia antigua protege este castillo, nunca nadie ha podido invadirlo así….

- Dumbledore, ¿sabes qué ha fallado?, ¿por qué no han funcionado los hechizos?- Lupin se encontraba pálido y despeinado.

- Tengo una ligera idea.- Contestó despacio Dumbledore.- A veces los magos quedamos cegados por la superioridad de nuestros poderes y acabamos obviando todo lo demás que no consideramos una amenaza. Los hechizos siguen funcionando perfectamente.- Continuó.- Hubieran protegido al colegio de prácticamente cualquier hechizo, conjuro o maldición… de cualquier ataque mágico.

- Un momento, ¿estás queriendo decir que son inútiles contra cualquier ataque físico que no necesite magia?- Preguntó sorprendido Severus, deteniendo por fin su caminar.

El resto de la sala miró al director esperando una respuesta, con la incredulidad escrita en sus rostros.

- Me temo que sí. Una vez más el orgullo desmesurado ha sido la caída de lo que se creía invencible. Quienes colocaron los hechizos protectores, no esperaban que nadie fuera a atacar el colegio sin utilizar la magia, ya que como no lo consideraban digno no esperaban que nadie lo fuera a hacer con esos medios.

- Merlín…el ataque se podría haber evitado perfectamente con unas mínimas medidas de seguridad, de vigilancia.- Comentó con la cara desencajada McGonagall.

- Pero, ¿quién se iba a imaginar un ataque así por parte de los muggles? Además, pensábamos que con los hechizos anti-muggles bastaría para que no se acercaran ni vieran el castillo si quiera.- Continuó Flitwick.

- Eso tiene fácil respuesta, si a un muggle le es revelado el emplazamiento verdadero del colegio ya podrá verlo y acercarse a él. Sin embargo, sólo un mago que haya estado en el lugar concreto puede hacerlo.- Dijo Snape, con cara de concentrado.

- Lo que nos lleva a una nueva pregunta, ¿qué mago iba a desvelar tamaño secreto?- Preguntó Lupin.- Ningún alumno aunque haya estado años estudiando aquí, sabría decir la localización del colegio. Eso sólo se sabe cuando…

- Cuando se entra a trabajar aquí como profesor.- Concluyó Dumbledore.

La conclusión llevó a un momento de silencio donde cada uno pensaba quién podría haber sido.

- Confío plenamente en mis profesores actuales, no quiero que empecéis a sospechar unos de otros. Tened en cuenta que puede haber sido cualquiera que haya dado clases aquí, aunque ahora no se encuentre entre la plantilla.

- Pero ahora prefiero centrarme en lo que nos han solicitado nuestros atacantes.- Continuó Dumbledore.

- Con todos los que somos, ¿no sería posible enfrentarlos y echarlos del colegio y asegurarnos de que no volvieran nunca?- Preguntó con un tono esperanzador Slughorn desde su esquina.

- Eso implicaría exponer a los estudiantes a un gran peligro, Horace. Además, ellos son cientos, armados con esas cosas, están por todo el castillo, nos van a estar vigilando. Necesitamos tiempo para pensar en algo.- Terció McGonagall.

- Minerva tiene razón, Horace.- Prosiguió el director.- Propongo que mientras pensemos una solución que no implique riesgo para nuestros alumnos accedamos a lo que nos piden. ¿Estáis de acuerdo?

- Creo que a ninguno nos hace demasiada gracia pero de momento no hay más remedio.- Finalizó el licántropo.

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En el dormitorio de los chicos, nadie podía dormir a pesar de que ya era bastante tarde. Los acontecimientos acaecidos a penas hacía un par de horas todavía los tenía en vilo.

- Cuando saltaron los cristales creí que eran los motífagos, ¡os lo juro!- Dijo con voz excitada Finnigan.

- ¿Quién se iba a imaginar que eran los muggles?- Respondió Ron.- Reconozco que daban miedo con esas ropas y armados con esas…

- Pistolas.- Le ayudó Harry.

- Eso. ¿Y decís que son peligrosas?- Volvió a preguntar el pelirrojo a los que tenían más contacto con el mundo muggle.

- Depende de dónde te disparen. Si te dan en un hombro supongo que es doloroso, pero es difícil que te mueras.

- Pero si te dan en la cabeza lo tienes claro. En las películas a veces se ven los sesos por los aires.- Continuó Finnigan ignorando la cara de asco de Ron, Neville y Dean.

- Pero, ¿qué pensáis sobre lo que dijeron sobre las pruebas que nos quieren hacer?-Preguntó con un escalofrío Neville.

- Mmm realmente dijo que escogerían a dos alumnos de cada curso de cada casa, un chico y una chica para someterlos a un reconocimiento. ¡Ah! Y también todos los profesores tenían que pasar por lo mismo.- Terminó Harry pensativo.

- ¿Un reconocimiento? ¿Cómo el que te hacen los medimagos cuando estás enfermo?- Preguntó Dean Thomas con la ceja levantada.

- Bueno, los médicos muggles no tienen varitas para hacerlo. Cuando era pequeño, antes de venir a Hogwarts, me puse enfermo un par de veces y me llevaron al médico de cabecera porque mi padre se empeñó. Para saber qué me pasaba me pincharon para sacarme sangre, me tomaron la temperatura, la tensión…- Numeró Finnigan recordando.

- ¡¿Sacar sangre?- Preguntaron horrorizados Neville, Ron y Thomas.- ¿Pero cómo?, ¿Duele?

Finnigan les informó de cómo era el proceso. En algunos momentos de la descripción, los muchachos dejaban escapar gruñidos o quejidos al imaginárselo. Harry, a quien sus tíos no habían llevado nunca al médico, tenía una ligera idea de lo que era por las series que echaban por la tele.

- Y, ¿quién demonios va a ir a que le hagan esas pruebas? Porque lo cierto es que no creo que haya muchos voluntarios…- Preguntó Ron una vez recuperado del shock de la extracción de sangre.

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En la Sala Común de Slytherin empezaba a notarse el frío puesto que la gran chimenea se iba consumiendo ya. Pero las pocas serpientes que aún no se habían marchado a sus dormitorios se encontraban bien tapas con las mantas verde oscuro que se encontraban en los sillones.

Pansy Parkinson se toqueteaba distraída el negro pelo que le colgaba de la coleta. Rompiendo el silencio que imperaba desde hacía unos minutos entre sus acompañantes coemntó:

- De cualquier modo, no entiendo por qué narices estamos dando tantas vueltas al tema. En cualquier momento nuestros padres se enterarán de lo que está pasando y avisarán al Ministerio para que tome medidas. Esos muggles no tienen ni la más mínima oportunidad.

- No seas tonta Pansy.- La aludida levantó la mirada de su pelo con gesto de fastidio ante el insulto.- Han puesto vigilancia en la Lechucería también y desde que hubo ese problema con Sirius Black las chimeneas se han inutilizado... ahora sólo sirven para hacer fuego.- Terminó la rubia Daphne Greengrass con un tono irónico.

- Daphne tiene razón en eso.- Concedió Millicent Bulstrode.- ¡Oh Morgana, maldito sea ese viejo de barba blanca! Si nos uniéramos los alumnos mayores con los profesores, os aseguro que les daríamos tal paliza a esos insectos muggles que no volverían nunca aquí.- Terminó crujiéndose los nudillos de la mano.

- ¡Mira que eres bruta!- Le reprochó la rubia.- Sabes que el viejo nunca haría algo así, los más pequeños caerían como moscas y seguro que alguno de los mayores salía herido también. Como esos inútiles de Hufflepuff...- Soltó una cruel risilla.- Lo mejor será esperar, nuestros padres sospecharán cuando pasen unos días sin recibir ninguna carta nuestra.

- Vale, pero chicas, ¿qué pasa con lo otro?- Preguntó Bulstrode.

- ¡Aghhh! Yo no pienso permitir que me toque ni uno solo de esos animales.- Gritó con asco Pansy sabiendo a qué se refería.- Cómo me digan que me toca ir a esas revisiones...- Terminó entrecerrando los ojos con furia.

Daphne fijó su mirada en las brasas de la chimenea mientras pensaba antes de responder:

- Quieren a un chico y a una chica por curso y por casa...eso quiere decir que de nuestro año una de nosotras tendrá que ir.- Ignorando la cara de Pansy prosiguió.- ¿Dónde está Tracey?- Preguntó a las otras.

- Se fue nada más salir del Comedor a la habitación, estaba muy nerviosa por lo de los muggles.- Informó Millicent. Sin entender qué pretendía Daphne.

-He oído un rumor muy interesante por ahí sobre nuestra compañera de cuarto.- Prosiguió la rubia con una expresión malvada. Pansy, a la que le encantaban los cotilleos, dejó de tocarse el pelo para prestar toda su atención.- Al parecer, está saliendo con ese chico tan mono de Hufflepuff,... un sangre sucia.- Añadió esperando la reacción de sus amigas, que abrieron mucho los ojos y la boca.- Si eso llegara a oídos de su madre estoy segura que se pondría furiosa y no dudaría en sacar a Tracey del colegio.

- Daphne, eres genial tía.- Comentó Pansy con una sonrisa puesto que había entendido por dónde iba su amiga.

Bulstrode por el contrario, miraba a una y a otra alternativamente con cara de no entender.

- Merlín debería haberte bendecido con algo más cerebro y menos músculos, corazón.- Apostilló cruelmente Daphne.- A cambio de nuestro silencio, nuestra buena amiga Tracey se presentará voluntaria como chica Slytherin de este curso.

La cara de la chica grande se fue iluminando a la par que entendía la explicación. Le encantaba ser una de las Serpientes. Y todavía le gustaba más ser amiga de alguien tan inteligente como Greengrass.

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Andy Black Riddle: Capítulo corto pero intenso! Los muggles ya han entrado en acción y Dumbledore, los profes y los chicos ya ven más o menos a qué se van a tener que enfrentar. Para el siguiente capítulo Sabrina y sus amigos se enterarán para qué están ahí realmente y se arrepentirán...o no. :D

Besos y gracias por comentar!