Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.

Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?

.

.

.

.


CAPÍTULO CINCO:

A la mañana siguiente los alumnos de todas las Casas se fueron dirigiendo a la hora de siempre al Gran Comedor; muchos de ellos con ojeras, despeinados y pálidos, síntomas inequívocos de haber dormido bastante poco. Harry y Ron eran dos claros ejemplos.

- No entiendo que hayas podido dormir tan tranquila después de todo lo que pasó anoche, no me lo creo.- Decía sorprendido el pelirrojo a Hermione, quien mostraba el aspecto de haber dormido como un bebé toda la noche.

- Claro que estuve dándole vueltas al tema. Desde que salimos del Comedor hasta que me metí en la cama estuve repasando todo lo que vimos y llegué a la conclusión de que no iba a sacar en claro nada hasta saber más. Así que lo más práctico era dormir bien para despejar la mente para tenerla descansada hoy, ya que dijeron que ahora por la mañana nos darían más información.- Contestó la castaña dando muestra una vez más de su mente práctica e inteligente dejando al pelirrojo con cara de admiración a la vez que entraban en el Comedor.

Mientras se dirigían a su mesa, observaron que los soldados seguían en sus puestos, tan firmes como la noche anterior y agarrando sus armas. El hombre que anoche se presentó como general Jones se encontraba en medio de la sala hablando en voz baja con un soldado pelirrojo.

En cuanto hubieron llegado también los profesores, con caras igualmente cansadas y se hubieron sentado en su mesa, el soldado y el general interrumpieron su conversación. Ante un movimiento de cabeza del general, un par de soldados se encargaron de cerrar las puertas.

- Bien. Buenos días a todos, espero que hayan descansado lo suficiente porque hoy va a ser un día muy muy largo.- Comenzó Jones mientras se dirigía hacia la mesa de los profesores para que todo el mundo lo viera y oyera perfectamente.- Como no hay tiempo que perder, iré directamente al grano.- Fijó una vez más su mirada en Dumbledore y la fue paseando observando al resto del profesorado.- Quiero a dos alumnos, uno de cada sexo, de casa curso, de cada Casa.¿Queda claro?.-Preguntó maliciosamente y dejó unos segundos de silencio antes de continuar.- ¿Cómo quieren que lo hagamos? Los escogen ustedes, los escogemos nosotros al azar o si hay voluntarios...

Esta vez quien le contestó no fue el director, sino una autoritaria y dura voz femenina:

- En la reunión que mantuvimos los profesores anoche, accedimos a colaborar en cualesquiera que sean sus planes, pero con condiciones.

- Soy todo oídos señora...- Contestó Jones con una inclinación de cabeza.

- Profesora Minerva McGonagall.- Tras los cristales de sus gafas sus ojos se mostraban severos.- Nuestra intención no es obligar a ninguno de nuestros estudiantes a participar en sus retorcidos y puede que peligrosos planes, así que permitiremos que haya voluntarios entre los alumnos. En el caso de que no los hubiere.- Continuó tomando un largo pergamino que le ofrecía Snape.- conforme a la lista de alumnos que hemos confeccionado, los seleccionaremos nosotros de manera aleatoria.

- Accedo a ello.- Respondió el general.

- Además, las pruebas que se les realice serán siempre en presencia de al menos uno de los profesores.- El general volvió a asentir.- Y dado que nosotros también debemos pasar por ellas, lo haremos primero y también en grupos. No dejaremos sin presencia de adultos responsables el colegio en ningún momento.- Terminó la profesora.

- De acuerdo. Si eso es todo, lo mejor será que vayamos empezando.- Siguió el general.

- Un momento general.- Le interrumpió el director.- Demos a los muchachos cinco minutos para que piensen lo que acaban de oír y se hagan a la idea.

Jones, con gesto aburrido dio otra cabezada como señal de aprobación.

El Gran Comedor entonces se empezó a llenar de pequeños murmullos de los jóvenes. Algunos volvían a sollozar por la incertidumbre, en otros rostros se veía la indignación que sentían y en otros se apreciaba cierta determinación.

Mientras tanto, el general observaba de reojo su reloj y justo cuando pasaron los cinco minutos mandó silencio y le hizo una señal a una soldado que inmediatamente tomó asiento y sacó varios papeles y un bolígrafo dispuesta a tomar nota.

- Ya han pasado los cinco minutos de introspección. En el caso de haber voluntarios, que se pongan de pie, yo les iré señalando y me irán diciendo su nombre y apellido, curso y casa, ¿entendido?- Los murmullos se apagaron en el acto.- ¿Y bien?

Durante los primeros segundos nadie se movió, pero poco a poco se fueron levantando un par de chicos de una mesa, otra chica de otra, tres de la otra,etc... Cuando se levantó el último, el general los contó mentalmente rápidamente. Treinta y dos. Más voluntarios de los que esperaba, pero aún así habría que escoger a veinticuatro más, pensó con una maligna sonrisa.

Obviamente, la Casa de los Leones era de la que más voluntarios habían salido, pero Ravenclaw no se le quedaba atrás por mucho, al igual que tampoco Hufflepuff. En la mesa de Slytherin sólo había cinco personas de pie, cuatro chicos y una chica. La joven, de largo cabello castaño ondulado, temblaba ligeramente mientras unos lagrimones escapaban de sus ojos. En la mesa de Hufflepuff, un atlético joven también en pie, le hacía señas para que se sentara. La llorosa joven negó tristemente con la cabeza. Sentada unos metros más a la derecha de la joven, Daphne observaba la escena con ojos triunfantes y satisfechos.

.

.

.

.

El cielo nublado y gris hacía juego con el humor de Severus Snape y de muchos otros de los profesores ese día. Caminaba al lado del director dirigiéndose ambos hacia donde se encontraba un pequeño grupo de profesores vigilado por unos cuantos soldados bien armados que no les quitaban la vista de encima.

- Albus no me parece una buena idea para nada.- Volvió a insistir el hombre de cabello negro.- No deberías ir en el primer grupo, podría ser una trampa. Deja que sea yoel que vaya para examinar el terreno mientras tú te quedas protegiendo Hogwarts.

- Querido muchacho, agradezco mucho tu preocupación. Pero no me consideres todavía como un viejo inútil incapaz de defenderse, por favor.- Intentó bromear el hombre de largos cabellos blancos.- Además siendo el director, considero que debo ser el primero en someterse a lo que sea que nos tengan preparado. No permitiré que ni tú ni ningún otro sufra cualquier peligro. Si algo saliera mal, os haríamos llegar una señal al castillo para que tomarais medidas, por drásticas que fueran. Y es mi última palabra, Severus.- Concluyó el hombre alzando una mano al ver como el otro hombre abría la boca para protestar.

Por fin llegaron con el resto del grupo. A la par se fueron acercando el general Jones seguido por el soldado pelirrojo con el que le habían visto conversar anteriormente. Éste masticaba un chicle en la boca insolentemente y miraba con aires de superioridad a los magos reunidos. Cuando su mirada marrón claro chocó con la negra de Severus, se produjo un silencioso duelo de miradas que el soldado acabó perdiendo al apartar la vista un segundo. Severus mantuvo su máscara impasible pero interiormente supo que iba a tener problemas con él.

- ¿Ya estamos todos?.- Preguntó el general colocándose una gorra de camuflaje y unas gafas oscuras a pesar de lo poco soleado del día.- Perfecto. Si todo sale según lo previsto, estaremos de vuelta al anochecer y el siguiente grupo saldrá mañana por la mañana. Los estudiantes pueden seguir con su vida normal, pueden ir a clase, biblioteca, lo que sea, pero siempre con presencia de mis hombres.- Severus asintió secamente puesto que en ausencia de Minerva y Albus, él se quedaba a cargo de Hogwarts.- Burdock, usted queda al mando del castillo.- Terminó haciendo una señal al pelirrojo.

El director intercambió una última mirada con el profesor y comenzó la marcha siguiendo a los soldados que los escoltaban. El general Jones junto con otro par de soldados iba abriendo la marcha mientras que los profesores avanzaban en hilera escoltados por una fila de militares a cada lado. La exótica y colorida ropa de Albus resaltaba sensiblemente en contraste con los monocromos uniformes de los soldados.

Severus los siguió con la mirada hasta que se perdieron de vista entre los árboles. Su rostro permanecía tenso y sus ojos lucían especialmente oscuros en ese momento. Sin descruzar los brazos sobre el pecho dio media vuelta y se dirigió al interior del castillo. Hay mucho que hacer, pensó recordando que debía organizar las clases de los alumnos para esos días en los que no iban a estar presentes todos los profesores. Era un follón en el que no le apetecía nada meterse, pero al menos le mantendrían alejado, ocupado y no tendría tiempo para preocuparse por la suerte de su viejo mentor.

.

.

.

.

- ¿Quieres que me quede con todo tu dinero o qué?- La voz de Darren sonó muy lejana.

- Ohh...lo siento, creo que me he despistado un poco.- Contestó Sabrina algo aturdida volviendo poco a poco a la realidad. Volvió a fijar la mirada tratando de concentrarse en las cartas que llevaba en la mano y repasando la jugada que acababa de hacer Darren.

- Más bien estabas en las nubes.- Se burló Darren.- Bah, déjalo. Quedamos en tablas, pero la próxima vez te dejaré en bancarrota.- Le siguió pinchando.

- Lo siento, Darren.- Se disculpó la chica sonriendo levemente.- Estoy algo inquieta, se supone que Jones y sus machotes tendrían que haber regresado ya pero todavía no hay ninguna señal de su vuelta.- Suspiró dejándose caer en el respaldo de la silla.

- Te entiendo perfectamente, a mí tampoco me gusta estar en este estado de espera y sin hacer nada.- Contestó Dolores mientras arrojaba con gesto aburrido a la mesa la revista que estaba leyendo.

Anne-Lise abría la boca para aportar algo cuando se interrumpió de repente y entrecerró los ojos para ver mejor.

- Creo que la espera ya ha terminado muchachos.- Dijo en cambio.

Sabrina y los demás se levantaron rápidamente de sus sillas y salieron de la zona de ocio que se habían montando sobre la marcha para pasar las horas muertas, consistente en una mesa para sus partidas o para apoyar las bebidas, una silla para cada uno y amontonados en el suelo varias revistas y algún juego de mesa.

Se fueron acercando al límite del campamento donde el resto de la gente se iba congregando puesto que también habían visto que un extraño grupo se acercaba.

Sabrina debido a su corta estatura tenía que hacer equilibrios de puntillas para tratar de ver algo. De momento sólo se apreciaba la mancha verde que eran los soldados pero también había unos puntos de color que destacaban entre la ropa de camuflaje. Necesito estar más adelante, pensó Sabrina buscando un hueco entre la gente para colarse.

Por fin, Ben se hizo hueco y permitió que sus compañeras pasaran para ver mejor.

- Joder.- Exclamó Ben.

Entonces Sabrina pudo ver con claridad.

Entre las dos filas de soldados y tras el general Jones avanzaba un grupo de personas de lo más llamativo. Rápidamente llamó su atención el primero de aquellos hombres. Su larguísima barba blanca bajaba abundante y de aspecto suave hasta aproximadamente la altura de las rodillas, el pelo que surgía bajo un largo gorro puntiagudo azul oscuro con hilos dorados caía también en una larga trenza blanca. Esto sumado a las arrugas de su rostro y las gafas de media luna que se apoyaban sobre su torcida nariz le daba un aire de anciano centenario; sin embargo, el brillo que irradiaban sus ojos azules y la vitalidad con la que andaba hacían pensar en alguien lleno de energía.

Tras él avanzaban un par de hombres y mujeres con el mismo peculiar aspecto pero ni de lejos tan llamativo como el del primer hombre. Una señora de gafas cuadradas y estirado moño miraba con ojos firmes al frente, su vestido de un color verde oscuro podría pertenecer perfectamente a una institutriz del siglo XVIII. Más gorros de curiosas y anticuadas formas. Capas de varios colores. Levitas. Casacas. Botines puntiagudos. Todo parecía sacado de una película y a Sabrina le faltaban ojos para poder examinarlos de arriba a abajo a cada uno.

Conforme se iban acercando, Sabrina comenzó a sentir un extraño cosquilleo, una sensación como la que había notado al internarse en el bosque donde encontró al potrillo. Cuando la fila llegó a la altura donde se encontraba, el anciano giró la cabeza y su mirada topó con la de Sabrina. El cosquilleo que sentía aumentó y sintió que los ojos del anciano podían ver directamente en su alma; sin embargo, no lo sintió como una amenaza.

Desgraciadamente al tener que continuar avanzando el anciano, la conexión se perdió. Sabrina quedó inmóvil unos segundos con la vista fija en la espalda del hombre, que iba siguiendo al general hasta que éste se introdujo en la caseta donde se solían reunir los jefes en sus conversaciones privadas.

- Dios mío...parecen salidos de una peli de época.- Comentó una sorprendida Anne-Lise con la mirada todavía apuntando a lo que quedaba de la extraña comparsa que se iba introduciendo en la caseta.

- ¿Habéis visto qué ropas llevaban? Mi hermana pequeña se habría vuelto loca, es una friki de las ropas antiguas.- Rió una no menos impresionada Dolores.

- A mí el que más me ha intrigado es el viejecito que iba delante, es de esos hombres que no sabrías decir qué edad tienen...- Continuó Ben.

- Sí, a mí me ha pasado igual con él. Es como si irradiara energía...La he percibido cuando se ha quedado mirando a Sabrina. ¿Lo has notado tú también? - Preguntó Darren mirando a Sabrina.

Sin embargo, la joven permanecía ajena a la conversación todavía mirando la caseta donde se encontraba el anciano. Algo en su rostro llamó la atención en sus compañeros puesto que Anne-Lise se apresuró a situarse a su lado y tomarla del brazo con cuidado.

- ¿Sabrina? ¿Estás bien?- Preguntó con un deje de preocupación.

- ¿Eh?...Sí..sí...- Parpadeó varias veces con gesto confuso hasta que pudo atender a las palabras de los chicos.- No os preocupéis, creo que me ha dado un pequeño mareo. Creo...creo que me iré a tumbar a mi cuarto un ratito.- Mientras decía esto fruncía el ceño en gesto de concentración intentando averiguar qué había pasado y se llevaba la mano a la frente.

- ¿Seguro que estás bien?- Insistió la chica pelirroja también mirándola con ojos preocupados.

- Sí, sí de verdad. En un rato estaré con vosotros. Oh, además no podéis llegar tarde a la reunión, id vosotros y ya me pondréis al día.- Sin esperar respuesta se fue alejando con paso rápido en dirección a su cuarto, mientras sus compañeros se miraban con gesto de duda y se encaminaban a la tienda principal de los científicos, donde tenían orden de reunirse una vez que regresaran los soldados. Ahí se les daría por fin las órdenes de trabajo.

Rápidamente se quitó las zapatillas sin desatarlas ni nada y se dejó caer cuan larga era en la cama. Realmente no se había mareado ni se encontraba mal siquiera, pero necesitaba un rato para estar sola. No entendía la causa, pero la llegada de aquellas personas al campamento le había afectado por dentro y sobre todo la mirada de ese anciano le había llegado al alma. Para alguien como ella, tímida, que intentaba no exponer demasiado sus sentimientos a pesar de que se le notaban siempre en la cara, lo experimentado hacía unos minutos había sido como un chispazo que le había despertado extrañas sensaciones.

Después de dar un par de vueltas en la cama, decidió que no merecía la pena pensar tanto en ello. Simplemente se había impresionado por sus ropas, aspecto... poco a poco sus ojos se fueron cerrando por fin...seguramente la próxima vez que lo viera no sentiría nada...su respiración se fue haciendo más lenta...sólo sentía curiosidad...

TOC, TOC, TOC

- ¿Sabrina? Tienes que salir ya, tenemos mucho que contarte.- La voz de sus dos compañeras le llegaba amortiguada desde el otro lado de la puerta.

Molesta por el súbito despertar y frotándose los ojos miró el reloj. Había pasado una hora desde que se había dormido. Qué fastidio, tengo la sensación de que sólo han pasado cinco minutos, pensó.

- ¡Voy! Dádme cinco segundos para lavarme la cara, parezco un zombie.- Pidió.

Una vez ya que se sentía presentable salió para encontrarse con ellas. Se las veía nerviosas porque no podían para de mover las manos y en sus caras se veía la excitación.

- Pero bueno, no me digáis que me he perdido algo.- Preguntó intrigada Sabrina, ahora ya más despejada.

- ¡Es increíble!- Exclamó Anne-Lise en voz alta por la excitación.

- ¡Vas a pensar que nos lo estamos inventando!- Añadió Dolores con los ojos muy abiertos.

- ¡Soltádlo ya! O me vais a provocar un infarto con tanta intriga.- Exigió ahora ansiosamente.

- Está bien, está bien, sin presiones por favor.- Alargó el momento Dolores, ante lo que Sabrina le dio un suave golpe en el brazo.- ¡Au! Vale, ya lo digo pero no me pegues más.- Rió la pelirroja.- Recuerdas a los personajes de antes, ¿no? Bien, pues los jefes tienen mucho interés en que los analicemos a conciencia, quieren analíticas completas, estudios del ADN, genéticos, mitocondriales...todo lo que se te pueda ocurrir.- Informó por fin.

Sabrina abrió mucho los ojos y las miró con incredulidad a ambas. Antes de que pudiera decir nada, Anne-Lise siguió hablando:

- Sabía que se te iba a quedar esa cara, es la misma que he puesto yo cuando lo he oído.- Comentó con triunfo.- Aún hay más pero vayamos tirando que sino llegaremos tarde.- Y comenzaron a llevar a Sabrina en dirección a las casetas de trabajo de los científicos.- Además, no son los únicos a los que vamos a tener que examinar. Posiblemente mañana venga otro grupo de adultos y dentro de unos días empezarán a llegar también niños.- Esto último lo dijo con una expresión de extrañeza.

- ¿Niños? Pero no entiendo nada. ¿Por qué tenemos que realizar todas esas pruebas a un grupo de gente salida de no sé dónde y vestida de una manera tan estrafalaria?.- Sabrina no entendía nada a pesar de que en su interior intuía que esas personas no eran como ella o los demás miembros del equipo, pero el sentido se le escapaba.

-Ahí es donde queríamos llegar ahora. Hemos dejado la parte más increíble para el final.- Siguió Anne-Lise mientras ya estaban llegando a las casetas.

Sabrina vio como que tanto una como la otra se detenían antes de acceder a la zona de investigación, así que hizo lo mismo y las miró deseando escuchar lo que venía ahora, la razón de todo.

- Tendrás que hacer un esfuerzo para creernos pero confía en nosotras porque es cien por cien cierto.- Los rostros de ambas ahora mostraban una gran seriedad y la miraban sin parpadear a los ojos, señal de que hablaban completamente en serio.- Yo también pensé que se habían vuelto todos locos y que me habían estado haciendo perder el tiempo todos estos días, pero luego han sacado las pruebas y... en fin.- Sabrina le aguantó la mirada sin parpadear, aguantando la respiración incluso, notando como su corazón latía más fuerte en el pecho. Dolores tomó aire y dijo.- Son magos, Sabrina.

.

.

.

.


Andy Black Riddle: ¿Ahora ya está todo más o menos clarito no?^^ Dentro de poco mis queridos protagonistas se conocerán por fin y a ver qué pasa entre ellos!Siento haber tardado más en actualizar pero los estudios me reclaman ya :S Ahora me paso por tu fic para ponerme al día :) besitos y gracias por comentar!