Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.
Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?
.
.
Hola a todos! Primero os pido perdón por haber tardado tanto en subir este capítulo pero la Uni y otras cosas me han tenido bastante apartada del mundo fanfic :S Este capítulo igual lo véis como uno de transición y no sé si habrá quedado un poco soso, pero bueno... creo que tenía que escribirlo para enlazar con el siguiente. Ah! Ya tengo casi terminado el siguiente capítulo así que intentaré subirlo en breves :D
Gracias por seguir mi historia y espero que os guste! A leer!
CAPÍTULO OCHO:
Una sombra se deslizaba velozmente a través de los pasillos del castillo tenuemente iluminados por las antorchas. La Señora Norris bufó al notar su presencia mientras buscaba ratoncillos para la cena, pero la sombra sin inmutarse siguió su camino hasta llegar a una puerta que abrió con un movimiento de varita y rápidamente se coló en su interior volviendo a cerrarla con otro hechizo.
Una vez dentro de la cálida habitación, la oscura figura se quitó la capa que la cubría y la arrojó descuidadamente sobre una butaca. Se dirigió a grandes zancadas hasta un pequeño armario del que sacó un pequeño frasco del que ingirió su contendido de un solo trago.
Algo más tranquilo, Severus Snape se dejó caer sobre su cama y comenzó a desvestirse, no sin antes lanzarle un hechizo silenciador a su entrometido espejo. Hoy no estoy para bromas, pensó.
Al quitarse la camisa quedó al descubierto la fea marca que lo marcaba de por vida como mortífago. Sin poder evitar una cara de disgusto, dirigió su mirada hacia su otro brazo, este sí inmaculado. O casi. Se acercó el antebrazo para poder observar mejor la minúscula marca rojiza que había aparecido después de la extracción de sangre.
Emitiendo un pequeño bufido al pensar en eso, se metió en la cama y cogió el libro que tenía casi acabado en la mesita de noche. Pero tras varias intentonas releyendo la misma línea sin enterarse de lo leído, lo volvió a dejar en su sitio algo molesto.
No sabía por qué, pero no podía dejar de repasar una y otra vez su excursión al campamento muggle. Más que en los detalles técnicos que podrían ayudarles en caso de dirigir un ataque contra ellos, pensaba en su reconocimiento médico. Aquella muggle había tenido el dudoso honor de presenciar en vivo y en directo a un Severus ligeramente alterado, se sonrió irónicamente al pensar eso.
Sin embargo, contrariamente a lo que se podría pensar, no estaba nada orgulloso de su comportamiento. Le había gustado la sensación de sentirse fuerte y poderoso ante aquella chica a la que fácilmente habría podido hacer mucho daño. Pero a la par, también le llenó la repulsa ante esa sensación; tantas veces había notado la misma adrenalina correr por sus venas cuando era un auténtico mortífago y disfrutaba viendo retorcerse entre gritos de dolor a los muggles o magos que caían en sus manos. Aunque no se lo reconociera a nadie, ahora se avergonzaba de aquellos actos y no quería volver a ser aquella persona. Supo que había cruzado el límite cuando vio su reflejo en los atemorizados ojos claros de la joven. Sacudiendo la cabeza con disgusto, decidió pensar en otra cosa.
Entonces le vino a la mente lo que había pasado a penas unos momentos después de su pérdida de control cuando el guardia había llamado a la puerta.
"- ¿Va todo bien ahí adentro?- La voz del guardia llegaba desde el otro lado de la puerta.- Me ha parecido escuchar jaleo ahí.
Por unos breves instantes el tiempo pareció congelarse en silencio mientras Severus y la joven se miraron calibrando la situación. Esto no es bueno, pensó Severus, nada bueno. En cuanto la chica diera la voz de alarma, el guardia entraría preparado para atacar y no pasarían más de unos segundos antes de que la habitación se llenara de soldados apuntándole con sus armas. Iba a ser realmente difícil salir de ahí sin dañar a los muggles, y sin que ellos le alcanzaran a él, se recordó mordazmente. Su cuerpo se tensó y apretó con fuerza la varita que guardaba en un pliegue de la túnica.
La joven todavía se estaba recuperando de la impresión y trataba de ralentizar su respiración. Una vez que parecía que había tomado una decisión tragó saliva y tras una última mirada a sus ojos negros, se giró rápidamente y abrió la puerta.
- Oh, disculpe. Todo está en orden, he tirado sin querer un frasco y me he asustado un poco con el ruido.- Mintió esbozando una inocente sonrisa.
El guardia echó un rápido vistazo con los ojos en el interior de la habitación con desconfianza, luego volvió a mirar la sonrisa de la científica y se dio por satisfecho.
- Tenga más cuidado la próxima vez.
- Descuide.- Una vez cerrada la puerta, se apoyó contra ella y soltó un profundo suspiro de alivio.
Snape la observaba sorprendido, aunque su gesto no denotaba ningún cambio de expresión. No había esperado esa reacción, estaba convencido de que iba a pedir ayuda al guardia. No movió ni un músculo mientras seguía los movimientos de la chica, que se había despegado de la puerta y dio un par de vueltas a la habitación mientras se tocaba distraídamente el pelo como pensando qué hacer. Pronto se detuvo y con las manos en jarras sobre las caderas se volvió encarando a Severus.
- Escúcheme bien, sé que no le agrado pero es lo que hay.- La voz le temblaba un poco.- Si no soy yo, otro le hará las pruebas. Créame que le entiendo, pero con esa actitud no va a hacer las cosas más fáciles.- Paró para coger aire y siguió esforzándose por ser educada con ese hombre a pesar de su mal temperamento.- Así que por favor, túmbese, no se mueva y guarde silencio.
Severus no respondió nada. Se la quedó mirando un par de segundos más simplemente por el placer de mantenerla en vilo; luego, esbozó un lenta sonrisa de medio lado y elegantemente se tumbó en la camilla y se subió la manga para dejar que la chica siguiera con su trabajo."
Tenía que reconocer que esa muggle le había sorprendido gratamente dos veces en apenas un momento. Le había divertido que la chica se hubiera atrevido a plantarle cara de esa manera, a pesar de que Severus se percató perfectamente de su miedo delatado por el temblor de sus manos al coger el instrumental.
A pesar de eso, no le agradaba tener que estar en deuda con nadie, y mucho menos con una muggle, pero tenía que reconocer que al no dar la alarma le había evitado muchos problemas o por lo menos un buen sermón de Dumbledore, pensó con una mueca de disgusto.
Dumbledore. Tenía que hablar con él, a parte de para confirmarle que estaba bien quería comentarle algo que le había dicho la muggle. Frunció el ceño al recordar sus palabras,
" Creo que todavía no me he acostumbrado a la magia ¿sabe?, la percibo en unos más que en otros...y hasta que me acostumbro me atonta un poco" Los muggles prácticamente nunca percibían la magia. Claro que notaban la presencia de los dementores,sí, pero la magia que emanaba de los magos...eso no. Tendría que comentarlo con el viejo.
La poción para descansar empezaba a hacerle efecto puesto que notaba que se le iban cerrando los ojos. De todas formas, pensó antes de quedarse dormido, tendría un ojo puesto encima de la joven.
.
.
.
.
Los días se iban sucediendo bastante intensos para todos. Los muggles se encontraban enfrascados en la revisión de los primeros resultados obtenidos; exaltados y muy excitados por todo lo que estaban descubriendo y aprendiendo aunque aún les quedaba mucho trabajo por delante. Iban a tardar años en poder estudiar todo concienzudamente.
En el castillo las cosas no estaban más tranquilas. Los profesores estaban hasta arriba de trabajo tratando de que los estudiantes recuperaran las clases perdidas y para que la presencia constante de los soldados pululando por el castillo no interrumpiera su ritmo de vida. Los alumnos más pequeños miraban con temor y curiosidad a aquellos hombres vestidos de camuflaje, armados y con cara de antipáticos; los alumnos de los últimos cursos y los profesores por el contrario, los trataban con evidente recelo y desconfianza; sentimientos correspondidos por los soldados...con lo que la tensión podía cortarse con un cuchillo.
Además, Dumbledore y los demás profesores sentían cierta desazón al pensar que en unos días tendrían que llevar a sus alumnos con los muggles. A parte de por el mal rato que seguramente iban a pasar, se iba a crear un gran escándalo cuando los padres se enterasen.
Los miembros de la Orden del Fénix que permanecían en activo fuera del castillo, estaban consiguiendo por el momento mantener la situación bajo control. Los padres no sospechaban nada porque seguían recibiendo regularmente las cartas de sus hijos donde les ponían al corriente de sus estudios y de que todo estaba en orden; evidentemente, la manipulación de la correspondencia requería mucho tiempo para los integrantes de la orden; menos mal que el control de la situación en el Ministerio de Magia no resultaba tan complicado y de momento no había habido ninguna filtración, que era lo que más temían. Por supuesto, también seguían controlando las actuaciones de Voldemort, aunque extrañamente se estaba mostrando más tranquilo de lo costumbre, lo cual no auguraba nada bueno.
Los estudiantes de Hogwarts tampoco habían olvidado que algunos de sus compañeros tendrían que someterse a los extraños deseos de los recién llegados; eso estaba presente sobre todo en las cabezas de los elegidos, quienes sin embargo, con el pasar de los días se fueron relajando al no recibir noticias al respecto, confiándose, pensando que con suerte igual se habían olvidado de ellos. Pero por desgracia para ellos, la cosa no era así.
Una mañana en la que Dumbledore se encontraba paseando por los terrenos del castillo con Hagrid, un joven y nervioso militar fue trotando hacia él y le entregó un pequeño sobre. Dumbledore lo cogió y procedió a leerlo. Mientras, el joven soldado observaba de reojo la imponente figura de Hagrid, puesto que no había visto a nadie de semejante estatura, pero interrumpió su análisis al escuchar el suspiro del director que indicaba que había terminado la lectura.
- Entiendo que no hay ninguna manera de evitar pasar por esto o aplazarlo, ¿no?- Preguntó el anciano con ojos preocupados a lo que el chico negó con la cabeza.- Está bien, dígale que mañana irán los primeros grupos acompañados por varios profesores.
El joven sin decir una palabra, afirmó con la cabeza y marchó al trote otra vez para transmitir la respuesta. El director intercambió una lúgubre mirada con el guardabosques e iniciaron el regreso a Hogwarts.
A primera hora de la tarde, cincuenta y seis lechuzas despegaron de la lechucería en busca de los destinatarios de los pergaminos que llevaban atados a las patas. Recorrieron los interminables pasillos del castillo, subieron a la más alta torre y descendieron a la más profunda de las mazmorras sobresaltando a los alumnos que se topaban con ellas. Poco a poco fueron encontrándolos. Algunos se sorprendieron al ser interrumpidos mientras charlaban con sus amigos en el lago, algunos mientras hacían sus deberes en las salas comunes y otros incluso mientras estaban sentados en el baño. Las emociones sentidas al leer los pergaminos también fueron variadas aunque primaron los nervios y el temor.
- Vamos nena, no te pasará nada. Ni los profesores ni yo lo permitiríamos jamás.
Un fornido chico castaño con el emblema del tejón abrazaba con cariño a una llorosa joven que hipaba levemente.
- Pero tengo miedo...Nu...nunca he hablado con un muggle y mis amigas me...me han contado que son unos animales y que nos har...harán daño.- Terminó sorbiéndose los mocos.
- ¿Tus amigas te han dicho eso?- Preguntó frunciendo el ceño con enfado.- ¿Las mismas que te han chantajeado para que te presentaras voluntaria?- Al ver que la joven bajaba la vista incómoda murmurando "tú no lo entiendes..." el chico suavizó el tono.- Mi padre es muggle y ya te he contado muchas veces que no es tan terrible como te puede parecer.- La chica sonrió un poco algo más relajada.- Así me gusta. Ya verás que no será para tanto.- Dijo sonriendo para terminar de infundirle el valor necesario a su novia, su pequeña serpiente y deseando tener razón y no equivocarse con esto.
.
.
.
.
El día no comenzaba demasiado bien para Burdock. Primero lo habían sacado de la cama para una reunión urgente privada con el general Jones, quien le echó una buena bronca por permitir que los soldados que tenía a su cargo se montaran una pequeña fiesta privada que terminó despertando a todo el campamento. Esperaba más de usted, le había dicho, que no se vuelva a repetir.
El general no lo entendía, la mayoría de los reclutados eran jóvenes y después de varias semanas ahí metidos en constante alerta necesitaban liberar algo de energía de vez en cuando y, ¿qué mejor que unas pocas cervezas? Bueno, tal vez no fueron sólo unas pocas , le recordó un fuerte pinchazo en la sien, señal de que iba a sufrir una pequeña resaca.
Al recordar que hoy llegaban los estudiantes, decidió que lo mejor sería tomarse una buena aspirina si quería aguantar todo el día entre mocosos. En un primer momento se animó al ver que le atendía la científica pelirroja; sin embargo, ella no parecía muy contenta de verle por ahí y mucho menos resacoso. Lo había echado de malas maneras cuando Burdock había tratado de invitarla a una última cerveza en su creída, algún día se arrepentirá de ser tan estrecha, pensó amargamente.
Unas horas más tarde, ni su humor ni el dolor de cabeza habían mejorado, así que se paseaba por el campamento descargando su mal humor dando órdenes o echando broncas a los soldados con los que se encontraba. Llegó cerca de la zona de las casetas donde se hacían los experimentos y como no parecía haber nadie a la vista, decidió parar a fumarse un cigarro y tratar de relajarse. Unos ruidos cerca le hicieron acercarse un poco más a las casetas y entre la maleza pudo ver a una joven estudiante sentada en un banco esperando su turno. Era bastante bonita con su largo cabello castaño y estaba sola.
Sonrió para sí mismo mientras tiraba lo que quedaba de cigarro al suelo y lo pisaba con la punta de la bota sin apartar la mirada de la chica. Parecía que el día se iba arreglando por fin.
.
.
.
.
Paladium: Hola Paladium! La verdad es que no están siendo demasiado simpáticos! Pero las cosas aún empeorarán un poquito más... Saludos!
Ashtoreth Banister: Esa era la idea que tenía, pero tendremos que ver si surge algo de química entre ellos o se acaban detestando ^^ El trío dorado no va a ser protagonista en esta historia pero no te preocupes que alguna aparición harán:) buff, tú nombre tiene muchas variantes: Astarté, Ishtar, Inanna... posiblemente también sea la Afrodita griega; así que buena elección! Espero que te siga gustando la historia! Besos!
Andy Black Riddle: No me mates por favor! Yo también odio cuando dejan así el final de un capítulo, pero no pude resistirme jajaj Estoy intentando que los personajes se parezcan a los originales porque no me gustan mucho los fics que les cambian por completo la personalidad; así que sí, Remus será un buenazo y Snape un poco borde jajaj creo que así queda mejor. Ay! a mí Eco también me parece una monada, tengo pensado darle más importancia. Respecto a los estudios...estoy intentando ir al día (por eso hace tanto que no subo nada ni he podido leer nada :() pero hay demasiado trabajo que hacer! ajaja. Espero que te guste el capítulo (también lo dejo un poco interesante) y a ver si saco tiempo para pasarme por tus historias! Un besito!
jovas: Hola jovas y bienvenido! Gracias por tu sinceridad y tus ánimos. La verdad es que es mi primera historia, estoy improvisando mucho y aún me queda un montón por aprender y mejorar, así que agradezco que me echéis el alto cuando algo no esté bien ^^ Espero que no hayas adivinado ya lo que queda de historia! intentaré sorprenderos con los siguientes capítulos jajaa. Saludos!
Muchas gracias a los cuatro por vuestros comentarios :D
Lectores anónimos: atreveos a dejar reviews con vuestras opiniones, ideas...todo se agradece!
