Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.

Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?

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Espero que os guste el capítulo! Feliz veranito!

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CAPÍTULO 15:

Las semanas se sucedían incansablemente sin que la situación de los magos mejorara algo. Los días cada vez eran más cortos y grises, pronto empezaron las primeras nevadas y el frío comenzó a recorrer tanto los pasillos de Hogwarts como las inmediaciones del campamento.

Sabrina seguía sorprendiéndose de la influencia que tenía el mal tiempo en la mayoría de las personas. Mientras recorría los pasillos del Castillo enfundada en un grueso abrigo largo y una gordita bufanda roja que le daba varias vueltas en torno al cuello y parte de la cara con lo que a penas se la veía entre tanta ropa, se cruzaba con estudiantes que buscaban su clase o con grupos de soldados haciendo guardia y percibía como el ánimo de los jóvenes magos cada vez estaba en mayor consonancia con el color de las nubes, mientras que muchos compañeros de campamento se sentían cada vez más seguros, arrogantes y con una mayor confianza que los llevaba a mirar con superioridad a aquellos a los que estaban vigilando.

- ¡Au!- No había visto a la chica que avanzaba hacia ella hasta el último segundo y no pudo evitar el choque. Los papeles que la estudiante iba mirando salieron volando y se desparramaron por el suelo.

- Perdona, no te había visto. Déjame que te ayude.- Sabrina se apresuró a ayudar a la chica a recoger los papeles.

- Yo tampoco te había visto. Gracias por…- Dejó la frase a medio terminar cuando levantó la vista hacia Sabrina y vio sus ropas muggles. La sonrisa de agradecimiento se fue esfumando para adquirir una expresión de temor.- Lo siento, debería haber estado más atenta, lo siento…no llame a los soldados, por favor.

Sabrina se quedó congelada por la sorpresa, observando como la estudiante terminaba a toda velocidad de recoger, se levantaba y desaparecía del pasillo a toda prisa. Se dio cuenta de que la joven le tenía miedo, a ella, por ser muggle.

- Me parece que va a tener que acostumbrarse a que se repita esta situación más veces.- Dijo una voz amable a sus espaldas.

- Señor Dumbledore.- Se sorprendió Sabrina al darse la vuelta. Era la primera vez que lo veía desde el ataque.- Me alegro de verle bien otra vez.

- Gracias, querida.- El anciano sonrió.

Iba a añadir algo cuando fijó su mirada en algo detrás de Sabrina y sus ojos mostraron una expresión de preocupación. Sabrina escuchó unos pasos apresurados que se dirigían hacia ella y aún no le había dado tiempo de girar la cabeza cuando el profesor Snape pasó por su lado a grandes zancadas. Sólo pudo verle el rostro un instante pero fue suficiente para asustarse por la palidez del hombre y la frialdad que emanaban sus ojos.

El profesor detuvo su mirada sólo un segundo en ella para luego volver a dirigirla al Director.

- Usted, la clase de hoy queda cancelada.- Anuncia sin mirarla.- Dumbledore, tenemos que hablar.

- Vamos a mi despacho.- Asiente el Director ahora con gesto serio.

Snape da una cabezada a su vez y sigue su camino. Dumbledore antes de seguirle, se vuelve otra vez a Sabrina.

- Discúlpanos, joven. Sin duda debe ser algo importante.

Cuando el anciano se marcha, Sabrina se queda sola y totalmente desconcertada en mitad del pasillo.

Para cuando Dumbledore llegó a su despacho, Snape ya estaba ahí, sentado en el sillón de las visitas con la vista fija en Fawkes, que se atusaba tranquilamente las largas plumas.

El anciano se dejó caer en su cómoda silla, sintiendo como se quejaban sus ya viejos huesos. Con un movimiento de varita hizo aparecer un par de jarras llenas de humeante Brandy del Bosque.

- Voldemort está planeando un ataque..- Anunció Snape sin dilación.

Dumbledore bebió un trago, tomándose su tiempo antes de preguntar.

- Cuéntamelo todo.

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Acabada su interminable jornada laboral, por fin había podido refugiarse en la soledad de su despacho dispuesto a relajarse un rato con una buena copa de Whiskey de Fuego cuando lo notó. La Marca Tenebrosa empezó a arderle en el antebrazo intensamente durante unos segundos y luego el dolor desapareció. Se agarró inconscientemente el antebrazo preparándose mentalmente para el encuentro, puesto que había reconocido el dolor como una llamada del Señor Oscuro para que acudiera a su encuentro.

Se aproximó a su armario y le dio un par de golpecitos con la varita. Sonó un leve chasquido y cuando abrió la puerta encontró sus ropas de Mortífago, incluyendo la máscara con la que se cubría el rostro.

Una vez fuera de los terrenos de Hogwarts se desapareció para reaparecer un segundo después en la grandiosa y tétrica Mansión Malfoy, donde al Lord le gustaba reunirse con los suyos.

Mientras ascendía las escaleras que conducían a la Sala Principal, se fue cruzando con otros Mortífagos que lo saludaron con una inclinación de cabeza que él devolvía secamente.

- Severus.- Le llamó uno de los rostros enmascarados desde lo alto de las escaleras.

Cuando Snape llegó a la altura de su interlocutor comenzaron a andar a la par.

- ¿Sabes por qué el Lord nos ha hecho llamar?- Hablaba con la mirada al frente, saludando con la cabeza a los distintos Mortífagos con los que se cruzaban.

- Esperaba que tú me lo dijeras. Después de todo, eres su anfitrión.- Severus sabía que el hecho de que Voldemort no le confiara sus planes a pesar de ofrecerle su casa hería el orgullo del rubio.

- El Amo ha estado poco comunicativo últimamente.- Reconoció con acritud.- A penas sí habla con Bellatrix. Generalmente está con esa rata de Pettigrew pero también ha mandado y recibido frecuentes lechuzas, pero no sé con quién.

- Y sin embargo ahora ha decidido reunirnos a todos.- Comentó Snape mientras avanzaban por los interminables pasillos, ostentosamente decorados y con las paredes cubiertas de miembros de la familia Malfoy que los seguían con la mirada fingiendo aburrimiento.

Siguieron avanzando mientras Lucius seguía quejándose de la poca información que le confiaba el Lord a cambio de su hospitalidad. Sin embargo, Severus sólo le escuchaba a medias porque estaba pensando en lo que venía a continuación. Hacía varios meses que no le convocaba y por lo tanto no había tenido que pasarle ningún reporte de la Orden ni del Colegio, pero en cambio ahora tendría que hacerlo. Eso implicaba desvelarle al Señor Oscuro la presencia de los muggles, reflexionó Severus frunciendo levemente el ceño. Claro está que podría decidir ocultárselo, con su habilidad para la Legeremancia no sería complicado esconderle ese dato pero Dumbledore había decidido no arriesgar la vida de su espía ya que siempre cabía la posibilidad de que Voldemort se hubiera enterado por otros métodos y descubriera la traición de Snape. Tampoco era agradable la perspectiva de que el Lord decidiera aprovechar su debilidad para atacarles, pero era un riesgo que debían correr.

Para cuando por fin llegaron a la Sala Lucius ya guardaba silencio pero con un mohín descontento en los labios. Dentro, estaban ya sentados en la larga mesa la mayoría de los Mortífagos más importantes y salvajes con los que contaba el Lord. Con sólo observarlos se podían clasificar perfectamente en dos grupos: los que eran salvajes por dentro y lo demostraban exteriormente y los que lo eran en el interior pero que mantenían unas impecables formas hacia el exterior. Los amigos de Lucius, provenientes de familias de tan rancio abolengo como él, charlaban entre ellos sin elevar el tono de voz por encima de lo que se consideraba cortés mientras daban pequeños sorbos de sus repujadas copas de vino; en el otro extremo de la mesa se encontraba Greyjoy acompañado por un hombre gigantesco de pelo y barba rojizos muy sucios que no paraba de escupir gotitas de vino con cada carcajada que se le escapaba mientras escuchaba a otro hombre, mucho más menudo que él, calvo y con un diente de oro. Éstos, junto con el resto de su grupo no dejaban de hacerse comentarios entre ellos a gritos, vaciando las copas rápidamente y dando de vez en cuando puñetazos en la mesa para dar énfasis a sus palabras.

Cuando pasaron por su lado, Severus pudo apreciar la mueca de disgusto de Lucius al ver lo sucio que estaban dejando todo. Pero pasaron de largo hasta colocarse en los puestos más cercanos a la cabecera de la mesa, presidida por una silla más alta que el resto y que por el momento se encontraba vacía. Pero por poco tiempo. Nada más ocuparon Snape y Malfoy sus asientos, otra de las puertas se abrió para dejar paso al Señor Oscuro acompañado por la rata Pettigrew. En cuanto entró, la luz de la chimenea tembló y amenazó con apagarse mientras parecía que la temperatura de la sala empezaba a bajar unos cuantos grados. Todos los presentes guardaron repentinamente silencio y se levantaron de sus asientos repentinamente serios, muertas todas las conversaciones y risas. El Lord avanzó con una pequeña sonrisa de satisfacción y tras dejarse caer elegantemente en su silla hizo un gesto con la mano para permitirles tomar asiento. Esa sonrisa no le gustó para nada a Severus, no podía significar nada bueno.

Guardó unos segundos de silencio, mirándolos, examinándolos hasta que se decidió a hablar.

- Vladimir, ¿cómo van las negociaciones con los tuyos?- Inquirió dirigiéndose hacia uno de los del grupo de Malfoy.

- Bastante bien, mi señoría. El jefe está encantado con los obsequios que le entregué en vuestro nombre, no tardará en daros el sí.- Era un hombre alto y nervudo, muy pálido, con el largo pelo negro recogido en una coleta. Su copa de vino permanecía intacta.

Un vampiro. O sea que al final sí que ha decidido ganarse a los vampiros para su causa, pensó Snape asqueado.

El Lord siguió haciendo varias preguntas a los presentes y en la mayoría de los casos recibió respuestas positivas para él. Sin embargo, estaba claro que no eran esos los asuntos por los que los había convocado después de tanto tiempo. Finalmente, clavó los ojos rojos en Snape y la mueca de sonrisa se pronunció aún más.

- Snape.- Silbó marcando mucho la "s".- Snape. ¿Qué nuevas me traes de la Orden? Seguro que se están preguntando el motivo de mi aparente inactividad, ¿no?

- Mi señor.- Era el momento de jugarse las cartas- No dudo que sea una de las preocupaciones de la Orden, pero en estos momentos se encuentran con otros problemas, mi señor.

Un murmullo de curiosidad recorrió la mesa, Lucios alzó una ceja en señal de sorpresa y al Lord le brillaron peligrosamente los ojos.

- ¿De veras, Snape?

- Así es, mi señor. No sabemos cómo ha podido suceder, pero…los muggles han tomado Hogwarts.- Terminó finalmente.

Se escucharon algunas risitas escépticas, comentarios sorprendidos e insulto contras los muggles.

- Eso no puede ser, Severus. Draco no ha dicho nada a cerca de eso en sus cartas. Ni tampoco los hijos de los demás.- Afirmó Lucius aunque con una sombra de duda en el rostro.

- Eso es cosa de la Orden. Modifican todas las cartas para que la noticia no llegue al exterior.

Un murmullo enfadado se levantó entre los que tenían hijos en el Colegio. El Lord tuvo que hacer un gesto con las manos para imponer el silencio.

- Vaya, vaya…¿Seguirá Dumbledore defendiendo tanto a sus apreciados muggles como antes? No me contestes ahora, ya me darás los detalles después.- Silenció a Snape antes de que respondiera a su pregunta.- Nos vendrá bien tenerlos entretenidos para nuestros planes. Veréis, la razón por la que no os he convocado en estos meses es porque estaba dedicándome en cuerpo y alma a la elaboración del plan definitivo.- Antes esas palabras todos estaban escuchando con máxima atención. Bellatrix Lestrange clavaba las uñas en la mesa mientras no separaba sus ojos ni un instante de la boca de su señor.- Y me siento muy orgulloso de poder afirmar que no fallará. La victoria será nuestra esta vez.- Anunció con una terrorífica sonrisa enseñando sus puntiagudos dientes.

- Por favor, mi Lord. Confíe en nosotros su plan, lo llevaremos a cabo tal cómo queréis.- Suplicó Lestrange.

- Lo sé, Bella. Pero por ahora sólo puedo adelantaros pequeñas cosas, los detalles os los daré en el momento adecuado, no quiero estropearos la sorpresa.

A Snape no le gustaba nada el rumbo que estaban tomando los acontecimientos. Esperaba una reacción distinta del Lord cuando se enterara de lo que sucedía en el Castillo, pero parecía que a penas le había dado importancia. ¿Qué plan se traía entre manos? ¿Cuán importante era para él para obviar lo de los muggles?

- Por el momento sólo os diré que estéis preparados. Cuando sea el momento, nos dirigiremos al Ministerio de Magia. Tengo una charla pendiente con el Ministro, le haré una proposición que no podrá rechazar.- Reveló finalmente mientras acariciaba con sus delgados dedos la punta de su varita.

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Unas noches después de que Snape y Dumbledore hubieron mantenido su conversación, llegó el momento de actuar para varios estudiantes de Hufflepuff. Ataviados con capas oscuras y con pequeñas mochilas a la espalda, se deslizaron silenciosamente fuera de su Sala Común al amparo de la oscuridad absoluta, puesto que no se atrevían a encender ni una sola varita mágica. Todo parecía ir bien, avanzaban lentamente, en fila y habían tenido la suerte de no cruzarse con ningún profesor o muggle haciendo guardia. Para cuando llegaron al vestíbulo principal, a algunos se les escaparon risitas nerviosas de alivio al ver que estaban a punto de conseguirlo. El chico que los lideraba se acercó sigiloso a la Gran Puerta lo suficiente para poder realizar el hechizo que la abriría, sonó un chasquido y la puerta comenzó a abrirse lentamente permitiendo entrar la luz de la Luna al vestíbulo. Se giró a sus compañeros y haciéndoles una señal de victoria dio un paso para cruzar la entrada. Sonó un chasquido y el joven cayó de bruces al suelo, a la par que la Puerta se cerraba de golpe y comenzaba a sonar una sirena cuyo eco rebotaba en las paredes y los altos techos asegurándose de que se escuchara por todo el Castillo.

Antes de que los jóvenes pudieran reaccionar, se vieron rodeados por un par de decenas de armas apuntándoles directamente.

- ¡Tirad las varitas al suelo ahora mismo!- Gritó un fornido soldado sin dejar de apuntarles.

Un par de chicos que se encontraban bastante nerviosos obedecieron inmediatamente y levantaron las manos en señal de rendición; la mayor parte se removían nerviosos esperando a ver qué hacía el resto y unos pocos agarraban fuertemente sus varitas apuntando a los soldados. Cualquier movimiento en falso y los disparos y los hechizos saltarían en ambos bandos.

Uno de los estudiantes sudaba a mares mientras trataba de disimular el temblor de la mano con la que sujetaba la varita. Intentaba apuntar a los soldados que más cerca se encontraban de él pero enseguida se dio cuenta de que eran demasiados y que tenía pocas posibilidades de escapar. No pudo evitar que un sollozo lastimero se le escapara. Por el rabillo del ojo le pareció ver un movimiento inesperado de uno de los soldados y la reacción fue simultánea.

Barboteó el primer hechizo que le vino a la mente y unas chispas amarillas salieron de su varita hacia los soldados.

Pero en vez de golpearles a ellos, el hechizo pareció rebotar en un muro transparente y la fuerza del impacto generó una onda expansiva que lanzó a los estudiantes al suelo, desarmándolos. Los soldados por suerte no habían llegado a reaccionar y se quedaron perplejos por el resultado del hechizo del chico.

- No recojáis las varitas.- Ordenó una voz cuando los aturdidos muchachos empezaban a incorporarse.

Albus Dumbledore estaba en el otro extremo de la sala, todavía con la varita en la mano.

Las caras de los estudiantes reflejaban la sorpresa, la incredulidad y el enfado cuando comprendieron que el anciano era el responsable de que el hechizo hubiera rebotado. A los soldados también les extrañó encontrarse ahí al Director, el que parecía ser el líder decidió romper el silencio.

- Alto ahí. Mantenga la varita a la vista.- Dumbledore así lo hizo pero siguió acercándose.- Estos estudiantes han hecho saltar la alarma, tratando de salir del Castillo durante el toque de queda y además han intentado atacarnos. Entenderá que tengamos que sancionarlos, esto no es ningún juego…

- Sé perfectamente que no es un juego; le puedo enseñar las cicatrices que aún tengo de cuando su jefe me demostró que no lo era.- Su voz irradiaba cierta ira inaudita mientras clavaba sus ojos en el soldado, quien visiblemente se encontraba bastante incómodo.- Y tengo la intención de demostrárselo a mis alumnos.

El tono con que lo dijo sonó tan frío y tan poco propio de él que muchos de los estudiantes e incluso algunos de los soldados no pudieron contener un ligero temblor.

- Emmm…no creo que sea posible, señor.- Dudó el soldado.- Tenemos que dar ejemplo a los otros alumnos y…bueno, cabe la posibilidad de que si ustedes se encargan del castigo no sea demasiado severo.

- Olvídese de ese problema. Le aseguro que el castigo que yo les imponga será mucho más ejemplificador de lo que espera.

Una de las alumnas que había sujetado la varita hasta el final, intervino confusa por lo que estaba oyendo.

- Pero profesor…¿qué está diciendo? ¿Por qué les está ayudando? No puede….

- ¡Silencio!- Bramó el Director con el rostro transformado en una máscara de ira. La joven se encogió asustada al igual que sus compañeros.- No quiero oír ni una sola palabra más. Y se acabó la magia.- Con un movimiento de varita, las diez varitas salieron volando hasta sus manos, dejando a los chicos totalmente indefensos.- Vámonos antes de que cambie de idea y permita que os castiguen ellos primero.

La tremenda fuerza negativa que emanaba el anciano se percibía en la sala. Los estudiantes se levantaron apresuradamente, aterrorizados por las palabras de su Director mientras los soldados observaban sorprendidos la escena.

Cuando los jóvenes hubieron salido con las cabezas gachas, Dumbledore se volvió hacia el soldado jefe antes de desaparecer él también por la puerta.

- No creo que sea necesario dar a este asunto más importancia de la que tiene. Yo me ocuparé personalmente de que no vuelva a suceder. Buenas noches, señores.

Cuando se quedaron solos los muggles, por fin empezaron a reaccionar. Se miraron los unos a los otros y se encogieron de hombros. Que se las apañaran los magos, menos problemas para ellos.

- Jefe, ¿nos vamos a dormir?

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Paladium: Hola! Qué tal? Sí, pobrecillo...espero que no se enfade conmigo por la paliza ^^ No andas equivocado, Sabrina tendrá que tener cuidado en los próximos capítulos... Gracias y un beso!

Andy Black Riddle: Hola Andy! Me parece que todos van a tener problemas, aquí no se libra nadie jajaj Un besito y gracias!

Alexza Snape: Hola Alexza! Muchas gracias por tus palabras y bienvenida a este fic :) Me alegro mucho de que te esté gustando, espero no decepcionarte. La relación que tienen está un poco indefinida de momento, vamos a llamarlo X mejor jajaj. Un beso y gracias por comentar!

yooyaa: Buenas yooyaa! Bienvenida a Dream! Gracias por lo de atrapante y me gustan las palabras inventadas así que no te cortes :D Espero que te siga gustando la historia. Un beso y gracias!

A pesar de que estamos todos de vacaciones no cuesta nada sacar un pedacito de tiempo para dejar un comentario para animar a la autora :) Así que...comentarios por favor! ;)