Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.

Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?

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CAPÍTULO 16:

- Entonces, ¿lo estás diciendo en serio?

- Que sí, Ben, te lo repito otra vez: los jefes piensan que es una buena idea traer a gente importante para que lo compruebe con sus propios ojos y suelten la pasta. Te recuerdo que es escandalosamente caro mantener a tantos soldados y a todo nuestro equipo.- Explicó pacientemente Anne-Lise.

- No te digo que sea mala idea pero, ¿no es un poco pronto para traer a más gente? Todavía no tenemos la situación del todo controlada, podría haber otro ataque o algo peor…- Insistió Ben.

- ¿Otro ataque? ¿Llamas ataque a que unos chiquillos te hicieran una broma?- Rió sin poder contenerse Anne-Lise.

Dolores y Sabrina recordaron el pequeño incidente que tuvo el chico el otro día cuando visitó el Castillo por primera vez. Estaba ensimismado contemplando los cuadros cuando de repente empezaron a aparecieron un montón de enormes cangrejos que comenzaron a perseguirlo por el pasillo hasta que un profesor pasó por ahí y los hizo desaparecer rápidamente. Ben juraba que no había corrido tanto en toda su vida. No pudieron contener la risa tampoco. El pobre chico se ruborizó.

- Tú también lo llamarías así si te hubiera pasado a ti. Tendré pesadillas con esas tenazas gigantescas persiguiéndome. Por cierto, ¿hoy también tienes clase con el señor vampiro?- Trató de cambiar de tema centrándose en Sabrina.

- Ostras, sí. Y tengo que pasarme antes por la Enfermería para coger los higadillos de rana boreal.- Dijo saltando de la silla y poniéndose el abrigo rápidamente.

- Mmm suena muy apetitoso.- Bromeó Dolores poniendo cara de asco.

- No hay que comérselo, tonta.- Le corrigió entre risas la rubia.- Además, la poción que se consigue es muy útil para curar las heridas. Nos vemos esta noche.- Se despidió saliendo de la caldeada habitación.

Brrrrrr, cada vez hace más frío, pensó arrebujándose más en el abrigo y acelerando el paso para llegar pronto al Castillo.

Cuando atravesó sus puertas agradeció mucho las imponentes chimeneas que mantenían el enorme castillo caliente. Se fue quitando las diversas capas de ropa que llevaba puestas mientras se dirigía a la Enfermería. Dentro se encontraba la Enfermera, de quien se había hecho bastante amiga, atendiendo a un grupo de estudiantes. Una chica que le sonaba pero no recordaba de qué, un alto pelirrojo y otro muchacho de gafas y pelo negro; parecía que estaban preguntándole algo a la Enfermera, quien simplemente negaba tristemente con la cabeza. Cuando se acercó le llegaron retazos de la conversación.

- Lo siento mucho, chicos, pero no puedo deciros nada…

- Pero son nuestros compañeros. Queremos saber si están bien.- Intentó la chica con voz dulce.

- Son órdenes directas de Dumbledore. Cuando él lo decida les dejará reanudar las clases y ya podréis hablar con ellos.

- No puedo creer que Dumbledore sea el responsable de esto, tiene que ser un error.- Murmuró el pelirrojo.- ¿Cómo va a impedir que sus estudiantes huyan de este infierno y encima los tenga en paradero desconocido? No los han vuelto a ver en sus dormitorios, sus compañeros de Casa están asustados…

- Vayamos a preguntárselo.- Finalizó muy serio el chico de gafas.- Nos debe a todos una respuesta. Su comportamiento no es normal.

- No creo que os reciba… Bastantes asuntos tiene en la cabeza como para que vayáis vosotros a importunarle más. Vamos, marcharos ya, tendríais que estar en clase y no perdiendo el tiempo con preguntas.- A Poppy se le había terminado ya la paciencia.

Los jóvenes obedecieron de mala gana y se dirigieron hacia la puerta, donde se encontraba Sabrina. Al verla, los dos chicos la miraron con cierta desconfianza pero la joven sonrió al reconocerla.

- ¡Hola! Parece que al final sí que tuvo suerte con el Profesor Snape, ¿eh?

Al decirle eso, a Sabrina se le encendió la bombilla. Era la chica que la había acompañado al despacho de Snape.

- ¡Ahh! Pues sí, al principio fue un poco reacio pero al final accedió a enseñarme y la verdad es que estoy aprendiendo un montón.- ¿Sabían los estudiantes que una muggle estaba recibiendo clases de Pociones?, se preguntó Sabrina.

- Tiene un carácter un tanto…digamos especial.- Rió nerviosa la estudiante mirando disimuladamente a los lados por si alguien más la había oído.- Pero es uno de los mayores expertos de Pociones del mundo.

Charlaron un poco más sobre Pociones y Hermione, que así se llamaba la estudiante, quedó gratamente sorprendida por lo que había aprendido Sabrina en tan poco tiempo y teniendo en cuenta el hecho de que era muggle. Tuvieron que aparcar su conversación cuando sus dos amigos le recordaron que tenían que irse. La chica les lanzó una mirada irritada puesto que sabía que se estaban aburriendo con tanta cháchara sobre Pociones y por eso querían irse; sin embargo, los tres fueron muy simpáticos cuando se despidieron de ella.

Después de que Poppy le entregara los higadillos estuvieron conversando un rato hasta que Sabrina miró de refilón el reloj y vio que a penas le quedaban un par de minutos para bajar a las mazmorras para su clase.

Tras despedirse apresuradamente salió prácticamente volando de la Enfermería, recorriendo los pasillos y bajando las escaleras tan rápido como pudo. Ya apenas le quedaban un par de pasillos para llegar cuando al girar una esquina vio que no estaba sola.

Desde su posición sólo podía ver las espaldas del alto militar y las caras de miedo de las dos niñas con las que hablaba.

- ¿Qué tenéis ahí escondido? Vamos, sed buenas y enseñádmelo o, ¿acaso queréis que os lleve al campamento?- Con sólo oír su voz supo a quién pertenecía y sintió cierta ira.

Sabrina se fue acercando despacio. Las chicas parecían ser de primer año y trataban de ocultar algo con una manta roja que apretaban fuertemente contra su pecho.

- Déjalas en paz, Burdock. No son más que unas crías, no pueden llevar nada peligroso encima.- Dijo en voz alta Sabrina.

Burdock se dio la vuelta sorprendido y una sonrisa torva se dibujó en su cara.

- Vaya, vaya…¿A quién tenemos aquí? ¿Me habías echado de menos, preciosa? Yo a ti y a tus amigas sí.- La recorrió con la mirada de arriba abajo.- En cuanto termine con estas mocosas nos podemos ir a tomar algo, invito yo.- Dijo con chulería antes de volverse otra vez a las chiquillas.

- Te lo advierto, déjalas en paz.- Repitió enfadada Sabrina acercándose a él. No sabía qué podía hacer para ayudar a las chicas; él tenía un rifle enorme en una mano y ella no tenía más que un paquete de higadillos de rana.

- En cuanto me enseñen qué esconden. Ya me he cansado de jugar, dádmelo.

Todo sucedió en cuestión de segundos. Burdock alargó la mano hacia el bulto que protegían las chicas y se lo arrebató de un tirón. Cuando la manta cayó al suelo, se descubrió lo que ocultaba; un gato blanco saltó asustado con un bufido a la cara del soldado y le clavó las uñas. Burdock gritó del susto y del dolor y levantó los brazos para sacudírselo de encima con tan mala suerte que al levantar el rifle le dio con la culata a Sabrina entre el ojo y la sien derechos.

Del golpe cayó al suelo haciéndose daño en las manos al parar la caída, pero ese dolor no se podía comparar al que sentía en la cara. Parecía que iba a estallarle ese lado de la cabeza y durante unos segundos sólo pudo ver estrellitas sobre un fondo blanco. Cuando por fin empezó a ver de nuevo, vio como Burdock se liberaba por fin del gato arrojándolo al suelo entre los gritos de las chicas y lo apuntaba con el arma tratando de hacer blanco. Una de las niñas sacó temblorosa su varita y trató de lanzarle un hechizo.

Sabrina no sabía prácticamente nada de hechizos pero juraría que el de la niña no había salido bien. Pero fue lo suficientemente bueno como para que una nube gris le cubriera la cabeza a Burdock sin permitirle ver. Empezó a maldecir a las niñas y a amenazarlas de mil maneras diferentes.

Las chiquillas se apresuraron a recoger al gato y se acercaron a Sabrina para tratar de ayudarla a levantarse, pero la joven se dio cuenta de que la nube empezaba a desaparecer, así que era mejor que las chicas desaparecieran de ahí cuanto antes.

- ¡Corred! ¡Marchaos! Buscad a alguien y pedid ayuda.- Les ordenó Sabrina desde el suelo.

Las chicas seguían atemorizadas pero obedecieron. Para cuando la nube hubo desaparecido, ellas ya no estaban. Burdock se volvió furioso hacia Sabrina. La joven sintió que se le encogía el estómago de miedo, pero se fijó entonces en que los ojos del soldado estaban muy rojos y llorosos y parecía que no veía bien lo que tenía delante.

- Maldita seas, ¿ves lo qué has hecho? Aghhh...mis ojos.- Se quejó frotándoselos fuertemente con la mano.- Ya me encargaré de tí cuando sepa qué me han hecho esas jodidas niñas.- Se marchó rápidamente dando pequeños tumbos tratando de no encontrarse con nadie.

Sabrina respiró aliviada aunque todavía seguía temblorosa y dolorida. Se apoyó en la pared para levantarse torpemente y no se atrevió a soltarse hasta que estuvo segura de que no se iba a marear, aunque se encontraba algo débil. Dudó un momento entre volver a la Enfermería o ir al despacho del Profesor Snape y decidió que esto último era lo mejor ya que primero, se encontraba mucho más cerca, el hombre podría darle alguna poción si se encontraba mal y para terminar el camino hacia la Enfermería era el mismo que había tomado Burdock en su huida y prefería no encontrárselo de nuevo. Así que recogiendo el paquete que se le había escapado de las manos en su caída se dirigió al despacho. Para cuando llegó a la puerta ya se encontraba prácticamente recuperada del todo así que decidió no decir nada, dar la clase con normalidad y si acaso, luego ponerse un poco de hielo al lado del ojo, donde aún notaba fuertes pinchazos.

Cuando Snape le indicó que podía entrar tras llamar a la puerta, se lo encontró trabajando sobre un caldero del que salían unas pequeñas espirales de humo. No pudo dejar de apreciar la facilidad que tenía el hombre para remover el contenido y a la par ir añadiendo los ingredientes con sus hábiles manos y unos cuantos toques de varita. Sabrina se sentó en su sitio y depositó en la mesa el paquete de higadillos, pero Snape la ignoró unos momentos más antes de hablar con su aterciopelada voz, algo que no auguraba nada bueno:

- Si la memoria no me falla, la clase debería haber empezado hace veinte minutos.

- Lo lamento, profesor.- Snape había seguido insistiendo en que lo llamara profesor.- He sufrido un ligero…contratiempo viniendo hacia aquí.

- No me interesan sus excusas, señorita. Lo único que me interesa es que no vuelva a hacer perder mi tiempo.

- No volverá a ocurrir…Lo siento.- Sabrina suspiró. Lo que le faltaba, una bronca después de la pelea en que se había metido, pensó mientras se apartaba el pelo de la cara.

- ¿Qué es eso?- Snape había levantado por fin la mirada de su caldero y la tenía clavada en su rostro, con el ceño fruncido.

Sabrina se volvió al espejo que había colgado a su izquierda y pudo ver su reflejo. Tenía el rostro más pálido de lo normal, con lo que el moratón que le había aparecido sobre el ojo y la sien destacaba mucho. La verdad que no tenía buen aspecto.

- Es el contratiempo del que hablaba.- No le apetecía mucho contarle lo que había pasado, seguramente se reiría de su mala suerte.

Sin embargo, Snape se levantó de su asiento y se acercó hasta ella para luego acuclillarse y ponerse a su altura. Sabrina se sintió ligeramente incómoda por la cercanía del hombre; pero él lo ignoró en el que caso de que se hubiera dado cuenta y tomó su cara entre sus manos y la giró levemente para tener una mejor visión del golpe. Notaba los dedos posados en su barbilla y cómo le retiraba el pelo con delicadeza para ver mejor.

- Ha sido un buen golpe, le tiene que haber dolido bastante.- Murmuró mientras pasaba los dedos por el contorno del moratón.

- Ha habido un momento en que pensaba que me había roto la cabe…¡Ay!- Pegó un respingón cuando tocó la zona dolorida.

- Si duele es buena señal.- Dijo Snape a modo de "disculpa".- Voy a aplicarle una pomada para que se desinflame y para el dolor. No se levante.

Cuando volvió con ella llevaba un tarro transparente donde había una sustente gelatinosa de color azulado. Cuando se lo comenzó a extender con suaves movimientos circulares Sabrina notó que estaba muy frío pero en seguido notó cómo el dolor iba desapareciendo. Qué alivio.

- Y dígame, ¿cómo se ha dado semejante golpe? Por sus características deduzco que no se lo ha podido hacer usted sola o chocando contra algo. ¿Con quién se ha peleado?- Preguntó con cierta burla mientras seguía repartiendo la pomada.

- Creí que había dicho que no le interesaban los detalles de mis excusas.- Contestó molesta la muggle.

- Pero eso era antes de saber que ha andado peleándose con alguien. La curiosidad me está matando.- Siguió con la ironía.

- Pues me temo que tendrá que aprender a convivir con la curiosidad.- Cuánto le molestaba que se burlara de ella.

- No lo creo.- Contestó Snape antes de girarle la cara otra vez hasta que sus ojos estuvieron a la misma altura.

Esta vez tuvo mucho más cuidado recordando la sensibilidad de la joven a la Legeremancia. En seguida encontró lo que buscaba. Vio a la joven dirigirse con prisa a su despacho, el encontronazo con su viejo "amigo" Burdock y las estudiantes de primero; el gato, el golpe, el hechizo, la mirada de odio del soldado, las manos raspadas al detener la caída… Con eso ya tenía suficiente.

- Va a tener muchos problemas con los suyos si sigue tratando de ayudar a todos los magos que ve en problemas por culpa de los muggles…- Dijo sin el tono burlón ahora.

- ¿Qué…? ¿Pero cómo lo sabes? No lo entiendo…- Sabrina sentía como si se hubiera quedado traspuesta por unos segundos; pero ahí tenía a Snape, tan cerca, con los ojos clavados en ella con una mirada extraña.

Snape no le contestó, se incorporó y fue a su despensa para reaparecer al poco con otro tarro, esta vez el contenido era blanco y olía a varias flores que Sabrina no sabía identificar.

- Las manos.- Pidió Snape mientras se sentaba frente a ella.- Déme sus manos.

Sabrina se las tendió y se sorprendió cuando él las tomó entre las suyas y les dio la vuelta, dejando las palmas con restos de sangre por las pequeñas heridas al descubierto.

- Pero…¿cómo lo ha sabido?- Preguntó boquiabierta la joven.

- No creerá que le voy a revelar mis secretos tan a la ligera, ¿no?- Contestó evadiendo la pregunta mientras empezaba a masajear las manos de Sabrina. Se veían muy pequeñas y finas dentro de las grandes y largas de él.

Sabiendo que no iba a obtener más respuestas de él, decidió centrarse en el masaje y en la pomada.

- ¿ Qué tipo de pomada es?

- Es un producto muy versátil y útil. Sirve para casi cualquier tipo de heridas superficial. La elaboraremos en unos días.- Contestó Snape, concentrado en las menudas manos que tenía entre las suyas.

Cuando por fin terminó con ella, ya casi había finalizado el rato que Snape le tenía reservado para sus clases, así que decidieron dejarlo para el día siguiente. A Sabrina en aquella ocasión no le importó, estaba desando llegar a su cuarto y tirarse larga en la cama para descansar.

En aquella ocasión, Snape la acompañó hasta la puerta pero antes de dejarla marchar, la tomó por el brazo.

- No soy muy dado a dar consejos a los demás, pero en este caso haré una excepción.

Sabrina le miró con duda en sus ojos claros.

- Lo que le he dicho antes iba en serio. A los muggles no les gustará que interceda por nosotros y menos si contravienen las órdenes de sus superiores; se puede ganar muchos enemigos entre los suyos.

- Yo sólo hago lo que considero correcto.- Se defendió Sabrina.

- Y es muy loable y todo lo que usted quiera.- Dijo Snape poniendo los ojos en blanco.- Pero también tiene que tener en cuenta que por mucho que simpatice con nosotros y trate de ayudar, aquí tampoco va a encontrar muchos amigos. En cualquier momento de debilidad o confusión podrían lanzarle un hechizo por la espalda.

- No me está diciendo nada que no sepa.- Contraatacó la chica.

- Pues creo que a veces lo olvida. Mi consejo es que no confíe en nadie, y ahora ni siquiera en los suyos.

Clavó otra vez sus ojos negros en ella, pero esta vez Sabrina no se dejó amedrentar. Con delicadeza soltó su brazo del agarre del profesor.

- Le agradezco mucho sus consejos, pero creo que ya soy mayorcita para saber lo que debo y no debo hacer.- Abrió la puerta para salir.- Muchas gracias por curarme lo del ojo y las manos, ha sido todo un detalle.- Tras una breve sonrisa salió cerrando la puerta.

Cuando se hubo quedado solo, oyó una tosecilla proveniente del espejo donde antes se había examinado la muggle. Severus, temiéndose a quién pertenecía esa tos se dirigió al espejo.

- ¿Qué se supone que estás haciendo aquí? ¿Ahora no me voy a poder descansar de ti ni en mi despacho?- Preguntó con sarcasmo poniendo los brazos en jarras.

- Hacia días que no te veía y ya estaba preocupado por ti.- Respondió su reflejo con cierto tono de reproche.

- Agradezco tu preocupación pero ya ves que estoy bien y bastante ocupado, gracias.

- Sí, ya he visto que estabas ocupado, sí.- Contestó el reflejo con una sonrisa burlona.- ¿Has dejado tu puesto de profesor y ahora te dedicas a dar masajes a damiselas doloridas?

- ¿Has estado espiándome?- Preguntó el Snape de carne y hueso con un tono peligroso.

- No, no…ha sido casualidad…Cuando he venido ella acababa de llegar y no quería interrumpiros.- Intentó convencerle.- Si te interesa mi opinión, no está nada mal para ser una muggle y se nota que le caes bien.

- Resulta que tu opinión me es indiferente y me parece que como celestino te morirías de hambre. Ahora, lárgate. Tengo que ir a hablar con Dumbledore.

- Está bien, como tú digas.- Parecía que iba a desaparecer por fin cuando dejó caer a modo de despedida.- Por cierto, me ha gustado mucho cómo te ha sonreído antes de marcharse.- Y desapareció antes de que Snape le lanzara cualquier conjuro.

Lo que le faltaba. No sólo tenía que aguantar los intentos casamenteros ocasionales de Dumbledore, sino también los de su reflejo. Tenía que reconocer que tenía una sonrisa bonita y que su presencia no le desagradaba en exceso, pero…seguía siendo una simple muggle, a la que sospechaba que perseguían los problemas y que en ocasiones se le revolvía y le devolvía los comentarios ácidos que él solía lanzarle. Puede que reaccionara a la magia mucho mejor que la mayoría de los muggles pero tampoco era el único caso. Que no le cayera tan mal como hubiera sido normal en él a hacer caso a su reflejo había un largo trecho. No tenía tiempo para mujeres y menos para una chica como aquella, concluyó sacudiendo la cabeza y riéndose de sus propios pensamientos.

Pero ahora tenía que centrarse en Dumbledore. Por supuesto, iba a comentarle lo que había sucedido entre Sabrina y Burdock y luego tenían que tratar el asunto de los alumnos castigados por tratar de huir.

Aún le quedaba una tarde muy larga por delante.

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Alexza Snape: Buenas! El comportamiento de Dumbledore ha sido un poco inesperado no? Yo creo que tiene una buena razón, confiaremos en el ;) Muchas gracias por tus palabras y por comentar! Besos!

Paladium: Hola Paladium! Jajaj bueeno, igual es un poco peligroso para ella pero estar en Hogwarts bien merece la pena el riesgo no? Gracias por comentar! Besos!

Andy Black Riddle: Holaa! Aibaa...no me acordaba que vamos al revés en cuanto a las vacaciones ^^ A mí se me acaban pronto ya...Sí, un poco desesperante sí que es ver que ha actuado así, pero sus buenas razones tendrá, no? Gracias por tu comentario! Un beso!

A los demás lectores os doy las gracias también por seguir la historia y espero que os siga gustando porque aún hay para rato ;D

Animaros a dejar un comentario, que será muy bien recibido! :)