-Capitulo 2: Olvidándote I
Sherlock corrió hasta la casa de su abuela con una enorme sonrisa y con un pequeño anillo hecho con una flor sobre su dedo, burlo nuevamente a su hermano mayor y entro a su habitación cerrando la puerta detrás de él, respiro profundamente para calmarse pero la sonrisa en su rostro no se iba.
Se acerco hasta la ventana observando como el sol terminaba de ocultarse entre el bosque.
-Que idiota no le pregunte su nombre –se dijo el pelinegro, pero no le dio mucha importancia, mañana sin falta se lo preguntaría.
Al poco rato fue al comedor a cenar, tubo que disimular su felicidad, no le gustaba que los demás se entrometieran en su vida, en especial Mycroft, quien creía que podía meterse en cualquier asunto que lo relacionara a él, para su molestia.
Como si nada hubiera pasado, como si no hubiera conocido a su primer amigo comió su cena (entre miradas de reproche de su hermano) y después regreso a su cuarto, deseando que la noche terminara pronto para volver a ver a su rubio amigo.
A la mañana siguiente, se levanto con mas ánimo de lo acostumbrado, desayuno lo más rápido que pudo, la abuela Holmes prácticamente lo obligo a comer, alegando que mientras estuviera bajo su techo comería apropiadamente, después sin esfuerzo evadió otra vez a su hermano y fue a encontrarse con su amigo.
Al llegar a l lugar donde se habían conocido no encontró a nadie, se sentó en el pasto en espera del rubio, pasaron los segundos, minutos y horas pero él nunca apareció.
-¿Y si él nunca existió? –se pregunto temeroso recostándose en el verde pasto. – ¿Y si todo lo imagine?
Sherlock ya lo había experimentado una vez, la soledad en ocasiones puede ser una gran amiga pero en otras puede llegar a hacer tu peor enemiga. Se levanto inmediatamente del pasto, como si este le quemara.
– ¡No! El estaba conmigo ayer, lo encontrare –se dijo decidido, y lo lograría porque Sherlock Holmes siempre lograba lo que se proponía.
Y con ese pensamiento en su mente, fue al pueblo a buscar al niño, y aunque ese díano lo encontró, ni el siguiente no se rindió.
Así Sherlock paso todas las vacaciones buscando a su rubio amigo, cuando no estaba en el bosque esperándolo estaba en el pueblo buscándolo, incluso ya desesperado le pregunto a su abuela sobre el (porque a pesar de lo muy desesperado que estuviera nunca le pediría ayuda a Mycroft) pero a falta de un nombre no pudo ayudar a localizarlo.
El último día de vacaciones, Sherlock fue al bosque con un libro en sus manos, lo abrió sacando de entre sus páginas una pequeña bolsita de plástico, dentro de esta tenía su tan preciado anillo, se prometió que lo encontraría, lo buscaría por todo el mundo si era necesario, solo para volver a verlo sonreír.
Nada de esto paso desapercibido para su hermano mayor, al principio se le izo extraño el comportamiento del menor por lo cual comenzó a investigar por su cuenta porque al parecer Sherlock no le diría nada.
Siguió cada uno de sus movimientos, era obvio que buscaba algo o alguien aunque esto último era menos probable, veía a Sherlock correr por el pueblo y en ocasiones quedarse todo el día en el bosque, cuando estaba a punto de encarar a su hermano y obligarlo a decirle que le pasaba lo vio hablando con la abuela en el jardín, siguió cada uno de sus gestos hasta que dio la media vuelta y se fue cabizbajo, después de perderlo de vista se acerco a la abuela Holmes.
-Hola abuela –dijo casual parándose frente a ella, la abuela Holmes se encontraba cómodamente sentada en una bonita mecedora de madera.
-Hola Mycry –le contesto en el mismo tono.
Antes que Mycroft pudiera seguir con la plática, la abuela levanto una mano frente a él para indicar que guardara silencio.
-Se a lo que has venido, te he visto seguir al pequeño Sherly por todo el pueblo, aun te falta afinar un poco mas tus habilidades de observación querido.
Mycroft no se sorprendió, después de todo era la abuela Holmes.
-Eres un buen hermano Mycroft –le sonrió a su nieto. –Aunque nuestro querido Sherly no piense lo mismo –rio ante lo último.
Mycroft intento calmar sus emociones, él quería mucho a su hermano, era por eso que siempre estaba al pendiente de cada paso que daba, eso y su facilidad para meterse en problemas, a pesar de la diferencia de edades (siete años para ser exactos) había ocasiones que se toleraban el uno al otro y otras en que no se podían ver ni en pintura, como la vez que Sherlock declaro que Mycroft era su archí-enemigo, a pesar de todo siempre cuidaría a su hermano.
-¿Qué esta buscado?
-Nada.
Mycroft frunció su seño, al parecer su abuela no se lo iba a poner fácil, si no estaba buscando algo entonces…
-¿A quien busca?
La anciana le mostro una sonrisa cómplice antes de contestarle.
-A un niño –si la actitud de su hermanito le parecía extraño esto era aun más raro. –Al parecer mas pequeño que el –continua la señora ignorando la confusión de su nieto. –según la descripción que me a dado, imagino que a lo mucho un año menor, rubio, moreno y de ojos azules.
Esa información no le servía de mucha ayuda al mayor, podría ser cualquiera del pueblo.
-Lo demás investígalo por tu cuenta Mycry, te has vuelto muy perezoso –le reprocho la abuela Holmes, después se levanto de su asiento para entrar a la mansión. –Y no te olvides de contarme los detalles.
Ya solo, Mycroft repaso la nueva información, un niño, su hermano estaba buscando a un niño.
¨Debe de tener algo especial para captar la atención de Sherlock¨
Pensó Mycroft intrigado, días después su investigación dio frutos, unió todas las piezas y descubrió la identidad del niño rubio antes que su hermano, John H. Watson, hijo de un militar condecorado y una humilde ama de casa, hermano de una chica con problemas de identidad sexual.
También descubrió que hace una semana y media que la familia dejo el pueblo, se fueron de un día para otro y nadie sabia la causa de la repentina partida, bueno, casi nadie, Mycroft descubrió la historia de principio a fin, incluso el papel que su hermano tuvo en ella.
Al parecer la señora Watson engaño a su esposo, lo que provocó que naciera un pequeño de cabellos rubios, seis años después el esposo se entero y enfrento as u esposa, las discusiones se hicieron mas fuertes, la madre culpaba al niño, el padre culpaba a la madre, toda una telenovela (según Mycroft) un día de los muchos que el pequeño huía al bosque se encontró con su hermano (cuando este se escapo de su vista), esa misma tarde su padre fue a la guerra y al día siguiente la madre y ambos hijos se fueron del pueblo.
Lo que no lograba entender era por qué Sherlock tenía tanto interés en el niño, no había nada especial en el, venia de una familia común y corriente con problemas comunes.
¨Solo es un capricho¨
Se dijo Mycroft después de descifrar todo, no le conto su descubrimiento al menor, pensando que después de unos días se olvidaría de él, aunque en el fondo esperaba que no, ese niño con tan solo estar un día con Sherlock había logrado cambiarlo, tal ves no tanto para que las personas ¨comunes y corrientes¨ lo notasen, pero si lo suficiente para que él lo notara.
En ese mismo momento vio como Sherlock pasaba corriendo asu lado para ir al pueblo… de nuevo, Mycroft suspiro y se fue a la biblioteca a leer, esperando que no hubiera cometido un error al no decirle nada a Sherlock.
