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Se estiro con pesadez, con cansancio. Sonrió al ver que era su turno de marcar hora de salida, y casi brinco de emoción, pensando seriamente en comprar sushibolas para cenar. Se sonrió ampliamente, saboreando aquella comida mientras estiraba su mano a por su tarjeta para marcar, y casi dio un gritito luego de marcar, yendo con toda la alegría del mundo a por su abrigo negro y su sombrero. Se saco las llaves del auto del casillero y lo estrello con fuerza, en un gesto alegre.
— ¡Hasta luego Stark!— Canturreo, saliendo a paso alegre de aquel lugar, corriendo un largo pasillo risueñamente. —Sushibolas, sushibolas para cenar, oh si, ¡sushibolas!
— ¿Ya te vas, Ann?— Un joven guardia le sonrió mientras ella dejaba sus llaves en una cajita, donde luego puso su teléfono móvil y sus llaves a la mesa, asintiendo alegre. —Espero que tengas un bonito día, diviértete en lo que queda de la ciudad.
Y Ann solo río. Paso por el detector de metales con rapidez y tomo sus cosas en un movimiento hábil. No era muy dada a hablar con la gente del trabajo, por lo que ella se limitaba a asentir o negar con la cabeza, pero siempre mostrando una pequeña sonrisa. Sonreír era bueno, o al menos eso le decían cuando era pequeña.
Se subió a su pequeña "combi", esas que estuvieron muy de moda en los años 60´, y se aseguro el cinturón. Encendió su radio, haciendo sonar un poco de rock, e inicio el viaje a casa por la destartalada parte de Nueva York. Ella trabajaba en la torre Stark desde hacia un par de meses, justo después del incidente alienígena que, para su mal gusto, vivió de cercas.
No podía quejarse de la paga, era buena, y los horarios flexibles, cosa conveniente para ella. Quizás lo único fastidioso era que, a momentos, cosas desaparecían de las áreas de trabajo y siempre aparecía esa mujer pelirroja a decir que el señor Stark había tomado aquello para sus trabajos. Pues bien, que se le podía hacer, era el jefe.
Ella vivía algo alejada de la torre Stark, no porque quisiera, sino porque el departamento donde viviría originalmente fue destruido por un leviatán alienígeno con armadura gigante. Así que, lo más barato y decente que pudo conseguir, estaba a varios kilómetros de su zona de trabajo, pero, al menos era algo. Todos los días hacia el recorrido por la vena principal de la ciudad rumbo a la torre Stark, y de regreso hacia su departamento al salir. Pero ese día, tenía ganas de cenar sushibolas, y Dios bendito que eso iba a cenar.
Se desvió de su trayectoria común, y aparco frente a un restauran de comida japonesa. Bajo canturreando su canción sobre la ya mencionada comida, y entro con una gran sonrisa. Ordeno su cena, una muy amplia y variada, para luego de pagar volver a su automóvil. De vuelta el radio se encendió, esta vez, música japonesa comenzó a sonar. Rock, y ella sonrió cantando avivadamente junto con el vocalista.
Reversa, al frente, de nuevo reversa, y el automóvil volvió al camino con rapidez. Ella sin notarlo, presiono el acelerador acorde a la música, cantando sobre tierra y cadáveres, y acelero. Su comida se volteo y cayó al suelo. Maldijo por lo bajo y se estiro como pudo, sin dejar de ver el camino, y alzo su comida de vuelta a su lugar. Bien, ningún accidente. Sonrió triunfante… y luego quedo ciega.
Una fuerte luz la encegueció, presiono el acelerador, realizo manobras, maldigo, gruño y freno. Al frenar se derrapo, el pequeño automóvil, tan ligero que entre cuatro personas podían moverlo con facilidad, giro en la pequeña calle y entonces, justo en su ventana, algo se estrello de lleno. Chillo asustada, y el auto quedo estático.
—Dios mio, que no sea lo que creo…— Chillo, casi llorando, frotando sus ojos para dejar de ver esos puntitos blanquecinos, y saco de su bolsillo su móvil, marcando rápidamente. —… ¿Operadora? C-Creo que eh tenido un accidente… perdí el control… n-no, estoy bien…— Bajo lentamente, temblorosa, y camino por el suelo. El asfalto estaba derretido, formando algo extraño, un símbolo raro, pero su vista se clavo en otra cosa.
Frente a ella, tirado a un par de metros de su automóvil, estaba un hombre con un pantalón negro todo sucio y rasgado, raspado, y una camisa verdosa hecha tirones. Llevaba un extraño bozal a la boca y sus manos estaban atadas. Su pálido rostro estaba sucio y sangraba de la cabeza, el cabello negro estaba enmarañado y pegado a su piel donde la sangre brotaba.
La chica cogió una gran bocanada de aire, corrió y se dejo caer de rodillas frente aquel hombre, con las manos temblando tomo su ritmo cardiaco, poniendo sus dedos en su pálido cuello. Casi no se sentía. Genial, se había cargado a un tipo.
— S-Señorita, todo eso de la calma es muy interesante— Dijo al borde de un colapso nervioso. —, pero parecer que golpee a alguien y él, créame, que con la sangre que ah perdido… esta muy calmado…
Bueno, muchas gracias por leer. En verdad se agradece eso y el tiempo que dedican a esta idea. Quiero aclarar que, yo no sabia que tanta gente arrollaba a Loki en sus fics, y pensé en modificar eso pero... Ya no habría chistes contra el pobre de Loki mas adelante... Así que se quedo.
Bueno, muchas gracias de nuevo y se agradecen comentarios. Moores fuera!
