Despierto
Su cuerpo dolía horrores, el pecho le pesaba al respirar y su pierna dolía tanto que casi extraño a aquella serpiente que escupía veneno a su rostro. Un sonido le hacia perder los estribos, una especie de pitido, gruño fastidiado. Le ordeno a sus parpados abrirse, pero no hicieron caso, y tampoco les obligaría. Agudizo su oído, para escuchar más allá de ese horrendo pitido, y oyó pasos. El sonido de zapatos de suela gruesa chocar contra el suelo. Alguien recorría su propio camino en círculos, como se hace cuando hay angustia. También oyó la voz de una doncella, nerviosa y preocupada.
— ¿C-Cómo pude ser tan torpe?— Se cuestionaba, casi al borde de los nervios. O eso creyó él, pues no era capaz de razonar bien. Estaba aturdido. —… p-pude matarle… ¿C-Como diablos pude hacer eso? ¡Q-Quedar cegada por una luz que nadie más vio! ¡M-Me eh vuelto loca, sin duda!
"Sin duda, más si hablas sola", pensó él. De nuevo ordeno a su cuerpo a reaccionar logrando ponerse semi erecto, apoyando en sus brazos, y abrir sus ojos, pero volvió a cerrarlos cegado por la luz pálida. Oyó esos pasos acercarse a él con velocidad, y una mano en su hombro volvió a tumbarlo.
— ¡Oye! ¿Es que eres suicida, o que demonios?— Le pregunto esa voz, esta vez más segura. —No puedes levantarte, no estas bien… ¡Dios! De hecho, es una suerte que estés despierto luego de haber sido arrollado…
Luego de parpadear mucho, oyendo esa voz, abrió sus ojos esmeraldas y vio a una mujer morena, joven, de cabello y ojos oscuros. Ella, al sentir su mirada, sonrió levemente, aun que no del todo convincente. Acerco una silla y se sentó a su lado, mirándole sin perder esa sonrisita.
—El doctor dijo que estas bien, solo tienes una costilla y la pierna izquierda rota, pudo ser peor— Él no dijo nada, le mantuvo la mirada fija. Lucia molesto, enfurruñado. "¿Y como no? Lo acabas de atropellar", se recordó a si misma. —. Mañana te darán de alta, ¿quieres que le avise a alguien? ¿A tu esposa, novia, hermana, mamá? ¿A lo equivalente a lo anterior pero en masculino?
Ella rio de su propio comentario, pero él le miro con acides. Logro inmediatamente que la risa cesara. Él sonrió levemente al ver que la había asustado, pero en lugar de eso, ella frunció el ceño, torció un gesto, y se cruzo de brazos.
—Odias la amabilidad. Bien, por mi perfecto. No soy fan de ella. ¿Quieres que le diga a alguien o que diablos?— Dijo ella, y esta vez él se vio sorprendido, pero sonrió.
—No tengo familia— Contesto, seco, frio. —. Y no necesito tu amabilidad, mortal.
—Vale, mortal, claro— Ella le arqueo una ceja. —. Al menos, tienes nombre, ¿no? Así sabré a donde diablos enviarte… Ya, deja— Se apresuró a agregar al ver la cara de frialdad del hombre. —No lo tomes a mal. Pero casa debes tener en algún lado, y lastimado, mínimamente puedo llevarte hasta ahí, ¿no crees? Venga, yo soy Angie Jones, la chica que te atropello en un momento de ceguera.
Ella extendió su mano, con una sonrisa de lado. Él le miro la mano, y luego la miro a ella. Se estuvo de tomar su mano, e inclino levemente la cabeza, sin apartar sus ojos esmeraldas de ella.
—Loki… Loki Laufeyson— Su tono de voz era oscuro, pero no pareció incomodar a la chica que solo dijo, grandioso nombre, y se levanto.
—Bien, pequeño travieso— Ella se levanto de la silla y le sonrió mientras él arqueaba una ceja con cierto descontento por como le llamo. —, te traeré algo de comer, algo realmente bueno y no la basura de hospital.
Se dio media vuelta y se alejó, desapareciendo por la puerta. Loki que había mantenido cara de corderito, sonrió ampliamente, y su mirada se oscureció un tanto. Llevo su vista hacia la ventana, pero dejo de sonreír.
Estaba en Midgar. Estaba ahí… y estaba sin poderes. Maldigo mentalmente al Padre de todos, y cerro sus ojos. Debía encontrar un modo de recuperar su magia para poder alargarse de ese mundo tan patético. Pero, por mientras necesitaba un lugar donde esconderse, y esa mortal parecía lo suficientemente idiota como para ayudarlo. La usaría un rato, y luego, cuando se aburriera, la mataría…
—Ni un solo maldito Loki Laufeyson en el directorio— Bufo, golpeando su frente en la pared. Una enfermera le miro con cara de espanto, pero la muchacha le ignoro, en lugar de eso fue hasta la recepción a hablar con la enfermera, explicando la situación.
— ¿Sin familia, eh?— La enfermera, robusta y mayor, negó con la cabeza, chasqueando la lengua. —Si fuera un vagabundo, lo enviaríamos a algún albergue o algo así… pero da la casualidad de que no es vagabundo y los albergues están llenos.
—Le mandaran a la calle, ¿cierto? ¡Mierda! Estúpidos golpes de moral…
