Sin Rumbo

No supo cuando se quedo dormido, pero lo había hecho. Había dormido. Extrañamente, eso se había sentido muy bien. Había olvidado que era dormir con paz y calma, sin esa constante sensación de que estas siendo vigilado o en peligro. Ya se había habituado a la luz lastimeramente blanca, pero eso no significaba que le gustaba tenerla directamente sobre su rostro. Luego de que aquella muchacha se hubiera ido de la habitación, la tal Angie, él había observado todo. Y meditando.

Se había dado cuenta de que estaba conectado a aparatos que emitían sonidos al ritmo de su corazón, que tenia atendido un golpe en la cabeza, que un extraño liquido era introducido en su cuerpo con una manguera y algo afilado que debajo de su piel; que su pierna rota estaba envuelta en algo blanco y duro que le impedía moverla, que la comida que le era facilitada era realmente mala –desabrida- y que ya todos sabían que se llamaba Laufeyson, pues todos se referían a él de ese modo en especifico.

El sonido de la puerta al abrirse, le saco de su ensimismamiento, y la tal Angie apareció con una bolsa de papel. Toco la madera de puerta, aunque ya estaba abierta, y fue a sentarse al mismo lugar que esa mañana. Dejo la bolsa cuidadosamente, todo bajo la atenta mirada, fría y calculadora, de Loki. Este la evaluó mientras ella rebuscaba algo en la bolsa. Por ahora él estaba débil y ella parecía preocupada por él, seria algo bueno para él. Eso ya lo había descubierto, pero ahora necesitaba notar como explotarla, como controlarla.

—Te traje un subway italiano, espero te guste— Ella le tendió un bultito blanco, que él tomo y lo abrió, descubriendo que era comida y que lucia algo extraña. Ella se rio. —. Pareciera que jamás has visto uno, anda, comételo. No te matara ni nada, es rico.

—No me apetece— Espetó Loki, dejando aquella cosa sobre la mesita que una mujer vestida de blanco había dejado para él hacía rato. La chica arqueo una ceja y asintió, apoyándose en el respaldo de la silla.

—No te lo comas entonces— Se encogió de hombros y le dio un mordisco a su propia comida, una bola café. —. A ver, Loki Laufeyson, ¿de donde eres?

Él frunció el ceño, con desconfianza. ¿Qué le interesaba a ella de donde era? Le dedico una mirada frívola, cargada de amenazas silenciosas, a lo que la chica arqueo una ceja con incredulidad.

—Bien, bien… Estamos menos comunicativos ahora. Bien, deja te dijo como van a suceder las cosas…

—No es de tu interés, ni de nadie, el lugar de donde procedo— Loki le corto, con autoridad, mostrándose irritado. Odiaba que las criaturas inferiores quisieran decirle "como iban a suceder las cosas", como si pudieran manejarle a él. Como si pudieran someterlo…. Someterlo…

Su mirada se ensombreció sobremanera cuando recordó lo ocurrido en Asgard. Su vergüenza publica, su humillación, su castigo cruel… Perder sus poderes. Los necesitaba, debía encontrarlos. Conociendo al Padre de Todos, los habría puesto por ahí, cercas de él, para que los viera, los quisiera y no pudiera tenerlos hasta que "aprendiera su lección". Soltó un resoplido de mala gana y volvió a fijar sus ojos esmeraldas en la chica que le miraba preocupada, seguramente por la expresión de su rostro.

—No lo es— Repitió. —… Prefiero mantener aquello para mí. Que te baste saber que soy Loki Laufeyson, es todo…— Y no era una verdad a medias, y suavizo sus facciones, en una falsa mueca de dolencia, de angustia, lo cierto es que. La muchacha le miro, para luego suspirar y poner un rostro suave, casi con culpa.

—Bien… Pero si a esas vamos, yo voy por estas— Loki le miro ligeramente sorprendido por ese susurro calmado. Ella le miro y bufó. —. Si no me das un buen motivo para ayudarte, lo que ocurrirá es que si no me dices de donde eres y porque diablos no quieres volver ahí, te enviaran a un albergue o algo peor y no podre ayudarte. Ahora, si te abres conmigo, podre hacer algo.

Loki le miro con una frialdad asesina, que ella sostuvo con fastidio. ¿Qué diablos se creía esa mortal que era? Los mortales eran estúpidamente engreídos. Tuvo el impulso de herirle con lo primero que pudiera. Bufó con irritación y volvió la vista a la ventana, con gesto de malas pulgas, a lo que ella bufo con pesadez.

—Bien, supongo entonces que…

—No quiero volver— Susurro con suavidad, con sus ojos verdes fijos en las nubes esponjosas del cielo. No ocupaba decirle todo, asi que solo diría una pequeña, diminuta, porción de la verdad. —. Estoy huyendo de casa...

La muchacha le miro un segundo, y luego asintió, aun si él no le miraba. Sin decir nada dejo la bolsa de papel en sobre el regazo del hombre y salió a pasa rápido, cerrando con candado la puerta tras ella. Él, luego de unos segundos en silencio y calma, miro el interior de aquello y se encontró con… su ropa.

Miro su pantalón negro y recto doblado junto a su camiseta negra de tirantes, la que solía llevar debajo de su armadura, y un abrigo nuevo, que en definitiva no era suyo. Se sentó correctamente en la cama y como pudo se vistió, con el intenso dolor en las costillas disminuido notoriamente.

La parte que más se le complico, fue ponerse los pantalones de nuevo. No podía inclinarse, porque las costillas le mataban, y no podía ponerse el pantalón porque aquella cosa blanca le entorpecía los movimientos de la pierna, y pronto se frustro, maldiciendo por lo bajo, mientras intentaba ponerse aquella prenda.

Sus ojos esmeraldas se clavaron en la puerta cuando la chica entro. Se miraron unos segundos, y ella solo soltó un suspiro caminando a grandes zancadas hasta ponerse de rodillas delante de él, comenzando a subir el pantalón con cuidado, acomodándolo sobre el yeso, y luego se lo sujeto a las caderas con firmeza, bajo la mirada fría e irritada del hombre. Sin decir nada, tomo el largo abrigo y se lo paso por los brazos, acomodándoselo con cuidado.

—Te falta una bufanda— Ella le sonrió. —, una verde, para que vaya con tus ojos, hermanito— Loki le miro confundido, pero ella solo le sonrió y le paso unas cosas metálicas largas, como triangulo muy estirado. Ella misma la coloco bajo los brazos del dios, comenzando a hacerlas de una medida apropiada para él. —. Si alguien te pregunta, eres mi hermano. Diferente padre, misma madre. Apóyate en mí, vamos...

—No te necesito— Le espetó, apoyándose el mismo en aquellas cosas, comenzando a andar con cuidado.

La chica solo se encogió en hombros y tomo su bolso. Ambos recorrieron el pasillo en silencio, hasta el elevador. En ningún momento durante el descenso, intercambiaron una palabra o mirada. Loki se limito a apoyarse en el respaldo con el gesto irritado como pegado a la cara, mientras comenzaba pensar en su plan. Pero… ¿Qué plan?

Ciertamente no le hacia gracia no tener su magia. Quería recuperarla, tenerla, poseerla con todos los beneficios que eso llevaba, pero, una vez que recuperara su magia, ¿qué haría? ¿A dónde iría? A Asgard no, no podía volver, no quería volver… no tenia ánimos de parase frente al Padre de todos y de su "madre". Tampoco le era apetecible aceptar que era parte de la población de Jotunheim y volver ahí como el príncipe heredero al trono. En realidad, si le preguntaban, ya no quería nada de nada.

Tal vez, si él quería ir por ahí a recuperar su magia, era solo porque se sentía incompleto sin ella. Era como si le hubieran quitado una parte muy intima de él, muy privada. Casi como si lo hubieran ultrajado, pero no tenia ninguna otra intención aparte de esa. Se sorprendió de si mismo al no tener la creciente necesidad de ir a dejar caer su ira ciega sobre su estúpido hermano. En realidad, de no tener siquiera una ira que dejar caer. "Has tocado fondo", se dijo a si mimo, ", lo has tocado y ahora estas desorientado, es todo."

Tan sumergido había estado, que no noto como salieron de aquel trasto cuadrado que servía más que las escaleras, ni cuando caminaron hasta la recepción donde la chica firmo papeleos y recibió botecitos blancos con etiquetas de letras muy pequeñas, más muchas indicaciones. Acto seguido, ella se volvió a él, haciéndole una seña para que le siguiera fuera del lugar.

Era de noche, y hacia algo de frio. Agradeció aquel abrigo, aunque no lo diría en voz alta, y siguió a la muchacha hasta una especie de automóvil de forma larga, casi cuadrada, con los bordes redondeados. Era obvio que era para varias personas. Ella abrió la puerta lateral, corrediza, y metió ahí los muchos papeles para dejarla en la silla junto con aquellos botecitos, para luego abrir la puerta delantera.

Sin pedir autorización u ofrecer su ayuda, tomo a Loki de un brazo y le ayudo a montarse en aquel automóvil, le paso el cinturón de seguridad por el pecho y se lo seguro. Él bufo irritado, arqueando una ceja, y ella paso hasta el otro lado, para subir y encender el automóvil luego de colocarse el cinturón.

Ella condujo en silencio un largo rato, mientras Loki miraba a su alrededor con sorna, la ciudad parecía estar intacta. ¿Cómo era posible que en menos de 3 meses ya estuviera completamente reconstruida? Eso le hizo sentirse enfermo.

Sus ojos escudriñaron a los midgardianos que caminaban a su alrededor, estudio sus ropas, sus cabellos, sus modos de andar, lo vio todo y sintió una punzada en la boca del estomago. El pensar que él también debía comenzar a vestir así, lucir así, ser así, le provocaba un fuerte malestar en cada fibra de su ser.

Sus ojos fueron a parar al gran edificio gris, de unos ocho pisos, durante un segundo antes de perderlo de vista, pues se introdujeron en un sótano donde había más de esos trastos con ruedas. La chica dejo el suyo en una zona cercas de otro de esos elevadores. Ella le bajo, sin preguntar ni decir nada lo tomo de nuevo con cuidado, ayudándole a bajar, y lo guio al interior de aquello. Ella llevaba aquellos papeles en las manos y presiono el numero ocho en aquel tablero.

—Vivirás conmigo un rato— Loki la miro, arqueando una ceja. —. Se lo que es huir de tu familia, quizás no huyamos por los mismos motivos, pero si se lo que es eso. En lo que puedes instalarte y conseguir un piso propio, te quedaras conmigo. Quizás hay un inconveniente para ti… Mi piso es compartido.

—No es problema— Le aseguro. Bien, podía vivir ahí hasta conseguir su magia o hasta que tuviera claro en su mente que es lo que quería.

—Bueno, a mi trátame como quieras— La chica le dio una mirada severa, mientras las puertas se abrían. —, pero a ella la tratas bien.