Cuando Ginny se sonroja no se distingue el pelo de la cara. Se pone tan roja que no se pueden contar sus pecas.
Eso molesta a Luna, le molesta muchísimo.
A Luna le gusta Ginny (de hecho, no conoce a nadie a quien no le guste, excepto quizás a los Slytherin). Le gustan muchas cosas de ella; le gusta como frunce el ceño cuando se concentra, o como aprieta los labios cuando Ronald se pone sobreprotector (el mismo Ronald del que no se puede hablar porque eso lleva inmediatamente a Harry, y no es que Luna no agradezca no tener que hablar de Harry). Le gusta su pelo: rojo, brillante, Gryffindor, y le gusta cuando ella se lo toca con un gesto nervioso. Pero si algo le gusta especialmente de Ginny son sus pecas (que desea contar algún día sólo para volver a empezar y comprobar que no ha olvidado ninguna) y su sonrisa; no la triste y decaída de los últimos días, sino la que hace que le brillen los ojos y el mundo parezca un poco mejor, como si hubiera Fornies luminosos en el ambiente y oro leprechaun formando dibujos en el aire como en el Mundial de Quidditch.
Por eso no le gusta cuando Ginny pasa vergüenza, porque no sonríe, y no puede ver sus pecas. Y por eso no le gusta Harry, porque al principio hacía que Ginny se sonrojase, y al final, la hace sufrir. Y eso le gusta aún menos que verla avergonzarse.
De hecho, ver sufrir a Ginny es lo que mas le disgusta en el mundo entero, y por alguna razón, cuando Luna se lo dice a Ginny una tarde lluviosa de martes se sonrojan las dos, y Ginny se sacude el pelo, y Luna sonríe, y Ginny también, y el mundo parece un lugar un poco mejor.
