Está buscando algo que sabe que nunca va a encontrar.
Y aun así no puede evitar hacerlo. Está en su naturaleza.
-
Caliente, caliente. Frío, frío. Te acercas, te acercas.
Caliente. Te quemas. Lo encontraste.
Luna a veces se ve a sí
misma con ocho o nueve años jugando al escondite en el jardín
de su casa. Sola. Se esconde cosas a sí misma y luego juega a
encontrarlas; debería de ser aburrido y sin embargo se
divierte.
Eso es lo que ha hecho toda la vida. Buscar cosas.
Y cree que si ahora jugara al escondite, cada vez que estuviera cerca de Ginny su mente gritaría: ¡Caliente! ¡Caliente! ¡Te quemas! ¡Te quemas!
O eso que solía gritar cada vez que encontraba lo que estaba buscando.
Y ahora Luna busca en Ginny algo que sabe que no podrá darle. No mientras esté Harry, al menos.
Busca de ella un beso de buenos días que no sea en la mejilla, busca un te quiero acompañado de una caricia en su nuca y una lengua contra la suya, busca el contacto de una piel caliente contra la de ella cuando se va a dormir por la noche.
Y no lo encuentra.
Frío,
frío.
