Lo único que rompe el silencio de la noche es el sonido de un cuerpo al romper la superficie del agua. Se oyen risas y jadeos y la noche parece un poco más fresca y un poco más clara.

Ginny y Luna juegan a salpicarse una a la otra, se persiguen por la orilla del lago y se estiran de las piernas tratando de hacerse caer. Son conscientes de que si los Carrow las descubren la sesión del día anterior será una broma comparado con lo que las esperará.

Y aun así siguen chapoteando entre carcajadas y empujones.

La idea se les ocurre de repente cuando vuelven de la biblioteca. (Y biblioteca es una especie de código secreto que usan para decir planificar reuniones del ED y cabrear a los Carrow y a Snape aún más; biblioteca es un nombre en clave de jugarse la vida).

Hablan de seguir las normas, de romperlas, dela guerra, del dolor que queda en los huesos tras una sesión de Cruciatus y que parece que nunca se va a ir, de los niños que van a un castigo y ya nunca más vuelven, hablan del miedo a que un día una de las dos sea uno de esos niños.

Recuerdan tiempos que fueron mejores, con partidos de Quidditch los domingos y salidas a Hogsmeade los sábados. Hablan de como el sol acariciaba la hierba de los jardines en verano y el Sauce Boxeador se alteraba en primavera. Rememoran batallas de invierno en las que las bolas de nieve eran la única arma y días rojizos de otoño pasados en compañía de hojas cayendo. Se recrean en su nostalgia.

Están encerradas en ese puto castillo y echan de menos incluso al Calamar Gigante.

La proposición, por supuesto, sale de labios de Ginny. Tiene una mirada pícara y echa la cabeza ligeramente hacia delante, como quien cuenta un secreto. Lo es.

-¿No te apetece salir a dar una vuelta?

Y tiene las mejillas arreboladas y un brillo en los ojos al que Luna no sabe negarse, así que acaba asintiendo con más entusiasmo que convicción (pero asintiendo, al fin y al cabo).

Pero al final es Luna la que las saca del colegio. Luna con su mirada líquida y transparente y con una sonrisa callada que siempre parece contener más secretos que alegrías.

Coge la mano de Ginny y la guía por pasadizos y escaleras, recorren pasillos que Ginny no ha visto jamás y doblan esquinas que la pelirroja no recuerda.

Y llega un momento en el que Ginny no tiene ni idea de donde está, y está segura de que si Luna soltara su mano y echara a correr ella sería incapaz de encontrar el camino de vuelta, así que se aferra un poco más fuerte a ella aun sabiendo que Luna jamás la soltaría.

Aún no han puesto ni medio pie en los jardines cuando echan a correr. Juegan a perseguirse una a la otra, compiten a ver cuál es más rápida, se amenazan con tirarse al lago, y acaban tiradas en la hierba mirando las estrellas.

Hablan entre risas ahogadas, se dan pequeñas patadas y puede que estén un poco hiperactivas pero hacía meses que no se sentían tan libres. Ginny habla sin parar sobre cosas que no tienen importancia y Luna la escucha tratando de contener las ganas de reírse. Pero no lo consigue. Ginny se lanza encima de ella y empieza una guerra de cosquillas que sabe de antemano que va a perder, ruedan por la hierba y cuando recuperan la respiración a Luna le parece que la vida debería ser un poco así.

Sin muchas complicaciones y con más tiempo que perder que por ganar.

Y entonces la vida mejora un poco más porque Ginny se acerca a ella y Luna piensa que la tiene demasiado cerca, pero al parecer no es aún demasiado, porque de repente Ginny se ha inclinado contra ella y la está besando en los labios con los ojos cerrados, y Luna no sabe si se lo está imaginando porque el beso es ligero y es dulce pero es tan rápido que cuando Luna va a abrir la boca y responder o a hacer algo, Ginny ya está corriendo en dirección al lago y se ha metido dentro.

Ropa incluida. (Y es casi mejor porque Luna no puede ni siquiera pensar en la otra posibilidad).

Y juegan en el agua como niñas de diez años durante horas, y es oscuro y puede que las descubran, pero Luna piensa que cualquier castigo habrá valido la pena.

Y ya en su cama, se mantienen húmedas durante horas pensando en la noche pasada y con el pelo goteando en la almohada.