Quizás para Ginny no fue más que un gesto de amistad, quizás fue sin querer, quizás quería dármelo en la mejilla y se confundió, quizás, quizás, quizás.
No es sano tener la mente distraída en los tiempos que corren, pero Luna lleva cinco días dándole vueltas al beso que Ginny le dio junto al lago.
Lo ve como en una película. Pelo rojo fuego y pecas contra la piel clara acercándose a ella. Ojos cerrados y boca entreabierta. (Y es curioso que ahora pueda verlo a cámara lenta cuando en su momento ni siquiera lo vio venir). Labios suaves contra los suyos, apenas un roce y ya se han separado de ella.
A veces Luna cree que en realidad ese beso es un producto de su imaginación.
Sobre todo cuando Ginny la trata como si nada hubiera pasado, y si la cosa sigue así llegará ese momento en el que Luna creerá que realmente está loca.
Y al final no puede soportarlo más, porque Luna tiene paciencia pero tampoco tiene tanta.
Acorrala a Ginny a la salida de una reunión del ED, y su petición de hablar suena más a orden que a proposición.
Cuando Ginny asiente ligeramente con una mirada ciertamente temerosa Luna decide que tiene que pensar muy bien lo que va a decir.
Así que se piensa su discurso mientras el resto de miembros del ED se acaba de ir y Ginny se mira la punta de los zapatos con repentino interés.
Y al final no dice nada; se queda mirando a Ginny en silencio, esperando que sea ella la que de el primer paso, pero Ginny no hace ningún gesto de empezar a hablar y Luna empieza a ponerse nerviosa.
Se quedan una frente a la otra durante minutos, sin decir nada. Tan sólo allí, de pie.
(Y es tan estúpido que Luna se reiría sino fuera porque, bueno, Ginny la besó).
Es Ginny la que al final rompe el silencio. Valentía Gryffindor, le llaman.
-¿De qué querías hablar?
Y va a resultar que no es tan valiente, porque ambas saben perfectamente de qué quiere hablar, y Luna nunca ha sido una persona muy impulsiva, pero de repente le apetece muchísimo besar a Ginny y explicarle así de qué quería hablar exactamente.
Y lo hace.
Coloca sus manos en los hombros de Ginny y se acerca con decisión. La mira a los ojos como si le comunicara lo que está a punto de hacer. Te voy a besar, parece decir. Y algo en la expresión de Ginny es una afirmación silenciosa, así que Luna adelanta el rostro con los ojos muy abiertos porque por nada del mundo querría perderse nada.
Los labios de Ginny bajo los de ella son esponjosos y dulces, se sienten bien y Luna mueve un poco los suyos tratando de buscar más contacto. Todo el beso es un tanto líquido e inexperto en general (por parte de Luna en particular), pero Luna no cambiaría ese beso por nada del mundo (ni siquiera por la confirmación oficial de la existencia de Thorenhawks en Noruega)
Ginny hace una cosa con la lengua, una cosa de sacarla y rozarla contra los labios de Luna, y ella tiene que abrir la boca y dejar que la lengua de Ginny entre, y de repente es una lengua contra la suya y es todo muy húmedo e íntimo pero a Luna le gusta, así que saca ella también la lengua y la choca contra la de Ginny, un poco insegura sobre qué es lo que se supone debería estar haciendo exactamente y dejándose guiar un poco.
Y Luna no sabe mucho sobre besar, pero cree que si besas a alguien y ese alguien tiene los ojos cerrados y aprieta su mano contra tu nuca es bueno.
Así que apoya una de sus manos sobre la cintura de Ginny y le acaricia las pecas de la mejilla con la otra. Nota la mano de Ginny en su nuca y el tacto frío de la otra en la espalda por debajo de la camisa. Y eso definitivamente debe de ser que tampoco lo está haciendo tan mal.
Se besan poco a poco y aprendiendo cómo hacerlo, y debe de ser la lección más entretenida de la historia.
Cuando al fin se separan están un poco rojas y tienen los labios hinchados, pero se miran a los ojos y sonríen tímidamente.
-¿De qué querías hablar?
La pregunta parece un poco estúpida en ese momento, y Luna no puede evitar la sonrisa de medio lado al contestar.
-Ahora ya nada, ya está.
Ginny la observa de forma interrogante y Luna contesta con un enigmático Te lo debía que por alguna razón ni siquiera tiene aroma a venganza.
Y Ginny se encoge de hombros y sugiere con una sonrisa que quizás deberían volver, pero tampoco es muy insistente al respecto y cuando Luna empieza a andar a hacia la puerta la detiene y le pide que se queden allí sólo un poco más.
Por favor.
Y Luna acaba cediendo sin necesidad de mucha persuasión, la verdad.
