Al final es Luna la que decide que tienen que hablar.
Si no hablan pronto el hueco que tiene en el pecho se va a hacer más y más grande hasta abarcarlo todo e impedirle respirar.
Lo sabe.
Y sabe lo que tiene que hacer para poder tapar aunque sea un poco la grieta.
-Necesito hablar contigo.
Necesito. No quiero, ni tengo que. Necesito.
La elección de palabras es lo que hace que Ginny la siga al aula abandonada.
-¿Qué te pasa?
Pero Ginny no contesta.
-Nos van a pillar los Carrow.
-Ginny, hablo en serio.
Y puede que ésa sea la primera vez que Ginny ve a Luna seria.
Mirada honesta y sin barreras, pelo rubio algo despeinado alrededor de la cabeza, brazos extendidos junto al cuerpo, tono de voz claro y sin rastro del tono soñador que suele haber en él.
Luna en estado pura. Rota, sin murallas ni protecciones. Vulnerable. Herida.
Por culpa suya.
La ha jodido bien.
-No lo sé.
Pero Luna sigue mirándola expectante. Esperando algo más que un simple no lo sé que no explica nada en absoluto.
-Tengo miedo.
Y a Luna no le hace falta siquiera preguntar a qué.
-Yo también.
Se acerca a Ginny y por un segundo teme que ésta se aparte, que huya. (Otra vez).
No lo hace.
Le acaricia el pelo y la besa con suavidad mientras la abraza. Los mechones de cabello pelirrojo se deslizan entre sus dedos y nota unos labios húmedos y carnosos bajo los suyos.
Tiemblan un poco.
-Todos tenemos miedo.
Ginny asiente levemente y apoya la cabeza en el hombro de Luna.
-Lo superaremos juntas.
-Lo siento.
Ginny alza el rostro y Luna inclina un poco la cabeza.
Se besan en un aula abandonada en la que en cualquier momento las pueden descubrir, se besan en medio de una guerra en la que pueden morir en cualquier momento, se besan una a la otra y no parece importar nada más.
