A veces, cuando aún dormían con las
piernas entrelazadas y se confundían las respiraciones, la miraba
dormir y trataba de contener la sonrisa estúpida y las ganas de
decir "te quiero". Se sorprendía contando sus latidos y
enredando los dedos en el pelo pelirrojo.
Al final, acababa
quedándose dormida apoyada contra su hombro y con una mano en su
cintura, esperando el momento en el que Ginny despertara y le dijera
que el sueño había acabado y debía irse, esperando piel contra
piel que le destrozara el ego y le pidiera que se fuera de su
cama.
Dormía poco.
