Y cuando los besos dejan de ser suficiente, necesitan tocarse por debajo de la ropa y notar la piel contra sus dedos, como si necesitaran asegurarse de que siguen ahí, que todo está bien.

La primera vez es difícil. Ginny nunca ha estado con una chica y Luna… bueno, Luna nunca ha estado con nadie y es Luna.

Se besan con un poco más de ansiedad de lo habitual. Están en la Sala de los Menesteres tumbadas en el suelo después de un entrenamiento y están agotadas. Empiezan dándose la mano y cuando se quieren dar cuenta Ginny está sobre Luna recorriéndole la línea de la mandíbula con la punta de la lengua. Luna tiene los ojos cerrados y parece que vaya a ponerse a ronronear en cualquier momento.

-Tienes pecas.

Luna abre los ojos y se encuentra con Ginny mirándole atentamente la parte del pecho que ha dejado descubierta.

-Tienes montones de pecas- dice mientras las recorre con el índice.

Ginny nota la piel caliente bajo la yema del dedo. Casi quema. Las pecas de Luna son mucho más claras y se notan mucho menos que las propias, y le parece divertidísimo haberlas descubierto. Luna respira un poco más rápido y Ginny se dedica a formar figuras con la lengua además de con el dedo.

-Ginny…

Ésta alza la mirada y se encuentra con los ojos claros de Luna, que de repente están más cerca y no dicen nada pero Luna la besa colocándole las manos en sus mejillas, como si le diera miedo que Ginny pudiera escaparse o desvanecerse en cualquier momento.

Cuando rompen el beso, se miran como pidiéndose permiso. Luna pone una mirada soñadora y le aparta el pelo de la cara a Ginny, que le coge la mano y le besa la palma. Mientras lo hace, mira fijamente a Luna, que no aparta la mirada.

-Si me miras así me da la sensación de que estás buscando duntals en mi interior.

Y eso no es lo que Ginny está buscando, precisamente, pero no puede evitar sonreír y besarla hasta que deje de pensar cosas así.

No es una gran primera vez. Lo hacen en el suelo y sin planificación. Con los nervios a flor de piel y la amenaza de la guerra rondando sobre sus cabezas. Están cansadas después del entrenamiento y cuando empiezan a besarse no esperan acabar sin ropa tumbadas en ese suelo de piedra que hace que el frío se les cuele en los riñones.

Pero acaban.

Y ahí están; besándose como si no hubiera un mañana y tocándose en sitios en los que jamás pensaron tocarse.

Ginny hace el amor como lo hace todo en esta vida. De forma eficaz y apasionada, rápida, respirando tantas veces por minuto que cree que le va a dar algo, notando las arterias del cuello bombear mucho más fuerte y a mucha más velocidad de la habitual, comiéndose a Luna como si temiera que alguien se la fuera a quitar y devorándola más que degustándola.

Luna, por su parte, lo único que puede hacer ante el huracán que es Ginny es dejarse hacer y tratar de no perder el control. No demasiado, al menos.

Cosa un harto difícil cuando tiene a la pelirroja entre sus piernas tratando de averiguar formas de hacerla gemir más alto y más fuerte y más, en general. Luna es bastante tímida, así que trata de reprimir los jadeos, pero para Ginny es como un juego: cuanto más trata de contenerlos Luna, más se afana ella para oírlos.

El juego acaba finalmente tan tarde que se han saltado la cena y saben que al día siguiente les recibirá un castigo por ello.

No les importa en absoluto.

Siguen tumbadas sobre la piedra del suelo y Ginny piensa que van a coger frío, pero Luna se acerca más a ella y ni siquiera se plantea moverse. Se quedan ahí, simplemente, una sobre la otra, tratando de normalizar las respiraciones y las pulsaciones y acariciándose ausentemente.

-¿Has encontrado las duntals?

La voz de Luna rompe el silencio y Ginny cree que sólo Luna podría hacer una pregunta semejante en ese momento. Detecta el tono pícaro en la voz de la Ravenclaw y se sorprende riéndose de verdad por primera vez en semanas.

-Aún no- dice,- pero te aseguro que no voy a parar hasta encontrarlas.

Luna sonríe y cierra los ojos cuando los labios de Ginny buscan los suyos, mordisqueando un poco e invadiendo con suavidad, y piensa, de forma no muy clara, la verdad, que espera con ansiedad el momento en el que volverán a necesitar sentirse por debajo de la piel y Ginny decidirá ponerse a buscar más pecas y duntals. Porque sabe que lo hará.

Luna, por su parte, no necesita buscar pecas porque ya sabe que Ginny las tiene, del mismo modo que sabe que no tiene duntals, pero está dispuesta a volver a buscarlas si hace falta.

No les importaría buscarse en una a la otra para siempre.