Está por todas partes. Tratan de evitarla pero no pueden, allá donde miran parece estarlas esperando.

Inunda sus clases, llenas de pócimas claras con objetivos oscuros y de hechizos aún más negros; les espera en los pasillos, donde el silencio parece extenderse como si de repente los cuadros fueran ojos que espían y pueden delatarles; se acomoda en la Sala Común, más tranquila y quieta de lo que jamás vio nadie; se disuelve en el café de la mañana, llegando con el diario y las noticias de muertes y desapariciones; se esconde en las cartas que cuentan más por lo que callan que por lo que dicen y que siempre llegan abiertas; se arrima a las paredes que parecen susurrar y cuchichear al paso de cualquier sospechoso de no estar del lado que domina esa guerra y callan cuando el que pasa deja de un halo de silencio tras ellos.

Está en tantos lugares que a veces parece que no esté siquiera.

-Es como el aire.-dice un día Luna.

Ginny la mira interrogante.

-Sí,-prosigue Luna-está en todas partes. Estás tan acostumbrado a que está que ni siquiera pareces notarlo, pero ahí está. No lo ves, y sin embargo, cuando falta, notas que no está, te ahogas. Esto es igual. No sé si me explico.

-Como ahora.

Y ahora es Luna la que alza la ceja y la interroga sin palabras.

-Me refiero a que ahora estamos tú y yo, ¿no?-explica Ginny.

Luna asiente.

-Y no hay nadie más.

Luna asiente otra vez.

-Y estamos solas.

Y una vez más.

-Y puedo notar como no está. No sé, estoy relajada. Quizás porque estás tú.-añade Ginny pensativamente.

-O quizás porque no están ellos.-dice Luna.

-No sé, yo creo que no son sólo ellos, que lo hacemos entre todos, ¿sabes?

Luna no dice nada y le acaricia la mano con el pulgar distraídamente, notando el frío del suelo contra la palma de la otra mano pero sin ningún tipo de intención de cambiar de sitio o pensar en una cama o un sofá que la habitación pueda proporcionar.

-Creo que algo de ello quedará así para siempre.

Ginny la ha sacado de sus pensamientos y Luna debe de mostrar que no sabe muy bien a qué se refiere, o quizás Ginny quiere decirlo en voz alta, como si al ponerlo en palabras el pensamiento tomara una forma concreta en su mente o fuera más real.

-No puedes pasar tanto tiempo con el miedo instalado en tus huesos y mirando de reojo siempre al de al lado sin que algo de ello quede en ti.

-Como cuando tienes una enfermedad.

-¿A qué te refieres?

-Bueno, imagina que todo esto es una enorme y especialmente infecciosa enfermedad que afecta al mundo mágico. ¿Sí?

-No veo como…-interrumpe Ginny.

-Espera, que continúo.

Ginny la mira expectante.

-El caso es que pasa un tiempo gestándose. Se propagan los virus y la sociedad se infecta poco a poco. Y entonces, pasas la enfermedad. O la guerra. O lo que quiera que sea esto. ¿Sí?

-Sí.

-Entonces, cuando dentro de un tiempo vuelvas a tener tos no podrás evitar pensar que has vuelto a coger esa terrible enfermedad; o cuando sorprendas un día a tu vecino mirándote de forma siniestra y con la varita en la mano, te asaltará el pensamiento de que era un mortífago.

-Eso suponiendo que ganemos esta guerra.

-Que lo haremos.-dice Luna con confianza.

(Luna no concibe que puedan perder. Simplemente no va a ocurrir. Merecen ganar porque luchan por lo más justo. No pueden perder. Simplemente no pueden.)

-Entonces, ¿esta sensación no se va a ir nunca?-pregunta Ginny.

-No lo sé. Sólo sé que…-duda Luna.

-¿Qué?-la apremia Ginny.

-Sólo sé que esta cosa que tengo desde que murió mi madre no se ha ido nunca. A veces, cuando pienso en ella, como ahora, se hace más pesada y punzante, y luego pasan días sin que la note siquiera, pero siempre vuelve. Supongo que hay cosas que son para siempre. O quizás es lo que llaman perder la inocencia.

-Yo creí que eso se refería a otra cosa.-dice de repente Ginny con picardía al ver la expresión que se le ha quedado a Luna.

-Sí, bueno. Creo que a eso también se refiere, sí.-dice Luna sonriendo de forma algo forzada.

-Y una vez se pierde ya no se puede recuperar, ¿no?-pregunta Ginny.

-No creo.-ríe Luna.

-Vaya. Y yo que pensaba perderla muchas veces.-dice Ginny haciendo un mohín.

-Siempre podemos probar.

-Cierto.

Se besan con anhelo. Ginny se coloca sobre Luna, que rodea con sus brazos a Ginny y la acerca más a ella, como si no fuera suficientemente cerca.

Nunca lo es.

Hay mucha saliva y mucha lengua, algún mordisco y lenguas perdidas en boca ajena.

-Luna.-gime Ginny en una boca que no es suya.

-¿Q-qué?

Es un qué jadeado y si Ginny no tuviera su rostro pegado al de Luna y estuvieran respirándose prácticamente una a la otra ni siquiera lo hubiera oído.

-¿De verdad crees que hay cosas que son para siempre?

Y Luna deja de besar el reguero de pecas que Ginny trazando un camino especialmente sinuoso entre la oreja y el esternón para mirarla a los ojos y contestar:

-Algunas.

Y callar que otras no.